El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 8 de septiembre de 2026

Hoy estoy feliz: de desayunos, morcilla, amistades y una planta que no necesitaba

 Buenos días, mis queridas amigas. Sí, ya sé que el reloj del ordenador marca las 14:00 en punto y que, a estas horas, lo correcto sería decir “buenas tardes”. ¡Pues no! Para mí siguen siendo buenos días, porque todavía no he comido. Y mientras una no haya comido, el día sigue siendo día. Esto es una norma mía y no admite discusión. 

 Además, hoy tengo una razón estupenda para decir ¡buenos días! porque he tenido una mañana de esas que te dejan el corazón calentito y una sonrisa puesta durante horas. Hoy estoy feliz. Y no porque haya pasado nada extraordinario, de esas cosas que salen en los periódicos o que cambian la vida de un día para otro. No. Estoy feliz por algo mucho más sencillo y, para mí, muchísimo más importante: Una buena mañana, buena compañía, risas, conversación, un desayuno diferente, un paseo y unas amistades maravillosas. ¿Se puede pedir más?

Una mañana que empezó tempranito Esta mañana hemos salido Coco y yo tempranito. Primero, como manda la tradición, hemos salido a dar nuestro paseo para que mi pequeño haga sus cositas. Y después nos hemos ido a desayunar a un bar nuevo que han puesto por aquí. Es un sitio muy agradable. Lo llevan una madre y sus dos hijos, y son de esas personas que enseguida te hacen sentir a gusto. Lo único malo es que no tienen terraza. Y claro, para mí eso es un pequeño inconveniente porque voy con Coco. Pero resulta que me dejan entrar con él y, sinceramente, tampoco me preocupa demasiado, porque mi perro en un bar se comporta como un señor. Coco entra, busca su sitio debajo de la mesa, se sienta o se tumba y allí se queda tan tranquilo. No ladra. No molesta. No pide comida. No anda de un lado para otro. ¡Parece que no haya perro! Bueno… salvo cuando se levanta y pone esa carita de “¿y mi parte del desayuno?”. 😂 Pero, en general, se porta estupendamente. 

Y allí nos estamos acostumbrando a desayunar de una manera que no es nada habitual para mí. Porque yo soy mujer de desayunos sencillos. Un café con leche y, si voy a una churrería, dos churritos. Y si desayuno en casa, pues una magdalena, dos galletitas y mi café con leche. Y tan feliz. Pero aquí, entre unas cosas y otras, estamos cogiendo unas costumbres que cualquier día voy a tener que ir al bar con babero. 

Hoy éramos cinco. Hoy habíamos quedado tres amigas y un amigo. Bueno… cinco, porque Coco también cuenta. Y allí nos hemos juntado Brigitte, Antonia, Joaquín, Coco y yo. Y ha sido estupendo. Joaquín es de esas personas con las que puedes estar hablando un rato y siempre terminas aprendiendo algo. Es una persona muy polifacética. Tiene una asociación, una fundación, entre otras muchas cosas, trabaja haciendo prevención de incendios en empresas. Vamos, que tiene conversación para rato. Y eso me encanta. Me gusta conocer personas que tienen cosas que contar, personas curiosas, que saben de diferentes temas, que han vivido, aprendido y siguen teniendo ganas de compartir. Y hoy hemos aprendido unas cuantas cosas con él. Mientras tanto, cada uno a lo suyo. Joaquín se ha pedido un café americano de esos que parecen una piscina. Un vaso entero de café solo. Y él, tan tranquilo, nos dice que no desayuna. ¡Pues hijo mío, después de ver aquel vaso de café, casi me parece que te has comido un desayuno entero! 😂 Pero lo mejor ha sido Brigitte y Antonia. Porque mientras yo estaba con mi pequeño bocadillito, ellas, a las nueve de la mañana, se estaban comiendo unos callos. Sí, sí. CALLITOS. 

A las nueve de la mañana. Yo todavía estoy intentando asimilarlo. Dicen que estaban buenísimos. Yo no los he probado, pero ellas han dado buena cuenta de ellos y no han dejado lugar a dudas. Una se los ha tomado con cerveza y la otra con Coca-Cola. Y yo pensando: “¡Madre mía, qué desayuno más completo!”

