El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 31 de octubre de 2026

«Qué suerte la mía haber sido tu hija». ❤️


Hay ausencias que no se acostumbran. Una aprende a vivir con ellas, a seguir caminando, a sonreír, a llenar los días de cosas que hacer. Pero, de vez en cuando, el corazón nos recuerda que hay alguien a quien seguimos buscando, aunque sepamos que ya no podemos encontrarla como antes.

El 31 de octubre hace catorce años que mi mamá se fue al cielo.

Catorce años sin ella. Y, sin embargo, hay días en los que parece que fue ayer cuando podía acercarme a su lado, hablar con ella, discutir por cualquier tontería y, al rato, volver a sentir que allí estaba mi madre, pendiente de mí.

Porque mi mamá era así. Siempre estaba atenta, siempre dispuesta a ayudarme, siempre buscando la manera de hacerme la vida un poquito más fácil. Me cuidaba muchísimo. Era de esas madres que no necesitaban grandes discursos para demostrar su amor, porque lo demostraban cada día, con sus manos y con sus pequeños detalles.

Era buenísima. Para mí, la mejor madre del mundo.

Y sí, también discutíamos. ¡Como tantas madres e hijas! Porque querernos no significaba estar siempre de acuerdo. Pero hoy, cuando miro hacia atrás, daría lo que fuera por poder tener una de aquellas conversaciones con ella, incluso por volver a discutir por alguna tontería. ¡Quién me iba a decir entonces que algún día echaría tanto de menos hasta esos momentos!

Mi madre cosía. Siempre tenía algo entre las manos, alguna prenda que arreglar, algún descosido que remendar, alguna cosa que podía dejar como nueva.

Y aquí viene una de esas pequeñas cosas que para mí son enormes.

Todavía conservo su caja de costura.

Han pasado catrce años y no me he desprendido de ella. Porque cuando la toco, cuando la miro, siento algo muy difícil de explicar. Es como si volviera a estar sentada a su lado, acompañándola mientras cosía. Como si, por un instante, pudiera acercarme a aquel tiempo en el que ella estaba aquí y yo todavía podía disfrutar de su presencia.

Para cualquiera puede ser una caja de costura. Para mí es mucho más. Es un recuerdo vivo de sus manos, de sus cuidados y de aquella mujer que siempre encontraba la manera de arreglarme las cosas.

Ojalá pudiera arreglar también esta ausencia, mamá.

Ojalá pudiera sentarme contigo un ratito, contarte mis cosas, escuchar tu voz y apoyar la cabeza en tu hombro. Ojalá pudiera darte uno de esos abrazos que no necesitan palabras, porque en ellos cabe todo lo que sentimos.

Hay algo que me está pasando con los años y que a veces ni yo misma sé explicar.

Te necesito más, mamá.

Pensaba que el tiempo me enseñaría a echarte menos de menos, pero hay momentos en los que siento justo lo contrario. Ahora que me voy haciendo mayor, noto más tu falta. Me gustaría tenerte cerca, sentir que puedo acudir a ti, volver a ser aquella hija que tenía a su madre pendiente de ella.

Porque una puede crecer, cumplir años, aprender a resolver los problemas y seguir adelante con la vida. Pero nunca deja de ser hija.

Y hay días en los que una no necesita consejos ni soluciones. Solo necesita a su madre.

Necesita sus brazos, su calor, su manera de mirar, esa tranquilidad que daba saber que había alguien que se preocupaba por ti de una forma única.

Hoy, mamá, no puedo abrazarte como quisiera. No puedo coger el teléfono y llamarte, ni sentarme contigo mientras coses alguna cosa. Pero tengo tus recuerdos, tengo tu caja de costura y tengo todo ese amor que me diste y que sigue formando parte de mí.

No sé si desde el cielo puedes verme. Me gusta pensar que sí, que de alguna manera sigues cerca, acompañándome en este camino.

Y si pudiera pedirte una sola cosa, no te pediría nada material. Te pediría un abrazo. Uno de esos abrazos tuyos, largos, de los que hacen que el mundo se detenga un momento y que todos los problemas parezcan un poquito más pequeños.

Solo uno, mamá. Aunque después tuviera que volver a despedirme.

El 31 de octubre se cumplirán catorce años desde que te marchaste, pero no hay calendario capaz de medir el amor de una hija por su madre.

