El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 20 de octubre de 2026

¡SANT SALVADOR, ALLÁ VOY… Y QUÉ BIEN ME ESTÁ SENTANDO! 🌊❤️


¡Buenos días, mis queridas amigas del rincón!

Hoy os escribo desde Sant Salvador, con una sonrisa de oreja a oreja y con esas ganas de disfrutar que me entran cuando cambio de aires y dejo por unos días la rutina aparcada en la puerta de casa.

¡Porque una también necesita sus escapaditas, sus ratitos de desconexión y sus momentos de esos que te hacen pensar: «¡Ay, qué bien estoy aquí!»! 

A veces nos pasamos la vida corriendo de un lado para otro, pendientes de la casa, de las obligaciones, de lo que tenemos que hacer mañana y de lo que dejamos sin terminar ayer. Y, cuando nos queremos dar cuenta, han pasado los días y nosotras seguimos esperando ese momento de parar y respirar.

Pues mira, amigas mías, que esta vez me he venido a Sant Salvador a disfrutar de unos días diferentes. A cambiar las paredes de siempre por otros paisajes, a respirar ese aire que tanto me gusta y a regalarme un poquito de tiempo para mí.

Y es que no hace falta irse al otro lado del mundo, ni gastarse un dineral, ni organizar un viaje de esos que necesitan una maleta más grande que el armario. A veces, basta con cambiar de escenario para que el corazón se alegre un poquito.

Aquí estoy, disfrutando de estos días, de las pequeñas cosas y de esa sensación tan agradable de no tener que estar pendiente de todo a cada momento.

Bueno, de todo, de todo… tampoco vamos a exagerar, ¡que Coco viene conmigo y ya sabéis que mi compañero de aventuras no se queda en casa! 🐶❤️ Donde voy yo, va mi pequeño, que para eso somos un equipo y tenemos nuestras costumbres.

Y ¿sabéis qué estoy aprendiendo cada vez más?

Que también hay que saber disfrutar de lo que nos hace bien sin sentir que estamos perdiendo el tiempo. Que descansar no es ser vaga, que salir de la rutina no es un capricho y que dedicarnos unos días a nosotras mismas no significa olvidarnos de nadie.

Significa acordarnos también de nosotras.

Porque yo quiero seguir teniendo ilusión por las cosas, ganas de conocer rincones, de pasear, de mirar el mar, de tomarme un cafelito tranquilamente y de volver a casa con recuerdos bonitos en el corazón.

Que la vida ya nos trae suficientes preocupaciones como para que, encima, nosotras nos pongamos a buscarlas cuando tenemos delante una oportunidad de disfrutar. ¡Vamos, digo yo!

A mis años he aprendido que no necesito que todo sea perfecto para ser feliz. No necesito tenerlo todo organizado, ni que cada día salga exactamente como lo había imaginado. Me basta con encontrar esos momentos que me hacen sentir bien y aprender a saborearlos sin prisas.

Y cuando vuelva a casa, volverán también mis rutinas, mis cositas pendientes y mis ratitos en el ordenador, que ya sabéis que desde el móvil me cuesta más escribir y preparar las entradas. ¡Una tiene sus limitaciones tecnológicas, qué le vamos a hacer! 😂

Pero ahora toca disfrutar de Sant Salvador, de estos días y de todo lo bonito que me quieran regalar.

Así que, mis queridas amigas, hoy os dejo una invitación: buscad también vuestro pequeño Sant Salvador. No hace falta que sea un lugar junto al mar. Puede ser una terraza al sol, un paseo por vuestro pueblo, una visita a una amiga querida, una tarde de lectura o ese cafelito que os tomáis sin mirar el reloj.

Buscad algo que os saque una sonrisa y permitíos disfrutarlo.

Que no estamos aquí solamente para cumplir obligaciones, hacer la compra, poner lavadoras y preocuparnos por lo que todavía nos falta. ¡Que también hemos venido a vivir, amiga!

Y si algo tengo claro es que quiero seguir coleccionando momentos bonitos, de esos que no se compran con dinero, pero que luego recordamos con una sonrisa.

Os mando un abrazo enorme desde Sant Salvador, mis queridas amigas. Espero que vosotras también encontréis hoy un motivo para sonreír y que la vida os regale algún ratito de esos que hacen que todo merezca un poquito más la pena.