Y yo… morcilla  yo me he pedido un mini bocadillito de morcilla. Mira que hacía años que no comía morcilla. Años. Y ahora resulta que llevo dos semanas seguidas cayendo en la tentación. Esto ya empieza a ser preocupante.  Así que he decidido que la próxima vez voy a cambiar. Porque una cosa es que me guste y otra es que parezca que me he reencontrado con ella después de una separación de veinte años. Pero estaba muy rico, eso sí. Y entre el tentempié, el café y la conversación, se me ha pasado la mañana volando.

Después, el cigarrito y la charla. Cuando hemos terminado, hemos salido a la calle. Y aquí tengo que reconocer algo que Joaquín y yo sabemos perfectamente que no se debe hacer. Nos hemos fumado un cigarrito. ¡Ea! Ya está dicho. Nos hemos sentado en un banco y hemos continuado nuestra conversación tranquilamente. Porque hay conversaciones que no se terminan cuando se acaba el café. Y esa ha sido una de ellas. Hemos seguido hablando, riendo, comentando cosas y disfrutando de ese ratito sin ninguna prisa. Después Antonia se ha marchado, Joaquín también, porque tenía cosas que hacer, y nos hemos quedado Brigitte y yo. Y ahí ha empezado otra aventura.

Entrar en un bazar chino: error de principiante. Porque hay cosas que una mujer sabe que no debe hacer. Por ejemplo: Entrar en un bazar chino cuando tienen plantas. Yo debería tenerlo prohibido. Debería existir un cartel en la puerta que dijera:

“Amalia, tú no entras.” Porque cada vez que entro, salgo con algo. Y si tienen plantas, ya no hay nada que hacer. Es superior a mis fuerzas. Y, efectivamente, hoy he entrado. Y, efectivamente, he salido con una planta. 😂😂😂 Yo misma me lo prohíbo, pero luego entro y la planta me mira. Y claro… ¿Qué voy a hacer? ¿Dejarla allí abandonada? Pues no. Así que ahora tengo una nueva habitante en casa. No sé dónde la voy a poner todavía, pero eso ya es un problema del futuro. Primero se compra la planta. Después ya veremos dónde cabe.

Un paseo de vuelta a casa Después hemos seguido paseando Brigitte, Coco y yo. Y ha sido otro de esos paseos sencillos que parecen no tener importancia, pero que a mí me hacen muchísimo bien. Caminando, hablando, viendo cosas, disfrutando del día… Hasta que cada una ha seguido su camino. Brigitte se ha ido a hacer unas compras y yo he tirado para casa con Coco. Y entonces he pensado: ¡Qué mañana tan bonita he tenido! Sin grandes planes. Sin nada extraordinario. Simplemente salir de casa, pasear, desayunar con amigos, reír, aprender, charlar, comprar una planta que no necesitaba y volver a casa con Coco.

Y ahora… las albóndigas me esperan Y aquí viene la otra parte de la historia. Anoche, como sabía que hoy probablemente iba a llegar tarde a casa, me preparé la comida. Hice albóndigas con patatas. Porque una también tiene que cuidarse y pensar un poquito por adelantado. Y ahora tengo la comida hecha. Bueno… hecha está. Lo que pasa es que ahora mismo no tengo demasiada hambre. Normal. Después del homenaje de esta mañana, todavía tengo el recuerdo en el estómago. 😂 Pero dentro de un ratito comeré mis albóndigas con patatas y tan contenta. Y mientras tanto, aquí estoy. En casa. Con Coco. Con mi plantita nueva. Y con esa sensación tan bonita que te queda después de haber pasado unas horas con personas con las que estás bien.

Hoy estoy feliz Y hoy quiero quedarme con eso. Con la felicidad de las cosas sencillas. Porque muchas veces buscamos la felicidad en acontecimientos enormes, en viajes, en compras, en grandes noticias… Y resulta que algunas veces la felicidad está en algo tan sencillo como: Un café con leche. Unos amigos alrededor de una mesa. Una conversación interesante. Un paseo. Un perro bueno debajo de la mesa. Una planta que no necesitabas. Y muchas risas. Hoy he tenido todo eso. Y hoy, sinceramente, estoy feliz. Así que aunque sean las 14:00h y el reloj diga que debería despedirme con un “buenas tardes”, yo me niego. Porque todavía no he comido. Y mientras no haya comido… ¡Buenos días, mis queridas amigas! Que nunca nos falten esos ratitos sencillos que nos hacen volver a casa con el corazón contento. Y que nunca perdamos la capacidad de reírnos, de aprender, de compartir una mesa y de disfrutar de una mañana cualquiera como si fuera un regalo. Porque quizá la felicidad sea precisamente eso: Darnos cuenta de que un día normal también puede ser un día maravilloso. Un beso enorme de vuestra amiga, Amalia 

 El Rincón de Amalia🧡






Envejecer es para valientes


El otro día leí una frase que me hizo pensar: "Envejecer no es para débiles".

