El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 24 de octubre de 2026

¡Hoy he aprendido que soy una mujer escatológica!


¡Madre mía, las cosas que aprende una a estas alturas de la vida! 😂

Hoy, en una conversación con una amiga, he descubierto que soy una mujer escatológica.

Y yo, que pensaba que simplemente llamaba a las cosas por su nombre…

Porque, vamos a ver, si tengo que decir pedo, digo pedo. Si tengo que decir chumino, digo chumino. Y si tengo que decir cojones, pues digo cojones. ¡Que no estamos aquí para andar poniendo lacitos a las palabras! 

Mi amiga y yo hemos terminado riéndonos de lo lindo. ¡Y eso que empezamos hablando de otras cosas!

He llegado a una conclusión: a mi amiga le falta un tornillo, pero a mí me falta la ferretería entera. ¡Y encima, con el almacén sin inventariar!

Así que, a partir de hoy, queda inaugurada oficialmente…

¡LA FERRETERÍA DE AMALIA!

🔩 Tornillos de todos los tamaños.

🔧 Tuercas para todos los gustos.

🤣 Pedos de todos los calibres.

¡Y alguna que otra pieza suelta que todavía no sabemos dónde encaja!

Eso sí, aquí no se juzga a nadie, se habla claro y, si puede ser, nos echamos unas risas. Que ya está bien de tanta seriedad, que la vida también necesita sus ratitos de cachondeo.

Porque una puede ser formal cuando toca, tener sus sentimientos, sus preocupaciones y sus días buenos y malos… pero también puede reírse de una misma y hablar sin tapujos.

Y si para eso hay que reconocer que una es escatológica, ¡pues se reconoce y punto!

¡Que me quiten lo bailao, pero que no me quiten la risa!

Y tú, querida amiga de mi rincón, dime la verdad: ¿también tienes alguna pieza suelta o eres de las que tienen la ferretería perfectamente ordenada? 😂

¡Venga, confiesa, que aquí estamos en confianza!

Un abrazo grandote, una sonrisa y un poquito de alegría para todas.

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🧡



Escatológica: 
No os asustéis con la palabrita, amigas. 😂 En el sentido humorístico, se refiere a hablar o bromear sobre cosas del cuerpo, como los pedos y otras funciones corporales, sin demasiados remilgos.

Vamos, que si tengo que decir «pedo», no digo «una ventosidad inesperada». ¡Que nos entendemos todas perfectamente!

Así que ya lo sabéis: no es que me haya vuelto fina, es que ahora soy una mujer escatológica con todas las letras. ¡Y tan contenta!

¡Bienvenidas a mi ferretería, donde hay tornillos, tuercas y pedos de todos los calibres! 🤣


viernes, 23 de octubre de 2026

¡Buenos días, mis queridas amigas! ¡Hoy amanecí guapísima! 😂💃❤️


¡Buenos días, amigas de mi rincón! ❤️

Vamos a ver, mis queridas amigas, ¿vosotras os habéis mirado hoy al espejo? Porque yo sí, y os voy a contar una cosa: ¡SOY LA MÁS GUAPA DEL MUNDO! 😂😂

¡Ale, ya lo he dicho! Y me he quedado tan ancha.

Porque vamos a ver, si una no se dice estas cosas bonitas a sí misma, ¿quién se las va a decir? ¿El vecino? ¿El cartero? ¿El señor que te vende el pan? ¡Pues no, señoras! ¡Aquí hay que empezar por quererse una misma, que luego vienen los demás y ni se enteran de que estamos estupendas! 🤣

Yo me levanto por la mañana, me miro en el espejo y me digo:

—Amalia, hija mía, ¡qué guapa estás hoy!

Y el espejo, que es muy educado, no me lleva la contraria. 😂

Además, hoy no me duele nada, me he levantado con alegría y tengo ganas de comerme el mundo. Bueno, el mundo entero no, que después de una cierta edad hay que cuidarse el colesterol, pero un buen trocito sí que me como. ¡Y sin pedir permiso! 

Y es que, amigas, la vida ya nos trae suficientes preocupaciones como para empezar el día buscándonos defectos delante del espejo. Que si tengo una arruguita por aquí, que si me ha salido otra por allá, que si el pelo hoy no se me coloca…

¡Pues que no se coloque! ¡Que cada pelo vaya por donde le dé la gana! ¡Y las arrugas que hagan lo mismo! Que cada una de ellas tiene su historia y aquí seguimos, dando guerra. 

Lo importante es levantarnos con ganas, agradecer que tenemos un nuevo día por delante y regalarnos una sonrisa antes de salir a la calle. Porque la actitud no nos quita los problemas, pero nos ayuda a llevarlos de otra manera.

Así que, mis queridas amigas, hoy os propongo una cosa: cuando os miréis al espejo, nada de poner cara de lunes, aunque sea jueves. Espalda recta, sonrisa puesta y a decir bien alto:

¡SOY GUAPA, SOY VALIOSA Y HOY VOY A POR TODAS! 