Y ya sabéis cuál es nuestro lema:

¡Siempre hay un motivo para sonreír! ❤️

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia 🌻



«Vacaciones con Coco en Sant Salvador: ¡Mucho equipaje y poco espacio en la cama!

¡Me he ido de vacaciones con mi equipaje, mi perro y media cama a cuestas! 😂🐩❤️

¡Buenos días, queridas amigas de mi rincón!

¡Ay, qué bonito es cambiar de aires unos días! Dejar la casa, preparar las maletas y marcharse a disfrutar de otros paisajes, de la tranquilidad y de esos pequeños placeres que nos hacen sentir que la vida todavía tiene muchas cosas bonitas que ofrecernos.

Pero, claro, cuando una se va de vacaciones con un compañero de cuatro patas, la cosa cambia un poquito. Porque tú preparas tu maleta, pero también tienes que llevar su camita, su comida, sus cositas… ¡Vamos, que al final parece que te vas a vivir al extranjero en vez de pasar unos días fuera! 😂

Y aquí estoy yo, en Sant Salvador, disfrutando de estos días tan buenos con mi Coco.

Como está haciendo un tiempo estupendo, estamos aprovechando para pasear por el paseo marítimo, disfrutar del solecito y descubrir rinconcitos nuevos. En casa caminamos bastante menos, pero aquí nos hemos venido arriba. ¡Que si nueve mil pasos, que si diez mil…! ¡Ni que nos hubiéramos apuntado a una competición deportiva!

Eso sí, vamos despacito, paramos cuando hace falta y nos sentamos un ratito frente al mar. Que una ya tiene una edad para disfrutar de la vida sin necesidad de batir ningún récord. 😂

Y mi Coco está encantado. En cuanto ve la correa, se pone más contento que unas castañuelas. ¡Él es el primero en apuntarse a la excursión! Después, cuando volvemos a la habitación, se tumba en la cama y parece que se le han acabado las pilas.

Pero luego se levanta tan campante, dando sus saltitos, y vuelta a empezar. ¡Este niño mío tiene más ganas de vacaciones que yo!

En el hotel, cuando estamos en el patio y puedo tenerlo controlado, lo dejo olisquear a sus anchas. Va de un lado para otro, investigando cada rincón, con esa naricita suya que no descansa ni un minuto. Y yo lo sigo, pendiente de él, recogiendo sus cositas y disfrutando de verlo tan feliz.

¡Qué poquito necesitamos a veces para sentirnos afortunados!

Y ahora viene lo mejor: yo me he llevado su camita para que duerma a gustito, pero el señorito ha decidido que esa cama no le interesa. ¡Ni un solo día se ha acostado en ella!

¿Que dónde duerme? ¡A mis pies, en mi cama!

Y allí estoy yo, encogidita como un acordeón, procurando no mover ni un dedito para no molestarlo. Porque quienes tenemos animales ya sabemos cómo funciona esto: compramos camas para ellos, pero al final los que dormimos en una esquinita somos nosotros.

¡Y encima estamos encantados! 😂❤️

Pero ¿sabéis qué, amigas? Que cuando lo veo tan contento, olisqueándolo todo, esperando con ilusión que le ponga la correa y disfrutando de estos días conmigo, se me llena el corazón de alegría.

Porque Coco también está de vacaciones. Tiene olores nuevos, paseos diferentes, un patio donde curiosear y una mamá que se pasa el día mirándolo con una sonrisa tonta.

Y yo soy feliz con una perdiz, como dice el refrán, viendo que él también disfruta.

A veces pensamos que para ser felices necesitamos grandes viajes, mucho dinero o planes extraordinarios. Y sí, viajar está muy bien, conocer lugares nuevos es una maravilla y yo, por mí, ya le estoy pidiendo al Universo que me vaya preparando las próximas vacaciones. ¡Que una vuelve a casa y ya está pensando en la siguiente escapadita!

Pero también hay una felicidad enorme en compartir unos días con quien quieres, pasear sin prisas, sentarte frente al mar, respirar aire fresco y ver disfrutar a ese compañero que te acompaña sin pedirte nada más que un poquito de cariño.

Los animales tienen esa manera tan especial de recordarnos que el amor no necesita grandes cosas. Ellos no saben cuánto cuesta un hotel, ni si la habitación tiene vistas al mar. Ellos quieren estar contigo, sentirse seguros y disfrutar de esos pequeños momentos que, sin darnos cuenta, se convierten en recuerdos preciosos.

