El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 30 de julio de 2026

La ilusión no tiene edad.


¡Hola, mis buscadoras de sonrisas!

Hoy quiero contaros una cosa que llevo un tiempo pensando.

Muchas veces oigo decir: "Ya no tengo una edad para eso". Pues yo no estoy de acuerdo.

Los años pasan para todo el mundo. Eso no lo podemos cambiar. Lo que sí podemos decidir es cómo queremos vivirlos.

Yo prefiero levantarme con un pequeño plan. Un día escribo una entrada para el blog. Otro día grabo un podcast. Otro me voy a pasear con Coco y nos juntamos con otros perritos. Otro día aprendo a hacer algo nuevo con el ordenador, aunque al principio me haga un lío.

Y cuando consigo aprenderlo... ¡qué contenta me pongo!

No hace falta hacer cosas muy grandes para ser feliz. A veces basta con cambiar una planta de sitio, preparar una receta diferente, salir a dar un paseo o llamar a una amiga para charlar un rato.

Lo importante es no perder la ilusión.

Porque el día que dejamos de tener ganas de aprender, de reír, de salir o de empezar algo nuevo, ese día la vida se vuelve un poquito más triste.

Yo no quiero eso para mí.

Quiero seguir aprendiendo mientras Dios me dé fuerzas. Quiero seguir escribiendo, grabando mis podcasts, paseando con Coco y dando gracias por cada día que amanezco.

Y si alguna vez algo no me sale bien... pues lo intento otra vez. No pasa nada. Siempre se aprende algo.

Así que hoy os quiero dejar una frase que a mí me gusta mucho:

"Hoy voy a hacer todo lo posible para que hoy sea un día bonito."

Ojalá, cuando terminéis de leer estas palabras, os entren ganas de hacer algo que lleváis tiempo dejando para otro día.

No importa la edad que tengamos.

La ilusión no tiene edad.

Porque el día que dejamos de tener ilusión, dejamos de sorprendernos y de disfrutar de las pequeñas cosas, empezamos a envejecer por dentro.

Así que no dejéis que eso ocurra.

Mientras tengamos un motivo para sonreír, para aprender algo nuevo o para dar gracias por un nuevo amanecer, la vida seguirá regalándonos momentos bonitos.

Y recordad siempre lo que intento transmitir desde este rincón:

Siempre hay un motivo para sonreír.

Con todo mi cariño,

El Rincón de Amalia 🧡



miércoles, 29 de julio de 2026

¡Mi podcast también está disponible en Amazon Music!

¡Mi podcast también está disponible en Amazon Music!

Hay proyectos que nacen con mucha ilusión, y este es uno de ellos.

Hace unos días me animé a dar un paso que llevaba tiempo rondándome por la cabeza: crear mi propio podcast. En él comparto vivencias, recuerdos, reflexiones y experiencias que forman parte de mi vida.

Si te apetece conocer un poquito más de mí y escuchar mis historias, ahora también puedes encontrar mi podcast en Amazon Music.

🎙️ 


👉 https://music.amazon.es/podcasts/94cf1834-4b29-4ab8-a15b-cd47fc0dc1db/el-rincn-de-amalia?ref=dm_sh_5SEeX3VWzEVcO4QB06zScef6Z

Si no utilizas Spotify, no hay problema. También tienes la oportunidad de acompañarme desde Amazon Music.

Gracias por estar al otro lado y por formar parte de este rincón donde intento compartir que, incluso en los días difíciles...

Siempre hay un motivo para sonreír.

Un abrazo.

El Rincón de Amalia 🧡

¡Ya puedes escuchar mi podcast en Spotify!


Hay proyectos que nacen con mucha ilusión, y este es uno de ellos.

Hace unos días me animé a dar un paso que llevaba tiempo rondándome por la cabeza: crear mi propio podcast. En él comparto vivencias, recuerdos, reflexiones y experiencias que forman parte de mi vida. Hablo desde el corazón, con la esperanza de que mis palabras puedan acompañar, emocionar o sacar una sonrisa a quien las escuche.

