El blog de Alma Buendía Soleado

domingo, 19 de julio de 2026

Hoy hemos viajado a Venezuela sin salir de casa

 

Hay días que no necesitan grandes viajes ni grandes planes para convertirse en inolvidables. Hoy ha sido uno de ellos.

Nos hemos reunido los seis de siempre: dos parejas... y yo, que hago pareja con mi querido Coco. 🐶❤️ Él nunca falla. Allí donde voy, él viene conmigo, y en casa de sus tíos Blanca y Toni se siente como en su propia casa. Ha jugado un ratito, ha recibido mimos y, como buen rey de la casa, también ha disfrutado de una buena siesta.

La comida ha sido una auténtica delicia. Juan Carlos preparó unas arepas venezolanas que yo nunca había probado y Brigitte hizo unos rellenos espectaculares. ¡Qué ricas estaban! Me han encantado, aunque tengo que decir que llenan muchísimo.

Después de comer llegaron los juegos de mesa... y las carcajadas. Juan Carlos y yo estábamos uno enfrente del otro y, para qué os voy a engañar, hicimos alguna trampilla de vez en cuando. Los demás nos pillaban y las risas eran tan grandes que acabamos con dolor de barriga de tanto reír.

Las horas pasaron sin darnos cuenta. Hemos hablado, hemos comido, hemos brindado y hemos disfrutado de la mejor compañía. Cuando decidimos volver a casa ya era bien entrada la noche, y si no llega a ser porque alguien dijo: "venga, que ya es hora de ir cada uno a su casa", todavía seguiríamos allí.

Siempre digo que la familia no siempre es la de sangre. También existe la familia que uno elige, la familia del corazón. Y yo tengo la suerte de haber encontrado personas maravillosas con las que compartir momentos como este.

Ya hemos quedado para la próxima comida... y estoy segura de que volveremos a reírnos tanto como hoy.

Porque, al final, la felicidad muchas veces está en una mesa compartida, en unas buenas conversaciones, en unas risas sinceras... y en sentirte como en casa rodeada de personas que te quieren y quieres.

Y sí... hoy hemos viajado a Venezuela sin salir de casa.




sábado, 18 de julio de 2026

El tonto, el fanfarrón y el sabio: una lección de vida con humor



Dicen que el mundo está lleno de personajes, y no hace falta viajar mucho para encontrarlos. Están ahí, en la cola del supermercado, en las reuniones familiares, en las redes sociales… y cada uno tiene su estilo muy particular de “mostrarse” al mundo.

El tonto, por ejemplo, habla mucho. Muchísimo. Si le das pie, te cuenta desde cómo se hace un huevo frito hasta la teoría de por qué los extraterrestres todavía no nos han visitado (según él, porque no hay dónde aparcar). Eso sí, cuando terminas de escucharlo, te das cuenta de que, en realidad, no te ha dicho nada útil… pero oye, él se queda tan ancho.

El fanfarrón es otro nivel. No solo habla, sino que presume de todo lo que, supuestamente, ha hecho. “Yo estuve en tal sitio… yo hice tal cosa… yo inventé tal idea…” y tú, escuchando, piensas: “Pues para tanto que has hecho, no se te nota mucho, ¿eh?”. Es el campeón olímpico del yoísmo, medalla de oro en autopromoción.

Y luego está el sabio. Ese es distinto. No presume, no hace ruido, no necesita convencer a nadie de nada. Habla poco, observa mucho… y mientras los demás gastan energía en palabras, él ya ha construido, ayudado, creado o solucionado algo importante. Cuando te enteras de todo lo que ha hecho, solo puedes decir: “¡¿Pero cuándo lo ha hecho este hombre?!”.

La vida está llena de estos tres arquetipos. El truco está en saber reconocerlos… y, si es posible, acercarte más al sabio, no solo para aprender de lo que hace, sino para recordar que, muchas veces, menos palabras y más acciones es la mejor receta para dejar huella.

Porque, al final, todos podemos elegir: ¿quieres ser el que hace ruido o el que hace historia?




viernes, 17 de julio de 2026

¿Alguien ha dejado el secador encendido?