Y yo, mientras tanto, seguiré disfrutando de mis vacaciones, de mi Coco, del solecito y de esta tranquilidad que tanto bien nos hace.

Porque la vida pasa muy deprisa, queridas amigas, y no quiero dejar para mañana las pequeñas alegrías que puedo disfrutar hoy.

Quiero seguir haciendo planes, descubriendo lugares, riéndome de las ocurrencias de mi perro y agradeciendo a Dios cada día que me regala, cada momento de paz y cada motivo para sonreír.

Y si algún día me preguntan qué necesito para ser feliz, quizá no tenga una respuesta complicada.

Salud, tranquilidad, cariño, ganas de vivir y la oportunidad de disfrutar de las cosas sencillas.

Ah, y una cama un poquito más grande, por si acaso. ¡Que mi Coco no entiende de repartir el espacio! 😂🐩❤️

Y vosotras, queridas amigas, contadme: cuando os vais de vacaciones con vuestros animales, ¿también termináis durmiendo en el borde de la cama mientras ellos se quedan con el mejor sitio? ¡Que quiero saber si esto solo me pasa a mí!

Os mando un abrazo enorme, lleno de cariño, y recordad siempre:

Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️🌷



lunes, 19 de octubre de 2026

Mujer, que la vida no está para vivirla con miedo


Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️

Hoy vengo con una preguntita de esas que te hacen pensar mientras te tomas el primer café de la mañana. Ya sabéis que yo, hasta que no me tomo mi cafetito, no estoy para grandes filosofías, jajajaja.

Decidme una cosa, mujeres: ¿a qué le tenemos tanto miedo? ¿A perder? Si al fin y al cabo, venimos a este mundo con las manos vacías y nos vamos de la misma manera. Lo único que nos llevamos, si acaso, son los recuerdos, el cariño que hemos dado y esos momentos bonitos que se nos quedan guardaditos en el corazón.

Y, sin embargo, ¡cómo nos cuesta dar un paso cuando tenemos miedo!

A veces seguimos en el mismo sitio por no molestar a nadie, por no decepcionar a los demás o por ese dichoso qué dirán que tantas veces nos ha cortado las alas. Nos acostumbramos a lo conocido, aunque ya no nos haga felices, y vamos dejando nuestros sueños para mañana, para el mes que viene o para cuando las cosas estén mejor.

Pero, amigas mías, ¿y si ese mañana tarda demasiado en llegar?

Que yo no digo que haya que mandar todo a paseo y salir corriendo a vivir aventuras sin pensar en las consecuencias, ¡que tampoco se trata de eso! Una tiene que tener los pies en el suelo, que para eso nos ha costado tanto aprender de la vida. Pero una cosa es ser prudente y otra muy distinta es pasarse la vida renunciando a lo que nos hace ilusión.

Si hay algo que deseáis hacer y está en vuestra mano, ¿por qué no intentarlo? Si hay un lugar que os gustaría conocer, empezad a pensar cómo podéis llegar. Si hay algo que os pesa demasiado, mirad si podéis soltar un poquito de esa carga. Y si la vida os ha llevado por un camino que ya no os hace felices, recordad que nunca es tarde para buscar otro.

Porque, vamos a ver, amiga, que no hemos venido aquí solamente a trabajar, a preocuparnos, a cuidar de todo el mundo y a resolver problemas. ¡Que también tenemos derecho a disfrutar, a reírnos hasta que nos duela la barriga, a hacer alguna locura de vez en cuando y a pensar un poquito en nosotras!

Y no me vengáis con que ya es tarde para empezar. ¿Tarde para qué? ¿Para aprender algo nuevo? ¿Para conocer gente? ¿Para recuperar una ilusión? ¿Para ponerse guapa, mirarse al espejo y decir: «¡Pero qué estupenda estoy hoy!»?

¡Pues claro que no!

La vida no siempre nos permite elegir lo que nos sucede. Hay golpes que no esperamos, despedidas que nos parten el alma y circunstancias que tenemos que aceptar aunque nos cuesten un mundo. Pero, dentro de lo posible, siempre podemos buscar una manera de seguir adelante sin dejar que las tristezas nos roben también las ganas de vivir.

Y que quede clarito: ser valiente no significa no tener miedo. Significa que, aun teniéndolo, no dejamos que decida siempre por nosotras.

