El blog de Alma Buendía Soleado

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Que no se nos olvide vivir


Después de mucho tiempo sin tocar mis brochas ni mis pinturas, hoy me ha dado por sacar los lienzos, los pinceles y todo lo que tenía un poquito olvidado.

Tengo mi caballete preparado y mis pinturas otra vez por aquí.

Hace tiempo que no pinto. Y eso que pintar siempre me ha gustado. He ido a clases, he aprendido, he disfrutado delante de un lienzo… pero la vida tiene esas cosas: unas veces hacemos algo con mucha ilusión y después, sin darnos cuenta, lo vamos dejando para más adelante.

Y ahí se quedó mi pintura.

Hasta hoy.

Coco está a mi lado, observándome con esa carita suya, como diciendo: “¿Y ahora qué vas a hacer con todo eso?”. 

Y yo, mientras preparo mis cosas, me he hecho un café.

Ese café que huele tan bien que parece que despierta hasta las paredes de la casa.

Y de fondo, como tantas otras veces, suena Julio Iglesias.

Y entonces empieza una canción que me ha hecho parar un momento:

“Me olvidé de vivir”.

Qué cosas tiene la música.

Hay canciones que simplemente escuchas y otras que parece que te hablan directamente.

Y esta tarde me ha hecho pensar en cuántas veces nosotras también nos hemos olvidado de vivir.

Porque hemos pasado muchos años ocupándonos de todo.

De los hijos, de la familia, de la casa, de las preocupaciones, de las cuentas, de lo que había que hacer mañana…

Y cuando queríamos darnos cuenta, había pasado otro año.

Y quizá algunas cosas que nos hacían felices se quedaron aparcadas en un rincón.

Como mis pinturas.

Pero hoy, al volver a sacar mis pinceles, he pensado que quizá nunca es tarde para volver a aquello que nos hacía ilusión.

No hace falta que sea la pintura.

Puede ser cualquier cosa.

Un libro que dejamos a medias.

Una canción que hace años que no escuchamos.

Una amiga a la que hace tiempo que no llamamos.

Un lugar al que siempre quisimos ir.

Una receta que queremos aprender.

O simplemente sentarnos tranquilamente a tomar un café sin estar pensando en todo lo que tenemos pendiente.

Porque quizá hemos pasado demasiado tiempo esperando a que llegara el momento perfecto.

Y la vida, mientras tanto, seguía pasando.

Por eso creo que llega un momento en el que tenemos que decir:

Ahora me toca a mí.

Ahora quiero hacer cosas porque me apetecen.

Quiero volver a pintar aunque el cuadro no quede perfecto.

Quiero escuchar música porque me gusta.

Quiero salir a pasear sin tener que llegar a ningún sitio.

Quiero ponerme ese perfume que tanto me gusta aunque no tenga ninguna ocasión especial.

Quiero comprarme unas flores aunque nadie me las regale.

Quiero disfrutar de mi café.

Quiero reírme.

Quiero emocionarme.

Quiero seguir descubriendo cosas.

Porque nuestra vida también es como un cuadro.

Tiene colores preciosos y también manchas.

Tiene días luminosos y días grises.

Tiene pinceladas que nos encantan y otras que, si pudiéramos volver atrás, seguramente cambiaríamos.

Pero todas forman parte de nuestro cuadro.

Y ahora que tenemos más experiencia, quizá podamos coger el pincel con un poquito más de calma.

No para borrar nuestra historia.

Sino para seguir pintándola.

Hoy he vuelto a sacar mis pinturas y no sé cuánto tardaré en terminar un cuadro.

Tampoco sé si me quedará precioso.

Pero eso ya no es lo importante.

Lo importante es que he vuelto a hacer algo que me gusta.

Y mientras yo preparo mis pinturas, Coco sigue a mi lado, mirando todo como si estuviera supervisando la obra. 

Y entonces pienso que quizá vivir sea precisamente esto.

Volver a encontrar pequeñas cosas que creíamos olvidadas.

Darnos permiso para disfrutar.

Y entender que todavía nos quedan muchas cosas por hacer.

