El blog de Alma Buendía Soleado

domingo, 26 de julio de 2026

Huelga doméstica en el hogar 😎


Hoy he decidido declararme en huelga doméstica, pero de las buenas, de las que se hacen con clase, café caliente y Coco de testigo. 🐩☕

Nada de ollas, ni trapos, ni escobas, ni lavadoras que me miren con cara de “me toca a mí”.
Hoy la casa va por libre… y si se quiere limpiar, que se limpie sola.
Yo estoy muy ocupada cumpliendo tareas de máxima prioridad: ver series, mirar el horizonte, acariciar a Coco y revisar el móvil como si fuera una misión secreta.

Porque a veces una se pasa la vida en “modo ya voy, ya voy”...
¡Pues hoy no voy!
Ni al fregadero, ni al tendedero, ni al cajón de los calcetines desaparecidos.
Hoy voy de mí a mí, con escala en el sofá.

Coco me mira con esa carita de “¿seguro que no hay paseo?” y yo le digo:
Hoy, solo si es para presumir de que no hemos hecho nada.
Y me parece que él está completamente de acuerdo.

He puesto el móvil en silencio, el alma en paz y la sonrisa en marcha.
Y si alguien toca la puerta, que espere: aquí se está celebrando el Festival Internacional del No Hacer Nada, edición especial “Amalia y Coco 2025”. 🏆

Así que sí: me quedo en huelga doméstica.
El mando, el termo, el sofá y yo.
Y Coco, claro, supervisando desde su rincón, con cara de “esto sí que es vida”. 🐾

Un domingo glorioso y sin remordimientos.
Porque limpiar puede esperar,
¡pero vivir, reír y vaguear con estilo, eso no se pospone!

Y al que no le guste… que venga y me barra la terraza.




Mil gracias por tu cariño y por cada visita!

Si te gusta lo que escribo, puedes invitarme a un café haciendo clip aquí https://buymeacoffee.com/elrincondeamalia



sábado, 25 de julio de 2026

"La sabiduría de una taza de café"

Esta mañana me he preparado mi café de siempre. Me he sentado junto a la ventana mientras Coco se acomodaba a mis pies, esperando, como cada día, que terminara para salir a dar nuestro paseo.

He dado el primer sorbo y he pensado:

—Qué deprisa pasa la vida...

No sé si ha sido mi imaginación, pero, por un momento, he sentido que mi taza quería decirme algo.

—Amalia, ¿te has dado cuenta de que cada mañana me llenas de café, pero también de tus pensamientos? Aquí me hablas de tus alegrías, de tus miedos, de las personas que echas de menos, de Borja,  de los sueños que todavía guardas y de los que ya has conseguido cumplir.

He sonreído.

Era verdad. Muchas veces, antes de empezar el día, mi café es el primero que escucha todo lo que llevo dentro.

La taza continuó:

—A veces dices que estás sola, pero nunca lo estás del todo. Mira a tus pies.

Bajé la vista y allí estaba Coco, mirándome con esos ojitos que parecen entenderlo todo.

—Él depende de ti. No le importa cómo tengas el ánimo, ni si has dormido bien o si el día amanece gris. Para él eres su mundo. Gracias a él te levantas, sales a pasear, sonríes cuando hace alguna travesura y encuentras motivos para seguir adelante.

Le acaricié la cabeza y movió la cola, como si también quisiera participar en aquella conversación.

—Y no olvides otra cosa, me dijo la taza, hace un tiempo soñabas con escribir un libro y hoy ese sueño ya es una realidad. También soñabas con escribir canciones, grabar un pódcast y compartir tus historias para que pudieran ayudar a otras personas. Poco a poco, sin hacer ruido, has ido cumpliendo sueños que un día parecían imposibles.

Me quedé pensativa.

Es verdad que la vida me ha puesto pruebas muy difíciles. He llorado, he sentido miedo y muchas veces he pensado que no tendría fuerzas para seguir. Pero, cuando miro atrás, me doy cuenta de que siempre he encontrado un motivo para levantarme una vez más.

Entonces la taza me regaló su último consejo.

—No mires solo lo que has perdido. Mira todo lo que has construido con las manos y con el corazón. Cada arruga cuenta una historia. Cada cicatriz habla de una batalla superada. Y cada nuevo amanecer te recuerda que todavía quedan páginas por escribir, canciones por cantar y abrazos por dar.

Apuré el último sorbo del café.

Miré a Coco, que ya esperaba impaciente junto a la puerta porque sabía que tocaba salir.

Sonreí.

Quizá las tazas no hablen.

O quizá sí.

Quizá Dios, la vida o el corazón encuentran las palabras más sencillas para recordarnos que no podemos rendirnos, porque siempre hay alguien que nos necesita, un sueño por cumplir y un nuevo día esperándonos al otro lado de una taza de café.