Así que, amigas, no esperemos a tenerlo todo perfecto para disfrutar de lo que tenemos. No hace falta tener la vida resuelta para regalarse un ratito feliz. A veces basta con un café calentito, una conversación bonita, un paseo al sol, una canción que nos traiga buenos recuerdos o una carcajada de esas que salen solas.

Yo cada día tengo más claro que la felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas que nos hacen sentir vivas.

Y si alguna vez tenemos que empezar de nuevo, pues empezamos. Despacito, a nuestra manera y con lo que tengamos. Que aquí nadie nos ha puesto un reloj para cumplir nuestros sueños.

Así que, mujer, no te pases la vida pensando en todo lo que puedes perder. Piensa también en todo lo que te estás perdiendo por no atreverte.

Que la vida pasa, amiga mía, y no queremos llegar al final pensando en todas esas cosas que nos habría gustado hacer y dejamos para otro día.

¡Vamos a vivir, que todavía nos quedan sonrisas por repartir y muchos momentos bonitos por estrenar!

Y ahora os mando un abrazo grandote, de esos que achuchan el alma, y os deseo un día lleno de cosas bonitas.

Recordad siempre que hay un motivo para sonreír. Y si hoy todavía no lo habéis encontrado, ¡vamos a buscarlo juntas!

Con todo mi cariño,

Amalia ❤️

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír.



A estas alturas de la vida, querida amiga, ¡ahora me toca vivir a mí!


Buenos días, mis queridas amigas de mi rincón. ❤️

Hoy vengo con una de esas reflexiones que te hacen pensar un ratito, de las que te tomas con el café en la mano y dices: «¡Ay, madre mía, si es que llevo toda la vida haciendo cosas por los demás y algunas veces me he dejado para lo último!».

Y no, amiga mía, no puede ser. Que una ya tiene una edad para saber que la vida no se mide por todo lo que hacemos por los demás, sino también por esos ratitos que nos regalamos a nosotras mismas.

Porque vamos a ver, ¿quién ha escrito que, cuando cumplimos años, tenemos que dejar de tener ilusiones, de arreglarnos, de comprarnos una blusa bonita o de salir a tomarnos un café porque sí, sin más motivo que el de disfrutar?

¡Que no,amiga, que no! 😂

A estas alturas de la vida, tenemos que aprender a vivir más tranquilas y a sentirnos menos culpables.

Si hemos trabajado, si nos hemos esforzado, si hemos criado a nuestros hijos, si hemos cuidado de nuestra familia y hemos estado ahí cuando nos han necesitado, también tenemos derecho a disfrutar de lo que nos hemos ganado.

Y no hablo de volvernos egoístas ni de dejar de querer a nadie. Hablo de entender que querer a los demás no significa olvidarnos de nosotras mismas.

Que ayudar está muy bien, pero no tenemos que convertirnos en el servicio de urgencias de toda la familia, disponible las veinticuatro horas del día. ¡Que también tenemos derecho a tener el teléfono en silencio y a echarnos una siestecita sin sentir que estamos cometiendo un delito! 

Nuestros hijos ya tienen su vida, sus decisiones y sus problemas. Podemos escucharlos, aconsejarlos y echarles una mano cuando podamos, pero no podemos vivir por ellos. Bastante tenemos con aprender a llevar nuestra propia vida.

Y otra cosa que he aprendido es que la tranquilidad vale muchísimo.

A mí, por ejemplo, me gusta disfrutar de mi espacio, de mis cosas, de mis aficiones y de esos momentos en los que no tengo que dar explicaciones a nadie. Eso no significa que no quiera a las personas. Significa que también me quiero a mí.

Porque una cosa es disfrutar de la compañía de la gente que te hace bien y otra muy distinta es vivir pendiente de quedar bien con todo el mundo.

¡Ay, amiga mía, qué cansancio da eso de querer tener contentos a todos!

Que si tienes que ir, vas. Que si tienes que quedar, quedas. Que si viene alguien, tienes que tener la casa como los chorros del oro, el pelo colocado y una sonrisa puesta aunque ese día lo único que te apetezca sea ponerte cómoda y escuchar música.

Pues mira, yo cada vez tengo más claro que quiero a mi lado a personas con las que pueda ser yo misma, con la casa perfecta o patas arriba, con el pelo arreglado o recién levantada. Personas con las que pueda reírme, hablar de la vida y compartir un café sin necesidad de estar demostrando nada.

Porque el cariño de verdad no necesita un escaparate.