No importa la edad.

No importa cuánto tiempo hayamos dejado algo aparcado.

Si todavía nos hace ilusión, podemos volver.

Porque mientras haya ganas, siempre hay un poquito de vida esperando que la descubramos.

Así que hoy, mientras escucho “Me olvidé de vivir”, me hago una promesa:

Que no se me olvide vivir.

Que no se me olvide pintar.

Que no se me olvide reír.

Que no se me olvide disfrutar de un café.

Que no se me olvide escuchar una canción que me emocione.

Que no se me olvide hacer esas pequeñas cosas que me hacen sentir bien.

Porque todavía tengo muchos colores en mi paleta.

Muchos cuadros por imaginar.

Muchos cafés por disfrutar.

Muchas canciones por escuchar.

Y muchos momentos por vivir.

Y quién sabe…

Quizá después de tanto tiempo con mis pinturas aparcadas, hoy haya vuelto a abrir una puerta que nunca estuvo realmente cerrada.

Porque siempre hay un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia 💥



martes, 29 de septiembre de 2026

A veces la vida no necesita grandes acontecimientos para hacernos felices.

A veces la vida no necesita grandes acontecimientos para hacernos felices.

No hace falta que nos toque la lotería, que nos den una noticia estupenda o que ocurra algo extraordinario para tener un buen día. A veces basta con algo tan sencillo como salir a dar un paseo con mi Coco, que va a mi lado con sus pasitos, sus olfateos y esa carita que parece decirme: "Venga, Amalia, que ya hemos salido, ahora vamos a disfrutar" y, después, sentarnos a tomar nuestro cafecito con una tostada de aceite en el bar de confianza.

Porque sí, amigas, hasta un café con leche puede convertirse en un momento especial cuando lo tomamos tranquilamente, con la sensación de que, por un ratito, no tenemos que correr detrás de nada.

También puede ser ese rayito de sol que entra por la ventana, una conversación que nos hace reír, una tarde de ganchillo entre lanas o incluso ese momento en el que miramos alrededor y pensamos: «Pues oye… aquí estoy, y eso ya es mucho».

Qué curioso es esto de la vida, ¿verdad? Nos pasamos muchas veces esperando que llegue algo grande para sentirnos felices y, mientras tanto, se nos escapan esas pequeñas cosas que tenemos delante de las narices. Porque las cosas pequeñas no son tan pequeñas cuando nos tocan el corazón.

Un abrazo, una sonrisa, unas risas tontas o simplemente tener un día sin prisas… Todo eso también es felicidad. Y quizá cuando aprendemos a mirar con un poquito más de atención, descubrimos que la vida nos está regalando motivos para sonreír todos los días. Lo que pasa es que algunos vienen envueltos en papel de regalo y otros vienen en una taza de café. ☕️

Yo cada vez tengo más claro que no quiero esperar a que llegue un acontecimiento enorme para disfrutar de mi día a día. Quiero saborear lo que tengo hoy: una charla, una canción que me lleva a un recuerdo bonito, el tacto de mis labores y todas esas pequeñas cosas que, sin hacer ruido, nos abrazan el alma.

Porque al final, amigas, la felicidad muchas veces no hace grandes entradas. A veces llega despacito, se sienta a nuestro lado y nos dice:

«Mira, Amalia… disfruta de este momento, que también es vida».

Y yo, por si acaso, le hago caso. Porque la vida está hecha de instantes, y si sabemos disfrutarlos, hasta un paseo con nuestro perro y un café caliente pueden convertirse en un tesoro.

Y eso, amigas mías, es tener una vida llena de pequeños grandes momentos.

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷

El Rincón de Amalia



Hoy llueve… y qué bonito es 🌧️💧


Buenos días, amigas de mi rincón.

Hoy me he despertado con una lluvia de esas que parece que el cielo ha abierto el grifo y ha dicho:

«¡Venga, que hace falta agua!» 😂

Son las 11:17 y ya me ha dado tiempo a ducharme, cambiar las sábanas, darle su medicación a mi Coco y desayunar tranquilamente.

