El blog de Alma Buendía Soleado

miércoles, 17 de junio de 2026

El misterioso caso de las agujas desaparecidas

¡Buenas tardes a todos los amigos de mi rincón!

Hoy os escribo con una mezcla de emoción, muchas ganas y... ¡un poquito de frustración divertida! Ayer os contaba mis ataques de risa con el podcast, hoy la cosa va de manualidades, que ya sabéis que no puedo estarme quieta.

El otro día me di un capricho y me compré una lana preciosa: la Katia Cotton especial para hacer grannys. Me costó 40 euros, que no es precisamente un ovillo de saldo, pero es una maravilla de hilo, suave y con unos colores vivos de esos que a mí tanto me alegran la vista. Mi idea es hacerme un suéter de verano bien fresquito, de esos calados tipo túnica que quedan ideales para las tardes de calor. Tenía todo el plan pensado en mi cabeza.

Hoy, después de volver del veterinario con mi Coco (que se ha portado como un campeón en su revisión), me he dicho: "¡Venga, Amalia, ponte con el suéter!".

He ido toda decidida a buscar mis agujas de ganchillo... y aquí empieza el misterio. ¡No aparecen por ningún lado!

Os confieso que en mi casa tengo tantos trastos de trabajos manuales que a veces parece una tienda de artesanía. Entre las pinturas, los botes, los hilos y las montañas de telas que guardo para mis proyectos de patchwork, ¡cualquiera encuentra algo a la primera! Pero claro, ahora que tenía el ganchillo entre ceja y ceja, estas pillinas de agujas han decidido jugar al escondite conmigo. ¿Dónde se habrán metido?

Sé que terminarán saliendo del rincón menos pensado (probablemente cuando ya no las busque), pero mientras tanto, me toca armarme de paciencia y seguir revolviendo cajones. ¡La lana me está mirando desde la mesa y me da una envidia!

¿Y a vosotras? ¿También os pasa que cuando queréis empezar un proyecto os desaparecen las herramientas por arte de magia? ¿Dónde suele ser el sitio más raro donde habéis encontrado una aguja perdida? ¡Contadme en los comentarios, que necesito ideas para buscar!

Un abrazo enorme y feliz tarde a todos.



martes, 16 de junio de 2026

Entre pausas, suspiros... ¡y un ataque de risa!

¡Buenas tardes a todos los que os asomáis a mi rincón!

Me he presentado a un concurso literario, ya os lo conté en otra entrada.

Hasta aquí todo parece muy profesional. Escribí mi relato, lo corregí, lo revisé y quedé bastante contenta con el resultado. Pero resulta que, además del texto, tengo que enviar un podcast leyéndolo.

Y ahí empezó la comedia.

Durante el día no puedo grabar porque siempre hay algún ruido: coches, puertas, vecinos, algún perro que decide opinar sobre la vida... Así que espero a la noche, cuando todo está en silencio.

Entonces me siento muy seria delante de la grabadora. Coloco el texto. Respiro hondo. Pongo voz de escritora importante.

—"Aquella tarde..."

Y ya está.

A la segunda frase me entra la risa.

Porque de repente me escucho a mí misma haciendo pausas dramáticas, respetando las comas, los puntos suspensivos y poniendo una voz que me parece sacada de una novela de misterio.

Y me entra un ataque de risa.

Corto la grabación.

Vuelvo a empezar.

Y vuelvo a reírme.

Mi grabadora ya está llena de tomas falsas y Coco me mira con una expresión que parece decir:

"¿Pero qué le pasa hoy a esta mujer?"

"Mi humana lleva media hora diciendo la misma frase y luego se ríe sola. Algo raro está pasando aquí..."

Lo mejor es que escribir no me cuesta nada. Me siento delante del ordenador y las palabras salen solas. Pero escucharme leyendo mi propio relato es otra historia.

A estas alturas no sé si conseguiré grabarlo a la primera, a la décima o a la número cincuenta.

Lo que sí sé es que me lo estoy pasando   bomba.

Y pensándolo bien, eso también cuenta.

Porque a veces nos preocupamos tanto por hacerlo perfecto que olvidamos disfrutar del camino. Y yo, entre risas, pausas dramáticas y tomas falsas, me lo estoy pasando de maravilla.

Así que seguiré intentándolo.

Y si algún día consigo grabar el podcast entero sin reírme, prometo celebrarlo por todo lo alto.

Aunque, sinceramente, tampoco me importaría que quedara alguna risita por el camino.

Pase lo que pase, que me quiten lo bailao y lo que me estoy divirtiendo. Al fin y al cabo, ¿hay algo mejor que reírse de uno mismo?




jueves, 11 de junio de 2026

La puntita del pan



Hay placeres que no cuestan dinero, aunque valen una fortuna.

Uno de ellos es salir de la panadería con una barra de pan recién hecha y decirse a una misma: "No voy a tocarla hasta llegar a casa".

Y entonces llega el aroma.

Ese olor a pan calentito, a horno, a barrio, a cosas sencillas.

Miras la puntita.

La puntita te mira a ti.

Y la batalla está perdida.

Le das un mordisquito pequeño. Solo para probar.