También creo que tenemos que seguir cuidándonos, aprendiendo y teniendo ilusiones. Que si te gusta pintar, pintes; que si te gusta coser, cojas tus telas; que si disfrutas haciendo ganchillo, hagas una bufanda tan larga que puedas darle dos vueltas al cuello y todavía te sobre para el gato de la vecina. 😂

Lee, escucha música, pasea, viaja cuando puedas, aprende a utilizar ese móvil que a veces parece que tiene vida propia y no dejes que nadie te haga creer que ya no estás para esas cosas.

¡Pues claro que estás!

Mientras tengamos curiosidad, ganas de aprender y algún motivo para levantarnos con una sonrisa, todavía nos quedan muchas cosas por descubrir.

Y, por favor, no dejemos que nuestras conversaciones se conviertan únicamente en un parte médico. Que sí, que a veces nos duele aquí, nos molesta allá y tenemos más citas médicas que acontecimientos sociales, pero también tenemos recuerdos bonitos, sueños, ocurrencias y ganas de disfrutar.

Somos mucho más que nuestros años, nuestras arrugas y nuestros achaques.

Somos todo lo vivido, las veces que nos hemos levantado después de caer, las lágrimas que hemos secado a escondidas y las sonrisas que hemos regalado incluso cuando por dentro nos costaba trabajo sonreír.

Y si algo me gustaría deciros hoy es que no esperemos a que llegue un día perfecto para empezar a disfrutar.

No dejemos ese vestido bonito guardado para una ocasión especial. No esperemos a que alguien nos invite para salir a dar una vuelta. No guardemos las ganas de hacer cosas para cuando tengamos más tiempo, porque el tiempo, amigas mías, no siempre nos avisa de cuánto le queda.

Hagamos planes, aunque sean pequeños. Disfrutemos de un café con una amiga, de una conversación agradable, de una tarde de sol, de una canción que nos traiga recuerdos o de la tranquilidad de nuestro hogar.

Y demos gracias a Dios por esos pequeños regalos que, muchas veces, por tenerlos tan cerca, ni siquiera nos damos cuenta de que son verdaderos tesoros.

No hace falta tener una vida extraordinaria para ser feliz. A veces basta con tener paz, salud dentro de lo posible, alguien con quien compartir una risa y la libertad de decidir cómo queremos vivir nuestros días.

Y cuando alguien nos diga que a nuestra edad ya no estamos para ciertas cosas, sonriamos y sigamos adelante.

¡Faltaría más!

Que los años nos enseñen a caminar con más calma, pero no nos quiten las ganas de bailar por dentro.

Que aprendamos a decir que no sin sentirnos malas personas, a decir que sí cuando algo nos ilusione y a alejarnos de aquello que nos roba la paz.

Que queramos mucho, pero que también nos queramos nosotras.

Y que nunca olvidemos que no hemos venido al mundo solamente a cumplir con las expectativas de los demás.

También hemos venido a vivir, a disfrutar, a equivocarnos, a reírnos y a ser felices a nuestra manera.

Así que, queridas amigas, si lleváis muchos años dejando lo vuestro para después, hoy puede ser un buen día para empezar a cambiar las cosas.

No hace falta darle la vuelta a la vida entera. A veces basta con empezar por algo pequeñito: hacer eso que llevamos tiempo deseando, descansar cuando lo necesitamos o dejar de dar explicaciones por cada decisión que tomamos.

Y si alguien no lo entiende, pues qué le vamos a hacer, hija mía. ¡No podemos estar siempre haciendo oposiciones para conseguir la aprobación de todo el mundo!

Yo quiero seguir aprendiendo, riendo, disfrutando de las personas que quiero y encontrando motivos para sonreír incluso en los días más corrientes.

Porque, al final, de eso se trata: de que cuando miremos hacia atrás podamos decir que hemos querido mucho, que hemos dado lo mejor de nosotras, pero que también nos hemos permitido vivir.

Y ahora os pregunto, amigas mías:

¿Cuántas veces habéis dejado de hacer algo que os apetecía por pensar primero en los demás?

Contádmelo, que ya sabéis que me encanta leeros y que entre todas siempre aprendemos algo.

Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al corazón, y no olvidéis nunca el lema de este rinconcito:

SIEMPRE HAY UN MOTIVO PARA SONREÍR. ❤️🌻

¡A disfrutar de la vida, que no nos dan otra de repuesto!