Te llevo conmigo en mis recuerdos, en las pequeñas cosas que conservo y en ese rincón de mi corazón donde siempre tendrás tu sitio.

Y cuando acaricio tu caja de costura, me gusta imaginar que vuelvo a sentarme a tu lado, que tú sigues con tus labores y que yo estoy allí, cerquita de ti, como tantas veces.

Catorce años sin tus manos, mamá. Catorce años sin tu voz. Y todavía con las mismas ganas de abrazarte.

Te quiero, mamá. Te quise ayer, te quiero hoy y te querré mientras viva.

Tu hija, que sigue necesitándote y que nunca te olvidará. ❤️

Siempre hay un motivo para sonreír, aunque haya amores que nos hagan llorar cada vez que los recordamos.

El Rincón de Amalia



viernes, 30 de octubre de 2026

Hoy es mi día: ¡hasta yo me aplaudo!


¡Buenos días, mis queridas amigas de mi rincón!

Madre mía, ¡qué día llevo! Si es que hoy no he parado ni un momento. He tenido invitados a comer y me he metido en la cocina dispuesta a darles de comer como Dios manda.

He preparado mole mexicano, que ya sabéis que la cocina también sirve para viajar sin necesidad de hacer la maleta. Después, unos huevos rellenos de champiñones con bechamel, que estaban buenísimos. Hemos abierto una botellita de vino, hemos comido a gusto y, como estamos en tiempo de panellets, pues también he comprado unos cuantos para endulzarnos la vida.

Y por si fuera poco, ¡también he hecho dulce de membrillo!

Vamos, que si me descuido, me dan el diploma de cocinera, repostera y encargada general de acontecimientos gastronómicos. ¡JAJAJAJA!

He disfrutado de la comida, de la compañía y de esas pequeñas cosas que hacen que un día normal se convierta en un día especial.

Pero esperad, que todavía no os he contado lo mejor.

Cuando ya se ha terminado todo y he vuelto a mis cosas, me ha dado por mirar las estadísticas del blog. Y aquí empieza mi espectáculo particular.

Ayer vi 3.334 visitas. ¡Tres mil trescientas treinta y cuatro! Hoy he entrado y he visto más de dos mil. Luego he vuelto a mirar y había subido un poquito más. Después he vuelto otra vez… ¡y seguía subiendo!

¡Pero si estoy que me salgo! 😂

No sé si os podéis imaginar la escena: yo, tranquilamente en casa, delante del ordenador, mirando los numeritos y emocionándome como una niña con zapatos nuevos.

Y entonces me sale esa Amalia que llevo dentro, la que no necesita que nadie le organice una fiesta para montársela ella solita.

Me aplaudo y me digo:

«¡Tú vales mucho, mujer! ¡Mira todo lo que estás haciendo!»

Y me quedo tan a gusto. Porque sí, amigas, a veces también necesitamos felicitarnos nosotras mismas. No por creernos más que nadie, sino porque sabemos el cariño, el tiempo y la ilusión que ponemos en las cosas que hacemos.

Este blog es una parte de mí. Aquí comparto mis ocurrencias, mis reflexiones, mis aventuras con Coco y esas historias que unas veces os hacen reír y otras quizá os hacen pensar un poquito.

No sé quién entra, quién me lee hasta el final ni qué siente cada persona cuando pasa por mi rincón. Las estadísticas cuentan visitas, no necesariamente personas distintas, pero cada vez que veo esos números me entra una alegría que no os podéis imaginar.

Y no, no estoy diciendo que sea famosa. ¡Que todavía no me paran por la calle para pedirme un autógrafo! Aunque, tal como voy, cualquier día me veo firmando panellets. ¡JAJAJAJA!

Lo que quiero decir es que me hace ilusión comprobar que mi pequeño rincón sigue recibiendo visitas. Que yo escribo desde mi ordenador, con mis palabras, a mi manera, y que detrás de cada entrada hay un poquito de mí.

Hoy he tenido una buena comida, buena compañía, la cocina llena de cosas ricas y un montón de motivos para sonreír. Y ahora, para terminar el día, me llevo otra alegría mirando el blog.

¿Se puede pedir más?

Yo creo que no. Bueno, sí: que mañana sea otro día bonito y que sigamos teniendo salud, ilusión y ganas de hacer cosas.

Así que hoy me voy a la cama con una sonrisa y con una frase que quiero compartir con vosotras:

No esperes siempre a que los demás te digan lo que vales. Aprende también a reconocerte tú misma.