Y salir… pues hoy no salimos.

Está cayendo una buena. 🌧️
Y de vez en cuando suena un trueno que, para qué os voy a engañar, a mí me da un poquito de respeto.

Pero tampoco pasa nada.

Coco y yo nos hemos instalado en casa y aquí estamos tan ricamente.

A Coco le pongo su empapador y él, que es un señor muy obediente, sabe perfectamente dónde tiene que hacer sus cositas. No hace nada por ahí, ni pipí ni caca. Así que yo lo recojo, friego y listo.

¡Problema solucionado!

Y mientras tanto, yo miro por la ventana y disfruto de la lluvia.

Incluso he sacado al balcón las plantas que tengo dentro de casa para que reciban su agüita. Porque el agua de lluvia parece que les sienta de maravilla y ellas también tienen derecho a disfrutar de este día. 

Y entonces pienso en algo:

No siempre podemos elegir lo que nos trae el día, pero sí podemos elegir cómo vivirlo.

Hoy quizá haya personas que tengan que salir a trabajar, llevar a los niños al colegio, ir al médico o cumplir con alguna obligación aunque esté cayendo el diluvio. Yo, durante muchos años tuve que salir de casa a trabajar con un día como el de hoy, y coger trenes, metros los días de lluvia es horroroso y cruzar un semáforo ni te cuento..., los coches pasan muy rápidos y te mojan. Total que llegas al trabajo chorreando, y pasar así ocho horas sé lo molesto que es.

Y pienso en ellas.

Porque yo hoy tengo la suerte de poder decir:

"Pues no salgo."

Y quedarme tranquilamente en casa con mi Coco.

Eso también es ser afortunada.

A veces creemos que para disfrutar necesitamos hacer grandes cosas: salir, viajar, ir de un sitio para otro…

Y resulta que no.

A veces la felicidad está en cosas tan sencillas como una casa recogida, unas sábanas limpias, un café, tu perrito al lado y escuchar cómo cae la lluvia.

Y si además tienes unas plantas en el balcón pegándose un buen chapuzón…

¡pues ya tienes el spa completo! 

La lluvia también tiene su lado bonito.

Va a regar los campos, va a llenar los embalses, va a refrescar la tierra y va a darle vida a muchas plantas que llevaban días esperando una buena ducha.

Así que hoy voy a intentar no pensar en lo que no puedo hacer.

Voy a disfrutar de lo que sí puedo hacer.

Estar en casa.

Escuchar llover.

Mirar a mi Coco.

Y agradecer.

Porque también hay días en los que no hacer nada es hacer mucho por una misma.

Y quién sabe… quizá dentro de unas horas escampe y podamos salir un ratito.

Y si no…

Pues mañana será otro día.

Hoy toca lluvia.

Y a mí, aunque los truenos me hagan pegar algún que otro respingo… me encanta. 

Un beso enorme para todas mis amigas.

Y recordad:

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌈

El Rincón de Amalia






lunes, 28 de septiembre de 2026

👜 ¿Qué llevo en el bolso? ¡Ni yo lo sé!


Una llega a cierta edad, abre el bolso y piensa:
"Pero bueno… ¿aquí llevo mis cosas o estoy preparada para irme de excursión al Everest?" 

Porque yo miro dentro de mi bolso y allí hay de todo.

Un pañuelito, por si hace falta. Alguna cremita, porque siempre hay alguna parte del cuerpo que decide protestar. El móvil, las llaves, el monedero… y, por supuesto, mis gafas.

Eso sí, las mías tienen una particularidad: de lejos veo estupendamente, gracias a Dios, pero de cerca no veo ni torta sin las gafas. Así que como quiera leer un mensaje, mirar una etiqueta o encontrar una cosa pequeñita dentro del bolso, allá voy yo buscando las gafas.

Y ahora viene lo bueno…

Porque una se pone las gafas para ver de cerca y empieza a buscar dentro del bolso algo que sabe perfectamente que está ahí.

Sacas el monedero.

No es.

Sacas el pañuelo.

Tampoco.

Sacas una cremita que ni recordabas que tenías.