Y si alguien os dice que no sois las más guapas del mundo, no discutáis, mujeres, que discutir cansa mucho. Vosotras sonreíd y pensad: «¡Ay, criatura, lo que te estás perdiendo!». 

Que ser guapa está muy bien, pero ser feliz, tener sentido del humor y no perder las ganas de vivir tiene todavía más mérito.

¡Venga, mis amigas, a por el día! A tomarnos ese cafecito, a sonreírle a la vida y a recordarnos que no necesitamos la aprobación de nadie para sentirnos estupendas.

Y yo, por si todavía no había quedado claro, me despido como he empezado:

¡HOY AMANECÍ GUAPÍSIMA, Y MAÑANA YA VEREMOS SI EL ESPEJO PUEDE SUPERARSE! 

¡Un beso enorme para todas y que tengáis un día precioso!

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷❤️



jueves, 22 de octubre de 2026

Cuando un hijo está cerca, hasta la distancia duele menos ❤️


¡Buenos días, amigas de mi rincón! 

Hoy me he levantado con el corazón un poquito encogido. No ha pasado nada malo, la vida sigue su curso y cada uno tiene que continuar con su camino, pero hay momentos en los que los sentimientos se nos ponen un poquito revoltosos.

Borja está en Madrid. Estos días ha estado recorriendo Andalucía con Nadia, enseñándole Sevilla, Córdoba, Granada y esos lugares tan bonitos que tenemos en nuestra tierra. Me hace ilusión pensar que ella está conociendo un poquito más España de su mano, descubriendo nuestras ciudades, nuestras costumbres y toda esa belleza que tenemos tan cerca.

Y aunque estos días no he estado a su lado, yo era feliz. ¿Sabéis por qué? Porque mi hijo estaba aquí, en España.

¡Qué cosas tiene el corazón de una madre! ❤️

Yo pensaba: «Ay, madre mía, si quisiera volver a verlo, en dos o tres horitas podría estar otra vez con él».

Y solamente saber que esa posibilidad existía me hacía sentirlo más cerca. No necesitaba tenerlo a mi lado a cada momento. Me bastaba con saber que estaba aquí, en mi país, a unas horas de distancia.

Pero hoy es diferente.

Hoy Borja está en Madrid y mañana emprende el viaje de regreso a México. Y, sin quererlo, empieza a aparecer esa tristeza que tan bien conocemos las madres cuando nuestros hijos viven lejos.

Porque una cosa es tener a tu hijo a dos o tres horas y otra muy distinta es tener un océano de por medio. Para volver a abrazarlo ya no basta con preparar una pequeña escapada. Hay que organizar un viaje largo, cruzar medio mundo y esperar a que la vida nos regale otra oportunidad de encontrarnos.

Y entonces es cuando una se da cuenta de que, a veces, la felicidad no consiste en tener a alguien a tu lado todo el tiempo. A veces consiste simplemente en saber que está cerca, que puedes volver a verlo y que un abrazo no es algo imposible.

Mañana mi hijo se marcha y yo me quedaré aquí, en mi casa, con mis cosas, con mi Coquito y con la vida de cada día. Seguiré sonriendo, haciendo mis cositas y escribiendo en este rincón que tantas alegrías me da. Porque la vida continúa y también tenemos que aprender a disfrutarla cuando las personas que queremos están lejos.

Pero permitidme que hoy tenga un poquito de morriña. Que una madre puede ser fuerte, independiente, alegre y tener muchas ganas de vivir, y aun así echar muchísimo de menos a su hijo.

Una cosa no quita la otra.

No quiero que estas palabras sean tristes, sino sinceras. Porque también hay belleza en querer tanto a alguien, en disfrutar de los días compartidos y en guardar en el corazón esos momentos que después nos acompañan cuando llega la despedida.

Así que hoy me quedo con lo bonito: con haberlo tenido aquí, con los ratitos vividos, con las conversaciones, con su presencia en nuestra tierra y con la alegría de saber que ha podido compartir estos días con Nadia.

Y cuando mañana se marche, aunque una parte de mí se quede un poquito más triste, otra parte seguirá sonriendo por haber tenido la suerte de vivir este reencuentro.

Porque el amor de una madre no entiende de kilómetros, de fronteras ni de océanos. ❤️

Y aunque mañana mi hijo esté al otro lado del mundo, seguirá teniendo su sitio aquí, en mi corazón y en mi casa.

Y vosotras, amigas, ¿habéis sentido alguna vez esa tristeza de tener a alguien cerca y saber que, en unas horas, volverá a estar lejos? Contadme, que ya sabéis que me gusta que compartamos nuestras cositas.

Os mando un abrazo enorme y os deseo un día lleno de motivos para sonreír.

Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️

El Rincón de Amalia




¡A MIS 66 AÑOS, HAGO LO QUE ME SALE DEL CHUMINO!


¡Buenos días, mis queridas amigas!

Hoy me he levantado con ganas de hablaros de una cosa que llevo tiempo pensando. Y, como ya me conocéis, sabéis que cuando me da por hablar, ¡no me calla ni el apuntador! 