Parece que este verano nos ha castigado. No sé si es una broma o si alguien, por error, se ha dejado el secador encendido apuntando directamente a nuestras calles.

Hoy Coco y yo hemos salido a dar nuestro paseo habitual, hemos ido al bar a tomar el café y   hemos vuelto rápido a casa a cobijarnos del sol. Es imposible estar mucho rato por la calle.

El calor no es normal; el ambiente quema y no corre ni una gota de aire. Parece que el verano no quiere que salgamos, que nos prefiere encerrados en casa, bajo el alivio de nuestro ventilador.

Miro el pronóstico una y otra vez esperando ver esa gota de lluvia que nos refresque, pero nada. Solo sol, más sol y este calor húmedo que no da tregua. Dicen que cuando llegue el frío nos quejaremos. ¡Pero qué le vamos a hacer! El frío, al menos, se puede combatir con una mantita, una taza de café caliente o un buen abrazo. Pero este calor... este calor es otra cosa.

Mientras tanto, no nos queda más remedio que tener paciencia. Seguiremos madrugando para pasear con Coco, buscando cualquier sombra que nos regale unos minutos de alivio y soñando con ese primer día en que podamos abrir la ventana y entre una brisa fresca.

Estoy segura de que cuando llegue esa lluvia tan esperada, cuando podamos respirar sin sentir que el aire quema, la disfrutaremos mucho más porque sabremos valorar lo que hoy tanto echamos de menos.

Así que, de momento, solo puedo pedir una cosa con una sonrisa:

¡Por favor, que alguien apague ya ese secador! Un poquito de fresquito tampoco vendría nada mal.

¿Y vosotros? ¿Cómo estáis llevando este verano tan caluroso? Os leo encantada en los comentarios.



Buen día, mundo


Hoy me he levantado con el ánimo arriba, de esos días en que hasta el café parece que me mira y dice: “a ver si hoy estás contenta de verdad”. Y sí, lo estoy. No sé ni de dónde me viene, pero hoy me siento con ganas de sonreír.

A veces una quisiera ser siempre “normalita”, sin tantos líos en la cabeza… pero oye, la vida no es así. Y mientras tanto, yo me pongo mi mejor traje: el de la fuerza y la alegría. No porque me crea más que nadie, sino porque a veces hay que plantarle cara a lo que una siente y decir: “hoy no vas a poder conmigo”.

Eso sí, aviso: el que se cruce conmigo hoy, que venga preparado, que igual le suelto alguna frase con más altura que una torre. Pero nada, que esto se me pasa pronto. Al final siempre me quedo con lo que nunca falla: la risa.

Y eso, que hoy vengo con ganas de repartir un puñado de besos y un buen café ☕



Mil gracias por tu visita!

Si te gusta lo que escribo, puedes invitarme a un café haciendo clip aquí https://buymeacoffee.com/elrincondeamalia




jueves, 16 de julio de 2026

No se puede ser valiente sin sentir primero el miedo


Dicen que la valentía es no tener miedo. Pero la verdad es otra: no se puede ser valiente sin sentir primero el miedo. Y yo lo sé muy bien.

A lo largo de mi vida he pasado por momentos que dan vértigo solo de recordarlos. He pasado por quirófano, he enfrentado pérdidas que parecían imposibles de sobrellevar, he sentido cómo el miedo se apoderaba de mí en un instante. Pero también he aprendido algo muy importante: el miedo no es enemigo, es señal de que algo merece todo nuestro coraje.

He llorado, he dudado, he sentido incertidumbre… y aún así, he seguido adelante. Cada paso, por pequeño que parezca, ha sido un acto de valentía. Porque valentía no es lanzarse sin pensar; valentía es tomar aire, mirar al miedo a los ojos y decir: “voy a hacerlo de todas formas”.

Hoy miro atrás y veo que todas esas experiencias me han hecho más fuerte y más consciente de la vida, de su fragilidad y de su belleza. Me han enseñado a valorar la salud, los abrazos, los momentos sencillos, las risas compartidas, y también a apreciar la resiliencia que habita en mí.

