El blog de Alma Buendía Soleado

viernes, 4 de septiembre de 2026

A los 66 años he descubierto que soy sanguínea


Yo pensaba que a estas alturas de mi vida ya me conocía bastante bien.

Sabía que soy una mujer abierta, habladora, alegre, optimista y que me gusta conversar con todo el mundo. También sabía que hablo con Coco, que cuando compro pan me como la puntita y que tengo mis pequeñas manías.

Lo que no sabía era que, además, tengo un temperamento sanguíneo.

Y me he enterado ahora, a los 66 años, gracias a TikTok. 😂

Ayer me apareció un chico explicando los diferentes temperamentos y empezó a hablar de las personas sanguíneas. Yo estaba escuchándolo tan tranquilamente cuando, de repente, llegó la revelación:

Resulta que las mujeres sanguíneas tienen una característica muy particular… ¡se tiran muchos pedos por la mañana!

¡Ahí me quedé yo!

Pensé:
“¿Cómo? ¿Entonces resulta que soy sanguínea?”

Porque yo, nada más levantarme, tengo mi pequeño concierto matutino.

Prrrom… pum, pum.
Prrrom… pum, pum.
Prrrom… pum, pum.

Y lo mejor es que los míos tienen sonido, pero no olor. ¡Que conste! 😂

Así que después de 66 años creyendo que era una peona, resulta que soy sanguínea.

Y ahora todo encaja.

Soy habladora.
Soy alegre.
Soy bastante espontánea.
Hablo con mi perro.
Me como la puntita del pan.
Y por las mañanas… tengo actividad.

¡Pues ya está!

Soy una mujer sanguínea!

Lo que tiene una que descubrir a estas alturas de la vida. 

Eso sí, tengo una duda: si cuando voy a un hotel tengo que dormir con alguien, ya no sé si voy a poder desarrollar mi temperamento sanguíneo con total libertad.

Porque una cosa es compartir habitación y otra muy distinta renunciar a mi “prrrom, pum, pum” de primera hora.

Después de todo, una tiene sus rutinas.

Y qué bien se queda una después. 😂

Así que ya lo sabéis: si alguna mañana me escucháis decir que soy sanguínea, no penséis que me he hecho un estudio psicológico.

Me lo ha diagnosticado TikTok.

Y después de 66 años… yo me lo creo. 

El rincón de Amalia 💕



miércoles, 2 de septiembre de 2026

Hoy tocaba cambiar de rutina


Hoy ha sido un día diferente a los demás. No hemos hecho nada extraordinario, pero hemos cambiado la rutina y, oye, qué bien sienta de vez en cuando.

Esta mañana ha venido Roser a buscarme y nos hemos ido juntas a dejar a Coco en casa de Blanca. Toni se ha venido con nosotras y, desde allí, hemos decidido ir a desayunar a un bar nuevo que han abierto, Alma Ibérica.

Hoy no tocaban churros. Hoy tocaba bocadillo de morcilla de cebolla. Eso sí, en versión mini, porque eran unos bocadillitos pequeñitos.

Roser ha dicho que estaba tan bueno que se ha pedido otro. 😂 Total: Roser se ha comido dos, yo uno y Toni se ha pedido un bocadillo enorme de lomo con queso. Para acompañar, una clarita y muchas ganas de pasarlo bien.

Hemos hablado, nos hemos reído, nos hemos hecho fotos y hemos disfrutado muchísimo. De esas mañanas que empiezan con un simple "vamos a desayunar" y, sin darte cuenta, pasan más de dos horas.

Después ha llegado Juanita. Ayer me había comprado unas albóndigas pequeñitas, de esas que yo llamo de canicas, que están buenísimas, y ha venido a traérmelas. Ella no ha querido desayunar; solamente se ha tomado un Bitter Kas y se ha quedado con nosotras un ratito.

Después del desayuno todavía ha caído un cafelito, porque parece que no teníamos ninguna prisa. Y así, entre una cosa y otra, se nos ha hecho media mañana.

