Yo estaba tan tranquila en casa, con mi Coco, los dos en el sofá, haciendo nuestra vida de siempre.
De repente… ¡sonó el timbre!
Yo no esperaba a nadie.
Me levanté, fui a abrir la puerta y, cuando la abrí, me llevé la sorpresa más grande y más bonita del mundo.
Allí estaba mi niño.
Mi niño chico.
Bueno… chico, chico… ¡38 años tiene ya!
Pero para una madre, ya se sabe: un hijo siempre es un niño, tenga la edad que tenga.
Era Borja, acompañado de Nadia.
Y os puedo asegurar que en ese momento se me saltaron las lágrimas. Lo abracé, lo achuché y creo que hasta le faltó el aire al pobre.
¡Me había engañado!
No me había dicho que venía. Yo no sabía absolutamente nada.
Y claro, cuando una madre abre la puerta de su casa y se encuentra de repente con su hijo, después de no saber que iba a venir… pues el corazón se vuelve loco.
Entraron en casa con sus maletas, empezamos a hablar, me dieron unos regalitos y yo todavía estaba intentando asimilar que mi niño estaba allí.
Pero hubo otro momento buenísimo.
Coco estaba en el sofá y miraba a Borja muy fijamente. Hacía más de dos años que no se veían.
Borja llevaba una gorra y Coco lo miraba con una cara que parecía decir:
—¿Y este señor quién es? 🤨
Hasta que Borja se quitó la gorra.
Entonces sí.
¡Era él!
Coco lo reconoció y saltó del sofá al suelo como si hubiera vuelto a aparecer su persona favorita del mundo.
Y desde entonces… ¡yo he pasado a un segundo plano!
Ahora Coco duerme con ellos, los sigue, los busca y, si salen a la calle y él se queda conmigo, se pone a llorar.
¡Se me ha vuelto un mimoso!
Aunque, bueno… yo estoy encantada de verlo así de feliz.
Y yo también estoy feliz.
Muy feliz.
Estos días estamos saliendo por las mañanas a desayunar. Un día un bocadillo de jamón ibérico, otro día churros con chocolate… ¡vamos, que estamos haciendo una ruta gastronómica por España! 😂
Nadia nunca había estado en España, ella es mexicana, y Borja está disfrutando enseñándole cosas, lugares, comidas y pequeños rincones de nuestra tierra.
Y yo disfruto de verlos juntos.
Porque Nadia ya no es solamente Nadia.
Nadia también es mi Nadia. ❤️
Y ahora mismo, cuando miro alrededor y veo a mi Borja, a Nadia y a mi Coco, pienso:
¿Qué más puedo pedir?
Tengo en casa a las personas que quiero.
Tengo risas, abrazos, desayunos compartidos, conversaciones, regalitos inesperados, un Coco feliz y una madre que, aunque tenga 66 años, vuelve a sentirse un poquito niña cuando tiene a su hijo cerca.
La vida ya me ha dado muchísimo.
Pero estos días siento que me ha hecho un regalo enorme.
Mi niño ha venido a casa.
Y yo quiero disfrutar de cada minuto.
No quiero pensar en el día en que tengan que marcharse.
Sé que ese día llegará.
Pero ahora mismo… ese día no existe en mi cabeza.
Hoy solo existe este.
El de tenerlos aquí.
El de abrazarlos.
El de desayunar juntos.
El de escuchar sus voces por casa.
El de ver a Coco pegado a ellos.
El de mirar a mi hijo y pensar:
«Qué suerte tengo de tenerte aquí».
Y mientras dure este momento, pienso vivirlo con los cinco sentidos.
Porque hay momentos que no necesitan nada más.
Solo vivirlos.
Y este… este quiero guardarlo para siempre.
El Rincón de Amalia 💗
Siempre hay un motivo para sonreír.






