El blog de Alma Buendía Soleado

lunes, 10 de agosto de 2026

Un día cualquiera… y al final sí tenía algo que contar


Hay días en los que una piensa:

"Hoy no tengo nada que contar."

Eso me está pasando últimamente. Con este calor, los días se parecen bastante unos a otros. Una está en casa, busca el fresco, hace las cosas necesarias y espera a que llegue un poquito de aire.

Pero hoy me he dado cuenta de que quizá no hace falta que nos pasen grandes cosas para tener una historia que contar.

Esta mañana me he puesto con las tareas de casa. Ya sabéis que a mí la faena doméstica no es precisamente mi actividad favorita.  Yo limpio poco, pero cuando limpio… limpio y dejo todo como los chorros del oro.

Y cuando me he dispuesto a pasar la aspiradora, resulta que la señora ha decidido que hoy no trabajaba.

Hace unos días había lavado el filtro porque estaba bastante sucio. La dejé más limpia que los chorros del oro, bueno, quizá me estoy pasando otra vez,  y después funcionó perfectamente.

Pero hoy, al encenderla, unas lucecitas rojas han aparecido durante unos segundos y… se acabó la fiesta.

La he desmontado para ver qué podía pasar.

Así que ahora mientras yo espero que mi aspiradora, que tiene solamente cuatro meses, decida volver a la vida.

Porque, vamos a ver, una cosa es que a una no le guste limpiar y otra muy distinta es que cuando por fin se decide, los electrodomésticos se pongan en huelga. 😂

Y además tengo un pequeño problema añadido: Coco.

Mi Coco tiene unos pelitos blancos preciosos, pero esta mañana se me ha ocurrido cortarle un poquito los bigotillos y he dejado el suelo lleno de pelitos. Y esos pelitos, con la escoba, son muy suyos. Una barre y ellos aparecen por otro lado como diciendo:

"Aquí seguimos." 🐩

Así que necesito mi aspiradora.

Mientras ella se recupera, yo tengo otra tarea entre manos: el ganchillo.

Tengo que hacer cuatro bandanas y estoy todavía con la primera. Así que estos días estoy repartiendo mi tiempo entre las tareas de casa, Coco, el calor y mis labores.

Y quizá eso sea precisamente lo que quería contar hoy.

Que la vida no siempre está llena de viajes, fiestas, comidas con amigos o acontecimientos especiales.

Hay días sencillos.

Días de casa.

Días de calor.

Días de ganchillo.

Días en los que una intenta que una aspiradora vuelva a funcionar. 

Y, sin embargo, cuando te paras a mirar, siempre hay alguna pequeña cosa que merece la pena contar.

Esta mañana pensaba que no tenía nada para escribir.

Y mira por dónde… al final he escrito una entrada.


Quizá no haga falta que cada día sea extraordinario.

Quizá lo bonito esté también en aprender a mirar con un poquito de humor esos días que parecen todos iguales.

Y mañana… ya veremos.


🧡 El Rincón de Amalia


sábado, 8 de agosto de 2026

La paz vale más que el rencor


Hay una frase que muchas veces cuesta entender: "Bendice a quien te hizo daño." Y lo primero que pensamos es: "¿Después de todo lo que me hizo? Ni hablar."

 Pero bendecir no significa darle la razón, ni olvidar lo que pasó, ni hacer como si no hubiera dolido. Bendecir te alivia, vivir con rencor te daña, así que bendice a quien te hizo daño y déjalo vivir si puede con su mala conciencia. Significa otra cosa. Significa dejar de cargar con una mochila que pesa demasiado. Porque hay personas que hace años que salieron de nuestra vida y, sin embargo, siguen viviendo en nuestra cabeza. Sin darse cuenta, les seguimos regalando nuestro tiempo, nuestras lágrimas y nuestra tranquilidad. ¿Y para qué? El rencor no hace sufrir al otro. El rencor nos hace sufrir a nosotros. 

Perdonar no es decir: "Lo que hiciste estuvo bien." Es decir: "No voy a dejar que el daño que me hiciste siga mandando en mi vida." Hay personas que nunca pedirán perdón. Nunca reconocerán el dolor que causaron. ¿Y vamos a quedarnos esperando toda la vida unas palabras que quizá nunca lleguen? Yo creo que no. Nuestra paz no puede depender de otra persona. 

Dejemos que Dios se encargue de poner cada cosa en su sitio. Él sabe cuándo y cómo hacerlo. Nosotros tenemos una tarea mucho más importante: seguir viviendo, volver a sonreír, recuperar la ilusión y rodearnos de la gente que sí nos quiere. Porque la mejor respuesta no es la venganza.