Y pensé yo: ¡Claro que no! 
Envejecer no es para débiles… ¡es para valientes y con un par de narices!

Porque hay que tener valor para mirarse al espejo y decir:
_Pues sí, aquí están mis arruguitas.
_Sí, el cuerpo ya no es el de los veinte.
_Sí, tengo canas.
_¿Y qué?

¡Pues nada! Que una no se va a poner a discutir con el espejo todas las mañanas! 

Yo tengo 66 años. Sesenta y seis, ni uno menos y ni uno más. Y cuando me preguntan la edad, la digo tan tranquila. Bueno… tan tranquila no, ¡a veces hasta me sorprendo yo misma! 

Porque digo una cosa: ¿qué necesidad tenemos de quitarnos años?

Si los años que hemos vivido son precisamente los que nos han traído hasta aquí. Cada cumpleaños es una pequeña victoria. Hemos pasado por días buenos, días no tan buenos, penas, alegrías, pérdidas, amores, decepciones, risas, lágrimas… y aquí seguimos.

¡Pues vamos a celebrarlo, digo yo!

Y tampoco quiero pasarme la vida quejándome de que mi hijo está lejos o de que tienen su vida. Y las madres pasamos a segundo lugar, tienen su trabajo, su vida y aunque el amor de una madre siempre está ahí ya no somos tan necesarias como cuando eran pequeños.

Claro que me gustaría tenerlo cerquita. ¡Cómo no! Pero ellos tienen derecho a vivir, a equivocarse, a hacer su camino y a tener sus propias preocupaciones.

Y yo también tengo que aprender a hacer el mío.

Porque estar sola algunas veces no significa estar abandonada. Significa que tengo que aprender a disfrutar de mi propia compañía.

Y mira que yo conmigo misma tengo conversación para rato… 😂

Me pongo mi música, escribo en mi blog, coso, hago mis cositas, paseo con Coco, me arreglo, me pongo mi colonia aunque no vaya a ninguna parte y, si me da la gana, me tomo un café en una taza bonita.

¿Por qué vamos a esperar a que llegue una ocasión especial para disfrutar?

¡La ocasión especial somos nosotras mismas!

Yo no quiero vivir pendiente de parecer más joven.

Quiero sentirme viva.

Quiero que mis canas cuenten historias. Que mis arrugas recuerden las veces que me he reído. Que cada pequeña marca de mi cara me recuerde que aquí ha habido vida.

Y cuando me vuelva a mirar al espejo, en lugar de buscar lo que ha cambiado, quiero mirar a la mujer que ha llegado hasta aquí.

Con sus cosas buenas y sus cosas regulares.

Con sus días de "¡Hoy me como el mundo!" y sus días de "¡Que me dejen tranquila, que hoy no estoy para nadie!". 

Porque sí, señoras y señores…

¡Tengo 66 años!

Y no pienso esconderlos.

No quiero quitarme años.

Quiero vivirlos.

Quiero estrenar cada uno de los que me queden. Quiero seguir riéndome, aprendiendo, haciendo planes, poniéndome guapa, escribiendo mis historias y dando guerra.

Porque mientras haya una mañana esperándome al otro lado de la noche…

yo pienso levantarme y salir a por ella.

Y si para eso hay que cumplir años…

¡Pues que vengan!

Aquí los espero. 

El rincón de Amalia🧡



lunes, 7 de septiembre de 2026

Mis queridas amigas, ¡date tus lujos!


A ver, mi querida amiga… que ya tenemos una edad y algunas cosas las hemos aprendido a base de tropezones, ¡así que vamos a aprovecharlo! 😂

¡Date tus lujos!

Pero no me vengas ahora pensando que hablo de coches de lujo, viajes de cinco estrellas o bolsos que cuestan más que una nómina. ¡No, amiga, no! Que una también sabe contar los euros. 

Yo hablo de esos pequeños lujos que no te dejan la cartera temblando, pero te dejan el corazón contento.

¿Que tienes una taza preciosa guardada en el armario porque dices: “Esta es para una ocasión especial”?

¡Sácala, mujer!

¿A qué estás esperando? ¿A que venga el rey? 

Hazte mañana mismo el café en esa taza. Bueno, mañana no… ¡hoy! Que luego vamos dejando las cosas para después y el “después” se nos hace una eternidad.