Luego cada una ha cogido su camino. Toni y yo hemos ido a su casa, he recogido a Coco y, finalmente, hemos llegado a casa a las 14h.

Ahora toca pensar qué hago para comer, aunque la verdad es que mucha hambre no tengo. Con mi bocadillito de morcilla de cebolla me he quedado tan a gusto que no necesito una comida de domingo precisamente. Yo no soy de comer mucho.

Eso sí, me acaba de llegar una noticia de última hora: Roser, después de sus dos bocadillitos de morcilla, ha llegado a casa con un poquito de ardor y ha tenido que recurrir a la sal de frutas. 😂

¡Ay, Roser! La próxima vez, uno y medio… que el segundo estaba muy bueno, pero luego pasa factura.

Y es que a veces no hace falta organizar nada especial para tener una mañana estupenda. Basta con salir de casa, sentarse alrededor de una mesa con gente que quieres, comer algo rico, reírse un rato y dejar que el tiempo pase.

Hoy no ha habido churros.
Hoy ha habido morcilla, risas y una mañana de las que se recuerdan.

Y eso también es vida. 

El rincón de Amalia❤️



martes, 1 de septiembre de 2026

“Hoy, con fe y gratitud”.


Buenos días, amigas del Rincón de Amalia. ❤️

Lo primero de todo, vamos a darle gracias a Dios por este nuevo día. Porque allá arriba lo ve todo… ¡y no se le escapa ni una! Aunque nosotras a veces queramos hacernos las despistadas. 

Porque mira que podemos arreglarnos el pelo, pintarnos la cara, ponernos nuestra mejor sonrisa y salir a la calle como si aquí no hubiera pasado nada… ¡pero al corazón no hay maquillaje que lo arregle!

Y Dios sabe muy bien lo que llevamos dentro. Sabe lo que pensamos, lo que sentimos y también esas cosas que hacemos cuando creemos que nadie nos está viendo.

Así que hoy vamos a intentar tener buenos sentimientos, hablar con cariño y hacer el bien siempre que podamos. Que no cuesta tanto, ¿verdad?

Porque los años nos van cambiando por fuera, eso lo sabemos todas… aparecen arruguitas, canas y alguna que otra cosa que antes estaba más arriba y ahora ha decidido cambiar de sitio. 😂

Pero lo verdaderamente importante no está en el espejo. Está en el corazón.

Así que venga, ¡a portarnos bonito! 
Que Dios está mirando… y además tiene una memoria estupenda. 

Que tengáis un día precioso.

El Rincón de Amalia ❤️



lunes, 31 de agosto de 2026

Hoy he descubierto que soy un poquito Winnie the Pooh 🐻🍯


Hay días en los que una aprende cosas importantísimas.

Y luego están esos días en los que, sin esperarlo, descubre quién es Winnie the Pooh. 

Esta noche, mientras hablaba con mi amiga Esperanza, le contaba que me iba a preparar unas gachas de avena para cenar. Avena, plátano cortadito, canela y un poquito de miel para endulzarlas.

Y entonces Esperanza me soltó aquello de que tuviera cuidado con la miel, no fuera a acabar como Winnie the Pooh.

¿Winnie qué?

Ahí empezó mi descubrimiento.

Por si hay alguien que, como yo, no tenía muy claro quién era este personaje, Winnie the Pooh es un osito de dibujos animados, muy conocido por sus aventuras y, sobre todo, por su enorme afición a la miel. Es un osito amarillo, simpático y tranquilo, que vive en el Bosque de los Cien Acres junto a sus amigos.

Y claro… después de conocerlo, llegué a una conclusión bastante sencilla:

Yo también soy un poquito Winnie the Pooh.

Porque a mí la miel también me gusta. 🍯

Eso sí, yo no voy por ahí buscando tarros de miel por el bosque. La mía está bien guardadita en la cocina y la utilizo para endulzar mis gachas de avena.

Pero me ha hecho gracia pensar que, a estas alturas de mi vida, todavía puedo descubrir cosas nuevas tan sencillas como quién es un personaje de dibujos.

Y quizá eso sea precisamente lo bonito.

Que nunca dejamos de aprender.

