El blog de Alma Buendía Soleado

lunes, 25 de mayo de 2026

¡Voy a por todas!

Me he metido en un concurso… ¡y voy a por todas!

Pues sí, queridos míos.
Hoy he hecho una cosa que jamás pensé que haría hace unos años: presentarme a un concurso de escritura.

¡Y no con una cosa solo, no!
He mandado un microrrelato y también voy a presentar un relato más largo que todavía sigo retocando como si fuera una croqueta casera: ahora le quito una coma, ahora le pongo una frase, ahora leo en voz alta y digo:
“Esto suena muy fino… seguro que no lo he escrito yo.” Quiero ser tan buena escritora que busco palabras que yo nunca uso. Yo soy una mujer de 66 años y de pueblo. Así que voy a escribir el relato a mi estilo con palabras comunes y no con palabras que ni yo sé lo que significan.😄

Porque una cosa os digo: la historia es mía totalmente. Mis sentimientos, mis recuerdos y mis ideas son de cosecha propia. Lo único que necesito un poco de ayuda es con las comas, que esas van por libre y nunca sé dónde quieren vivir.

Y claro, yo pienso:
“Madre mía, la de gente preparada que se presentará…”

Periodistas.
Escritores.
Personas con carreras.
Gente que seguramente desayuna leyendo diccionarios.

Y luego estoy yo…
con Coco mirando qué hago, hablando sola por casa y escribiendo emociones mientras se me enfría el café.

Pero también os digo una cosa:
nadie puede contar mis historias como las cuento yo.

Así que aquí estoy, toda ilusionada, imaginándome ya entre los finalistas. Porque soñar es gratis y yo, cuando sueño, sueño a lo grande.

¿Y si gano?

Mira… no quiero adelantar acontecimientos, pero igual me pongo una temporadita insoportable, borde, creída y estupendamente feliz.😄

¡Olé yo!

Que ganar un premio de literatura no se gana todos los días, digo yo.

Y esperad… que todavía me queda otra aventura: hacer un podcast.

Sí, sí.
Un podcast.

Yo, que cada vez que intento grabarme hablando sola, me entra la risa y tengo que volver a empezar veinte veces.

Entre que me río, me equivoco y digo:
“Ay, otra vez no…” voy a necesitar más paciencia que un santo.

Pero lo voy a conseguir.

Porque últimamente me ha dado por hacer cosas que antes me daban miedo, vergüenza o respeto… y oye, resulta que todavía estoy muy viva para seguir inventándome ilusiones nuevas.

Y eso me encanta.

Así que deseadme suerte.
Y si un día me veis recogiendo un premio con Coco de representante oficial, no digáis que no os avisé.



domingo, 24 de mayo de 2026

¡Una sorpresa que me ha llenado el corazón de gratitud!


¡Hola a todos los amigos de El Rincón de Amalia! Espero que estéis pasando una tarde agradable y fresquita. Hoy os escribo con una sonrisa de oreja a oreja y una emoción en el pecho que no os podéis imaginar.

Como ya sabéis, escribir mi libro "Siempre hay un motivo para sonreír" fue una aventura preciosa pero también intensa, donde abrí mi alma por completo. Lo hice yo solita, con todo el cariño del mundo y con el único fin de ayudar a la investigación contra el cáncer. Por eso, cuando recibo el cariño de la gente, siento que todo el esfuerzo ha merecido la pena.

Pues resulta que hoy me he llevado una sorpresa de esas que te alegran el día. Me han llegado unos mensajes preciosos de personas que han leído el libro y no he podido aguantarme las ganas de compartir con vosotros las palabras tan bonitas que me dedican. ¡Mirad qué maravilla me escriben!:

"Amalia, leer tu libro ha sido una experiencia maravillosa. Es como si estuvieras sentada justo enfrente de mí, explicándome tu historia al oído. Me he sentido tan cerca de ti, como si estuvieras a mi lado en todo momento. El libro está escrito tal y como eres tú, con tu autenticidad, tu cercanía y todo tu corazón".

"Tienes un estilo personal y directo que hace que la lectura sea muy fácil y fluida. Me ha llegado al alma ver tu filosofía de vida tan optimista; tienes toda la razón cuando dices que aunque la vida pincha un poquito, siempre hay momentos bonitos que merecen disfrutarse. Pero lo que más me ha conmovido es tu compromiso solidario al destinar todos los beneficios a la investigación contra el cáncer. Gracias por hacernos reír y emocionarnos contigo."

Se me han puesto los pelos de punta, os lo prometo. Saber que me sentís ahí al lado mientras leéis, que captáis mi forma de ser tan transparente, y que aprecian el granito de arena que estamos aportando para la lucha contra el cáncer... es el mejor regalo del mundo. ¡Qué bonito es saber que mi voz os acompaña en la distancia!

Desde aquí quiero dar las gracias de todo corazón a todas las almas bonitas que ya tenéis el libro en vuestras manos y os tomáis el tiempo de decirme estas cosas. Me dais la fuerza y la vida para seguir cantando, tejiendo y sonriendo siempre.

