El blog de Alma Buendía Soleado

lunes, 3 de agosto de 2026

Un café, Coco... y Dios


Hay tardes en las que me preparo un café y me siento tranquilamente a tomarlo. Y, como casi siempre, Coco se tumba a mi lado, como diciendo: "Aquí estoy yo también".

Antes pensaba que el silencio era un poco triste. Encendía la televisión o buscaba cualquier cosa para estar entretenida. Ahora ya no.

Con los años he aprendido que también es bonito regalarme un rato para mí. Sentarme, acariciar a Coco, disfrutar de un café sin prisas y dar gracias a Dios por un día más.

La soledad no siempre es mala. A veces nos ayuda a escucharnos por dentro, a recordar todo lo que hemos vivido y a valorar las pequeñas cosas que tenemos cada día.

Mientras tomo el café, miro a Coco, que siempre está cerca de mí. Él no habla, pero su compañía dice mucho. Y, por encima de todo, siento la presencia de Dios, que nunca me deja sola.

He aprendido que no necesito grandes lujos para ser feliz. Un café calentito, Coco a mi lado, un ratito de paz y la certeza de que Dios camina conmigo... muchas veces eso es más que suficiente.

La felicidad no siempre hace ruido. A veces tiene el aroma de un café, una mirada fiel y la paz que Dios pone en el corazón.

🌼 El Rincón de Amalia



domingo, 2 de agosto de 2026

Días que se te quedan en el corazón


Hoy ha sido uno de esos días que no hacen falta grandes viajes, ni lujos, ni regalos para ser inolvidables.

Coco y yo hemos empezado el día con calma. Después de desayunar, he acabado de preparar las cositas que llevaba para compartir: unas crudités para el hummus, el tapenade, una tarta de zanahoria y un tiramisú. Cuando ya lo tenía todo listo, nos hemos ido rumbo a casa de Blanca y Toni.

Poco a poco han ido llegando Jeroni, Roser, Juan Carlos y Brigitte. Entre todos hemos compartido un vermut, una copita de vino, un poco de cava y una paella que ha hecho Blanca y que estaba de rechupete. Después, cómo no, han llegado los postres.

Coco también ha disfrutado un montón. Ha estado mimado por todos y, aunque Roser no lo conocía, enseguida hicieron buenas migas. Han pasado el día juntos y daba gusto verlos.

Hemos cantado, hemos bailado y nos hemos reído como niños jugando al Trío. Juan Carlos y yo, como siempre, hemos hecho alguna que otra trampa hoy nos acompañó tambien en las trampitas Brigitte. Bueno… hemos hecho más de una. Algunas nos las han pillado y otras han pasado desapercibidas. ¡Qué peligro tenemos cuando jugamos juntos!

La fiesta no quería terminar y hemos merendado, fuet, butifarra, frutos secos, etc.

Sin darnos cuenta porque el ambiente era maravilloso ha llegado la noche y el momento de la despedida.

Al llegar a casa, ya de noche, estamos reventados. Coco está estirado en el suelo y yo tirada en el sofá, con ese cansancio bonito que dejan los días felices. Ha hecho muchísimo calor, pero no ha conseguido estropearnos un día tan especial.

Hoy me voy a dormir con el corazón lleno. Porque al final, la felicidad muchas veces está en una mesa compartida, en unas risas, en una buena conversación y en la gente que hace que un día cualquiera se convierta en un recuerdo para toda la vida.

Que nunca nos falten estos momentos. Son los que de verdad alimentan el alma.

Un abrazo de El Rincón de Amalia. 🧡



viernes, 31 de julio de 2026

Hay días que se quedan en el corazón


Esta mañana Coco y yo hemos salido pronto a dar nuestro paseo. Ya hacía muchísimo calor, pero había que aprovechar las primeras horas del día. Después he comprado unas cositas para preparar el hummus y la olivada, porque mañana me he comprometido a llevar los aperitivos y el postre.

La cocina ha estado en marcha toda la tarde. He preparado la tarta de zanahoria, aunque hoy no ha subido tanto como otras veces. Bueno, no siempre las cosas salen igual y tampoco pasa nada.

Pero lo mejor del día estaba por llegar.

Esta tarde he escuchado en Onda Cero una entrevista a mi hijo Borja, desde México. Al oír su voz por la radio me he emocionado. Ha sido uno de esos momentos que se quedan guardados en el corazón.

Le he escuchado hablar con ilusión de la vida que ha construido allí y de todo lo que ha aprendido durante este tiempo. También ha dicho algo que me ha hecho muy feliz: que este año quiere venir a España para ver a su madre y a sus amigos.