Tampoco.

Y sigues buscando y buscando…

Hasta que al final dices:

¡Pero si lo tenía delante de las narices! 

Porque una ya no lleva el bolso como cuando era joven. Ahora lleva un pequeño kit de supervivencia.

Algo para los labios, algo para las manos, un pañuelito, las gafas, el móvil, las llaves… y alguna cosita más por si acaso.

También hay espacio para alguna cremita milagrosa, de esas que una se pone con toda la fe del mundo cuando alguna parte del cuerpo decide recordarnos que ya no somos las muchachas de antes. Porque una camina muy digna, pero de repente la rodilla hace su propio comentario y una piensa: “Bueno, hija, ¿qué te pasó?”

Y es que a estas alturas de la vida una ya sabe que no se trata de aparentar menos años.

Se trata de sentirse bien con los años que tenemos.

Nos ponemos un poquito de color en los labios, nos arreglamos el pelo, nos ponemos nuestras gafas y salimos a la calle tan contentas.

Y si alguna parte del cuerpo decide protestar, pues le decimos:

"Mira, hija, hoy no tengo tiempo para tus tonterías. ¡Vamos a seguir!" 😂

Porque cumplir años también es esto.

Aprender a conocernos, cuidarnos, reírnos de nosotras mismas y seguir disfrutando de las pequeñas cosas.

Y ahora os dejo, que voy a mirar dentro del bolso otra vez…

Porque sé que he metido algo ahí dentro y ahora mismo no tengo ni idea de qué era. 

Y si algún día me ven buscando algo desesperadamente dentro de mi bolso, no me pregunten qué perdí… ayúdenme a encontrar las gafas que seguramente las llevo puestas.


Siempre hay un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia 🌷





domingo, 27 de septiembre de 2026

🐩 Domingo de paseo… y Coco tenía otros planes


Esta mañana he salido de casa tan contenta.

Domingo, buen día, mi Coco y yo preparados para dar nuestro paseíto… y yo pensando que volveríamos tranquilamente a casa después de disfrutar un poquito de la mañana.

¡Ay, Amalia, qué inocente eres! 😂

Porque mi pequeñín Coco hoy se ha levantado con una misión muy clara:

Ladrarle a todos los perros que se cruzaran en nuestro camino.

Y cuando digo a todos, es a todos.

Grandes, pequeños, tranquilos, nerviosos… ¡le daba igual!

Perro que aparecía, perro que recibía su correspondiente concierto. 🐩

Yo intentando sujetar la correa, él tirando para un lado, luego para el otro, yo pendiente de no perder el equilibrio y, mientras tanto, pensando:

"Pero Coco, hijo mío… ¿qué te han hecho los perros del mundo para que les tengas tanta manía?"

Porque este perro mío no tiene ni un amigo perruno.

¡Ni uno!

Y mira que algunos se acercan con toda la buena intención del mundo, pero él parece decir:

"Tú, ni te acerques, que te monto aquí mismo la serenata."

Y claro, una sale a pasear para relajarse y termina volviendo a casa agotada, estresada y con ganas de quitarse los zapatos y sentarse.

Y eso que el paseo de hoy ha sido cortito.

Entre los ladridos, los tirones, recoger la caca, echar agua donde hace pipí y el calor que hacía… yo ya he dicho:

"Coco, se acabó. Nos vamos para casa."

Y aquí estamos.

Yo intentando recuperar la tranquilidad y él tan feliz, mirándome con esa carita de angelito que pone después de haberme hecho sudar la gota gorda.

Y me mira como diciendo:

«¿Qué? ¿He hecho algo mal?» 🥺

¡Pues sí, señorito!

Hoy te has portado regular.

Pero bueno… eres mi pequeñín y te quiero con locura, incluso cuando decides convertir un tranquilo paseo de domingo en una prueba de paciencia.

Mañana será otro día.

Y quién sabe… quizá mañana aparezca un perro y Coco decida que, por fin, quiere tener un amigo.

Aunque viendo el panorama…

¡Me parece que voy a esperar sentada! 