¿Y esa blusa tan bonita que compraste y que cuando pagaste hasta la cartera dijo: “¡Ay, madre mía, qué disgusto!”? 

¡Póntela!

¿Para qué la tienes colgada en el armario mirando pasar los días? ¿La estás guardando para una boda? ¿Para Navidad? ¿Para cuando venga alguien importante?

¡Pues mira, no!

Póntela un martes.

Un martes cualquiera, aunque solo vayas a comprar el pan.

Porque te voy a contar un secreto: la ocasión especial eres tú.

Y si seguimos esperando al día perfecto para estrenar las cosas, puede que nos pasemos la vida guardándolas.

Así que usa esa vajilla bonita.

Ponte ese perfume que tienes reservado “para salir”.

Estrena esa pijama que te encanta.

Cómprate unas flores aunque sean del supermercado.

Siéntate a tomar un café tranquilamente, sin mirar el reloj.

Y si un día te apetece comerte un trocito de chocolate después de comer… ¡te lo comes! Que ya bastante hemos pasado la vida diciendo: “Esto para luego”. 

Porque después de tantos años cuidando de los demás, pensando primero en los hijos, en la familia, en la casa, en que no falte esto ni aquello…

ahora también nos toca cuidarnos a nosotros.

Y no hace falta tener una cuenta bancaria llena.

A veces el lujo es simplemente tener tiempo para sentarte al sol, escuchar una canción que te gusta, pasear sin prisas, reírte con una amiga o tomarte un café en tu taza favorita.

Esas cosas no cuestan una fortuna.

Pero valen muchísimo.

Y como decía aquel viejo eslogan de televisión:

“Porque tú lo vales.”

Pues sí, mi querida amiga.

Tú lo vales.

Y yo también.

Y a estas alturas de la película, te digo una cosa:

¡ya va siendo hora de que nos lo creamos! 

Así que venga…

Mañana sacas la taza buena.

Te pones la blusa bonita.

Te echas el perfume.

Y sales a comerte el día.

Que para eso estamos aquí.

¡Y que nadie nos quite las ganas de disfrutar! 

El rincón de Amalia🧡



domingo, 6 de septiembre de 2026

Envejeciendo juntos


Hola, queridas amigas y amigos de El Rincón de Amalia.

Hoy os escribo desde el sillón de casa, obligada a bajar el ritmo por una contractura que me tiene la espalda dolorida. Hoy no ha habido paseo de la mañana ni prisas. Simplemente he tenido que parar y mirar la vida desde una perspectiva mucho más pausada.

Y cuando el cuerpo se detiene, la mente empieza a viajar. A veces se pierde por caminos que no esperábamos recorrer y termina llevándonos hasta aquello que de verdad importa.

Y hoy, todo mi pensamiento ha estado en él: mi inseparable Coco.

Mi pequeño caniche ya es mayor. Tiene su corazoncito delicado, necesita sus cuidados y su medicación y, desde hace tantos años, caminamos juntos por la vida. Hemos compartido alegrías, tristezas, momentos buenos y otros no tan buenos. Y hoy, al verme aquí, limitada por el dolor y sin poder moverme como quisiera, me ha venido a la cabeza un miedo muy profundo.

Un miedo que estoy segura de que cualquiera que haya amado a un animal con toda el alma entenderá.

¿Qué sería de Coco si a mí me pasara algo de repente?

Coco me necesita. Necesita sus rutinas, sus cuidados, su medicación, pero sobre todo necesita saber que su mami está ahí.

Y pensar que algún día pudiera quedarse solo, sin entender dónde estoy, buscándome por la casa y sin encontrarme… me rompe el corazón.

Porque hay algo que me dolería todavía más: pensar que pudiera llegar a creer que su mami lo ha abandonado.

Y eso jamás podría ocurrir.

Yo jamás abandonaría a Coco. Nunca. Por voluntad propia . Él ha sido mi compañero durante tantos años que forma parte de mí, de mi historia y de mi vida.

Por eso hoy he hecho una petición desde lo más profundo de mi alma. Una plegaria al universo, a Dios, a la vida… a aquello en lo que cada uno de nosotros encuentre consuelo.

Le he pedido, desde el amor más grande que conozco, que Coco se vaya un poquito antes que yo.

Sé que puede parecer una petición extraña. Pero quienes amamos profundamente a nuestros animales quizá podamos entenderla.