Hoy quiero hablaros de mí, de mi vida, de lo que he aprendido con los años y de esa maravillosa sensación que tengo últimamente de empezar a vivir un poquito más a mi manera.

Porque, queridas mías, una llega a una edad en la que empieza a ver las cosas de otra forma. O, mejor dicho, empieza a verlas como son, sin tantos adornos y sin tantas ganas de tener contento a todo el mundo.

Yo he dedicado muchos años de mi vida a cuidar de los demás. Cuidé de mis padres, cuidé de mi marido, cuando enfermó, y cuidé de mi hijo,  como cualquier madre que quiere a su hijo con toda el alma.

Y no me arrepiento de nada. ¡Pero de nada!

Dejé un trabajo que me encantaba para cuidar de Fernando cuando más me necesitaba. Pasé por hospitales, por operaciones, por meses difíciles y por situaciones que me pusieron la vida patas arriba.

He conocido el sufrimiento, la incertidumbre y esos días en los que una tiene que sacar fuerzas de donde parece que ya no queda ninguna.

Y todo lo hice por amor.

Porque cuando quieres a alguien de verdad, muchas veces no te preguntas cuánto te va a costar. Simplemente estás ahí.

Pero ¿sabéis qué he aprendido después de tanto camino recorrido?

Que querer a los demás no significa olvidarse de una misma.

Y que una puede estar muy orgullosa de todo lo que ha hecho por su familia y, al mismo tiempo, reconocer que también tiene derecho a disfrutar de su propia vida.

Porque yo he cuidado mucho, he querido mucho y he procurado estar cuando me han necesitado. Pero ahora tengo 66 años y hay algo que tengo clarísimo: ¡también me toca a mí!

Y no quiero que nadie me malinterprete. No estoy hablando de dejar de querer a los demás, de volverme egoísta ni de mandar a todo el mundo a freír espárragos.

Bueno… a alguno, dependiendo del día, igual sí. ¡JAJAJAJA! 🤣

Estoy hablando de dejar de sentirme culpable por hacer lo que me apetece cuando no estoy haciendo daño a nadie.

Porque, vamos a ver, amigas mías, ¿qué tiene de malo que un día me quiera quedar en casa en pijama?

¡Pues nada!

Si no me apetece salir, me quedo en casa. Y si Coco necesita hacer pipí, le pongo su empapador, que ya sabe utilizarlo. Lo importante es que él esté bien atendido y que yo también pueda descansar cuando lo necesito.

¿Que me apetece salir a tomarme un café? ¡Pues me voy a tomar el café!

¿Que me siento delante del ordenador y me pongo a escribir durante dos horas porque las palabras me salen solas? Pues escribo, que para eso tengo mi rincón y mis ganas de contar cosas.

¿Y los platos? ¡Ay, los platos!

Pues los platos ya los fregaré después, que no creo yo que vayan a salir corriendo por la puerta. 😂

Durante mucho tiempo parece que hemos tenido que demostrar que somos buenas mujeres estando siempre disponibles, con la casa recogida, las obligaciones hechas y una sonrisa en la cara aunque por dentro estuviéramos agotadas.

Y yo me pregunto: ¿quién decidió que teníamos que vivir así?

Porque descansar no es ser una vaga. Decir que no no es ser una mala persona. Y dedicarte tiempo a ti misma no significa que quieras menos a los demás.

¡Significa que tú también importas!

Además, hay una cosa que me hace mucha gracia. Cuando una empieza a hacer las cosas a su manera, siempre aparece alguien dispuesto a darle su opinión, aunque nadie se la haya pedido.

Que si esto no está bien, que si aquello no se hace así, que si yo en tu lugar…

¡Pues menos mal que no estás en mi lugar, hija mía, porque entonces tendríamos dos problemas! 

Y mirad, yo he llegado a un punto en el que prefiero vivir tranquila antes que pasarme el día intentando gustarle a todo el mundo.

Porque si salgo, alguno tendrá algo que decir. Si me quedo en casa, también. Si hago una cosa, porque la hago; y si hago la contraria, porque no debería haberla hecho.

Así que he decidido que voy a escuchar a quien me quiera bien, voy a aceptar los consejos que me parezcan buenos y voy a seguir tomando mis propias decisiones.

Que para eso soy una mujer adulta, pago mis facturas yo solita, me organizo mi vida y asumo las consecuencias de lo que hago.

Nadie me paga la peluquería, ni el veterinario de Coco, ni mis caprichos. Me los pago yo, con mi dinero y con mi esfuerzo.

Y mientras no haga daño a nadie, ¿por qué voy a vivir pidiendo permiso para disfrutar?

Pero ahora viene lo mejor, queridas amigas.

¿Sabéis cuál es mi nueva filosofía de vida?

¡HAGO LO QUE ME SALE DEL CHUMINO!

¡JAJAJAJAJAJA! 🤣🤣🤣

¡Ale, ya lo he dicho!