Con todo mi cariño,

Amalia 🌹



domingo, 18 de octubre de 2026

No me asustan los años, me asusta dejar de vivir


Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️

Hoy me he levantado pensando en una cosa que quiero compartir con vosotras mientras nos tomamos ese cafetito que tantas alegrías nos da. Porque una puede arreglar el mundo con un café delante, ¿verdad? Jajajaja.

Con los años he aprendido que cumplir años no es lo que más debería preocuparnos. Lo que de verdad tendría que hacernos pensar es dejar pasar los días sin disfrutarlos, sin buscar una ilusión, sin reírnos por cualquier tontería o sin hacer esas pequeñas cosas que nos alegran el corazón.

Porque, vamos a ver, amigas mías, ¿quién ha dicho que hacerse mayor significa colgar los sueños en el armario y olvidarse de ellos?

¡Pues no, señora! Que todavía tenemos mucho que aprender, mucho que compartir y muchas cosas bonitas que disfrutar.

Es verdad que el tiempo pasa. Nos miramos al espejo y descubrimos alguna arruguita nueva, nos cuesta un poquito más hacer ciertas cosas y, a veces, el cuerpo protesta más de la cuenta. ¡Que parece que por las mañanas tenemos que negociar con las rodillas antes de poner un pie en el suelo! Jajajaja.

Pero ¿sabéis qué? Que mientras podamos encontrar una razón para sonreír, todavía hay mucho bueno que celebrar.

A mí me gusta pensar que cada edad tiene sus cosas. Cuando éramos jóvenes teníamos unos sueños; después llegaron las responsabilidades, el trabajo, la familia y todas esas preocupaciones que nos ocupan buena parte de la vida. Y, sin darnos cuenta, muchas veces nos acostumbramos a estar pendientes de todo el mundo menos de nosotras mismas.

Hasta que un día nos damos cuenta de que también merecemos nuestro ratito, nuestras ilusiones y nuestras ganas de hacer cosas.

Y no hace falta organizar un viaje a la otra punta del mundo ni hacer grandes planes para disfrutar. A veces la felicidad está en algo tan sencillo como escuchar una canción que nos encanta, salir a pasear, aprender una labor nueva, leer un libro, hablar con una amiga o sentarnos tranquilamente a mirar cómo entra el sol por la ventana.

Lo importante es no dejar de encontrarle gusto a la vida.

Porque podemos tener muchos años y conservar la ilusión de una niña. Podemos aprender cosas nuevas, cambiar de opinión, descubrir aficiones y hasta atrevernos con algo que llevábamos tiempo queriendo hacer.

Y si alguna vez nos equivocamos, pues tampoco pasa nada. ¡Faltaría más! Que a estas alturas ya sabemos que no hace falta hacerlo todo perfecto para pasarlo bien.

Claro que hay días difíciles. Días en los que nos pesan los recuerdos, echamos de menos a quienes ya no están o simplemente no tenemos ganas de nada. Y también tenemos derecho a sentirnos así. No podemos estar contentas a todas horas, porque la vida no funciona de esa manera.

Pero una cosa es tener un día triste y otra muy distinta es olvidarnos de buscar motivos para volver a sonreír.

Por eso, amigas, no quiero vivir contando los años que cumplo, sino disfrutando de los momentos que me regala cada uno de ellos. Quiero seguir teniendo curiosidad, seguir aprendiendo, seguir riéndome de mis propias ocurrencias y seguir encontrando esas pequeñas alegrías que hacen que un día cualquiera se convierta en un día bonito.

No sé vosotras, pero yo no quiero que la edad me quite las ganas de vivir. Quiero que los años me enseñen a disfrutar de lo importante, a preocuparme un poquito menos por tonterías y a valorar mucho más todo aquello que me hace bien.

Porque cumplir años es inevitable, pero dejar de ilusionarnos no debería ser una obligación.

Así que, mis queridas amigas, hagamos un trato: no esperemos a tener tiempo, a que todo esté en orden o a que llegue el momento perfecto para disfrutar. Busquemos hoy ese pequeño motivo que nos haga felices. Aunque sea una tontería, aunque dure cinco minutos y aunque nadie más entienda por qué nos hace sonreír.

Y cuando nos miremos al espejo, en lugar de contar las arrugas, vamos a recordar todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos superado y todo lo que todavía nos queda por descubrir.

¡Que nos quiten lo bailao, pero que no nos quiten las ganas de seguir bailando!

Os mando un abrazo enorme, de esos que achuchan el alma, y os deseo un día lleno de pequeñas alegrías.