Prefiero soportar yo el dolor inmenso de su ausencia. Prefiero llorar su partida, echarlo de menos cada día y sentir que me falta una parte del corazón, antes que imaginarlo solo, perdido y sin saber dónde está su mami.

Prefiero llorarlo yo en esta orilla, con todo el dolor que pueda soportar, sabiendo que él no tendrá que preguntarse nunca dónde me he ido ni por qué no he vuelto.

Y quiero pensar que, cuando llegue ese momento, cuando Dios disponga, volveremos a encontrarnos. Que él correrá hacia mí como tantas veces ha corrido por la casa y volveremos a estar juntos.

Coco tiene 13 años y yo tengo 66. Los dos sabemos, aunque no queramos pensarlo demasiado, que el tiempo pasa y que algún día tendremos que separarnos.

Pero hoy no quiero pensar en ese día.

Hoy quiero pensar en todos los días que todavía tenemos por delante.

Quiero disfrutar cada paseo, cada siesta juntos, cada mirada, cada ladrido, cada vez que se acurruca cerca de mí y cada pequeño momento cotidiano que ahora parece insignificante y que algún día será un recuerdo enorme.

Porque envejecer juntos es uno de los regalos más maravillosos que me ha dado la vida.

Y quizá amar de verdad también significa pensar en ellos cuando nosotros ya no estemos, intentar protegerlos incluso de aquello que más miedo nos da imaginar y desear, por encima de todo, que nunca sufran por nuestra ausencia.

Coco ha sido y sigue siendo mi compañero, mi pequeño, mi familia y una parte enorme de mi vida.

Así que hoy, mientras estoy aquí sentada y él está cerquita de mí, solo quiero mirarlo, acariciarlo y dar gracias por cada día que hemos tenido juntos.

Y si vosotros tenéis un peludo en vuestra vida, abrazadlo un poquito más fuerte hoy. Decidle cuánto lo queréis. Disfrutad de esas pequeñas cosas que algún día se convertirán en los recuerdos más grandes.

Gracias por estar siempre ahí, al otro lado de la pantalla, leyendo mis pensamientos y compartiendo conmigo este pequeño rincón del alma.

Cuidad mucho de vuestros peludos.

Y, sobre todo, amadlos mientras los tengáis a vuestro lado.

Hasta la próxima entrada. ❤️

El Rincón de Amalia




viernes, 4 de septiembre de 2026

A los 66 años he descubierto que soy sanguínea


Yo pensaba que a estas alturas de mi vida ya me conocía bastante bien.

Sabía que soy una mujer abierta, habladora, alegre, optimista y que me gusta conversar con todo el mundo. También sabía que hablo con Coco, que cuando compro pan me como la puntita y que tengo mis pequeñas manías.

Lo que no sabía era que, además, tengo un temperamento sanguíneo.

Y me he enterado ahora, a los 66 años, gracias a TikTok. 😂

Ayer me apareció un chico explicando los diferentes temperamentos y empezó a hablar de las personas sanguíneas. Yo estaba escuchándolo tan tranquilamente cuando, de repente, llegó la revelación:

Resulta que las mujeres sanguíneas tienen una característica muy particular… ¡se tiran muchos pedos por la mañana!

¡Ahí me quedé yo!

Pensé:
“¿Cómo? ¿Entonces resulta que soy sanguínea?”

Porque yo, nada más levantarme, tengo mi pequeño concierto matutino.

Prrrom… pum, pum.
Prrrom… pum, pum.
Prrrom… pum, pum.

Y lo mejor es que los míos tienen sonido, pero no olor. ¡Que conste! 😂

Así que después de 66 años creyendo que era una peona, resulta que soy sanguínea.

Y ahora todo encaja.

Soy habladora.
Soy alegre.
Soy bastante espontánea.
Hablo con mi perro.
Me como la puntita del pan.
Y por las mañanas… tengo actividad.

¡Pues ya está!

Soy una mujer sanguínea!

Lo que tiene una que descubrir a estas alturas de la vida. 

Eso sí, tengo una duda: si cuando voy a un hotel tengo que dormir con alguien, ya no sé si voy a poder desarrollar mi temperamento sanguíneo con total libertad.

Porque una cosa es compartir habitación y otra muy distinta renunciar a mi “prrrom, pum, pum” de primera hora.

Después de todo, una tiene sus rutinas.

Y qué bien se queda una después. 😂

Así que ya lo sabéis: si alguna mañana me escucháis decir que soy sanguínea, no penséis que me he hecho un estudio psicológico.

Me lo ha diagnosticado TikTok.