Y mirad que podría haber utilizado otra palabra, pero a mí me gusta más chumino. ¡Qué queréis que os diga! Me hace gracia, me sale natural y me parece una manera estupenda de expresar lo que quiero decir.

Que aquí no estamos hablando de ofender a nadie, sino de quitarnos un poquito de encima esa seriedad que a veces nos ponemos para todo.

Que parece que para hablar de la libertad hay que ponerse muy solemne, mirar al horizonte y soltar un discurso de esos que te dejan dormida en el sofá.

¡Pues no, señor! También se puede hablar de libertad con una sonrisa, con gracia y con una palabrota de vez en cuando.

Porque yo puedo ser cariñosa, sensible, respetuosa y tener un corazón que se emociona con cualquier detalle. Y también puedo decir una palabrota cuando me sale del alma.

¡Una cosa no quita la otra!

Y estoy convencida de que muchas de vosotras, al leerme, vais a sonreír y a pensar: «¡Pues tiene razón! ¡Si es que yo también estoy harta de preocuparme tanto por lo que piensen los demás!».

Pues venga, mujer, que no estás sola.

A lo mejor no necesitas cambiar tu vida de arriba abajo. A lo mejor solo necesitas empezar por pequeñas cosas.

Tomarte ese café sin prisas.

Apuntarte a esa actividad que llevas tiempo mirando.

Ponerte ese vestido que tanto te gusta.

Decir que hoy no te apetece hacer un favor porque necesitas descansar.

Sentarte a leer, escribir, coser, pintar o no hacer absolutamente nada durante un rato.

Y hacerlo sin pasarte después tres horas sintiéndote culpable.

Porque la vida no puede consistir únicamente en cumplir obligaciones y esperar a que llegue un día en el que, por fin, tengamos tiempo para nosotras.

Ese día hay que empezar a construirlo hoy, con lo que tenemos y con las circunstancias de cada una.

Yo no sé cuánto tiempo me queda por delante. Ninguna lo sabemos. Pero sí sé que quiero aprovecharlo disfrutando de las cosas que me hacen feliz, cuidándome, queriendo a los míos y regalándome esos pequeños momentos que tantas veces he dejado para después.

No reniego de mi pasado. No me arrepiento de haber cuidado de mi familia. Si volviera atrás, seguramente volvería a hacer muchas de aquellas cosas porque nacieron de mi corazón.

Pero ahora también quiero escuchar a ese corazón cuando me pide un poquito de descanso, un café tranquilo, una tarde de escritura o simplemente quedarme en casa sin dar explicaciones.

Porque después de tantos años procurando que los demás estuvieran bien, he comprendido algo que me parece fundamental:

NO TENGO QUE DEJAR DE QUERER A LOS DEMÁS PARA EMPEZAR A QUERERME UN POQUITO MÁS A MÍ.

Y si a alguien no le gusta mi manera de vivir, lo siento mucho, pero no puedo organizar mis días alrededor de las expectativas de todo el mundo.

Yo voy a procurar hacer las cosas con cariño, con respeto y con sentido común. Y, cuando me equivoque, reconoceré mis errores, que tampoco soy perfecta ni falta que me hace.

Pero quiero vivir con más alegría, menos culpa y muchas más ganas.

Así que, amigas mías, si alguna de vosotras necesita escuchar estas palabras, aquí las dejo, de corazón a corazón.

No esperéis a que todo el mundo esté contento para permitiros ser felices.

No os olvidéis de vosotras por cuidar siempre de los demás.

Y no penséis que empezar algo nuevo, descansar o disfrutar de un capricho es una tontería.

Que a estas alturas ya sabemos que la felicidad no siempre viene envuelta en grandes regalos. A veces viene en forma de café con leche, una buena conversación, una tarde soleada o unas horas haciendo aquello que nos gusta.

Y, si para disfrutar de todo eso tenemos que aprender a decir «hoy me toca a mí», pues se dice.

Y si hay que decir alguna palabrota para rematar la faena…

¡PUES TAMBIÉN SE DICE, CARAY!

Que una ha cumplido 66 años, ha vivido lo suyo y todavía tiene muchas ganas de reírse. 😂❤️

¡A vivir, queridas amigas! A querer, a disfrutar, a cuidarnos y a dejar de pedir perdón por ser quienes somos.

Y que no se nos olvide nunca que ser buenas personas no significa tener que olvidarnos de nosotras mismas.

Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al alma, y os deseo una vida llena de momentos bonitos, decisiones valientes y muchas sonrisas.

Y ya sabéis que aquí, en El Rincón de Amalia, siempre hay un motivo para sonreír.

¡Y si no lo encontramos, nos lo inventamos! 🌷❤️

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia


* Nota de la autora: Según el "Diccionario de la Libertad de Amalia", el chumino es esa parte del cuerpo desde donde nacen la intuición, la fuerza y las ganas de hacer exactamente lo que a una le da la gana sin pedir tanto permiso. 🌷

miércoles, 21 de octubre de 2026

🌸 La mejor curva del cuerpo es la sonrisa 😊


¡Muy buenos días, mis queridas amigas de mi rincón! ❤️🌷

Hoy quiero comenzar el día con una frase que me ha encantado y que me ha hecho pensar: «La mejor curva del cuerpo es la sonrisa».