A veces pensamos que para ser felices hacen falta grandes cosas. Sin embargo, hoy he comprobado que no. A veces basta con escuchar una voz querida para que el corazón sonría.

Os deseo que la vida también os regale esos pequeños momentos que, sin hacer ruido, se convierten en recuerdos inolvidables.

🌼 El Rincón de Amalia




jueves, 30 de julio de 2026

La ilusión no tiene edad.


¡Hola, mis buscadoras de sonrisas!

Hoy quiero contaros una cosa que llevo un tiempo pensando.

Muchas veces oigo decir: "Ya no tengo una edad para eso". Pues yo no estoy de acuerdo.

Los años pasan para todo el mundo. Eso no lo podemos cambiar. Lo que sí podemos decidir es cómo queremos vivirlos.

Yo prefiero levantarme con un pequeño plan. Un día escribo una entrada para el blog. Otro día grabo un podcast. Otro me voy a pasear con Coco y nos juntamos con otros perritos. Otro día aprendo a hacer algo nuevo con el ordenador, aunque al principio me haga un lío.

Y cuando consigo aprenderlo... ¡qué contenta me pongo!

No hace falta hacer cosas muy grandes para ser feliz. A veces basta con cambiar una planta de sitio, preparar una receta diferente, salir a dar un paseo o llamar a una amiga para charlar un rato.

Lo importante es no perder la ilusión.

Porque el día que dejamos de tener ganas de aprender, de reír, de salir o de empezar algo nuevo, ese día la vida se vuelve un poquito más triste.

Yo no quiero eso para mí.

Quiero seguir aprendiendo mientras Dios me dé fuerzas. Quiero seguir escribiendo, grabando mis podcasts, paseando con Coco y dando gracias por cada día que amanezco.

Y si alguna vez algo no me sale bien... pues lo intento otra vez. No pasa nada. Siempre se aprende algo.

Así que hoy os quiero dejar una frase que a mí me gusta mucho:

"Hoy voy a hacer todo lo posible para que hoy sea un día bonito."

Ojalá, cuando terminéis de leer estas palabras, os entren ganas de hacer algo que lleváis tiempo dejando para otro día.

No importa la edad que tengamos.

La ilusión no tiene edad.

Porque el día que dejamos de tener ilusión, dejamos de sorprendernos y de disfrutar de las pequeñas cosas, empezamos a envejecer por dentro.

Así que no dejéis que eso ocurra.

Mientras tengamos un motivo para sonreír, para aprender algo nuevo o para dar gracias por un nuevo amanecer, la vida seguirá regalándonos momentos bonitos.

Y recordad siempre lo que intento transmitir desde este rincón:

Siempre hay un motivo para sonreír.

Con todo mi cariño,

El Rincón de Amalia 🧡



miércoles, 29 de julio de 2026

¡Mi podcast también está disponible en Amazon Music!

¡Mi podcast también está disponible en Amazon Music!

Hay proyectos que nacen con mucha ilusión, y este es uno de ellos.

Hace unos días me animé a dar un paso que llevaba tiempo rondándome por la cabeza: crear mi propio podcast. En él comparto vivencias, recuerdos, reflexiones y experiencias que forman parte de mi vida.

Si te apetece conocer un poquito más de mí y escuchar mis historias, ahora también puedes encontrar mi podcast en Amazon Music.

🎙️ 


👉 https://music.amazon.es/podcasts/94cf1834-4b29-4ab8-a15b-cd47fc0dc1db/el-rincn-de-amalia?ref=dm_sh_5SEeX3VWzEVcO4QB06zScef6Z

Si no utilizas Spotify, no hay problema. También tienes la oportunidad de acompañarme desde Amazon Music.

Gracias por estar al otro lado y por formar parte de este rincón donde intento compartir que, incluso en los días difíciles...

Siempre hay un motivo para sonreír.

Un abrazo.

El Rincón de Amalia 🧡

¡Ya puedes escuchar mi podcast en Spotify!


Hay proyectos que nacen con mucha ilusión, y este es uno de ellos.

Hace unos días me animé a dar un paso que llevaba tiempo rondándome por la cabeza: crear mi propio podcast. En él comparto vivencias, recuerdos, reflexiones y experiencias que forman parte de mi vida. Hablo desde el corazón, con la esperanza de que mis palabras puedan acompañar, emocionar o sacar una sonrisa a quien las escuche.

Si te apetece conocer un poquito más de mí, te invito a escucharme en Spotify.