Y después de 66 años… yo me lo creo. 

El rincón de Amalia 💕



miércoles, 2 de septiembre de 2026

Hoy tocaba cambiar de rutina


Hoy ha sido un día diferente a los demás. No hemos hecho nada extraordinario, pero hemos cambiado la rutina y, oye, qué bien sienta de vez en cuando.

Esta mañana ha venido Roser a buscarme y nos hemos ido juntas a dejar a Coco en casa de Blanca. Toni se ha venido con nosotras y, desde allí, hemos decidido ir a desayunar a un bar nuevo que han abierto, Alma Ibérica.

Hoy no tocaban churros. Hoy tocaba bocadillo de morcilla de cebolla. Eso sí, en versión mini, porque eran unos bocadillitos pequeñitos.

Roser ha dicho que estaba tan bueno que se ha pedido otro. 😂 Total: Roser se ha comido dos, yo uno y Toni se ha pedido un bocadillo enorme de lomo con queso. Para acompañar, una clarita y muchas ganas de pasarlo bien.

Hemos hablado, nos hemos reído, nos hemos hecho fotos y hemos disfrutado muchísimo. De esas mañanas que empiezan con un simple "vamos a desayunar" y, sin darte cuenta, pasan más de dos horas.

Después ha llegado Juanita. Ayer me había comprado unas albóndigas pequeñitas, de esas que yo llamo de canicas, que están buenísimas, y ha venido a traérmelas. Ella no ha querido desayunar; solamente se ha tomado un Bitter Kas y se ha quedado con nosotras un ratito.

Después del desayuno todavía ha caído un cafelito, porque parece que no teníamos ninguna prisa. Y así, entre una cosa y otra, se nos ha hecho media mañana.

Luego cada una ha cogido su camino. Toni y yo hemos ido a su casa, he recogido a Coco y, finalmente, hemos llegado a casa a las 14h.

Ahora toca pensar qué hago para comer, aunque la verdad es que mucha hambre no tengo. Con mi bocadillito de morcilla de cebolla me he quedado tan a gusto que no necesito una comida de domingo precisamente. Yo no soy de comer mucho.

Eso sí, me acaba de llegar una noticia de última hora: Roser, después de sus dos bocadillitos de morcilla, ha llegado a casa con un poquito de ardor y ha tenido que recurrir a la sal de frutas. 😂

¡Ay, Roser! La próxima vez, uno y medio… que el segundo estaba muy bueno, pero luego pasa factura.

Y es que a veces no hace falta organizar nada especial para tener una mañana estupenda. Basta con salir de casa, sentarse alrededor de una mesa con gente que quieres, comer algo rico, reírse un rato y dejar que el tiempo pase.

Hoy no ha habido churros.
Hoy ha habido morcilla, risas y una mañana de las que se recuerdan.

Y eso también es vida. 

El rincón de Amalia❤️



martes, 1 de septiembre de 2026

“Hoy, con fe y gratitud”.


Buenos días, amigas del Rincón de Amalia. ❤️

Lo primero de todo, vamos a darle gracias a Dios por este nuevo día. Porque allá arriba lo ve todo… ¡y no se le escapa ni una! Aunque nosotras a veces queramos hacernos las despistadas. 

Porque mira que podemos arreglarnos el pelo, pintarnos la cara, ponernos nuestra mejor sonrisa y salir a la calle como si aquí no hubiera pasado nada… ¡pero al corazón no hay maquillaje que lo arregle!

Y Dios sabe muy bien lo que llevamos dentro. Sabe lo que pensamos, lo que sentimos y también esas cosas que hacemos cuando creemos que nadie nos está viendo.

Así que hoy vamos a intentar tener buenos sentimientos, hablar con cariño y hacer el bien siempre que podamos. Que no cuesta tanto, ¿verdad?

Porque los años nos van cambiando por fuera, eso lo sabemos todas… aparecen arruguitas, canas y alguna que otra cosa que antes estaba más arriba y ahora ha decidido cambiar de sitio. 😂

Pero lo verdaderamente importante no está en el espejo. Está en el corazón.

Así que venga, ¡a portarnos bonito! 
Que Dios está mirando… y además tiene una memoria estupenda. 

Que tengáis un día precioso.

El Rincón de Amalia ❤️



Hoy estoy feliz: de desayunos, morcilla, amistades y una planta que no necesitaba

 Buenos días, mis queridas amigas. Sí, ya sé que el reloj del ordenador marca las 14:00 en punto y que, a estas horas, lo correcto sería dec...