Si has hecho algo con cariño, si has conseguido algo que te hacía ilusión o si simplemente has superado un día difícil, date una palmadita en la espalda. ¡Y si te apetece, aplaude también! Que no hace falta tener público para celebrar las pequeñas victorias.

Yo hoy me aplaudo. Por mi comida, por mi blog, por mis ganas de seguir haciendo cosas y por esa alegría que me entra cada vez que miro las estadísticas.

¡Que estoy que no paro, amigas mías!

Y vosotras, ¿también os dais alguna vez una palmadita en la espalda cuando conseguís algo que os hace ilusión?

Contádmelo, que ya sabéis que soy una cotilla de mucho cuidado. 😂

Siempre hay un motivo para sonreír. 🧡

Un abrazo enorme de vuestra amiga,

Amalia

El Rincón de Amalia



jueves, 29 de octubre de 2026

¡Universo, que ya he vuelto, pero mi cabeza sigue de vacaciones! 😂🌴


¡Ay, Universo de mi vida, ya estoy de vuelta en casa! He disfrutado de unos días estupendos en Sant Salvador, he cambiado de aires, he respirado tranquilidad y he cargado las pilas. Pero, mira tú por dónde, en cuanto he vuelto y he puesto los pies en casa, ¡ya me están entrando ganas de preparar la próxima escapadita!

¡Universo, hijo mío, tú no te lo tomes a mal, pero a ver si te estiras un poquito y me mandas unos cuantos billetitos! 😂 Que yo no pido mucho, ¿eh? Bueno, depende de cómo se mire, porque si me preguntas dónde quiero ir, ¡me salen destinos hasta debajo de las piedras!

Ya me estoy imaginando otra vez frente al mar, con los pies en la arena, la brisita acariciándome la cara y esa tranquilidad que te hace olvidar hasta el día de la semana. Sin prisas, sin mirar el reloj y sin más preocupación que decidir si me tomo un cafelito mirando las olas o me quedo otro ratito escuchando el sonido del mar.

¡Ay, Universo, que una ya tiene una edad para saber lo que quiere! Y yo quiero disfrutar, conocer rinconcitos bonitos, reírme, pasear todo lo que mis piernas me permitan y guardar recuerdos de esos que después te sacan una sonrisa cuando estás sentada tranquilamente en casa.

Eso sí, tampoco te voy a poner las cosas demasiado difíciles. Si no hay para grandes viajes, nos apañamos con una escapadita cerquita. Y si toca quedarse en casa, pues aquí me tienes, con mi cafelito, mis cositas y la imaginación preparada para viajar sin pagar ni un euro de alojamiento. ¡Que para soñar todavía no me han puesto impuestos! 😂

Porque, queridas amigas de mi rincón, yo cada día tengo más claro que la vida está para disfrutarla. Que no hace falta tener una fortuna para ser feliz, pero que tampoco está de más que, de vez en cuando, nos llegue una alegría económica que nos permita cumplir algún caprichito.

Y yo, por si acaso, voy a seguir agradeciendo todo lo bueno que tengo, cada día vivido, cada persona querida, cada momento de paz y cada oportunidad de sonreír. Porque la gratitud no está reñida con los sueños. Una puede dar gracias por lo que tiene y, al mismo tiempo, pedirle al Universo que le siga abriendo caminos bonitos.

Así que, querido Universo, que eres Dios para mí, aquí está tu amiga Amalia, con el corazón agradecido, una sonrisa en la cara y unas ganas tremendas de seguir disfrutando de la vida.

¡Tú mándame las bendiciones y, si vienen acompañadas de unos cuantos billetazos, tampoco te voy a decir que no! Eso sí, que me pillen peinada, perfumada y con la maleta a mano. ¡Que yo para las vacaciones me organizo en un santiamén! 😂🧳

Y vosotras, mis queridas amigas, ¿sois de las que vuelven de vacaciones y ya están pensando en las siguientes, o sois más de deshacer la maleta y descansar del descanso?

¡Contadme, que aquí nos gusta soñar juntas!

Y recordad siempre: agradecer lo que tenemos, disfrutar de lo que vivimos y seguir soñando con lo que está por venir.

Porque la vida es un regalo, mis queridas amigas, y mientras tengamos ilusión y ganas de sonreír, siempre habrá un motivo para seguir soñando bonito.