Si te apetece conocer un poquito más de mí, te invito a escucharme en Spotify.

🎙️ Puedes acceder a mi podcast desde este enlace:

👉 https://open.spotify.com/show/033LPCYfRrJqDWWlhCWvhr?si=a9740adbe703492e

Si después de escucharlo te apetece seguirme o compartir algún episodio con otras personas, me hará muchísima ilusión.

Gracias, como siempre, por acompañarme en este rincón donde intento demostrar que, incluso en los días difíciles... siempre hay un motivo para sonreír.

Un abrazo.

El Rincón de Amalia 🧡

lunes, 27 de julio de 2026

¿Sabes una cosa?


Hay quien dice que hablar sola es señal de que una se está haciendo mayor. Pues mira, yo no estoy de acuerdo.

Yo creo que, cuando pasas de los sesenta, simplemente descubres que tienes muchas personas con las que seguir hablando... aunque algunas ya no estén sentadas a tu lado.

Y sí, yo hablo sola muchas veces. ¿Y qué?

Paso muchas horas en casa, porque con este calor donde mejor se está es en casa. Le hablo a Coco, que me escucha con una paciencia infinita, aunque a veces me mire con esa cara de "esta ya está otra vez hablando sola". Y cuando el ordenador decide llevarme la contraria y no me sale algo, se me escapa un: "¡Coño! ¿Por qué narices no sale esto?". Luego resoplo, me río de mí misma y vuelvo a intentarlo.

Antes quizá me habría dado vergüenza reconocerlo. Ahora no. Hablar sola no significa estar loca. A veces significa que necesitas ordenar las ideas, desahogarte o simplemente echar una conversación con la única persona que siempre está contigo.

A veces estoy doblando la ropa, fregando los platos o preparando un café y, sin darme cuenta, empiezo a hablar con la Amalia de veinte años. La veo con tantas prisas, queriendo que todo saliera bien y pensando que el mundo se acababa si algo no salía como ella esperaba.

Y me entran unas ganas enormes de darle un abrazo y decirle:

—Tranquila, mujer. No corras tanto. Vas a perder momentos preciosos preocupándote por cosas que, al final, ni siquiera llegarán a pasar.

Otras veces hablo con la Amalia que seré dentro de diez o quince años. Seguro que tendrá más canas, alguna arruga más... y un café calentito entre las manos. Siempre le hago la misma pregunta:

—¿Qué me queda por aprender?

Y me sonríe con esa tranquilidad que solo dan los años y me contesta:

—Deja de pedir permiso para ser feliz. Vive. Así, sin más.

También converso con mis recuerdos. Con la cocina de mi madre, con las risas de la familia cuando la casa se llenaba sin avisar, con las personas que tanto he querido y que ya no están, pero que siguen encontrando el camino para volver de vez en cuando a mi corazón.

Hay días en los que hasta sonrío yo sola al recordar una escena, una frase o una trastada de las de antes. Otras veces se me escapa alguna lágrima. Pero ya no son lágrimas de esas que te rompen por dentro. Son lágrimas de agradecimiento, porque tuve la suerte de vivir todo aquello.

Y he descubierto una cosa.

Con los años, las conversaciones más importantes dejan de ser las que tenemos con los demás. Las más importantes son las que mantenemos con nosotros mismos.

Porque llega un momento en que ya no te preocupa tanto lo que piense la gente. Lo que de verdad importa es poder mirarte al espejo y decir: "He vivido. He querido. He llorado. He reído. Y, a pesar de todo, sigo aquí."

Y eso, para mí, es uno de los regalos más bonitos de cumplir años.

Poder recordar sin que siempre duela. Sonreír al pensar en quienes formaron parte de nuestra vida. Dar gracias por todo lo vivido, incluso por lo difícil.

Porque, al fin y al cabo, los recuerdos no están para hacernos llorar. Están para recordarnos la suerte que tuvimos de haber vivido esos momentos.

Y si un día alguien me oye hablando sola, que piense lo que quiera. Yo sé perfectamente con quién estoy conversando. Con la mujer que fui, con la que soy, con la que aún me queda por ser... y con todos esos recuerdos que siguen haciéndome compañía.

