Una llega a cierta edad, abre el bolso y piensa:
"Pero bueno… ¿aquí llevo mis cosas o estoy preparada para irme de excursión al Everest?"
Porque yo miro dentro de mi bolso y allí hay de todo.
Un pañuelito, por si hace falta. Alguna cremita, porque siempre hay alguna parte del cuerpo que decide protestar. El móvil, las llaves, el monedero… y, por supuesto, mis gafas.
Eso sí, las mías tienen una particularidad: de lejos veo estupendamente, gracias a Dios, pero de cerca no veo ni torta sin las gafas. Así que como quiera leer un mensaje, mirar una etiqueta o encontrar una cosa pequeñita dentro del bolso, allá voy yo buscando las gafas.
Y ahora viene lo bueno…
Porque una se pone las gafas para ver de cerca y empieza a buscar dentro del bolso algo que sabe perfectamente que está ahí.
Sacas el monedero.
No es.
Sacas el pañuelo.
Tampoco.
Sacas una cremita que ni recordabas que tenías.
Tampoco.
Y sigues buscando y buscando…
Hasta que al final dices:
¡Pero si lo tenía delante de las narices!
Porque una ya no lleva el bolso como cuando era joven. Ahora lleva un pequeño kit de supervivencia.
Algo para los labios, algo para las manos, un pañuelito, las gafas, el móvil, las llaves… y alguna cosita más por si acaso.
También hay espacio para alguna cremita milagrosa, de esas que una se pone con toda la fe del mundo cuando alguna parte del cuerpo decide recordarnos que ya no somos las muchachas de antes. Porque una camina muy digna, pero de repente la rodilla hace su propio comentario y una piensa: “Bueno, hija, ¿qué te pasó?”
Y es que a estas alturas de la vida una ya sabe que no se trata de aparentar menos años.
Se trata de sentirse bien con los años que tenemos.
Nos ponemos un poquito de color en los labios, nos arreglamos el pelo, nos ponemos nuestras gafas y salimos a la calle tan contentas.
Y si alguna parte del cuerpo decide protestar, pues le decimos:
"Mira, hija, hoy no tengo tiempo para tus tonterías. ¡Vamos a seguir!" 😂
Porque cumplir años también es esto.
Aprender a conocernos, cuidarnos, reírnos de nosotras mismas y seguir disfrutando de las pequeñas cosas.
Y ahora os dejo, que voy a mirar dentro del bolso otra vez…
Porque sé que he metido algo ahí dentro y ahora mismo no tengo ni idea de qué era.
Y si algún día me ven buscando algo desesperadamente dentro de mi bolso, no me pregunten qué perdí… ayúdenme a encontrar las gafas que seguramente las llevo puestas.
Siempre hay un motivo para sonreír.
El Rincón de Amalia 🌷