Y digo yo que quien inventó esta frase sabía muy bien lo que decía, ¿verdad? Porque no hay nada más bonito que una sonrisa sincera, de esas que salen solitas, sin tener que forzarlas, y que consiguen iluminar hasta el día más gris.

Además, una sonrisa no cuesta dinero, no ocupa espacio y podemos regalarla tantas veces como queramos. ¡Fijaos qué regalazo y qué poco nos cuesta! A veces nos gastamos un dineral buscando cosas que nos hagan felices y resulta que tenemos al alcance de la mano algo tan sencillo como una sonrisa, una palabra amable o un abrazo de los que te dejan el corazón calentito.

La felicidad no siempre llega envuelta en papel de regalo. A veces se presenta en una taza de café calentito por la mañana, en el solecito que entra por la ventana, en una llamada de alguien a quien queremos, en una conversación de esas en las que se nos pasa el tiempo volando o en las ocurrencias de nuestros peluditos, que son capaces de hacernos reír cuando menos lo esperamos. 🐾

¡Y qué bonito es reírse! Reírse de una misma, de nuestras pequeñas meteduras de pata, de las cosas disparatadas que nos pasan y de esas situaciones que, cuando las vivimos, nos parecen un mundo, pero que después recordamos y terminamos diciendo: «¡Madre mía, si es que no me puede pasar a mí otra cosa!».

Yo creo que no debemos perder nunca esa capacidad de encontrarle el lado amable a la vida. No se trata de estar siempre contentas, porque eso es imposible. Todos tenemos días torcidos, preocupaciones, disgustos y momentos en los que lo único que nos apetece es estar tranquilitas, sin hablar con nadie y dejando que las lágrimas hagan su trabajo.

Porque sí, amigas, también necesitamos llorar de vez en cuando. No somos máquinas ni tenemos que demostrarle al mundo que podemos con todo. Hay lágrimas que nos alivian, que nos ayudan a soltar lo que llevamos dentro y que nos dejan el corazón un poquito más ligero.

Pero, después de esos momentos, cuando estemos preparadas, intentemos volver a mirar a nuestro alrededor. A lo mejor descubrimos que el sol sigue brillando, que tenemos una conversación pendiente con una amiga, que hay algo rico para comer o que nuestro compañero peludo nos está mirando con esos ojitos que parecen decir: «¿Qué pasa, mujer? ¿Nos vamos de paseo?». 🐶

Y entonces, casi sin darnos cuenta, aparece una pequeña sonrisa.

Porque la vida tiene esas cosas: puede hacernos llorar por la mañana y regalarnos una alegría por la tarde. No siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero muchas veces podemos decidir qué pequeños momentos queremos cuidar y qué cosas merecen nuestra atención.

❤️ Sonreír también es una forma de querernos

Con los años vamos aprendiendo muchas cosas. Aprendemos que no merece la pena discutir por todo, que no tenemos que gustarle a todo el mundo y que vivir pendientes de lo que piensen los demás puede robarnos una tranquilidad maravillosa.

Aprendemos también que no todos los días tienen que ser extraordinarios para ser buenos. A veces, un día estupendo es simplemente aquel en el que no nos duele nada, dormimos bien, nos tomamos nuestro café tranquilamente y nadie nos da un disgusto. ¡Y oye, si encima nos toca la lotería, pues tampoco vamos a poner pegas! 

Lo importante es aprender a valorar esos ratitos que antes quizá pasaban desapercibidos.

También tenemos que aprender a hablarnos con cariño. ¿Os habéis fijado en lo duras que somos algunas veces con nosotras mismas? Si una amiga comete un error, la consolamos, le decimos que no pasa nada y que cualquiera puede equivocarse. Pero, cuando somos nosotras las que fallamos, nos ponemos a repasar el asunto veinte veces, como si fuéramos el juez, el fiscal y el abogado de nuestra propia causa.

¡Pues no,! Vamos a tratarnos con la misma ternura con la que tratamos a las personas que queremos. Que también nosotras merecemos paciencia, comprensión y alguna que otra palmadita en la espalda.

Mírate al espejo por la mañana y sonríe. No hace falta que estés perfectamente peinada, que tengas la casa como los chorros del oro ni que hayas dormido ocho horas seguidas. ¡Faltaría más! Basta con que te recuerdes que estás aquí, que tienes un nuevo día por delante y que todavía puedes disfrutar de muchas cosas.

Y si tienes el pelo alborotado, pues te lo arreglas; si tienes ojeras, pues ahí están, que tampoco vamos a pedirle permiso al espejo para vivir. Lo importante es lo que llevamos dentro y las ganas que tengamos de seguir disfrutando del camino. 

🌷 Una sonrisa puede cambiar el día de alguien.

