El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 31 de marzo de 2026

Empleadas del turno de noche

Buenos días, mi gente maravillosa… hoy vengo con una confesión que no es ni bonita ni elegante… pero es real como la vida misma.

Hay una cosa que una descubre con los años, y nadie, nadie, te lo advierte cuando eres joven, lozana y duermes como un tronco: el cuerpo cambia… sí… pero no poco… cambia con mando a distancia… ¡y encima sin botón de apagar!

Y dentro de ese cuerpo tan apañado que tenemos… hay un órgano pequeñito, aparentemente inocente… que un día se levanta rebelde y dice:
“Hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora, mando yo”.

Sí, amigas… la vejiga.

Ese ser diminuto que antes ni sabías que existía… y ahora tiene más autoridad que nadie.

Porque tú te acuestas un sábado o un domingo… feliz de la vida, con una ilusión que no te la quita nadie:
“Mañana duermo… mañana no hay prisas… mañana me levanto cuando me dé la gana…”

Te colocas la almohada, te tapas bien, das ese suspiro de gusto… y caes en un sueño profundo, dulce, maravilloso…

Y justo cuando estás en lo mejor… cuando estás soñando que estás en una playa divina, con el pelo perfecto, Chayanne a tu lado, la vida resuelta…

¡ZAS!

Una voz interior… suave, pero con una autoridad que no admite réplica:
“Amalia… arriba.”

Y tú, con toda tu dignidad, haces lo que haría cualquier persona sensata: negociar.

“Un momentito… cinco minutos… si yo estoy bien… si no pasa nada…”

Te giras, te haces la dormida, te tapas más… incluso intentas convencerte a ti misma…

Pero no.

La vejiga no se va.

La vejiga se queda… calladita… esperando… como diciendo:
“Tú haz lo que quieras… pero aquí la que manda soy yo.”

Y claro… llega ese momento…
ese momento dramático…
ese momento en el que tú dices:

“Ya está… hasta aquí hemos llegado…”

Ese momento en el que sabes…
que no hay negociación posible…
que no hay dignidad que valga…
y que o te levantas…
o te levantas.

Y ahí vas…

A las tres de la mañana…
con los ojos medio cerrados…
el pelo como si hubiera pasado un huracán…
las pantuflas arrastrándose…

Caminando por el pasillo como alma en pena…
pero con un objetivo claro: llegar al baño.

Porque a estas alturas, una puede dejar la dieta, el gimnasio, hasta ordenar los cajones…

Pero lo que no se puede aplazar…
es una orden directa de la señora vejiga.

Eso no se negocia.
Eso no se discute.
Eso se obedece… y punto.

Así que si esta noche también habéis hecho la excursión nocturna… no os preocupéis…

No es que estemos mayores…

Es que hemos ascendido en la vida…

Ahora somos…

empleadas fijas del turno de noche… bajo la estricta dirección de la señora vejiga.

Y oye… dentro de lo que cabe…

¡ni tan mal… que seguimos llegando a tiempo! 😄



domingo, 29 de marzo de 2026

Domingo de Ramos, recuerdos que abrigan el alma

Hoy es Domingo de Ramos.
Y aunque los años pasen, hay días que se quedan grabados en el corazón para siempre.

Cuando yo era pequeña, mi madre siempre decía que en Domingo de Ramos había que estrenar. Qué ilusión… Mi hermana y yo, iguales, con nuestro vestidito nuevo, la palma en la mano, camino de la parroquia para bendecirla. Era un día especial, lleno de luz, de familia, de esos momentos que sin saberlo, se convierten en recuerdos eternos.

Hoy todo eso ha cambiado.
Ya no están mis padres, ya no está mi hermana… y tampoco estreno ropa ese día. La vida ha ido poniendo sus ausencias, sus silencios.

Pero ¿sabéis una cosa? Este día no se ha vuelto triste.

Hoy es distinto, sí… pero sigue teniendo su magia.

Hoy, con mi Coco, he salido a pasear. Me he ido a tomar unos churros con chocolate, invitada además, que eso siempre sabe mejor.

 Hoy también es 29 de marzo, el cumpleaños de mi hermana… y yo siento, muy dentro, que allá donde esté, lo estarán celebrando. Todos juntos.

Y yo, a mi manera, también lo he celebrado.

Porque la vida sigue, con sus cambios, con sus ausencias… pero también con sus pequeños momentos de felicidad. Un paseo, un café, una charla, el cariño de una amiga, el amor de un perrito.

Hace frío hoy, curioso para ser primavera. El viento se cuela, pero al sol se está bien. Como la vida misma… a veces sopla fuerte, pero siempre hay un rayito de calor que nos sostiene.