La mejor respuesta es que un día miren hacia atrás y descubran que, a pesar de todo, seguiste adelante. Que las heridas cerraron. Que volviste a reír. Que encontraste paz.

Y eso, para mí, es la mayor victoria.

No porque hayas olvidado.

Sino porque ya no dejas que el pasado decida cómo quieres vivir el presente.

Un abrazo de El Rincón de Amalia. 🧡



jueves, 6 de agosto de 2026

A los 66, todavía tengo muchas ganas de vivir

A mí no me digáis que, después de los sesenta, la vida se acaba. Porque yo no me lo creo.

Si algo he aprendido al cumplir 66 años es que la vida no termina, simplemente cambia. Y, muchas veces, cambia para mejor.

Es verdad que el cuerpo ya no responde igual. Hay días en los que las rodillas se quejan, la espalda protesta y levantarse de la cama cuesta un poquito más. Pero también es verdad que, con los años, aprendemos a disfrutar de cosas que antes pasaban desapercibidas.

Ahora ya no necesito demostrar nada a nadie. No corro detrás de las personas. Quien quiera caminar a mi lado será bienvenido, y quien decida tomar otro camino, también estará bien. He aprendido que el cariño de verdad no se fuerza, se siente.

A veces oigo decir: "Ya soy mayor para hacer eso". ¿Mayor para qué? ¿Para empezar un proyecto nuevo? ¿Para aprender algo que siempre te hizo ilusión? ¿Para viajar, escribir, reír, bailar o compartir un café con una buena amiga?

Yo creo que nunca es tarde para volver a ilusionarse.

Con los años he descubierto que la felicidad no siempre está en las grandes cosas. Muchas veces se esconde en un paseo con mi perrito Coco, en una conversación que me hace sonreír, en una comida con los amigos o en un atardecer que te invita a dar gracias por seguir aquí.

Hoy sé que las arrugas cuentan historias, que las cicatrices hablan de lo que hemos superado y que cada año vivido es un regalo.

Por eso, mientras tenga ganas de vivir, de aprender y de querer a las personas que forman parte de mi vida, seguiré diciendo lo mismo:
La edad no pone el punto final. La edad nos enseña a vivir de verdad.


miércoles, 5 de agosto de 2026

"Hoy es el mejor día de nuestra vida."


Hay una costumbre que nunca he entendido.

Compramos un vestido bonito y lo guardamos para una ocasión especial.

Nos regalan una colonia y pensamos: "Esta no la voy a gastar ahora."

Estrenamos ropa interior y la reservamos "por si acaso". Como si hubiera que esperar un acontecimiento importante para disfrutar de algo nuevo.

¿Y quién ha dicho que hoy no es un día especial?

La vida nos enseña, a veces demasiado tarde, que los días importantes no vienen marcados en el calendario.

El día especial es hoy.

Ponte ese vestido que tanto te gusta.

Estrena esa camisa.

Abre esa botella de vino que llevas meses guardando.

Utiliza la vajilla bonita.

Ponte unas flores en la mesa.

Sal a pasear.

Canta aunque desafines.

Ríe sin motivo.

Date un capricho de vez en cuando.

No vivas esperando el momento perfecto, porque quizá nunca llegue.

La vida es demasiado corta para dejar la felicidad guardada en un armario.

Hoy respiras.

Hoy estás aquí.

Hoy tienes la oportunidad de disfrutar de un café tranquilo, de un abrazo, de una conversación o simplemente de un atardecer.

No esperes a que la vida te regale un día especial. Haz que hoy lo sea. Porque hoy es el mejor día de nuestra vida.

Un abrazo de El Rincón de Amalia. 🧡



martes, 4 de agosto de 2026

La vida nos regala dos juventudes


Yo creo que la vida nos regala dos juventudes.

La primera llega sin avisar. Es la de los veinte años, cuando queremos comernos el mundo. Tenemos prisa por crecer, por enamorarnos, por trabajar, por formar una familia... Vivimos tan deprisa que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos viviendo una etapa maravillosa.

Y un día, casi sin darte cuenta, llega la segunda juventud.

Ya no tenemos la piel tan tersa, ni la misma fuerza de antes. Aparecen las canas, alguna arruga y algún que otro dolor que nos recuerda que los años pasan. Pero también llega algo mucho mejor: la experiencia.

A estas alturas de la vida ya no necesito demostrarle nada a nadie. Me visto como me gusta, digo lo que pienso con respeto y disfruto de las cosas sencillas.