Nunca sabemos qué está viviendo la persona que tenemos delante. Quizá esa vecina que apenas saluda esté pasando por un momento complicado. Quizá alguien que parece serio lleve una preocupación que no se atreve a contar. Quizá una persona que se cruza con nosotros necesite, precisamente hoy, que alguien la mire con amabilidad.

Por eso me gusta pensar que una sonrisa puede ser una pequeña caricia para el alma.

No vamos a solucionar todos los problemas del mundo con una sonrisa, eso está claro. Pero podemos hacer que un momento sea un poquito más agradable. Podemos escuchar sin interrumpir, dar las gracias, preguntar qué tal está alguien y esperar de verdad la respuesta. Podemos dejar de lado las prisas durante unos minutos y prestar atención a quien tenemos delante.

A veces queremos hacer grandes cosas por los demás y nos olvidamos de que los pequeños gestos también cuentan.

Una palabra amable puede quedarse en la memoria de alguien durante mucho tiempo. Un abrazo puede llegar cuando más falta hace. Una llamada inesperada puede alegrarle la tarde a una persona que se sentía sola.

Y una sonrisa, aunque dure apenas unos segundos, puede recordarnos que todavía hay bondad en el mundo.

Así que vamos a repartirlas, amigas. ¡Que no nos cobren por ello, que no hay que pedir cita y que no se nos termina la existencia por usarlas! 

Eso sí, que sean sonrisas de verdad, de las que nacen del cariño, no de las que ponemos para aparentar que todo está estupendamente cuando por dentro estamos deseando mandar el mundo a paseo.

También tenemos derecho a decir que no estamos bien. La alegría no consiste en fingir, sino en permitirnos sentir lo que sentimos y, poco a poco, encontrar de nuevo nuestros motivos para sonreír.

🌞 Hoy puede ser un buen día.

Amigas, no sé qué nos traerá este nuevo día. Puede que todo salga según lo previsto o que, como suele ocurrir, la vida decida improvisar y nos cambie los planes a última hora.

Pero, pase lo que pase, intentemos no empezar la jornada pensando únicamente en lo que nos preocupa. Dediquemos también unos minutos a pensar en lo que tenemos, en las personas que nos quieren, en las cosas que hemos superado y en esas pequeñas alegrías que todavía nos esperan.

No necesitamos tener una vida perfecta para disfrutar de momentos felices. Tampoco necesitamos tenerlo todo resuelto para permitirnos descansar, reír y vivir un ratito en paz.

Y, sobre todo, no dejemos nuestra felicidad siempre para mañana. No digamos continuamente: «Cuando tenga más tiempo, cuando termine esto, cuando consiga aquello, cuando todo esté en orden…».

¡Que la vida pasa, amigas! Y mientras estamos esperando a que todo sea perfecto, podemos perdernos un montón de momentos bonitos.

Disfrutemos de lo que podamos hoy. Pongámonos esa ropa que nos gusta, preparemos algo rico, salgamos a tomar el aire, llamemos a una amiga o sentémonos un rato al sol. Y si hoy no tenemos ganas de hacer grandes cosas, pues tampoco pasa nada. A veces, descansar y estar tranquilas es el mejor plan del mundo.

Cada una tiene sus circunstancias, sus problemas y su manera de vivir. No tenemos que compararnos con nadie ni seguir el ritmo de los demás. Lo importante es encontrar nuestra propia forma de sentirnos bien.

Y cuando nos encontremos con alguien que nos regale una sonrisa, devolvámosela. Que las buenas cosas, cuando se comparten, tienen la bonita costumbre de multiplicarse.

 Y ahora os pregunto una cosita…

¿Os habéis parado a pensar cuántas veces una sonrisa os ha alegrado el día? ¿O cuántas veces habéis conseguido que otra persona sonriera con una palabra, una broma o un pequeño detalle?

A mí me parece que esas son las cosas que hacen que la vida merezca tanto la pena. No hace falta que nos recuerden por haber hecho algo extraordinario. A veces basta con haber sido una persona que trató a los demás con cariño, que supo escuchar, que compartió una risa y que dejó un poquito de alegría allí por donde pasó.

Así que hoy quiero mandaros una sonrisa enorme, de esas que llegan hasta los ojos, acompañada de un abrazo de los buenos. De esos que no necesitan muchas palabras porque ya lo dicen todo. 

Y recordad: las arrugas que nos van apareciendo cuentan parte de nuestra historia, pero las sonrisas también. Que cada una de ellas nos recuerde algún momento feliz, alguna carcajada compartida o alguna tontería de esas que nos hicieron reír hasta que nos dolía la barriga.

Porque, al final, no se trata de tener una cara sin arrugas, sino un corazón que todavía encuentre motivos para ilusionarse.

La mejor curva del cuerpo es la sonrisa, y la mejor manera de lucirla es vivir con cariño, con humor y con ganas de disfrutar de las pequeñas cosas.

¡Venga, mis queridas amigas, a sonreír, que estamos aquí para vivir y no solamente para ir tachando días del calendario! 

Os deseo un día precioso, lleno de paz, cariño, risas y pequeños motivos para ser felices.