A veces aprendemos algo importante.
A veces aprendemos una palabra nueva.
Y otras veces descubrimos que existe un osito llamado Winnie the Pooh al que le encanta la miel y pensamos:

“Pues mira, este y yo nos vamos a llevar bien.” 😂🐻🍯

Así que esta noche, mientras me como mis gachas de avena con plátano, canela y un poquito de miel, ya sé que, además de cenar rico, estoy estrenando una nueva identidad:

Amalia, la Winnie de Pooh de El Rincón de Amalia. ❤️

Y oye… tampoco está tan mal.



Adiós, agosto. Hola, septiembre


Hoy llegamos al último escaloncito de agosto.

Se nos va otro mes y, si algo nos ha dejado este agosto, ha sido calor. Mucho calor. De ese que hace que mirar por la ventana y pensar en salir a pasear sea casi un acto de valentía. 

Agosto es un mes precioso para quienes disfrutan de sus vacaciones, para los que hacen las maletas, se van unos días, conocen lugares nuevos, descansan y disfrutan de ese merecido paréntesis.

Pero también estamos los que nos quedamos en el pueblo.

Y yo me quedo en el pueblo, y también sé disfrutarlo.

Porque cuando llega agosto, el pueblo cambia. Hay menos gente por las calles, muchas tiendas están cerradas y todo parece ir un poquito más despacio. Se respira tranquilidad, se escucha menos ruido y hasta da gusto salir a pasear y encontrarse las calles casi vacías.

Eso sí… cuando el calor lo permite. Porque este año agosto nos ha puesto a prueba. 

Pero incluso así, también ha habido momentos bonitos. Un café por la mañana, una conversación, una risa, una visita, un paseo, una tarde tranquila en casa o simplemente sentarnos un rato y disfrutar de esas pequeñas cosas que muchas veces ni miramos.

Y quizá ahí está la verdadera magia de la vida: en aprender a valorar lo cotidiano.

Por eso no quiero despedir agosto pensando en lo que me ha faltado, en lo que no he hecho o en los planes que se han quedado pendientes.

Quiero despedirlo dando las gracias.

Gracias por cada día vivido, por las personas que han estado cerca, por los buenos momentos y también por esos días sencillos que, sin hacer demasiado ruido, nos han regalado un poquito de felicidad.

Porque abrir los ojos cada mañana y poder decir "aquí estoy" ya es un regalo.

Así que, adiós, agosto.

Gracias por tus días de sol, por tus noches de verano, por la tranquilidad del pueblo y por todos esos pequeños momentos que quizá mañana recordemos con una sonrisa.

Y ahora abrimos la puerta a septiembre.

Llega un nuevo mes, con nuevas ilusiones, nuevos proyectos, nuevos sueños y quién sabe cuántas cosas bonitas por descubrir.

Yo lo recibo con ilusión y con la esperanza de que sea un mes fabuloso.

Porque nunca sabemos qué nos tiene preparado la vida, y mientras tengamos un nuevo día por delante, siempre habrá motivos para seguir sonriendo.

Bienvenido, septiembre.

Te esperamos con los brazos abiertos, el corazón contento y muchas ganas de que nos sorprendas.

Y ahora sí…

Adiós, agosto. Gracias por todo.
Hola, septiembre. ¡Vamos a por ti! 

El rincón de Amalia🌻❤️





domingo, 30 de agosto de 2026

La vida ya no viene a quitarme nada

A veces me preguntan por qué voy tan tranquila por la vida, por qué ya no me altero como antes,
por qué camino despacio, como si nada me empujara.
Y no es que la vida se haya vuelto fácil,
es que yo ya aprendí a mirarla de otra manera.

La vida ya me quitó a personas que amaba,
ya me dejó vacíos, silencios y noches largas.
Ya me dolió tanto que pensé que no podría seguir,
y sin embargo seguí.
Aprendí que se puede perder, que se puede estar sola y aun así volver a levantarse.

También aprendí a vivir con la distancia de mi hijo, con ese amor que no entiende de mapas
ni de kilómetros.
No es ausencia, es otra forma de querer,
y eso también se aprende.

