Esta mañana he salido de casa tan contenta.
Domingo, buen día, mi Coco y yo preparados para dar nuestro paseíto… y yo pensando que volveríamos tranquilamente a casa después de disfrutar un poquito de la mañana.
¡Ay, Amalia, qué inocente eres! 😂
Porque mi pequeñín Coco hoy se ha levantado con una misión muy clara:
Ladrarle a todos los perros que se cruzaran en nuestro camino.
Y cuando digo a todos, es a todos.
Grandes, pequeños, tranquilos, nerviosos… ¡le daba igual!
Perro que aparecía, perro que recibía su correspondiente concierto. 🐩
Yo intentando sujetar la correa, él tirando para un lado, luego para el otro, yo pendiente de no perder el equilibrio y, mientras tanto, pensando:
"Pero Coco, hijo mío… ¿qué te han hecho los perros del mundo para que les tengas tanta manía?"
Porque este perro mío no tiene ni un amigo perruno.
¡Ni uno!
Y mira que algunos se acercan con toda la buena intención del mundo, pero él parece decir:
"Tú, ni te acerques, que te monto aquí mismo la serenata."
Y claro, una sale a pasear para relajarse y termina volviendo a casa agotada, estresada y con ganas de quitarse los zapatos y sentarse.
Y eso que el paseo de hoy ha sido cortito.
Entre los ladridos, los tirones, recoger la caca, echar agua donde hace pipí y el calor que hacía… yo ya he dicho:
"Coco, se acabó. Nos vamos para casa."
Y aquí estamos.
Yo intentando recuperar la tranquilidad y él tan feliz, mirándome con esa carita de angelito que pone después de haberme hecho sudar la gota gorda.
Y me mira como diciendo:
«¿Qué? ¿He hecho algo mal?» 🥺
¡Pues sí, señorito!
Hoy te has portado regular.
Pero bueno… eres mi pequeñín y te quiero con locura, incluso cuando decides convertir un tranquilo paseo de domingo en una prueba de paciencia.
Mañana será otro día.
Y quién sabe… quizá mañana aparezca un perro y Coco decida que, por fin, quiere tener un amigo.
Aunque viendo el panorama…
¡Me parece que voy a esperar sentada!
Siempre hay un motivo para sonreír.
El Rincón de Amalia 🌷