Y no olvidéis nunca nuestro lema:

SIEMPRE HAY UN MOTIVO PARA SONREÍR. ❤️

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia 🌷



martes, 20 de octubre de 2026

¡SANT SALVADOR, ALLÁ VOY… Y QUÉ BIEN ME ESTÁ SENTANDO! 🌊❤️


¡Buenos días, mis queridas amigas del rincón!

Hoy os escribo desde Sant Salvador, con una sonrisa de oreja a oreja y con esas ganas de disfrutar que me entran cuando cambio de aires y dejo por unos días la rutina aparcada en la puerta de casa.

¡Porque una también necesita sus escapaditas, sus ratitos de desconexión y sus momentos de esos que te hacen pensar: «¡Ay, qué bien estoy aquí!»! 

A veces nos pasamos la vida corriendo de un lado para otro, pendientes de la casa, de las obligaciones, de lo que tenemos que hacer mañana y de lo que dejamos sin terminar ayer. Y, cuando nos queremos dar cuenta, han pasado los días y nosotras seguimos esperando ese momento de parar y respirar.

Pues mira, amigas mías, que esta vez me he venido a Sant Salvador a disfrutar de unos días diferentes. A cambiar las paredes de siempre por otros paisajes, a respirar ese aire que tanto me gusta y a regalarme un poquito de tiempo para mí.

Y es que no hace falta irse al otro lado del mundo, ni gastarse un dineral, ni organizar un viaje de esos que necesitan una maleta más grande que el armario. A veces, basta con cambiar de escenario para que el corazón se alegre un poquito.

Aquí estoy, disfrutando de estos días, de las pequeñas cosas y de esa sensación tan agradable de no tener que estar pendiente de todo a cada momento.

Bueno, de todo, de todo… tampoco vamos a exagerar, ¡que Coco viene conmigo y ya sabéis que mi compañero de aventuras no se queda en casa! 🐶❤️ Donde voy yo, va mi pequeño, que para eso somos un equipo y tenemos nuestras costumbres.

Y ¿sabéis qué estoy aprendiendo cada vez más?

Que también hay que saber disfrutar de lo que nos hace bien sin sentir que estamos perdiendo el tiempo. Que descansar no es ser vaga, que salir de la rutina no es un capricho y que dedicarnos unos días a nosotras mismas no significa olvidarnos de nadie.

Significa acordarnos también de nosotras.

Porque yo quiero seguir teniendo ilusión por las cosas, ganas de conocer rincones, de pasear, de mirar el mar, de tomarme un cafelito tranquilamente y de volver a casa con recuerdos bonitos en el corazón.

Que la vida ya nos trae suficientes preocupaciones como para que, encima, nosotras nos pongamos a buscarlas cuando tenemos delante una oportunidad de disfrutar. ¡Vamos, digo yo!

A mis años he aprendido que no necesito que todo sea perfecto para ser feliz. No necesito tenerlo todo organizado, ni que cada día salga exactamente como lo había imaginado. Me basta con encontrar esos momentos que me hacen sentir bien y aprender a saborearlos sin prisas.

Y cuando vuelva a casa, volverán también mis rutinas, mis cositas pendientes y mis ratitos en el ordenador, que ya sabéis que desde el móvil me cuesta más escribir y preparar las entradas. ¡Una tiene sus limitaciones tecnológicas, qué le vamos a hacer! 😂

Pero ahora toca disfrutar de Sant Salvador, de estos días y de todo lo bonito que me quieran regalar.

Así que, mis queridas amigas, hoy os dejo una invitación: buscad también vuestro pequeño Sant Salvador. No hace falta que sea un lugar junto al mar. Puede ser una terraza al sol, un paseo por vuestro pueblo, una visita a una amiga querida, una tarde de lectura o ese cafelito que os tomáis sin mirar el reloj.

Buscad algo que os saque una sonrisa y permitíos disfrutarlo.

Que no estamos aquí solamente para cumplir obligaciones, hacer la compra, poner lavadoras y preocuparnos por lo que todavía nos falta. ¡Que también hemos venido a vivir, amiga!

Y si algo tengo claro es que quiero seguir coleccionando momentos bonitos, de esos que no se compran con dinero, pero que luego recordamos con una sonrisa.

Os mando un abrazo enorme desde Sant Salvador, mis queridas amigas. Espero que vosotras también encontréis hoy un motivo para sonreír y que la vida os regale algún ratito de esos que hacen que todo merezca un poquito más la pena.

Y ya sabéis cuál es nuestro lema:

¡Siempre hay un motivo para sonreír! ❤️

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia 🌻



«Vacaciones con Coco en Sant Salvador: ¡Mucho equipaje y poco espacio en la cama!

¡Me he ido de vacaciones con mi equipaje, mi perro y media cama a cuestas! 😂🐩❤️

¡Buenos días, queridas amigas de mi rincón!

¡Ay, qué bonito es cambiar de aires unos días! Dejar la casa, preparar las maletas y marcharse a disfrutar de otros paisajes, de la tranquilidad y de esos pequeños placeres que nos hacen sentir que la vida todavía tiene muchas cosas bonitas que ofrecernos.