Y vosotros, los que ya lo habéis leído, ¿también habéis sentido que estaba ahí sentada con vosotros? ¡Contadme en los comentarios, que ya sabéis que os leo siempre con muchísima ilusión!


¿Quieres conseguir mi libro y colaborar con la causa?
Puedes comprarlo tanto en formato digital para leer en el móvil o tablet (Kindle) como en papel (tapa blanda) directamente en Amazon. ¡Recuerda que todo lo recaudado va para la investigación contra el cáncer!

Pinchando en este enlace puedes ir directo a por él: 

https://www.amazon.es/Siempre-hay-motivo-para-sonre%C3%ADr/dp/B0FST56W8F/

miércoles, 20 de mayo de 2026

Los salmos que me acompañan


Hay palabras que no solo se leen… se sienten.
Palabras que, sin darte cuenta, se quedan dentro y te acompañan en los días buenos y en los días en los que el alma necesita un poco más de calma.

Para mí, los salmos son así. No los conozco todos, ni mucho menos, pero los que he ido descubriendo a lo largo del tiempo han sido como pequeñas luces en mi camino.

 No hablan de una vida perfecta, sino de una vida real: con miedo, con esperanza, con búsqueda… y con una confianza muy profunda en que nunca estamos del todo solos.

He querido llevar algunos de esos salmos a la música, de una forma sencilla, humana, para que puedan llegar al corazón de cualquiera, incluso de quien nunca ha abierto la Biblia.

Porque a veces una canción abraza donde las palabras no llegan.

Hoy comparto dos de ellas:

🎶 “Tú eres mi luz”, inspirada en el  Salmo 27

“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”

🎶 “El Señor es mi pastor”, inspirada en el  Salmo 23

“El Señor es mi pastor, nada me falta…”

Son canciones nacidas desde la sencillez, con alma de blues y gospel, pensadas para acompañar, calmar y recordar que la luz siempre encuentra la manera de volver.

Si estas canciones te llegan, aunque sea un poquito, entonces ya han cumplido su propósito.

🤍 El alma siempre encuentra su camino de vuelta a la luz, aunque a veces tarde en recordarlo.



miércoles, 13 de mayo de 2026

Mis nuevas compañeras de piso

Hoy he ido a por tierra… y he vuelto con dos “secuestrados” verdes 🌿😄

Hoy mi misión era muy clara: ir a comprar tierra para trasplantar unas orquídeas. Una tarea sencilla, seria, de persona organizada. Vamos, nada peligroso.

ERROR.

Porque yo entro a una tienda de plantas y salgo siendo otra persona. Es como si las plantas tuvieran un imán especial conmigo. O yo con ellas. O una conspiración vegetal, todavía no lo tengo claro.

El caso es que allí estaban: una tomatera cherry y un calanchoe amarillo que me miraban con cara de “Amalia… llévanos contigo, aquí no somos felices”.

Y claro… yo qué hago. ¿Hago como que no las he visto? ¿Finjo que no me hablan? Imposible.

Yo soy de las que piensa: si una planta quiere venirse conmigo, yo no soy nadie para decirle que no. Bastante dura es la vida ya como para dejar a alguien (aunque tenga hojas) con las ilusiones rotas.

Así que entré por tierra… y salí con tierra y dos nuevas inquilinas.

Ahora en mi casa hay una tomatera cherry que probablemente acabe dándome más tomates que yo paciencia… y un calanchoe amarillo que parece un pequeño sol en maceta diciendo “hola, he venido a iluminarte el salón”.

Y Coco… bueno, Coco ha pasado por al lado, ha olfateado un segundo y ha seguido su camino como diciendo:
“esto no es asunto mío”. Sin emoción. Sin juicio. Sin participación. Muy profesional él.

Conclusión del día: yo no compro plantas. Las adopto emocionalmente bajo presión vegetal.

Y sinceramente… no me arrepiento nada 



martes, 12 de mayo de 2026

A mis 66 años, ¡el aprendizaje no se jubila!

¡Hola a todos! Hoy escribo estas líneas con una sonrisa de oreja a oreja y el corazón contento. Como ya sabéis los que me seguís, soy una curiosa por naturaleza. Desde que nací, no he podido evitar querer saber el "porqué" de las cosas, investigar y meterme en todos los charcos que me llamen la atención.

Hoy me he demostrado a mí misma que esa chispa sigue más viva que nunca. A mis 66 años, me he liado la manta a la cabeza y he hecho un curso de Inteligencia Artificial. Sí, ¡IA! Algo que parece de ciencia ficción, pero que a mí me tenía intrigada. Me he presentado al examen y... ¡he sacado un 8!

Me da mucha rabia cuando escucho que, al llegar a la jubilación, parece que ya tenemos la "vida hecha" y que ya no servimos para aprender cosas nuevas. ¡Qué equivocados están! Precisamente ahora es cuando más tiempo y libertad tenemos. Yo no trabajo, pero os aseguro que no paro de crear: compongo mis canciones con mensajes positivos y ahora entiendo un poquito mejor cómo funciona este mundo digital que nos rodea.