¡Un abrazo enorme, lleno de cariño, alegría y buenos deseos para todas!

Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️🌷



miércoles, 28 de octubre de 2026

Si pudiera volver por un instante…


Si pudiera volver atrás por un solo instante, no cambiaría mi historia, porque todo lo vivido forma parte de la mujer que soy hoy. Pero, ¡ay, madre mía!, cómo me gustaría volver a abrazar a algunas de las personas que ya no están conmigo.

Me sentaría otra vez a la mesa con mi familia, escucharía aquellas historias que quizá un día me parecieron repetidas y disfrutaría un poquito más de esas tardes que parecían no tener final. Daría algún que otro abrazo más, diría algún «te quiero» que se me quedó dentro y prestaría más atención a esos pequeños momentos que, sin darnos cuenta, se convierten en tesoros.

Porque una va por la vida con las prisas, pensando que mañana habrá otra oportunidad, otra comida juntos, otra conversación, otra tarde para compartir… Y resulta que el tiempo, que no pide permiso ni espera a nadie, va pasando y nos deja recuerdos en el corazón.

Con los años he aprendido que la felicidad no siempre viene envuelta en grandes regalos ni aparece cuando conseguimos todo lo que queremos. Muchas veces está en un café compartido, una charla sin mirar el reloj, una risa tonta por cualquier ocurrencia o un abrazo de esos que te hacen sentir que estás en casa.

Y mira que somos complicados los humanos, ¿eh? A veces buscamos la felicidad tan lejos que no nos damos cuenta de que la tenemos sentada a nuestro lado.

No puedo volver atrás, por mucho que me gustaría en algunos momentos. Lo que sí puedo hacer es mirar mi historia con cariño, agradecer lo bueno que tuve y guardar en mi corazón a quienes dejaron una huella imborrable en mi vida. También aceptar que hubo días difíciles, porque no todo fue de color de rosa, ¡que a mí también me ha tocado bailar con alguna que otra piedra en el camino!

Pero aquí sigo, con mis años, mis recuerdos, mis cicatrices y mis ganas de disfrutar de lo que todavía está por venir.

Porque la vida no se ha terminado, amigas mías. Todavía quedan conversaciones, risas, lugares por descubrir, personas bonitas por conocer y pequeños regalos que nos pueden alegrar el día. A veces basta con abrir la ventana, respirar hondo, mirar al cielo y decir: «¡Anda, qué bonito está el día!».

Así que no esperemos a echar de menos las cosas para darles importancia. Abracemos hoy, digamos hoy lo que sentimos, disfrutemos hoy de quienes tenemos cerca y no dejemos siempre la felicidad para mañana.

Y si alguna vez nos visita la nostalgia, que nos encuentre con una sonrisa y el corazón lleno de recuerdos bonitos. Porque quienes formaron parte de nuestra vida siguen teniendo un rinconcito en nosotros, y eso nadie nos lo puede quitar.

Yo no puedo regresar al pasado, pero puedo hacer que el presente merezca la pena. Y tú, amiga mía, también puedes hacerlo.

¡Que no se nos olvide vivir, disfrutar y encontrar motivos para sonreír, que la vida sigue y todavía nos quedan muchos momentos bonitos por estrenar!

Un abrazo enorme de vuestra amiga Amalia.

Siempre hay un motivo para sonreír. 🧡



martes, 27 de octubre de 2026

💗 Las migajas del alma: cuando necesitamos cariño y no sabemos pedirlo


Buenos días, mis queridas amigas de mi rincón. 

Hoy vengo a hablaros de algo que no se compra en la farmacia, que no viene en una cajita ni tiene prospecto, pero que, cuando nos falta, nos puede dejar el corazón hecho un higo.

Yo las llamo las migajas del alma.

Sí, amigas mías, esas poquitas muestras de cariño que a veces esperamos en silencio, sin atrevernos a decir cuánto las necesitamos.

Porque hay días en los que nos duele todo. Nos duelen los pies, la espalda, las rodillas, la cabeza… ¡y hasta levantarnos de la cama parece una oposición de las difíciles! 

Y pensamos que será el cansancio, que serán los años, que tendremos el cuerpo como para llevarlo al taller y que le hagan una buena revisión.

Pero ¿y si, además del cuerpo, también nos estuviera doliendo un poquito el alma?