A veces me río de mí misma, porque la vida me ha puesto pruebas difíciles y aquí estoy, con ganas de vivir y de disfrutar cada instante. Y eso es valentía: seguir viviendo con amor y con ganas, aunque el miedo siga ahí, recordándome que estoy viva.

Si alguna vez sientes miedo, recuerda: eso no te hace débil, te hace humana. Y cada vez que das un paso adelante, incluso temblando, estás siendo valiente de verdad. La valentía no es ausencia de miedo, es sentirlo, abrazarlo y avanzar de todas formas.

Así que hoy, te invito a que mires tus miedos con respeto y con amor, y que encuentres en ellos la señal de tu propio coraje. Porque si yo, con todo lo que he vivido, sigo aquí, riéndome, creando, compartiendo y soñando… tú también puedes.

✨ No se puede ser valiente sin sentir primero el miedo. Pero cuando lo sientes y sigues adelante… ahí es cuando descubres tu luz. ✨


Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.

miércoles, 15 de julio de 2026

Un apaño bonito llamado vida


Yo no vengo hecha de una sola pieza.
Ni falta que me hace.
Soy un apaño bonito, cosido a ratos, con paciencia y con lo que había.
Hay personas que llegaron
y se quedaron a vivir.
Otras pasaron solo de visita y aun así dejaron huella (de esas que no se ven, pero pesan).
He querido mucho.
Y también he perdido.
Hay nombres que ya no se dicen en voz alta pero que siguen sentándose conmigo
cuando la casa se queda en silencio.
Ahora la vida es más tranquila.
A veces demasiado.
Borja está lejos, siguiendo su camino, y yo lo miro con orgullo y con ese pellizquito que solo entienden las madres.
En casa no estoy sola del todo.
Coco anda siempre cerca, como si supiera que su misión es acompañar sin hacer preguntas.
Él no cose, pero vigila las puntadas.
Me he ido haciendo mayor no por los años, sino por todo lo que he aprendido a soltar y por lo que he decidido guardar.
Hay tardes en las que la nostalgia se sienta conmigo, pero ya no me asusta.
Le hago un sitio, le sirvo un café y la dejo estar.
Porque también he aprendido que la soledad
no siempre es ausencia: a veces es paz, otras es recuerdo, y muchas es amor que ha cambiado de forma.
Y lo bonito de todo esto es saber que no estoy terminada.
Que aún queda tela.
Que aún habrá nuevos retazos, nuevas personas,
nuevas historias que coser al alma.
Ojalá yo también vaya dejando pedacitos de mí por el camino:
un gesto, una palabra, una calma.
Y que cuando mire mi vida entera no vea una obra perfecta, sino una historia verdadera.
Hecha a mano.
Con amor.
Y con todo lo vivido.
🧵🤍


Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.

martes, 14 de julio de 2026

Somos el tiempo que nos queda


Hay frases que no vienen a impresionar.
Vienen a quedarse.

Somos el tiempo que nos queda.

No lo que ya pasó.
No lo que algún día haremos.
No lo que quedó pendiente.

Somos este ahora.

La vida, con los años, va enseñando sin pedir permiso.
Te enseña a perder.
A atravesar miedos.
A despedirte de personas que siguen viviendo dentro de ti.
A continuar incluso cuando no sabes muy bien de dónde sacas la fuerza.

Y aun así, aquí estás.

Respirando.
Sintiendo.
Viviendo.

Somos el tiempo que nos queda.
Y eso cambia la manera de mirar.
De escuchar.
De estar.

Deja de importar tanto lo que falta y empieza a importar lo que hay.

Este día.
Este cuerpo que sigue.
Este corazón que, a su manera, ha aprendido.

No es poco.
Es suficiente.

Y mientras estemos aquí, aunque sea despacio,
aunque sea en silencio, vivir ya es un regalo.





Hoy hemos viajado a Venezuela sin salir de casa

  Hay días que no necesitan grandes viajes ni grandes planes para convertirse en inolvidables. Hoy ha sido uno de ellos. Nos hemos reunido...