Y ahora, venga, a disfrutar de la vida, que los días no vienen con botón de repetición y cada uno merece que le saquemos algo bonito.

Recordad siempre que hay un motivo para sonreír. Y si hoy no lo encontráis, no os preocupéis: nos ponemos las gafas, miramos un poquito mejor y seguimos buscando.

Con todo mi cariño,

Amalia ❤️

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír.




sábado, 17 de octubre de 2026

¡Yo me caigo de rodillas y Coco se va de bufé! 😂🐩


¡Buenos días, amigas de mi rincón!

¡Ay, madre mía, que no gana una para sustos! 🤣🤣🤣

Esta mañana nos hemos levantado Coco y yo bien tempranito, como hacemos siempre. Estando de vacaciones en la playa, hay que aprovechar las primeras horas del día, que después el sol aprieta y una ya no está para muchas carreras.

A las ocho de la mañana ya estábamos paseando por el paseo marítimo. Hacía fresquito, de ese que te invita a caminar bien a gusto, con el mar delante y la tranquilidad de la mañana. Coco ha hecho sus cositas, hemos disfrutado del paseo y hemos vuelto al hotel tan contentos.

¡Vamos, que el día había empezado de maravilla!

Pero, amigas mías, lo que yo no sabía era que mi Coco tenía otros planes para la mañana. 😂

Llegamos al hotel y, como era la hora del desayuno, aquello olía a comida que daba gloria. Nosotros siempre desayunamos y cenamos en una esquinita de la terraza, porque dentro del bufé no pueden entrar los perritos.

¡Pues Coco ha olido el desayuno y se le ha olvidado hasta quién es su madre!

Ha salido disparado hacia el restaurante con unas ganas de entrar que ni os cuento. Yo tirando de él para un lado, él tirando para el otro y, como había una pequeña bajadita, he perdido el equilibrio.

¿Y sabéis dónde he terminado?

¡¡¡DE RODILLAS EN EL SUELO, A LA ENTRADA DEL HOTEL!!! 🤦‍♀️🤣

¡Toma ya! ¡Buenos días, vacaciones!

Y mientras yo intentaba recuperarme del golpe, ¿qué ha hecho el señorito?

¡Escaparse!

Un señor muy amable ha venido a ayudarme y yo, preocupada, le decía que el perro se había ido, que estaría por el bufé. La chica de recepción me tranquilizaba diciéndome que no me preocupara, que no pasaba nada.

¡Claro, mujer, para ti no pasaba nada, pero el que se había perdido era mi niño! 😂

Y resulta que Coco se ha paseado por todo el bufé, tan campante, como si fuera el inspector oficial de desayunos del hotel. ¡A saber qué ha visto por allí y qué se le habrá pasado por esa cabecita!

Eso sí, después de hacer su recorrido turístico por el restaurante, ¿sabéis dónde ha terminado?

¡En nuestra esquinita de siempre, en la terraza!

¡Pues claro! Después de inspeccionar las instalaciones, el muchacho ha vuelto a su sitio habitual. ¡Un profesional del turismo gastronómico! 

Y aquí estoy yo, con mis rodillas doloridas, pensando que mañana igual me salen de todos los colores: verdes, moradas, amarillas… ¡Un arcoíris rodillero en toda regla!

Menos mal que, gracias a Dios, no me he hecho daño en los brazos ni en ninguna otra parte. Ha sido el golpe en las rodillas y espero que se quede solamente en eso.

Porque una sale de vacaciones para descansar, disfrutar del mar, pasear y desconectar de las preocupaciones, no para terminar haciendo una reverencia al suelo del hotel mientras su perro se da una vuelta por el bufé. 😂

¡Ay, Coco, Coco! ¡Qué vida me das, hijo mío!

Aunque, pensándolo bien, si alguien nos hubiera grabado esta mañana, tendríamos un vídeo para mandarlo a la televisión. Yo por los suelos y tú, mientras tanto, haciendo turismo por el desayuno.

¡Y luego dicen que los perros se parecen a sus dueños! ¡Pues yo no sé a quién te pareces tú, porque yo no tengo tanta afición por los bufés! 

Pero así son las cosas de la vida, amigas. A veces los días más normales terminan convirtiéndose en historias que después contamos entre risas. Hoy me he llevado un buen susto, sí, pero también me he llevado una anécdota de esas que se quedan para el recuerdo.