¿Y si lo que necesitáramos no fuera una pastilla, sino un abrazo? ¿Una llamada? ¿Un simple mensaje que dijera: «Hola, cariño, me he acordado de ti. ¿Cómo estás?».

Y no vale preguntar cómo estamos mientras ya estamos buscando las llaves para salir corriendo, ¿eh? ¡Que nos conocemos!  A veces necesitamos que alguien se siente un ratito, nos mire a los ojos y tenga ganas de escuchar lo que tenemos que contar.

Porque una cosa es estar sola y otra muy distinta es sentirse sola. Y esa segunda, amigas mías, puede doler incluso cuando tenemos gente alrededor.

A veces nos cuesta reconocerlo. Nos da vergüenza decir que echamos de menos una caricia, una conversación sin prisas, una visita inesperada o que alguien se acuerde de nosotras porque sí, sin que haya un cumpleaños, una celebración o una desgracia de por medio.

Y entonces ocurre algo curioso.

Basta con que digamos que nos duele algo, que hemos pasado mala noche o que no nos encontramos bien, para que aparezcan las llamadas, las preguntas y las preocupaciones.

Y claro que se agradece. ¡Faltaría más! Qué bonito es que alguien se preocupe por nosotras cuando estamos mal.

Pero, queridas amigas, ¿sabéis lo que también es bonito?

Que nos llamen cuando estamos estupendamente. Que nos busquen para tomar un café, para echar unas risas, para contarnos un chisme de esos que empiezan con un «no te vas a creer lo que me ha pasado»… ¡y que nos den las tantas hablando! 

Que alguien quiera compartir nuestro tiempo cuando no necesitamos que nos cuiden, sino simplemente que nos quieran.

Porque no queremos que nos atiendan solamente cuando el cuerpo se nos quiebra; también necesitamos que alguien nos cuide el corazón.

Y, sin darnos cuenta, algunas empezamos a conformarnos con muy poquito.

Un mensajito nos alegra el día. Una llamada de dos minutos nos deja una sonrisa para toda la tarde. Una palabra cariñosa nos parece un tesoro, porque hacía tanto tiempo que no escuchábamos algo bonito que la guardamos como quien guarda una joya.

Y no está mal alegrarse por esos pequeños detalles. ¡Claro que no! El cariño también vive en las cosas pequeñas.

Lo triste es cuando nos acostumbramos a recibir tan poco que dejamos de recordar cuánto merecemos.

Porque una cosa es disfrutar de un detalle y otra muy distinta vivir esperando las sobras del cariño de los demás.

Nosotras no hemos venido a este mundo a mendigar amor, amigas mías.

No somos pesadas por querer hablar. No somos egoístas por necesitar compañía. No somos débiles por echar de menos un abrazo.

Somos personas. Tenemos sentimientos, recuerdos, preocupaciones y un corazón que, aunque a veces se haga el valiente, también necesita sentirse querido.

Y no, no tenemos que esperar a estar enfermas para decir que necesitamos a alguien. No hace falta que nos duela hasta el último pelo para reconocer que estamos pasando una mala racha.

Si echamos de menos a alguien, podemos decírselo. Si necesitamos compañía, podemos pedirla. Si hay una persona con la que nos sentimos bien, podemos dar el primer paso y proponerle ese café pendiente.

¡Que tampoco se nos van a caer los anillos por llamar nosotras primero! 

Pero hay algo que no debemos olvidar: dar el primer paso no significa tener que perseguir eternamente a quien nunca encuentra un ratito para nosotras. El cariño se ofrece, se comparte y se cuida entre dos. Y nosotras también merecemos relaciones en las que nos sintamos queridas y tenidas en cuenta.

Así que hoy os propongo una cosita.

Vamos a dejar de esconder lo que sentimos detrás de un «estoy bien» cuando, en realidad, necesitamos desahogarnos. Vamos a permitirnos decir «hoy necesito un abrazo» sin sentir vergüenza. Y vamos a cuidar también a esas personas que tenemos cerca, porque quizá ellas estén esperando las mismas migajas que esperamos nosotras.

A veces, una llamada nuestra puede alegrarle el día a alguien que lleva horas mirando el teléfono.

Y, por favor, amigas, no olvidemos una cosa importante: si nos duele el cuerpo, vamos a cuidarlo como se merece y a buscar atención médica cuando haga falta. El dolor físico no hay que quitarle importancia. Pero tampoco dejemos de escuchar lo que sentimos por dentro.