Siempre hay un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia 🌷




sábado, 26 de septiembre de 2026

Si no crees en Dios, te doy su teléfono


Hoy quiero contaros una cosita que me hace mucha ilusión.

Me he comprado un libro que se titula "Si no crees en Dios, te doy su teléfono", de Paco Arango.

Todavía lo estoy empezando, pero ya tengo esa sensación de que este va a ser uno de esos libros que se quedan un poquito dentro de ti.

Habla de niños, de cáncer, de momentos difíciles… y también, estoy segura, de esperanza, de amor y de esas pequeñas cosas que a veces nos ayudan a seguir adelante cuando la vida se pone cuesta arriba.

Y os voy a decir una cosa: creo que voy a llorar. 
Porque ya me conozco… como el libro me toque un poquito el corazón, se me escapa la lagrimita.

Pero hay algo más que me ha gustado muchísimo de haber elegido este libro. Los beneficios de su venta van destinados a la Fundación Aladina, que trabaja para ayudar a niños y adolescentes con cáncer y a sus familias.

Así que, además de disfrutar de una buena lectura, siento que con mi compra estoy poniendo mi pequeño granito de arena.

Y eso me gusta.

Porque a veces pensamos que para ayudar hay que hacer grandes cosas, y no siempre es así.
A veces podemos ayudar simplemente eligiendo dónde ponemos nuestro pequeño gesto.

Ahora voy a seguir leyendo… y ya os contaré si acerté con mi presentimiento.

Aunque me parece que, como siga así, voy a necesitar un paquete de pañuelos al lado del libro. 🥹❤️

Siempre hay un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia 



miércoles, 23 de septiembre de 2026

¿QUE NO PUEDO? ¡CLARO QUE PUEDO!

Un día la vida me dijo:

—Ya no puedes.

Y yo le contesté:

—¿Cómo que no? ¡Claro que puedo!

A estas alturas de mi vida ya no estoy para que nadie venga a decirme hasta dónde puedo llegar. Tengo más de sesenta y sí, hay días que me levanto toda tiesa, me duele aquí, me duele allá y hasta para agacharme tengo que pensármelo dos veces… ¡pero aquí sigo!

He pasado por cosas que pensé que no iba a superar y, mira por dónde, las superé.

He llorado, he vuelto a empezar, he soltado personas, he aprendido a estar conmigo y hasta he descubierto que mi propia compañía tampoco está nada mal.

Así que no me digas que no puedo.

Porque si algo me han enseñado los años es que una mujer no se vuelve menos capaz por cumplir años. Se vuelve más sabia para elegir sus batallas y mucho más lista para saber dónde merece la pena poner su energía.

Ahora ya no corro detrás de nadie.

No persigo lo que no quiere quedarse.

No mendigo cariño.

Y tampoco voy a pedir permiso para ser feliz.

¿Qué puedo?

¡Claro que puedo!

Puedo empezar otra vez.

Puedo aprender algo nuevo.

Puedo ilusionarme con la vida.

Puedo bailar aunque las rodillas protesten.

Puedo sentarme con mi cafecito, mirar a mi Coco dormidito a mi lado y pensar:

—Madre mía… ¡y todavía me queda mucho por vivir!

Porque mientras tenga ganas de levantarme cada mañana, de cuidar de mi Coco, de escribir mis cosas, de reírme, de aprender y de disfrutar de las pequeñas cosas, todavía me queda mucha vida por delante.

Así que, querida vida, si algún día vuelves a decirme:

—No puedes.

Yo te voy a contestar lo mismo:

—¿Cómo que no?

Agárrate, que todavía me quedan muchas cosas por hacer, muchas risas por echar, mucho cariño que dar y muchas ganas de seguir adelante.

Porque a mis sesenta y tantos no tengo que demostrarle nada a nadie.

Solo a mí misma.

Y sí puedo.

¡Claro que sí puedo!



Que no se nos olvide vivir

Después de mucho tiempo sin tocar mis brochas ni mis pinturas, hoy me ha dado por sacar los lienzos, los pinceles y todo lo que tenía un poq...