Cinco pasos más adelante, otro.

Y cuando llegas a casa, descubres que la barra ya viene inaugurada.

Yo creo que las puntas del pan tienen vida propia. Nos llaman. Nos seducen. Nos convencen de que un trocito no cuenta.

Y quizás tengan razón.

Porque la felicidad muchas veces no está en las cosas grandes. Está en una conversación agradable, en un paseo tranquilo, en una sandía fresquita en verano, en un perro que mueve la cola cuando llegas a casa... o en una puntita de pan recién hecho que te acompaña por la calle.

Hoy he comprado una barra para mojar en la salsa de unos pies de cerdo.

La intención era llegar a casa con ella intacta.

La realidad fue otra.

Y no me arrepiento ni lo más mínimo.

Porque hay pequeños placeres que alimentan mucho más que el estómago.

Alimentan el alma.

Y la puntita del pan es uno de ellos.



miércoles, 10 de junio de 2026

Siempre hay un motivo para sonreír


Hoy es uno de esos días que me recuerdan el título de mi libro: Siempre hay un motivo para sonreír.

Y no, no se trata de un gran acontecimiento, ni de un viaje espectacular, ni de algo extraordinario. Se trata de algo mucho más sencillo y, precisamente por eso, mucho más bonito.

Hoy celebramos la Fiesta del Tomate.

Hace unos meses compré una tomatera y la cuidé con cariño. La regué, la observé crecer y esperé con paciencia. Y hoy, por fin, ha dado sus primeros tomates.

¿Son muchos? No. ¿Van a alimentar a medio barrio? Tampoco. Pero son mis tomates, nacidos en una simple maceta, y para mí son motivo más que suficiente para celebrar.

Porque yo siempre encuentro razones para celebrar la vida. Si llega un paquete, celebramos el día del paquete. Si cambio una silla de sitio, celebramos el cambio. Si sale el sol después de varios días nublados, celebramos el sol. Y si una tomatera da sus primeros frutos, entonces merece una fiesta por todo lo alto.

He invitado a mis amigas, esas amigas que no son familia de sangre, pero sí de corazón. Compartiremos una mesa sencilla, risas, conversación, un buen vermut, una copa de vino y, por supuesto, los protagonistas del día: los tomates de mi tomatera.

Después comeremos algo rico sin complicarnos demasiado la vida, porque las mejores reuniones no dependen del menú, sino de las personas que se sientan alrededor de la mesa.

Coco también estará presente, como siempre, formando parte de la celebración y recordándome que la felicidad suele caminar sobre cuatro patas.

A veces pensamos que para ser felices necesitamos grandes lujos, grandes viajes o grandes acontecimientos. Sin embargo, la vida me ha enseñado que la verdadera felicidad suele esconderse en los detalles más pequeños.

Hoy celebramos unos tomates.

Mañana será cualquier otra cosa.

Porque el verdadero motivo de celebración no está en los tomates, ni en la comida, ni en la fiesta.

El verdadero motivo es que estamos aquí.

Estamos vivos.

Podemos compartir una mesa, una conversación, una sonrisa y un día más.

Y mientras eso siga siendo así, siempre habrá algo que celebrar.

Hoy es la Fiesta del Tomate.

Y yo pienso disfrutarla como si fuera la mejor fiesta del mundo.

Cada día, al abrir los ojos, ya es una celebración.




"Si buscas motivos para quejarte, los encontrarás. Si buscas motivos para celebrar, también. Yo he decidido celebrar." 🍅🌞🐩❤️

domingo, 7 de junio de 2026

¿Viejas nosotras? ¡Anda ya! Una canción para nuestra generación






¡Hola a todas, mis queridas amigas del alma!

Hoy os escribo con el corazón lleno de música y con muchas ganas de compartir algo muy especial con todas vosotras, las compañeras de mi generación, las que habéis caminado a mi lado compartiendo risas, confidencias y un montón de batallas.

El otro día estuve inspirada y compuse una nueva canción. Se titula "¿Vieja yo? ¡Anda ya!", y está dedicada, de principio a fin, a todas nosotras. Con todo mi cariño y todo mi amor.

A veces la sociedad nos mira y se confunde. Ven hilos de plata en nuestras cabezas y líneas en nuestras caras, y se creen que el tiempo nos ha vencido. ¡Qué poco saben de la vida!

Por eso, en esta canción he querido cantar bien alto nuestra verdad:

  • Nuestras arrugas no son un defecto; son las marcas de haber reído a carcajadas, de haber llorado cuando tocaba, de haber abrazado fuerte... en definitiva, son el mapa de haber vivido intensamente.

  • Nuestras canas y cada mechón de pelo blanco no son un signo de vejez; son coronas de sabiduría. Cada uno de ellos demuestra la experiencia, el aprendizaje y la madurez que solo se consiguen con los años.

Así que, cuando alguien intente hacernos sentir que nuestro tiempo ya pasó, mirémonos al espejo, sonriamos con orgullo y gritemos bien alto: ¿Viejas nosotras? ¡Anda ya! Estamos más vivas que nunca, libres de cargas que no nos corresponden, sabias, fuertes y dispuestas a seguir disfrutando de cada bendito segundo (¡y si nos duele una rodilla, bailamos con la otra igual!).