Porque hay dolores que necesitan atención médica y hay tristezas que necesitan compañía. Y podemos necesitar ambas cosas al mismo tiempo.

Yo quiero que nos quieran cuando estemos tristes, cuando estemos enfermas, cuando tengamos un día torcido y cuando no tengamos ganas ni de peinarnos.

Pero también quiero que nos quieran cuando estemos contentas, cuando nos riamos a carcajadas, cuando nos tomemos nuestro cafelito y cuando tengamos mil historias que contar.

Que no tengan que esperar a que nos falten las fuerzas para acordarse de que existimos.

Y si hoy eres tú quien está esperando una llamada, un abrazo o una palabra bonita, quiero que sepas algo: no tienes que avergonzarte de necesitar cariño. Tu corazón no está pidiendo demasiado por querer sentirse acompañado.

Porque tú no mereces solamente unas migajas de cariño. Mereces un lugar en el corazón de quienes te quieren, también en los días en los que no te pasa nada.

Y ahora, mis queridas amigas, os dejo una preguntita para que la pensemos juntas:

¿Cuántas veces hemos dicho «no me pasa nada» cuando, en realidad, lo único que necesitábamos era que alguien nos abrazara y nos dijera: «Estoy aquí»?

Os mando un abrazo de esos apretaditos, de los que no necesitan muchas palabras.

Y ya sabéis que, por aquí, en nuestro rinconcito, siempre hay una tacita de café preparada y un motivo para sonreír. ❤️☕

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷



lunes, 26 de octubre de 2026

QUIERO ENVEJECER CON DIGNIDAD, TRANQUILIDAD Y UNA SONRISA


Hay cosas en las que una empieza a pensar cuando va cumpliendo años. Y no, amigas mías, no estoy hablando de las arrugas, de las canas ni de si nos queda mejor el vestido rojo o el amarillo.  ¡Que una todavía tiene derecho a ponerse guapa y presumir un poquito!

Estoy hablando de algo mucho más importante: cómo queremos vivir nuestra vejez.

Yo tengo un hijo al que quiero con toda mi alma, pero también tengo muy claro que quiero seguir siendo dueña de mi vida mientras pueda. No quiero convertirme en una carga para él ni que sienta que tiene que dejar de vivir su propia vida para ocuparse de la mía.

Quiero que Borja haga su camino, que disfrute, que tenga sus ilusiones, sus proyectos y sus momentos felices. Y yo quiero seguir haciendo lo mismo con los míos. Porque el amor de una madre no consiste en tener a un hijo atado a sus faldas toda la vida. ¡Bastante trabajo tienen ya los pobres con organizarse ellos mismos! 

Por eso, mientras tenga fuerzas, quiero aprender a cuidarme, a resolver mis cosas y a depender lo menos posible de los demás. Quiero tener mis asuntos en orden, disfrutar de mi independencia y no vivir esperando que alguien venga a decirme qué tengo que hacer.

Tampoco quiero llegar a mayor con una libreta imaginaria de todas las cosas que hice por los demás, pasando factura por cada favor, cada desvelo o cada sacrificio. Lo que he dado, lo he dado porque me ha salido del corazón. Y lo que no recibí, por mucho que a veces me haya dolido, no quiero llevarlo a cuestas el resto de mi vida.

Quiero envejecer con el corazón ligero, no lleno de reproches.

Eso sí, amigas, ser independiente no significa que no necesitemos cariño. ¡Ni que nos tengan que encerrar en una torre para demostrar que podemos solas! Una cosa es saber cuidarse y otra muy distinta es no necesitar nunca un abrazo, una conversación o una mano amiga.

Yo también quiero sentirme querida, escuchada y acompañada. Quiero que las personas que estén a mi lado lo hagan porque les apetece compartir un ratito conmigo, no porque se sientan obligadas.

Y si algún día mis pasos se vuelven más lentos, mis manos tiemblan o necesito que alguien me ayude, ojalá esa ayuda llegue con cariño. Y si la vida me pone en esa situación, también quiero tener la humildad de aceptar que no siempre podremos hacerlo todo por nuestra cuenta.

Porque la dignidad no consiste en no necesitar jamás a nadie. Consiste también en saber aceptar una mano tendida sin dejar de ser una misma.