¿Quién me iba a decir a mí que, con 66 años, escribiría un libro? ¿O que tendría un blog donde compartir mis pensamientos? ¿O que aprendería a hacer pódcast y seguiría haciendo cursos de informática para aprender cosas nuevas?

La ilusión no tiene fecha de caducidad.

Todavía me emociono cuando aprendo algo que no sabía. Me hace feliz escribir una nueva entrada para el blog, preparar un pódcast o sentarme delante del ordenador y descubrir algo nuevo.

Y también disfruto de un café tranquilo, de un paseo con Coco, de una conversación con una amiga o de dar gracias a Dios por todo lo bueno que sigue poniendo en mi camino.

La segunda juventud no consiste en parecer más joven.

Consiste en seguir teniendo ganas de vivir, de aprender, de ilusionarte y de levantarte cada mañana pensando que todavía quedan muchas cosas bonitas por hacer.

Porque mientras haya ilusión, nunca seremos demasiado mayores.

🌼 El Rincón de Amalia



lunes, 3 de agosto de 2026

Un café, Coco... y Dios


Hay tardes en las que me preparo un café y me siento tranquilamente a tomarlo. Y, como casi siempre, Coco se tumba a mi lado, como diciendo: "Aquí estoy yo también".

Antes pensaba que el silencio era un poco triste. Encendía la televisión o buscaba cualquier cosa para estar entretenida. Ahora ya no.

Con los años he aprendido que también es bonito regalarme un rato para mí. Sentarme, acariciar a Coco, disfrutar de un café sin prisas y dar gracias a Dios por un día más.

La soledad no siempre es mala. A veces nos ayuda a escucharnos por dentro, a recordar todo lo que hemos vivido y a valorar las pequeñas cosas que tenemos cada día.

Mientras tomo el café, miro a Coco, que siempre está cerca de mí. Él no habla, pero su compañía dice mucho. Y, por encima de todo, siento la presencia de Dios, que nunca me deja sola.

He aprendido que no necesito grandes lujos para ser feliz. Un café calentito, Coco a mi lado, un ratito de paz y la certeza de que Dios camina conmigo... muchas veces eso es más que suficiente.

La felicidad no siempre hace ruido. A veces tiene el aroma de un café, una mirada fiel y la paz que Dios pone en el corazón.

🌼 El Rincón de Amalia



domingo, 2 de agosto de 2026

Días que se te quedan en el corazón


Hoy ha sido uno de esos días que no hacen falta grandes viajes, ni lujos, ni regalos para ser inolvidables.

Coco y yo hemos empezado el día con calma. Después de desayunar, he acabado de preparar las cositas que llevaba para compartir: unas crudités para el hummus, el tapenade, una tarta de zanahoria y un tiramisú. Cuando ya lo tenía todo listo, nos hemos ido rumbo a casa de Blanca y Toni.

Poco a poco han ido llegando Jeroni, Roser, Juan Carlos y Brigitte. Entre todos hemos compartido un vermut, una copita de vino, un poco de cava y una paella que ha hecho Blanca y que estaba de rechupete. Después, cómo no, han llegado los postres.

Coco también ha disfrutado un montón. Ha estado mimado por todos y, aunque Roser no lo conocía, enseguida hicieron buenas migas. Han pasado el día juntos y daba gusto verlos.

Hemos cantado, hemos bailado y nos hemos reído como niños jugando al Trío. Juan Carlos y yo, como siempre, hemos hecho alguna que otra trampa hoy nos acompañó tambien en las trampitas Brigitte. Bueno… hemos hecho más de una. Algunas nos las han pillado y otras han pasado desapercibidas. ¡Qué peligro tenemos cuando jugamos juntos!

La fiesta no quería terminar y hemos merendado, fuet, butifarra, frutos secos, etc.

Sin darnos cuenta porque el ambiente era maravilloso ha llegado la noche y el momento de la despedida.

Al llegar a casa, ya de noche, estamos reventados. Coco está estirado en el suelo y yo tirada en el sofá, con ese cansancio bonito que dejan los días felices. Ha hecho muchísimo calor, pero no ha conseguido estropearnos un día tan especial.

Hoy me voy a dormir con el corazón lleno. Porque al final, la felicidad muchas veces está en una mesa compartida, en unas risas, en una buena conversación y en la gente que hace que un día cualquiera se convierta en un recuerdo para toda la vida.

Que nunca nos falten estos momentos. Son los que de verdad alimentan el alma.

Un abrazo de El Rincón de Amalia. 🧡



Un día cualquiera… y al final sí tenía algo que contar

Hay días en los que una piensa: "Hoy no tengo nada que contar." Eso me está pasando últimamente. Con este calor, los días se pa...