Y la verdad... no me siento sola. Me siento muy afortunada de tener una vida tan llena de historias que todavía merecen ser contadas.

"Mientras Dios me dé un nuevo amanecer, seguiré teniendo motivos para sonreír."



Empieza la orquesta... ¡y que nos quiten lo bailao!

Mujeres… necesito saber si soy la única o si ya estamos todas apuntadas al mismo club de fans del ibuprofeno.

Porque mira tú, últimamente mi cuerpo tiene más opiniones y reparos que un concejal en época de elecciones. Me levanto de la cama y la rodilla hace “¡clac!”. La espalda responde “¡croc!”. El hombro dice “espérate un momentito, que no he cogido postura”… y cuando por fin consigo enderezarme, ya he metido más ruido que todo el vencindario  entero bajando a por el pan.

Lo curioso es que ya ni me espanto. Lo que de verdad me da un vuelco al corazón es cuando un día me levanto tan campante… ¡y no me duele nada! Ahí sí que pienso: “A ver, Virgen del Carmen... ¿seguiré por aquí o ya me he marchado al otro barrio?”.

Y ya ni hablemos de agacharse a recoger algo del suelo. Una se agacha por un maldito calcetín y, ya puestas a estar abajo, aprovecha para quitar una pelusa, mirar debajo de la cómoda, saludar al suelo y encomendarse a todos los santos, porque sabe Dios cuándo volverá a ver las alturas.

Y luego están los ruidos misteriosos. Ya no sé si lo que ha crujido al moverme ha sido mi hombro, la cadera o el aparador de la entrada.

Aquí ni hace falta mirar la aplicación del tiempo en el móvil. Mis huesos son más exactos que el hombre del tiempo de la tele. Si empieza a dolerme la rabadilla, ya puedo sacar el paraguas. Si me tira la espalda, mejor ni tiendo la ropa porque fijo que cae la mundial.

Y las gafas... ¡Ay, madre mía con las gafas! Me las paso buscando por toda la casa mientras las llevo colgadas del cuello o en la mismísima coronilla. Luego cojo el teléfono para llamar a una amiga y al segundo me quedo mirando la pantalla pensando: “Mecachis... ¿yo para qué puñetas había cogido el cacharro este?”.

Pero ¿saben qué es lo mejor de todo este cuadro?

Que nos seguimos riendo con un dolor de muelas. Seguimos quedando para tomar un café, seguimos haciendo planes, saliendo por ahí, y seguimos creyendo que una buena tostada con aceite y tomate arregla casi cualquier descosido... aunque luego nos tengamos que tomar la pastilla para el ardor de estómago y vigilar el colesterol.

Así que levanten la mano todas las que al levantarse hacen más música que una murga de pueblo... aunque luego ni sepan si fue la rodilla, el hombro o el alma que se está acomodando para seguir dando guerra.

Porque después de los 60, el cuerpo cruje por los cuatro costados, ¡pero el corazón sabe reír con muchísima más fuerza!



domingo, 26 de julio de 2026

Huelga doméstica en el hogar 😎


Hoy he decidido declararme en huelga doméstica, pero de las buenas, de las que se hacen con clase, café caliente y Coco de testigo. 🐩☕

Nada de ollas, ni trapos, ni escobas, ni lavadoras que me miren con cara de “me toca a mí”.
Hoy la casa va por libre… y si se quiere limpiar, que se limpie sola.
Yo estoy muy ocupada cumpliendo tareas de máxima prioridad: ver series, mirar el horizonte, acariciar a Coco y revisar el móvil como si fuera una misión secreta.

Porque a veces una se pasa la vida en “modo ya voy, ya voy”...
¡Pues hoy no voy!
Ni al fregadero, ni al tendedero, ni al cajón de los calcetines desaparecidos.
Hoy voy de mí a mí, con escala en el sofá.