Estar sola es divertido


Nunca me imaginé que estar sola pudiera ser tan… divertido.
Siempre me dijeron que la soledad era un castigo silencioso, una especie de cárcel con paredes que escuchan tus suspiros y tazas de café frías que nadie va a calentar por ti. Me repetían que quien está sola es porque algo le faltó o porque alguien no la quiso lo suficiente. ¡Menuda tontería!

Hasta que un día, no sé si fue el lunes o un martes cualquiera, me topé conmigo misma en medio del silencio, y descubrí que allí había un espacio que nadie me había contado: un lugar donde puedo respirar tranquila, sin que nadie me apure ni me corte las historias que me invento. Y entonces comprendí: estar sola no es estar incompleta, es estar… perfecta tal como soy.

Estar sola es desayunar cuando me apetece, bailar con la escoba como si fuera Fred Astaire, reírme de mis propios pensamientos y hablar con las plantas sin miedo a que me juzguen. Es mirar la luna mientras pienso en tonterías, sin que nadie me diga “apaga la luz que es tarde”.

En la soledad descubrí mi voz verdadera, la que se escondía entre el ruido de todo el mundo. La abracé, celebré mis cicatrices, mis pequeñas victorias, y hasta aprendí a darme abrazos que ni la almohada me daba.

Estar sola no significa estar vacía; significa estar llena de risas que suenan libres, de recuerdos que me hacen sonreír, de sueños que guardo con cariño y hasta de lágrimas que caen sin drama. La soledad es un regalo disfrazado, y ahora la defiendo como mi tesoro más preciado.

Porque aprendí algo que nadie me había contado: quien no sabe estar sola, difícilmente sabrá disfrutar de alguien más.
Y yo, por fin, me encontré… conmigo misma.



Si te ha gustado esta entrada, te invito a seguir "El Rincón de Amalia". Así recibirás las próximas publicaciones y seguiremos compartiendo juntos estos pequeños momentos de la vida. ¡Gracias por estar aquí! 💛






viernes, 24 de julio de 2026

Un nuevo día para disfrutarlo


Cada amaner, antes incluso de abrir bien los ojos, siento como si Dios me susurrara:

“Venga, hija… aquí tienes un día nuevo para disfrutarlo.”

Y yo, todavía entre sueño y sueño, le doy las gracias de corazón, porque cada mañana que Él me regala es un regalo único.

Me incorporo despacito, y ahí está Coco, mi pequeño guardián de cuatro patitas, mirándome como diciendo: “Venga, que aquí estoy contigo.”
Y pienso en Borja, tan lejos, a tantos kilómetros… pero fuerte, sano y cumpliendo su camino.
Y eso me serena el alma.

Mientras me arreglo, siento como si la vida me recordara:

“No pierdas la ilusión, Amalia, que aún te quedan momentos preciosos por delante.”

Y entonces sonrío, aunque sea un poquito, porque sé que es verdad.
Cada día tengo motivos para agradecer: a Dios por despertarme, por Coco por acompañarme y a mi hijo por seguir adelante, aunque esté lejos.

Mientras Dios me dé una mañana más, yo seguiré caminando con fe, con agradecimiento y con esa alegría mía que, aunque a veces se esconda, siempre vuelve a salir.

 


Si te ha gustado esta entrada, te invito a seguir "El Rincón de Amalia". Así recibirás las próximas publicaciones y seguiremos compartiendo juntos estos pequeños momentos de la vida. ¡Gracias por estar aquí! 💛

jueves, 23 de julio de 2026

Los días sencillos también cuentan


Hay días en los que me siento delante del ordenador y pienso: ¿Qué voy a escribir hoy?. Parece que no ha pasado nada especial. No ha habido grandes noticias, ni viajes, ni acontecimientos importantes. Solo un día más.

Pero, si me paro a pensarlo, descubro que sí han pasado muchas cosas.

He salido a pasear con Coco antes de que el calor se adueñara de las calles. He hecho unos recados, he saludado a personas conocidas y, al volver a casa, me he preparado un café con hielo para refrescarme. Después, la tranquilidad de siempre. Un día sencillo, de esos que parecen no tener nada extraordinario.

Y, sin embargo, son esos días los que forman nuestra vida.

A veces esperamos que ocurra algo grande para sentirnos felices, cuando la felicidad suele esconderse en los pequeños detalles: una conversación amable, un pan recién hecho, la sombra de un árbol, una llamada de alguien a quien queremos o el cariño silencioso de un perro que descansa a nuestros pies.

También hay momentos para dar gracias. Gracias por tener un hogar, por poder salir a caminar, por seguir adelante un día más y por descubrir que la paz también tiene su sitio en la rutina.

No todos los días tienen que ser inolvidables. Los días tranquilos también tienen su belleza. Nos permiten respirar, descansar y valorar todo aquello que muchas veces pasa desapercibido.

Hoy no quería dejar el blog en silencio. Quería recordaros, y recordarme a mí misma, que la vida no siempre necesita grandes historias para ser bonita.

Porque, al final, siempre hay un motivo para sonreír.