🎙️ Puedes acceder a mi podcast desde este enlace:

👉 https://open.spotify.com/show/033LPCYfRrJqDWWlhCWvhr?si=a9740adbe703492e

Si después de escucharlo te apetece seguirme o compartir algún episodio con otras personas, me hará muchísima ilusión.

Gracias, como siempre, por acompañarme en este rincón donde intento demostrar que, incluso en los días difíciles... siempre hay un motivo para sonreír.

Un abrazo.

El Rincón de Amalia 🧡

lunes, 27 de julio de 2026

¿Sabes una cosa?


Hay quien dice que hablar sola es señal de que una se está haciendo mayor. Pues mira, yo no estoy de acuerdo.

Yo creo que, cuando pasas de los sesenta, simplemente descubres que tienes muchas personas con las que seguir hablando... aunque algunas ya no estén sentadas a tu lado.

Y sí, yo hablo sola muchas veces. ¿Y qué?

Paso muchas horas en casa, porque con este calor donde mejor se está es en casa. Le hablo a Coco, que me escucha con una paciencia infinita, aunque a veces me mire con esa cara de "esta ya está otra vez hablando sola". Y cuando el ordenador decide llevarme la contraria y no me sale algo, se me escapa un: "¡Coño! ¿Por qué narices no sale esto?". Luego resoplo, me río de mí misma y vuelvo a intentarlo.

Antes quizá me habría dado vergüenza reconocerlo. Ahora no. Hablar sola no significa estar loca. A veces significa que necesitas ordenar las ideas, desahogarte o simplemente echar una conversación con la única persona que siempre está contigo.

A veces estoy doblando la ropa, fregando los platos o preparando un café y, sin darme cuenta, empiezo a hablar con la Amalia de veinte años. La veo con tantas prisas, queriendo que todo saliera bien y pensando que el mundo se acababa si algo no salía como ella esperaba.

Y me entran unas ganas enormes de darle un abrazo y decirle:

—Tranquila, mujer. No corras tanto. Vas a perder momentos preciosos preocupándote por cosas que, al final, ni siquiera llegarán a pasar.

Otras veces hablo con la Amalia que seré dentro de diez o quince años. Seguro que tendrá más canas, alguna arruga más... y un café calentito entre las manos. Siempre le hago la misma pregunta:

—¿Qué me queda por aprender?

Y me sonríe con esa tranquilidad que solo dan los años y me contesta:

—Deja de pedir permiso para ser feliz. Vive. Así, sin más.

También converso con mis recuerdos. Con la cocina de mi madre, con las risas de la familia cuando la casa se llenaba sin avisar, con las personas que tanto he querido y que ya no están, pero que siguen encontrando el camino para volver de vez en cuando a mi corazón.

Hay días en los que hasta sonrío yo sola al recordar una escena, una frase o una trastada de las de antes. Otras veces se me escapa alguna lágrima. Pero ya no son lágrimas de esas que te rompen por dentro. Son lágrimas de agradecimiento, porque tuve la suerte de vivir todo aquello.

Y he descubierto una cosa.

Con los años, las conversaciones más importantes dejan de ser las que tenemos con los demás. Las más importantes son las que mantenemos con nosotros mismos.

Porque llega un momento en que ya no te preocupa tanto lo que piense la gente. Lo que de verdad importa es poder mirarte al espejo y decir: "He vivido. He querido. He llorado. He reído. Y, a pesar de todo, sigo aquí."

Y eso, para mí, es uno de los regalos más bonitos de cumplir años.

Poder recordar sin que siempre duela. Sonreír al pensar en quienes formaron parte de nuestra vida. Dar gracias por todo lo vivido, incluso por lo difícil.

Porque, al fin y al cabo, los recuerdos no están para hacernos llorar. Están para recordarnos la suerte que tuvimos de haber vivido esos momentos.

Y si un día alguien me oye hablando sola, que piense lo que quiera. Yo sé perfectamente con quién estoy conversando. Con la mujer que fui, con la que soy, con la que aún me queda por ser... y con todos esos recuerdos que siguen haciéndome compañía.

Y la verdad... no me siento sola. Me siento muy afortunada de tener una vida tan llena de historias que todavía merecen ser contadas.

"Mientras Dios me dé un nuevo amanecer, seguiré teniendo motivos para sonreír."



Un café, Coco... y Dios

Hay tardes en las que me preparo un café y me siento tranquilamente a tomarlo. Y, como casi siempre, Coco se tumba a mi lado , como diciend...