Eso sí, Coco, mañana vamos a pasear igual de temprano, disfrutaremos del mar y de la brisita, pero cuando lleguemos al hotel, ¡vamos a negociar lo del desayuno!

Que una tiene 66 años, unas rodillas que cuidar y muchas ganas de seguir disfrutando de la vida, pero tampoco hace falta que me organices una carrera de obstáculos cada mañana. 😂🐩

Y vosotras, mis queridas amigas, ¿tenéis alguna anécdota con vuestros peluditos de esas que en el momento os hacen pasar un susto y después os hacen reír?

¡Contádmela, que quiero reírme un poquito con vosotras!

Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al corazón, y no olvidéis que siempre hay un motivo para sonreír, aunque algunas veces tengamos que levantarnos primero del suelo. 

¡Hasta la próxima, amigas de mi rincón!

El rincón de Amalia 💗




🌳 El árbol cansado… que todavía tenía mucho que ofrecer


Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️

Hoy os quiero contar la historia de un árbol que estaba un poquito triste, porque pensaba que ya no servía para mucho.

Había sido un árbol hermoso, de esos que daban buenos frutos y que parecían tener fuerzas para todo. Pero los años fueron pasando, sus ramas ya no daban tantas frutas como antes y el viento, que a veces es un poco chismoso, le susurraba entre las hojas:

—Árbol, árbol, me parece que tus mejores tiempos ya han pasado.

Y el pobre se lo creyó. ¡Mira que somos tontorrones a veces! Hasta los árboles se vienen abajo cuando empiezan a pensar que ya no son lo que eran. 😂

Pero un buen día llegó un viajero cansado, que llevaba mucho camino recorrido. No buscaba frutas, ni esperaba nada de él. Solamente necesitaba sentarse un ratito y descansar.

Se acomodó bajo sus ramas, cerró los ojos y respiró tranquilamente. Allí encontró sombra, fresquito y una paz que llevaba mucho tiempo sin sentir.

Y entonces el árbol comprendió algo muy importante: aunque ya no diera tantos frutos, todavía podía ofrecer muchas cosas buenas.

¡Pues claro que sí! Seguía dando sombra, cobijo y tranquilidad. Seguía siendo un lugar donde alguien podía descansar y sentirse un poquito mejor.

Y digo yo, amigas, ¿no nos pasa a nosotras algo parecido?

Llega un momento en la vida en que ya no tenemos las mismas fuerzas, que el cuerpo protesta por aquí y por allá, que hay cosas que antes hacíamos sin pensarlo y ahora nos cuestan un poquito más.

Pero eso no significa que valgamos menos. ¡Ni mucho menos!

A lo mejor ya no podemos correr, cargar con todo ni estar pendientes de medio mundo. Pero todavía podemos escuchar, regalar una sonrisa, dar un abrazo, contar nuestras historias y hacer que alguien se sienta querido.

Y si un día no tenemos ganas de hacer nada, tampoco pasa nada. No somos máquinas, ni tenemos que estar demostrando continuamente lo que valemos.

No tenemos que ganarnos nuestro sitio en el mundo haciendo cosas por los demás. Merecemos estar aquí, disfrutar de la vida y recibir cariño, aunque ese día no nos salga ni un churro. 😂❤️

Así que, queridas amigas, si hoy os sentís como ese árbol cansado, no os miréis con tristeza. Mirad todo lo que habéis vivido, todo lo que habéis superado y todo el cariño que todavía podéis ofrecer.

Y, sobre todo, recordad que no hace falta estar siempre dando frutos para seguir siendo un árbol maravilloso.

A veces, lo más bonito que podemos ofrecer es nuestra presencia. Y otras veces, lo que necesitamos es sentarnos a la sombra de alguien que nos quiera.

Que también tenemos derecho a descansar, ¿eh? Que una ya ha trabajado bastante en esta vida. 😉

Os mando un abrazo grandote, de esos que no cuestan dinero y que, cuando llegan en el momento oportuno, valen un tesoro.

Y no lo olvidéis nunca, amigas mías:

¡Siempre hay un motivo para sonreír! 🌻❤️

El Rincón de Amalia



¡SANT SALVADOR, ALLÁ VOY… Y QUÉ BIEN ME ESTÁ SENTANDO! 🌊❤️

¡Buenos días, mis queridas amigas del rincón! Hoy os escribo desde Sant Salvador, con una sonrisa de oreja a oreja y con esas ganas de disfr...