El blog de Alma Buendía Soleado

lunes, 23 de marzo de 2026

"Imagina un mundo feliz”: mi canción para soñar




Hoy quiero contaros algo que me hace muchísima ilusión . He hecho una canción inspirada en Imagine, sí, esa de John Lennon que me encanta y que a veces me da ganas de llorar de bonita que es.

La canción habla de un mundo feliz, y eso es lo bonito: imaginar que todos los niños tengan escuela y comida, que la gente viva en paz, sin guerras ni peleas, y que nadie tenga envidia ni odio. ¡Uy! Sería tan bonito, tan bonito… 💛

Yo sé que no puedo cambiar el mundo entero yo sola, pero soy feliz teniendo el amor de mis dos personas más queridas, estamos sanos y tenemos buenos pensamientos. Con eso ya tengo bastante. Eso me hace sentir contenta y llena de esperanza, y eso sí que es maravilloso.

Quería compartirlo con vosotros, para que lo sintáis, lo imaginéis y soñéis conmigo. A veces soñar es gratis y tan bonito… 



Fin de semana en el Delta del Ebro: risas, barbacoa, parchís, arroz y aventuras con Coco

Este fin de semana nos escapamos Coco y yo con un grupo de amigos a una casa preciosa, con piscina (aunque no la pudimos usar porque el agua estaba fría), chimenea que sí que usamos todo el día y un ambiente que te hace sentir en otro mundo.

Coco vino con nosotros 🐶 y se portó de maravilla, como siempre, el rey de la casa. Y mimado muchísimo. Corría, exploraba y nos hacía reír todo el rato.

Hicimos barbacoas todas las noches: una de sardinas, otra de carne… y bueno, nos pusimos las botas, no os imagináis. Entre risas, música y charlas, los momentos fueron preciosos.

Y no podía faltar el parchís 🎲. ¡Ay, qué risas nos echamos! Cada uno intentando ganar con sus fichas, haciendo sus trampitas, y riéndonos cuando alguien “casi” se come al otro. Ja, ja, fue genial para pasar el tiempo dentro de la casa calentitos cerca de la chimenea.

Una de las aventuras más bonitas fue ir al Delta del Ebro. Allí fuimos a comer y nos pusimos las botas otra vez . Comimos ensalada, mejillones, arroz con todas las cosas peladitas, para que fuera más fácil de comer, y claro, bebimos vino 🍷. De postre, yo me tomé un menjat blanc, típico de la zona, que estaba delicioso. Y bueno… todo eso después pasa factura al estómago, ya os lo podéis imaginar .

También fuimos a comprar pescado y marisco vivo en un vivero 🐟🦐, sí, todo vivito, vivito, y luego dimos un paseo en barco por el delta. Hacía un frío que pelaba, pero la vista, el aire fresco y la sensación de paz lo compensaban todo.

Lo que más disfrutamos fue descansar y no hacer nada, escuchando música cerca de la chimenea, charlando, riéndonos, simplemente disfrutando del momento y de la compañía.

Bueno, como siempre que uno se relaja y disfruta… yo me pasé un poquito. Comí demasiado, probé pastas, mojito y vino… y mi estómago me lo recordó bien la última noche. Sí, sí, acabé vomitando un poquito, pero nada grave, eh. Solo consecuencias de haber disfrutado un montón.

Aun así, valió totalmente la pena. Amigos, música, comida deliciosa, partidas de parchís, Coco feliz corriendo por todos lados y el paisaje del delta… ¡un fin de semana inolvidable

Ahora ya en casa, cansada pero feliz, con el estómago un poquito revoltoso (ya me estoy tomando mi manzanilla con miel y limón, poquito a poco), recordando todas las risas y buenos momentos.

Y nada, así ha sido nuestro fin de semana largo: un poquito de caos, un poquito de exceso, pero mucho corazón y alegría





martes, 17 de marzo de 2026

La mano de Dios

Esta canción nació en un momento cualquiera… o quizá en uno muy especial.
Entre pensamientos, recuerdos y ese silencio que a veces acompaña.

La hice sin pensar demasiado, dejándome llevar…
y al final me di cuenta de que hablaba de mí.

De lo que duele, de lo que sana,
de la fe que sostiene y del amor que siempre vuelve.

Porque aunque a veces lo olvidemos,
nunca estamos solos.

Y hoy, con una sonrisa y alguna lagrimita,
me abrazo fuerte y doy gracias…
porque sigo aquí, sintiendo, viviendo y creyendo.





lunes, 16 de marzo de 2026

Nicolás, 93 años… y sus ilusiones felices



Y ya te digo desde el principio: es un hombre encantador.
Claro, a su edad repite mucho las cosas… pero yo siempre digo: a ver cómo estoy yo cuando tenga 93. Que con 66 ya me dice mi hijo que repito historias tres veces… así que cuando llegue a los 93, ¡seguro que ni me acuerdo de qué hablo!

