El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 9 de julio de 2026

El día que dejé de intentar ser “la mujer perfecta”


Hay cosas que una tarda años en entender.

A mí me costó lo mío, no te creas.

Durante mucho tiempo pensé que ser una buena mujer significaba tenerlo todo bajo control: ser responsable, ser fuerte, ser la que siempre encuentra la solución cuando los demás no saben ni por dónde empezar.

Vamos… la mujer multiusos.

La que sirve para un roto, para un descosido y, si hace falta, hasta para arreglar el mundo mientras pone la lavadora.

Y claro, entre tanto “yo me encargo”, pasa algo muy curioso: te ocupas de la vida de todos… menos de la tuya.

Porque muchas crecimos con una idea muy seria metida en la cabeza:
que una buena mujer no molesta demasiado, no pide demasiado y, si puede ser, no da mucha guerra.

Casi como si tuviéramos que pedir permiso hasta para respirar fuerte.

Así que una cumple.

Trabaja.
Responde.
Hace lo que toca.

Y desde fuera todo parece perfecto.

La vida ordenadita, las responsabilidades al día y tú funcionando como un reloj suizo.

Pero hay un momento, a veces llega sin avisar, en el que algo dentro hace “clic”.

No es un drama ni una crisis de película.

Es más bien una pregunta que aparece de repente:

“Muy bien todo… pero ¿y yo cuándo?”

Y al principio hasta te sientes un poco culpable por pensarlo.

Como si desear algo distinto fuera una especie de pecado doméstico.

Pero con los años una descubre una verdad que no te cuentan cuando eres joven:

muchas mujeres pasan una buena parte de su vida intentando encajar… y otra buena parte intentando volver a encontrarse.

Porque a veces lo que parecía “lo correcto”
era simplemente lo que hacía la vida más fácil para todos los demás.

Para todos… menos para ti.

Hasta que un día te cansas.

No de la vida.

De intentar ser quien no eres.

Y entonces haces algo muy revolucionario:
empiezas a escucharte.

Y al escucharte recuerdas algo maravilloso: quién eras antes de empezar a cumplir expectativas como si fueran tareas del colegio.

El día que dejas de intentar encajar en todos los sitios… empiezas a caber mejor dentro de ti.

Y oye, igual el camino no siempre es el más cómodo… pero tiene una ventaja enorme:

por primera vez la vida que estás viviendo
se parece de verdad a la tuya.

“Pasé media vida intentando encajar…
hasta que descubrí que donde mejor se vive es dentro de una misma.”



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