Os deseo un día lleno de paz y de pequeños momentos que os hagan felices.


Si te ha gustado esta entrada, te invito a seguir "El Rincón de Amalia". Así recibirás las próximas publicaciones y seguiremos compartiendo juntos estos pequeños momentos de la vida. ¡Gracias por estar aquí! 💛

domingo, 19 de julio de 2026

Hoy hemos viajado a Venezuela sin salir de casa

 

Hay días que no necesitan grandes viajes ni grandes planes para convertirse en inolvidables. Hoy ha sido uno de ellos.

Nos hemos reunido los seis de siempre: dos parejas... y yo, que hago pareja con mi querido Coco. 🐶❤️ Él nunca falla. Allí donde voy, él viene conmigo, y en casa de sus tíos Blanca y Toni se siente como en su propia casa. Ha jugado un ratito, ha recibido mimos y, como buen rey de la casa, también ha disfrutado de una buena siesta.

La comida ha sido una auténtica delicia. Juan Carlos preparó unas arepas venezolanas que yo nunca había probado y Brigitte hizo unos rellenos espectaculares. ¡Qué ricas estaban! Me han encantado, aunque tengo que decir que llenan muchísimo.

Después de comer llegaron los juegos de mesa... y las carcajadas. Juan Carlos y yo estábamos uno enfrente del otro y, para qué os voy a engañar, hicimos alguna trampilla de vez en cuando. Los demás nos pillaban y las risas eran tan grandes que acabamos con dolor de barriga de tanto reír.

Las horas pasaron sin darnos cuenta. Hemos hablado, hemos comido, hemos brindado y hemos disfrutado de la mejor compañía. Cuando decidimos volver a casa ya era bien entrada la noche, y si no llega a ser porque alguien dijo: "venga, que ya es hora de ir cada uno a su casa", todavía seguiríamos allí.

Siempre digo que la familia no siempre es la de sangre. También existe la familia que uno elige, la familia del corazón. Y yo tengo la suerte de haber encontrado personas maravillosas con las que compartir momentos como este.

Ya hemos quedado para la próxima comida... y estoy segura de que volveremos a reírnos tanto como hoy.

Porque, al final, la felicidad muchas veces está en una mesa compartida, en unas buenas conversaciones, en unas risas sinceras... y en sentirte como en casa rodeada de personas que te quieren y quieres.

Y sí... hoy hemos viajado a Venezuela sin salir de casa.


Si te ha gustado esta entrada, te invito a seguir "El Rincón de Amalia". Así recibirás las próximas publicaciones y seguiremos compartiendo juntos estos pequeños momentos de la vida. ¡Gracias por estar aquí! 💛


sábado, 18 de julio de 2026

El tonto, el fanfarrón y el sabio: una lección de vida con humor



Dicen que el mundo está lleno de personajes, y no hace falta viajar mucho para encontrarlos. Están ahí, en la cola del supermercado, en las reuniones familiares, en las redes sociales… y cada uno tiene su estilo muy particular de “mostrarse” al mundo.

El tonto, por ejemplo, habla mucho. Muchísimo. Si le das pie, te cuenta desde cómo se hace un huevo frito hasta la teoría de por qué los extraterrestres todavía no nos han visitado (según él, porque no hay dónde aparcar). Eso sí, cuando terminas de escucharlo, te das cuenta de que, en realidad, no te ha dicho nada útil… pero oye, él se queda tan ancho.

El fanfarrón es otro nivel. No solo habla, sino que presume de todo lo que, supuestamente, ha hecho. “Yo estuve en tal sitio… yo hice tal cosa… yo inventé tal idea…” y tú, escuchando, piensas: “Pues para tanto que has hecho, no se te nota mucho, ¿eh?”. Es el campeón olímpico del yoísmo, medalla de oro en autopromoción.

Y luego está el sabio. Ese es distinto. No presume, no hace ruido, no necesita convencer a nadie de nada. Habla poco, observa mucho… y mientras los demás gastan energía en palabras, él ya ha construido, ayudado, creado o solucionado algo importante. Cuando te enteras de todo lo que ha hecho, solo puedes decir: “¡¿Pero cuándo lo ha hecho este hombre?!”.

La vida está llena de estos tres arquetipos. El truco está en saber reconocerlos… y, si es posible, acercarte más al sabio, no solo para aprender de lo que hace, sino para recordar que, muchas veces, menos palabras y más acciones es la mejor receta para dejar huella.

Porque, al final, todos podemos elegir: ¿quieres ser el que hace ruido o el que hace historia?


Si te ha gustado esta entrada, te invito a seguir "El Rincón de Amalia". Así recibirás las próximas publicaciones y seguiremos compartiendo juntos estos pequeños momentos de la vida. ¡Gracias por estar aquí! 💛

Huelga doméstica en el hogar 😎

Hoy he decidido declararme en huelga doméstica , pero de las buenas, de las que se hacen con clase, café caliente y Coco de testigo. 🐩☕ N...