Nicolás es muy cariñoso. Siempre que viene a verme me compra helados, le hace mil caricias a mi Coco y se queda charlando un ratito.

A mí es que las personas mayores me pueden.
Los mayores, los niños y los animalitos… conmigo lo tienen fácil, porque me tocan el corazón enseguida.

Algunas tardes voy a su casa con Coco y nos sentamos un ratito a escucharlo.
Y entre conversación y conversación, me cuenta algo que me deja con una sonrisa: tiene una amiguita de 48 años.

Según él, hacen unas cositas… que oye, ni las parejas de treinta. 

Yo lo escucho muy seria, como si estuviera oyendo un documental importante.
Por dentro pienso: “Amalia, con 93 años ya no está uno para muchos trotes…”

Pero luego me digo: ¿y quién soy yo para quitarle la ilusión a un hombre de 93 años?

Si él es feliz contándomelo, pues yo lo escucho.

Y cuando termina su historia le digo:
—Ay, Nicolás… pues si tú eres feliz con esa mujer, adelante.

Eso sí, también le digo:
—Pero cuida el dinerito, ¿eh? Él es un hombre con una economia muy solvente, pero nadie le ha regalado nada, él con su trabajo y esfuerzo se ha ganado todo lo que tiene. Que el dinero es tuyo. No vaya a ser que la muchacha tenga más interés en la cartera que en el corazón.

Y él se ríe.

La gente cuando lo cuento me dice: “¡Bah! Ese hombre es un fantasma.”
Puede ser. No digo que no. Con 93 años ciertas hazañas son… digamos, complicadas.

Pero a mí me da igual.

Porque durante media hora ese hombre está feliz.
Me cuenta sus historias, se ríe, acaricia a Coco, me invita a un helado… y se siente acompañado.

Y cuando me voy a casa pienso algo muy sencillo:
si en esta vida podemos regalarle a alguien un ratito de alegría… ¿por qué vamos a quitárselo?

Aunque la historia tenga un poquito de imaginación.
Yo no soy nadie para quitarle la ilusión a un hombre de 93 años.

Al contrario.

Si él sale de esa conversación sintiéndose joven, acompañado y un poco más feliz… entonces la tarde ha merecido la pena.
Y yo también me voy a casa contenta.

Porque a veces la felicidad no está en que las historias sean verdad.
Está en que alguien tenga ganas de contarlas y alguien tenga el corazón para escucharlas.

Si una historia hace feliz a quien la cuenta…
¿quién soy yo para quitarle esa ilusión, aunque no sea del todo verdad?



miércoles, 4 de marzo de 2026

Cuando eres feliz, el sitio más humilde es un palacio


Hoy he leído una frase que me ha encantado:
"Cuando eres feliz, el sitio más humilde es un palacio para ti."

Y ¡ay, qué cierto es! La felicidad no tiene nada que ver con paredes enormes, muebles caros o joyas brillantes. La felicidad se siente dentro, y puede aparecer en cualquier rincón: en tu casa, en un parque, en una terraza con un café calentito… o simplemente mientras Coco me mira con esos ojitos llenos de amor. 🐾

A veces nos olvidamos de lo simple, de esos pequeños instantes que hacen que nuestro corazón diga: “¡Aquí estoy, y me encanta!” Un paseo sin prisas, una conversación que te hace reír, o incluso sentarte a escribir tus pensamientos en un cuaderno… eso puede ser más palacio que cualquier castillo de ensueño.

Yo lo he comprobado muchas veces: cuando estás contenta, curiosa, agradecida y con ganas de vivir, cualquier sitio se llena de luz. Incluso el rincón más humilde puede convertirse en un lugar mágico. Y eso, amiga, no hay dinero que lo compre.

Así que hoy te invito a mirar tu día con ojos de palacio:

  • Sonríe aunque el sitio sea pequeñito.

  • Celebra lo sencillo, que lo grande está en los detalles.

  • Disfruta de lo que tienes y de quien tienes cerca, sin exigencias, sin comparaciones.

Porque al final, la vida no se mide en metros cuadrados ni en lujos. Se mide en momentos felices, en risas compartidas, en cariño que se siente y en curiosidad que nunca se apaga.

Y si lo piensas bien… ¿no es eso precisamente un palacio completo y brillante?




viernes, 27 de febrero de 2026

He terminado mi curso de mediunidad




Hace un tiempo, en el blog, hablamos de la mediunidad… y yo contaba que me había apuntado a un curso por pura curiosidad y ganas de aprender. Pues bien, ¡ya lo he terminado!