Hoy no estreno ropa.
Pero estreno otra cosa mucho más importante:
la capacidad de seguir disfrutando, de recordar sin tristeza, y de vivir con gratitud.

Feliz Domingo de Ramos.
Con recuerdos… y con vida. 💛



Mi paz no se negocia.


Hubo un tiempo en que mi estado de ánimo dependía de los demás, y me esforzaba por hacer felices a todos… hasta olvidarme de mí misma. Hoy, con 66 años de vida y aprendizajes, entiendo algo vital: si yo no soy feliz, si no me quiero y no me pongo en primer lugar, no puedo irradiar alegría verdadera a los demás.
He trazado un límite sagrado alrededor de mi energía. No permito que emociones bajas, ajenas o mías, tomen residencia permanente. Las observo, las dejo pasar y me reenfoco en tomar vuelo. 
No es que me haya vuelto mala; es que he aprendido que cuidarme y priorizar mi felicidad es el regalo más grande que puedo dar. Solté las cadenas y elegí estar bien. 
Cada día me recuerdo que no se trata de cerrar el corazón, sino de abrirlo desde la libertad y la claridad. Que mi alegría, mi serenidad y mi amor propio sean la semilla que inspire a los demás. Porque cuando me cuido y me respeto, cuando me pongo en primer lugar, descubro que puedo amar y acompañar con más fuerza, con más verdad y con más luz.
Hoy celebro mi paz, mi energía y mi capacidad de elegir mi bienestar. Y desde esa elección consciente, comparto felicidad, abrazos y sonrisas sin perderme en las expectativas ajenas.









lunes, 23 de marzo de 2026

"Imagina un mundo feliz”: mi canción para soñar




Hoy quiero contaros algo que me hace muchísima ilusión . He hecho una canción inspirada en Imagine, sí, esa de John Lennon que me encanta y que a veces me da ganas de llorar de bonita que es.

La canción habla de un mundo feliz, y eso es lo bonito: imaginar que todos los niños tengan escuela y comida, que la gente viva en paz, sin guerras ni peleas, y que nadie tenga envidia ni odio. ¡Uy! Sería tan bonito, tan bonito… 💛

Yo sé que no puedo cambiar el mundo entero yo sola, pero soy feliz teniendo el amor de mis dos personas más queridas, estamos sanos y tenemos buenos pensamientos. Con eso ya tengo bastante. Eso me hace sentir contenta y llena de esperanza, y eso sí que es maravilloso.

Quería compartirlo con vosotros, para que lo sintáis, lo imaginéis y soñéis conmigo. A veces soñar es gratis y tan bonito… 



Fin de semana en el Delta del Ebro: risas, barbacoa, parchís, arroz y aventuras con Coco

Este fin de semana nos escapamos Coco y yo con un grupo de amigos a una casa preciosa, con piscina (aunque no la pudimos usar porque el agua estaba fría), chimenea que sí que usamos todo el día y un ambiente que te hace sentir en otro mundo.

Coco vino con nosotros 🐶 y se portó de maravilla, como siempre, el rey de la casa. Y mimado muchísimo. Corría, exploraba y nos hacía reír todo el rato.

Hicimos barbacoas todas las noches: una de sardinas, otra de carne… y bueno, nos pusimos las botas, no os imagináis. Entre risas, música y charlas, los momentos fueron preciosos.

Y no podía faltar el parchís 🎲. ¡Ay, qué risas nos echamos! Cada uno intentando ganar con sus fichas, haciendo sus trampitas, y riéndonos cuando alguien “casi” se come al otro. Ja, ja, fue genial para pasar el tiempo dentro de la casa calentitos cerca de la chimenea.

Una de las aventuras más bonitas fue ir al Delta del Ebro. Allí fuimos a comer y nos pusimos las botas otra vez . Comimos ensalada, mejillones, arroz con todas las cosas peladitas, para que fuera más fácil de comer, y claro, bebimos vino 🍷. De postre, yo me tomé un menjat blanc, típico de la zona, que estaba delicioso. Y bueno… todo eso después pasa factura al estómago, ya os lo podéis imaginar .

También fuimos a comprar pescado y marisco vivo en un vivero 🐟🦐, sí, todo vivito, vivito, y luego dimos un paseo en barco por el delta. Hacía un frío que pelaba, pero la vista, el aire fresco y la sensación de paz lo compensaban todo.

Lo que más disfrutamos fue descansar y no hacer nada, escuchando música cerca de la chimenea, charlando, riéndonos, simplemente disfrutando del momento y de la compañía.