Hoy no espero nada de nadie y eso, lejos de endurecerme, me dio paz.
Ya no me altero por lo que no puedo controlar,
ni corro detrás de lo que no se queda.
La vida ya me mostró su parte más dura
y aquí sigo, en pie.

Ahora mis días son sencillos:un café caliente,
 una conversación tranquila, 
y Coco mirándome como si todo estuviera bien…porque, en ese momento, lo está.

Por eso camino así, serena.
No porque la vida no duela, sino porque ya aprendí que puedo con ella.
Y después de todo lo vivido, siento que la vida ya no viene a quitarme nada, viene a regalarme lo bueno.





Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.


sábado, 29 de agosto de 2026

¿Quién ha dicho que la creatividad se jubila?


Esta mañana, después de salir a pasear con Coco, tirar la basura y hacer todas esas cosas maravillosas que forman parte de la vida de una mujer que lleva su casa para adelante, me he sentado un momento a descansar.

Y mira por dónde, me encuentro con una reflexión que me ha hecho pensar.

¿Quién ha dicho que cuando cumplimos cierta edad se nos jubila la creatividad?

Porque si alguien lo ha dicho, que venga y me lo explique. 

¿Que después de los sesenta tenemos que sentarnos tranquilamente a ver novelas, esperar la hora del café y poco más?

Pues no.

Bueno… el café sí. El café no me lo quitéis. 😂

Pero aparte de eso, aquí seguimos.

Con ideas, con imaginación y, sobre todo, con unas ganas tremendas de hacer cosas.

Porque hay algo curioso que ocurre con los años: cuando éramos jóvenes teníamos ganas de hacer mil cosas, pero muchas veces nos faltaba tiempo. Entre el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y un montón de historias, siempre había algo que nos hacía dejar nuestros sueños para después.

Y ahora resulta que tenemos un poquito más de tiempo…

¡Y seguimos queriendo hacer mil quinientas! 

Escribimos, cosemos, pintamos, hacemos manualidades, grabamos vídeos, hacemos podcasts, aprendemos cosas nuevas, empezamos proyectos y hasta nos ponemos a discutir con los algoritmos de las redes sociales.

Bueno, discutir no sé si servirá de mucho, pero intentarlo lo intentamos.

Y además hay una cosa que me gusta todavía más.

Ya no tenemos tantas ganas de parecernos a nadie.

A estas alturas de la vida sabemos mejor quiénes somos, qué nos gusta y qué no nos gusta. Ya no necesitamos copiar lo que hace todo el mundo.

Queremos hacerlo a nuestra manera.

Con nuestros defectos, nuestras manías, nuestras ocurrencias y nuestra forma particular de ver la vida.

Porque quizá ese sea uno de los regalos que nos hacen los años: dejamos de intentar gustarle a todo el mundo y empezamos a disfrutar siendo nosotros mismos.

Y eso sí que es libertad.

Yo no quiero ser la más joven.

Ni falta que me hace.

Quiero seguir teniendo curiosidad. Quiero aprender. Quiero escribir cuando me venga una idea. Quiero inventarme una historia, hacer un podcast, preparar una entrada para el blog o levantarme una mañana y pensar: “¿Y ahora qué se me ha ocurrido?”

Y si alguien piensa que después de cierta edad se acaban las ideas, que espere sentado.

Porque quizá no nos estemos quedando sin creatividad.

Quizá lo que estamos haciendo es desatarla.

La creatividad no se jubila por cumplir años.

La creatividad se jubila cuando dejamos de tener ganas.

Y de esas, queridas mías, todavía nos sobran.

Así que venga…

A crear, a inventar, a aprender y a hacer un poco lo que nos salga del moño.

Que para algo tenemos experiencia, imaginación…

¡y todavía mucho por contar!

El Rincón de Amalia 💞



A los 66 años he descubierto que soy sanguínea

Yo pensaba que a estas alturas de mi vida ya me conocía bastante bien. Sabía que soy una mujer abierta, habladora, alegre, optimista y que m...