Pero, claro, cuando una se va de vacaciones con un compañero de cuatro patas, la cosa cambia un poquito. Porque tú preparas tu maleta, pero también tienes que llevar su camita, su comida, sus cositas… ¡Vamos, que al final parece que te vas a vivir al extranjero en vez de pasar unos días fuera! 😂

Y aquí estoy yo, en Sant Salvador, disfrutando de estos días tan buenos con mi Coco.

Como está haciendo un tiempo estupendo, estamos aprovechando para pasear por el paseo marítimo, disfrutar del solecito y descubrir rinconcitos nuevos. En casa caminamos bastante menos, pero aquí nos hemos venido arriba. ¡Que si nueve mil pasos, que si diez mil…! ¡Ni que nos hubiéramos apuntado a una competición deportiva!

Eso sí, vamos despacito, paramos cuando hace falta y nos sentamos un ratito frente al mar. Que una ya tiene una edad para disfrutar de la vida sin necesidad de batir ningún récord. 😂

Y mi Coco está encantado. En cuanto ve la correa, se pone más contento que unas castañuelas. ¡Él es el primero en apuntarse a la excursión! Después, cuando volvemos a la habitación, se tumba en la cama y parece que se le han acabado las pilas.

Pero luego se levanta tan campante, dando sus saltitos, y vuelta a empezar. ¡Este niño mío tiene más ganas de vacaciones que yo!

En el hotel, cuando estamos en el patio y puedo tenerlo controlado, lo dejo olisquear a sus anchas. Va de un lado para otro, investigando cada rincón, con esa naricita suya que no descansa ni un minuto. Y yo lo sigo, pendiente de él, recogiendo sus cositas y disfrutando de verlo tan feliz.

¡Qué poquito necesitamos a veces para sentirnos afortunados!

Y ahora viene lo mejor: yo me he llevado su camita para que duerma a gustito, pero el señorito ha decidido que esa cama no le interesa. ¡Ni un solo día se ha acostado en ella!

¿Que dónde duerme? ¡A mis pies, en mi cama!

Y allí estoy yo, encogidita como un acordeón, procurando no mover ni un dedito para no molestarlo. Porque quienes tenemos animales ya sabemos cómo funciona esto: compramos camas para ellos, pero al final los que dormimos en una esquinita somos nosotros.

¡Y encima estamos encantados! 😂❤️

Pero ¿sabéis qué, amigas? Que cuando lo veo tan contento, olisqueándolo todo, esperando con ilusión que le ponga la correa y disfrutando de estos días conmigo, se me llena el corazón de alegría.

Porque Coco también está de vacaciones. Tiene olores nuevos, paseos diferentes, un patio donde curiosear y una mamá que se pasa el día mirándolo con una sonrisa tonta.

Y yo soy feliz con una perdiz, como dice el refrán, viendo que él también disfruta.

A veces pensamos que para ser felices necesitamos grandes viajes, mucho dinero o planes extraordinarios. Y sí, viajar está muy bien, conocer lugares nuevos es una maravilla y yo, por mí, ya le estoy pidiendo al Universo que me vaya preparando las próximas vacaciones. ¡Que una vuelve a casa y ya está pensando en la siguiente escapadita!

Pero también hay una felicidad enorme en compartir unos días con quien quieres, pasear sin prisas, sentarte frente al mar, respirar aire fresco y ver disfrutar a ese compañero que te acompaña sin pedirte nada más que un poquito de cariño.

Los animales tienen esa manera tan especial de recordarnos que el amor no necesita grandes cosas. Ellos no saben cuánto cuesta un hotel, ni si la habitación tiene vistas al mar. Ellos quieren estar contigo, sentirse seguros y disfrutar de esos pequeños momentos que, sin darnos cuenta, se convierten en recuerdos preciosos.

Y yo, mientras tanto, seguiré disfrutando de mis vacaciones, de mi Coco, del solecito y de esta tranquilidad que tanto bien nos hace.

Porque la vida pasa muy deprisa, queridas amigas, y no quiero dejar para mañana las pequeñas alegrías que puedo disfrutar hoy.

Quiero seguir haciendo planes, descubriendo lugares, riéndome de las ocurrencias de mi perro y agradeciendo a Dios cada día que me regala, cada momento de paz y cada motivo para sonreír.

Y si algún día me preguntan qué necesito para ser feliz, quizá no tenga una respuesta complicada.

Salud, tranquilidad, cariño, ganas de vivir y la oportunidad de disfrutar de las cosas sencillas.

Ah, y una cama un poquito más grande, por si acaso. ¡Que mi Coco no entiende de repartir el espacio! 😂🐩❤️

Y vosotras, queridas amigas, contadme: cuando os vais de vacaciones con vuestros animales, ¿también termináis durmiendo en el borde de la cama mientras ellos se quedan con el mejor sitio? ¡Que quiero saber si esto solo me pasa a mí!

Os mando un abrazo enorme, lleno de cariño, y recordad siempre:

Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️🌷



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