Quiero compartir con vosotros esta experiencia, porque ha sido muy bonita y enriquecedora. La mediunidad no da miedo; simplemente es un camino de conocimiento y práctica. Yo no pretendo dedicarme a ello profesionalmente, pero me encanta aprender, explorar y disfrutar cada descubrimiento. A mis 66 años sigo con la ilusión de aprender algo nuevo cada día.

El curso ha sido muy completo: cuatro jueves, cuatro horas cada jueves, con un grupo de 18 personas encantadoras. Cada sesión era distinta, siempre con ejercicios de intuición, telepatía y prácticas que nos invitaban a escuchar, sentir y conectar. Lo más bonito ha sido compartir estos momentos con mis compañeros y compañeras, sentir la energía del grupo, y darme cuenta de cómo cada uno aporta algo único al aprendizaje.

Recuerdo cómo nos sorprendíamos en algunos ejercicios, cómo descubríamos cosas sobre nosotros mismos y cómo aprendíamos a respetar y aceptar los límites de cada persona. Ha sido un espacio seguro para crecer, para experimentar y para aprender sin miedo.

Hoy estoy muy contenta de haberlo hecho, de haberme atrevido a probar, y disfruto muchísimo de mi diploma. Es otro recuerdo, otro aprendizaje, otra alegría que sumar a mi vida. Y también un recordatorio de que la curiosidad y la apertura nunca tienen edad, que siempre podemos explorar, conocer y conectar, si nos dejamos llevar con respeto y amor por lo que hacemos.

Aprender no tiene edad, y la curiosidad siempre nos hace crecer. Este curso me ha enseñado eso, y mucho más: a valorar la paciencia, la empatía, la escucha y la conexión con los demás. Estoy agradecida por la experiencia y por cada persona que compartió conmigo estos cuatro jueves de aprendizaje.

Hoy, al recibir mi diploma, sentí una mezcla de alegría, orgullo y gratitud. Gratitud hacia Cristian, nuestro profesor, por su paciencia, su cariño y su guía, y hacia todas las personas que compartieron conmigo estos jueves. Me siento afortunada de haber podido conectar con seres que están en otra dimensión, de aprender a escuchar y a transmitir mensajes, y de dar un poquito de felicidad a quienes lo necesiten. Esta experiencia me recuerda que, más allá de aprender técnicas, lo más valioso es poder ayudar y acompañar a otros, aportar luz y cariño donde se pueda. Y eso me llena de emoción y de ganas de seguir aprendiendo, cada día un poquito más.



jueves, 26 de febrero de 2026

Hoy he negociado con un caniche


Hoy el paseo no ha sido largo. No porque no tuviéramos ganas… sino porque estábamos esperando un paquete. Y claro, cuando una espera al mensajero, no puede hacerse la interesante por la calle como si el mundo no dependiera de un timbre.

Así que hemos salido Coco y yo con intención de “paseíto corto”.
Pero alguien no estaba de acuerdo con el plan.

Llegamos a la puerta de casa… y Coco se plantó.

Plantado.

Con esa postura de:
— Yo entrar… no lo veo.

Le digo:
— Venga, Coco, que tenemos que estar en casa.
Y él:
— Una esquina más.

Y allá que vamos hasta la esquina.

Volvemos a la puerta.
Se vuelve a frenar.
— Otra esquina.

Y yo pensando: “Este perro cree que soy negociadora internacional.”

Fuimos a la otra esquina. Volvimos. Se volvió a parar.
Si hubiera habido una tercera esquina, también la habríamos hecho.

Pero no. Hoy no podíamos estar más rato en la calle. El paquete estaba al caer y si llaman y no estoy… me da algo. Así que, con amor, con paciencia… y tirando un poquito de la correa, he ganado yo.

Victoria humana.
Derrota canina temporal.

Pero mientras tiraba suavemente de él, me di cuenta de algo precioso: a Coco le gusta la calle. Le gusta oler, mirar, vivir. Es más callejero que yo. Él no entiende de paquetes ni de horarios. Solo entiende de momento presente.

Y eso me hizo sonreír.

Porque mientras yo pensaba en “¿y si viene el mensajero?”, él pensaba en “¿y si hay algo maravilloso en la siguiente esquina?”.

Y quizá tiene razón.

A veces vivimos con prisas por cosas que están por llegar…
y la felicidad está en una esquina más.

Hoy he ganado yo porque el paquete manda.
Pero mañana, si no hay timbre que nos ate, igual gana él.

Y nos vamos a todas las esquinas del barrio.

“Hoy ganó el paquete… pero mañana, Coco y yo conquistamos el barrio.”





"Imagina un mundo feliz”: mi canción para soñar

Hoy quiero contaros algo que me hace muchísima ilusión . He hecho una canción inspirada en Imagine , sí, esa de John Lennon que me encanta y...