Coco me mira con esa carita de “¿seguro que no hay paseo?” y yo le digo:
Hoy, solo si es para presumir de que no hemos hecho nada.
Y me parece que él está completamente de acuerdo.

He puesto el móvil en silencio, el alma en paz y la sonrisa en marcha.
Y si alguien toca la puerta, que espere: aquí se está celebrando el Festival Internacional del No Hacer Nada, edición especial “Amalia y Coco 2026”. 🏆

Así que sí: me quedo en huelga doméstica.
El mando, el termo, el sofá y yo.
Y Coco, claro, supervisando desde su rincón, con cara de “esto sí que es vida”. 🐾

Un domingo glorioso y sin remordimientos.
Porque limpiar puede esperar,
¡pero vivir, reír y vaguear con estilo, eso no se pospone!

Y al que no le guste… que venga y me barra la terraza.




Mil gracias por tu cariño y por cada visita!

Si te gusta lo que escribo, puedes invitarme a un café haciendo clip aquí https://buymeacoffee.com/elrincondeamalia



sábado, 25 de julio de 2026

"La sabiduría de una taza de café"

Esta mañana me he preparado mi café de siempre. Me he sentado junto a la ventana mientras Coco se acomodaba a mis pies, esperando, como cada día, que terminara para salir a dar nuestro paseo.

He dado el primer sorbo y he pensado:

—Qué deprisa pasa la vida...

No sé si ha sido mi imaginación, pero, por un momento, he sentido que mi taza quería decirme algo.

—Amalia, ¿te has dado cuenta de que cada mañana me llenas de café, pero también de tus pensamientos? Aquí me hablas de tus alegrías, de tus miedos, de las personas que echas de menos, de Borja,  de los sueños que todavía guardas y de los que ya has conseguido cumplir.

He sonreído.

Era verdad. Muchas veces, antes de empezar el día, mi café es el primero que escucha todo lo que llevo dentro.

La taza continuó:

—A veces dices que estás sola, pero nunca lo estás del todo. Mira a tus pies.

Bajé la vista y allí estaba Coco, mirándome con esos ojitos que parecen entenderlo todo.

—Él depende de ti. No le importa cómo tengas el ánimo, ni si has dormido bien o si el día amanece gris. Para él eres su mundo. Gracias a él te levantas, sales a pasear, sonríes cuando hace alguna travesura y encuentras motivos para seguir adelante.

Le acaricié la cabeza y movió la cola, como si también quisiera participar en aquella conversación.

—Y no olvides otra cosa, me dijo la taza, hace un tiempo soñabas con escribir un libro y hoy ese sueño ya es una realidad. También soñabas con escribir canciones, grabar un pódcast y compartir tus historias para que pudieran ayudar a otras personas. Poco a poco, sin hacer ruido, has ido cumpliendo sueños que un día parecían imposibles.

Me quedé pensativa.

Es verdad que la vida me ha puesto pruebas muy difíciles. He llorado, he sentido miedo y muchas veces he pensado que no tendría fuerzas para seguir. Pero, cuando miro atrás, me doy cuenta de que siempre he encontrado un motivo para levantarme una vez más.

Entonces la taza me regaló su último consejo.

—No mires solo lo que has perdido. Mira todo lo que has construido con las manos y con el corazón. Cada arruga cuenta una historia. Cada cicatriz habla de una batalla superada. Y cada nuevo amanecer te recuerda que todavía quedan páginas por escribir, canciones por cantar y abrazos por dar.

Apuré el último sorbo del café.

Miré a Coco, que ya esperaba impaciente junto a la puerta porque sabía que tocaba salir.

Sonreí.

Quizá las tazas no hablen.

O quizá sí.

Quizá Dios, la vida o el corazón encuentran las palabras más sencillas para recordarnos que no podemos rendirnos, porque siempre hay alguien que nos necesita, un sueño por cumplir y un nuevo día esperándonos al otro lado de una taza de café.





La ilusión no tiene edad.

¡Hola, mis buscadoras de sonrisas! Hoy quiero contaros una cosa que llevo un tiempo pensando. Muchas veces oigo decir: "Ya no tengo una...