Acompañando estas palabras podéis ver la foto de mi diploma (me lo han enviado hace nada). Ese ocho significa mucho para mí; significa que:

  • Mi cerebro sigue en plena forma y listo para nuevos retos.

  • No hay que tenerle miedo a la tecnología, por muy moderna que parezca.

  • La ilusión es el mejor motor para levantarse cada mañana con ganas.

  • A los sesenta y tantos todavía nos queda mucha tela que cortar y mucho por investigar.

Estar aquí con mi perro Coco, disfrutando de la tranquilidad de mi hogar y superando estos retos, me hace sentir muy viva. No dejéis nunca que nadie os diga que sois "mayores" para algo. La edad es solo un número, pero la curiosidad es eterna.




domingo, 10 de mayo de 2026

Un sábado gris… y absolutamente feliz

Hoy el día amaneció gris, de esos días en los que miras al cielo y piensas: “Uy… hoy acabamos pasados por agua”.
Y sí, cuando íbamos camino de la casa donde habíamos quedado para comer el cochinillo, empezaron a caer cuatro gotitas. Como la comida era en una terraza descubierta, ya nos mirábamos unos a otros pensando:

—Ya verás… hoy acabamos todos metidos dentro de la casa.

Pero no.
El tiempo nos regaló una tregua maravillosa y nos dejó disfrutar de la comida tranquilamente.

Y qué comida…

El cochinillo estaba espectacular. En su punto. Crujiente por fuera, tierno por dentro y acompañado de unas patatas buenísimas. De esos platos que hacen fiesta solo con verlos llegar a la mesa.

Eso sí… cuando apareció el cochinillo entero, con su cabecita y su manzana en la boca, nos dio una pena tremenda. Nadie quería partirlo. Nos quedamos todos mirando, como esperando que alguien se animara. Al final, una amiga cogió valor y empezó a cortarlo casi con lágrimas en los ojos, porque le daba muchísima pena.

Antes del gran momento habíamos hecho un vermutito, y después acompañamos el cochinillo con un vinito. Y para rematar… un tiramisú delicioso.

Y cuando parecía que el día ya no podía ser más bonito… empezó la lluvia de verdad.

Allí nos quedamos todos debajo de un toldo, esperando a ver si paraba. Y claro… mientras esperábamos, cayó el mojito de despedida, porque nuestras fiestas siempre terminan con mojito.

Pero la lluvia no tenía intención de marcharse, así que hicimos “un pensamiento”, recogimos las cosas y cada uno volvió a su casa a descansar y echar la siesta.

Y Coco… ay, Coco.

Yo llevaba su comida húmeda preparada, porque no quería que le dieran cochinillo. Pero claro, Coco es el niño mimado de todos. Uno le daba un trocito, otro otro poquito… y yo diciendo:

—Después, si se pone malo, las consecuencias para mí.

Pero nada. Aquí está ahora mismo, feliz de la vida, subiendo y bajando del sofá, jugando como si todavía siguiera de fiesta.

Y yo ya estoy con el pijama puesto, tranquila, feliz y agradecida.

Porque al final, la felicidad muchas veces no está en las grandes cosas. Está en un día sencillo, en una mesa compartida, en una tarde de lluvia, en un mojito bajo un toldo y en la compañía de personas maravillosas.

Personas que no son familia de sangre… pero sí familia del alma.

Y ahora sí… Coco y yo nos vamos a dormir soñando con los angelitos, después de un día gris… pero absolutamente feliz.



viernes, 8 de mayo de 2026

“Tenemos miedo… pero también tenemos corazón”

Estos días estamos viendo en las noticias algo que nos remueve por dentro.
Un crucero donde varias personas han enfermado por un virus y ahora muchos pasajeros esperan poder volver a sus países.

Y aunque los expertos dicen que el riesgo para la población es bajo y que la situación está controlada, es normal que mucha gente tenga miedo. Porque todos recordamos lo que vivimos hace unos años. El COVID nos cambió la vida. Nos encerró en casa, nos puso mascarillas, nos separó de abrazos, de familias, de despedidas y de momentos que nunca volverán.

Por eso, cuando escuchamos noticias así, el corazón se encoge un poco.

Pero también pienso una cosa: las personas que están en ese barco son seres humanos. Son personas que seguramente subieron con ilusión, con ganas de viajar, de disfrutar de la vida, y ahora estarán asustadas, preocupadas y deseando volver a casa sanas.

Y yo no puedo mirar eso sin sentir empatía.

Porque si yo estuviera allí, también querría que me cuidaran.
También necesitaría médicos, ayuda y humanidad.

Creo que podemos sentir las dos cosas al mismo tiempo: prudencia y compasión.
Miedo y empatía.
Precaución y humanidad.

Ojalá todo quede en un susto controlado y la ciencia siga haciendo su trabajo para protegernos. Y ojalá nunca olvidemos algo importante: detrás de cada noticia hay personas, familias y corazones latiendo igual que el nuestro.



¡Voy a por todas!

Me he metido en un concurso… ¡y voy a por todas! Pues sí, queridos míos. Hoy he hecho una cosa que jamás pensé que haría hace unos años: p...