Bueno, como siempre que uno se relaja y disfruta… yo me pasé un poquito. Comí demasiado, probé pastas, mojito y vino… y mi estómago me lo recordó bien la última noche. Sí, sí, acabé vomitando un poquito, pero nada grave, eh. Solo consecuencias de haber disfrutado un montón.

Aun así, valió totalmente la pena. Amigos, música, comida deliciosa, partidas de parchís, Coco feliz corriendo por todos lados y el paisaje del delta… ¡un fin de semana inolvidable

Ahora ya en casa, cansada pero feliz, con el estómago un poquito revoltoso (ya me estoy tomando mi manzanilla con miel y limón, poquito a poco), recordando todas las risas y buenos momentos.

Y nada, así ha sido nuestro fin de semana largo: un poquito de caos, un poquito de exceso, pero mucho corazón y alegría





martes, 17 de marzo de 2026

La mano de Dios

Esta canción nació en un momento cualquiera… o quizá en uno muy especial.
Entre pensamientos, recuerdos y ese silencio que a veces acompaña.

La hice sin pensar demasiado, dejándome llevar…
y al final me di cuenta de que hablaba de mí.

De lo que duele, de lo que sana,
de la fe que sostiene y del amor que siempre vuelve.

Porque aunque a veces lo olvidemos,
nunca estamos solos.

Y hoy, con una sonrisa y alguna lagrimita,
me abrazo fuerte y doy gracias…
porque sigo aquí, sintiendo, viviendo y creyendo.





lunes, 16 de marzo de 2026

Nicolás, 93 años… y sus ilusiones felices



Y ya te digo desde el principio: es un hombre encantador.
Claro, a su edad repite mucho las cosas… pero yo siempre digo: a ver cómo estoy yo cuando tenga 93. Que con 66 ya me dice mi hijo que repito historias tres veces… así que cuando llegue a los 93, ¡seguro que ni me acuerdo de qué hablo!

Nicolás es muy cariñoso. Siempre que viene a verme me compra helados, le hace mil caricias a mi Coco y se queda charlando un ratito.

A mí es que las personas mayores me pueden.
Los mayores, los niños y los animalitos… conmigo lo tienen fácil, porque me tocan el corazón enseguida.

Algunas tardes voy a su casa con Coco y nos sentamos un ratito a escucharlo.
Y entre conversación y conversación, me cuenta algo que me deja con una sonrisa: tiene una amiguita de 48 años.

Según él, hacen unas cositas… que oye, ni las parejas de treinta. 

Yo lo escucho muy seria, como si estuviera oyendo un documental importante.
Por dentro pienso: “Amalia, con 93 años ya no está uno para muchos trotes…”

Pero luego me digo: ¿y quién soy yo para quitarle la ilusión a un hombre de 93 años?

Si él es feliz contándomelo, pues yo lo escucho.

Y cuando termina su historia le digo:
—Ay, Nicolás… pues si tú eres feliz con esa mujer, adelante.

Eso sí, también le digo:
—Pero cuida el dinerito, ¿eh? Él es un hombre con una economia muy solvente, pero nadie le ha regalado nada, él con su trabajo y esfuerzo se ha ganado todo lo que tiene. Que el dinero es tuyo. No vaya a ser que la muchacha tenga más interés en la cartera que en el corazón.

Y él se ríe.

La gente cuando lo cuento me dice: “¡Bah! Ese hombre es un fantasma.”
Puede ser. No digo que no. Con 93 años ciertas hazañas son… digamos, complicadas.

Pero a mí me da igual.

Porque durante media hora ese hombre está feliz.
Me cuenta sus historias, se ríe, acaricia a Coco, me invita a un helado… y se siente acompañado.

Y cuando me voy a casa pienso algo muy sencillo:
si en esta vida podemos regalarle a alguien un ratito de alegría… ¿por qué vamos a quitárselo?

Aunque la historia tenga un poquito de imaginación.
Yo no soy nadie para quitarle la ilusión a un hombre de 93 años.

Al contrario.

Si él sale de esa conversación sintiéndose joven, acompañado y un poco más feliz… entonces la tarde ha merecido la pena.
Y yo también me voy a casa contenta.

Porque a veces la felicidad no está en que las historias sean verdad.
Está en que alguien tenga ganas de contarlas y alguien tenga el corazón para escucharlas.

Si una historia hace feliz a quien la cuenta…
¿quién soy yo para quitarle esa ilusión, aunque no sea del todo verdad?



Empleadas del turno de noche

Buenos días, mi gente maravillosa… hoy vengo con una confesión que no es ni bonita ni elegante… pero es real como la vida misma. Hay una co...