Mientras tanto, pienso seguir viviendo, aprendiendo, riendo, escribiendo mis cositas y disfrutando de las pequeñas alegrías que me regala cada día. Que para quedarse sentada esperando a que pasen los años, ¡todavía me queda mucha guerra que dar! 😂

No sé qué me traerá el futuro, y tampoco necesito tenerlo todo controlado. Lo que sí sé es que quiero vivir el presente con ilusión, cuidar de mí y dejar a las personas que quiero el recuerdo de una mujer que intentó vivir con libertad, cariño y alegría.

Y si algún día alguien recuerda una conversación conmigo, una sonrisa, una ocurrencia o uno de mis disparates, me encantará pensar que dejé algo bonito en su corazón.

Porque al final, amigas mías, no se trata de conseguir que nunca tengan que cuidarnos. Se trata de construir una vida en la que haya amor, respeto, libertad y comprensión, tanto para los demás como para nosotras mismas.

Yo quiero ser una madre que quiere sin atar, una mujer que se cuida sin aislarse y una persona que disfruta de la vida sin vivir con miedo al mañana.

Y ahora os pregunto una cosita: ¿vosotras también pensáis en cómo queréis vivir vuestra vejez? ¿Os preocupa depender de los demás o preferís disfrutar del presente sin adelantar acontecimientos?

Os leo, que ya sabéis que me encanta charlar con vosotras.

¡Un abrazo enorme, mis queridas amigas! Cuidaos mucho, quereros todavía más y no olvidéis que, mientras tengamos un día por delante, siempre podemos encontrar un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌻❤️



domingo, 25 de octubre de 2026

🍇 Si la vida te da uvas...


¡Buenos días, amigas de mi rincón! 

Seguro que más de una vez habéis escuchado ese famoso dicho que dice: «Si la vida te da limones, haz limonada». Una manera muy bonita de recordarnos que, cuando las cosas se ponen difíciles, siempre podemos intentar sacar algo bueno de ellas.

Pero esta mañana me he hecho una pregunta que me ha hecho sonreír: ¿Y si la vida no te da limones, sino uvas? ¿Qué hacemos entonces? 😂🍇

¡Pues, mujer, que no cunda el pánico! Que para eso tenemos imaginación.

Si la vida nos da uvas, podemos disfrutarlas una a una, sin prisas, saboreando cada momento bueno que se nos presente.

Si nos da un racimo bien hermoso, podemos compartirlo con esas personas que nos alegran la vida. Porque hay cosas que, cuando se comparten, saben mucho mejor.

Y si alguna uva nos sale un poquito pocha, tampoco vamos a tirar el racimo entero. ¡Que bastante tenemos ya con los problemas como para amargarnos también por una uva! 

¿Veis? A veces no se trata de cambiar lo que nos trae la vida, sino de aprender a mirarlo de otra manera.

Porque la vida no siempre nos da lo que esperamos. Hay días dulces, días agrios y días en los que una piensa: «¡Pero bueno, universo, ¿hoy qué te pasa conmigo?!». 

Pero incluso en los días más torcidos podemos encontrar una pequeña alegría: una conversación agradable, una llamada inesperada, un paseo al sol, una canción que nos trae buenos recuerdos o una sonrisa compartida.

Y es que, amigas mías, no necesitamos tener una vida perfecta para disfrutar de ella. Necesitamos aprender a valorar esos pequeños momentos que, sin hacer ruido, nos alegran el corazón.

Así que, si hoy la vida te da limones, haz limonada; si te da uvas, disfrútalas, compártelas o busca la manera de aprovecharlas. Y si no te da ninguna fruta, ¡pues te preparas un cafelito y te sientas a pensar qué vas a hacer con tu día! ☕

Lo importante es no perder las ganas de vivir, la ilusión por las cosas sencillas y ese sentido del humor que tantas veces nos ayuda a seguir adelante.

Porque, al final, no siempre podemos elegir lo que nos trae la vida, pero sí podemos intentar encontrar algún motivo para sonreír.

Un abrazo enorme, amigas de mi rincón. Que hoy tengáis un día bonito, de esos que alimentan el alma y nos recuerdan que la felicidad también se esconde en las cosas más pequeñas.

¡Y no os olvidéis de sonreír, que siempre hay un motivo para hacerlo! ❤️🌻

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír.



«Qué suerte la mía haber sido tu hija». ❤️

Hay ausencias que no se acostumbran. Una aprende a vivir con ellas, a seguir caminando, a sonreír, a llenar los días de cosas que hacer. Per...