Aquí os dejo el enlace a mi nueva canción. Espero que la escuchéis, que os sintáis tan orgullosas de vuestra historia como yo lo estoy de la mía, y que la cantéis conmigo a pleno pulmón.

¡Un abrazo enorme, y a seguir celebrando el viaje! 🎶💃✨



jueves, 4 de junio de 2026

Hoy no ha pasado nada extraordinario, pero he sido feliz.


Hoy no me ha pasado nada extraordinario.

No me ha tocado la lotería, no he hecho un viaje inolvidable ni ha ocurrido nada que vaya a cambiar el mundo. Ha sido un día sencillo, de esos que muchas veces pasan desapercibidos. Y, sin embargo, he sido feliz.

Esta mañana Coco y yo hemos dado nuestro paseo. Después hemos vuelto a casa, hemos comido tranquilamente y hemos seguido disfrutando del día sin prisas. Como el cielo estaba nublado y el ambiente invitaba a ello, nos hemos regalado una buena siesta. Coco, por supuesto, se tomó su trabajo muy en serio y hasta roncó un poquito.

Y mientras descansaba, pensé en algo importante: cuántas veces buscamos la felicidad en lugares lejanos sin darnos cuenta de que muchas veces ya está sentada a nuestro lado.

La felicidad puede ser un paseo tranquilo, una comida sencilla, una siesta en una tarde gris o la compañía de quien nos quiere. Puede ser la calma de saber que tenemos un techo que nos protege, comida en la mesa y personas que ocupan un lugar especial en nuestro corazón.

Vivimos en un mundo que nos empuja constantemente a querer más, a correr más y a conseguir más. Pero hay cosas que no se pueden comprar con dinero. La paz, la tranquilidad, el amor sincero, la compañía, la gratitud y la capacidad de disfrutar de un día corriente no tienen precio.

Hoy no ha pasado nada extraordinario, pero he tenido todo lo que realmente me importa.

Y quizá ahí esté el verdadero secreto de la felicidad: aprender a reconocer la riqueza que ya tenemos antes de seguir buscando tesoros en otra parte.

Porque algunos de los mejores días de nuestra vida no son los que hacen historia, sino los que llenan el corazón.





lunes, 25 de mayo de 2026

¡Voy a por todas!

Me he metido en un concurso… ¡y voy a por todas!

Pues sí, queridos míos.
Hoy he hecho una cosa que jamás pensé que haría hace unos años: presentarme a un concurso de escritura.

¡Y no con una cosa solo, no!
He mandado un microrrelato y también voy a presentar un relato más largo que todavía sigo retocando como si fuera una croqueta casera: ahora le quito una coma, ahora le pongo una frase, ahora leo en voz alta y digo:
“Esto suena muy fino… seguro que no lo he escrito yo.” Quiero ser tan buena escritora que busco palabras que yo nunca uso. Yo soy una mujer de 66 años y de pueblo. Así que voy a escribir el relato a mi estilo con palabras comunes y no con palabras que ni yo sé lo que significan.😄

Porque una cosa os digo: la historia es mía totalmente. Mis sentimientos, mis recuerdos y mis ideas son de cosecha propia. Lo único que necesito un poco de ayuda es con las comas, que esas van por libre y nunca sé dónde quieren vivir.

Y claro, yo pienso:
“Madre mía, la de gente preparada que se presentará…”

Periodistas.
Escritores.
Personas con carreras.
Gente que seguramente desayuna leyendo diccionarios.

Y luego estoy yo…
con Coco mirando qué hago, hablando sola por casa y escribiendo emociones mientras se me enfría el café.

Pero también os digo una cosa:
nadie puede contar mis historias como las cuento yo.

Así que aquí estoy, toda ilusionada, imaginándome ya entre los finalistas. Porque soñar es gratis y yo, cuando sueño, sueño a lo grande.

¿Y si gano?

Mira… no quiero adelantar acontecimientos, pero igual me pongo una temporadita insoportable, borde, creída y estupendamente feliz.😄

¡Olé yo!

Que ganar un premio de literatura no se gana todos los días, digo yo.

Y esperad… que todavía me queda otra aventura: hacer un podcast.

Sí, sí.
Un podcast.

Yo, que cada vez que intento grabarme hablando sola, me entra la risa y tengo que volver a empezar veinte veces.

Entre que me río, me equivoco y digo:
“Ay, otra vez no…” voy a necesitar más paciencia que un santo.

Pero lo voy a conseguir.

Porque últimamente me ha dado por hacer cosas que antes me daban miedo, vergüenza o respeto… y oye, resulta que todavía estoy muy viva para seguir inventándome ilusiones nuevas.

Y eso me encanta.

Así que deseadme suerte.
Y si un día me veis recogiendo un premio con Coco de representante oficial, no digáis que no os avisé.



El misterioso caso de las agujas desaparecidas

¡Buenas tardes a todos los amigos de mi rincón! Hoy os escribo con una mezcla de emoción, muchas ganas y... ¡un poquito de frustración diver...