Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️
Hoy es domingo y en mi casa hay movimiento. Bueno, tampoco os vayáis a pensar que estamos organizando una mudanza, pero por aquí andamos preparando las maletas, porque mañana lunes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad, mi Coco y yo nos vamos unos días a la costa.
¡Y qué ganas tenemos los dos!
Todos los años, cuando llega octubre, me gusta escaparme una semanita, o diez días si se tercia, a un pueblecito donde viví durante muchos años. Allí tengo buenas amistades, vecinas a las que quiero mucho y un montón de recuerdos que forman parte de mi vida.
Es uno de esos lugares a los que una vuelve y siente que, aunque haya pasado el tiempo, hay cosas que siguen estando en su sitio.
Allí falleció Fernando, y también por eso ese pueblo ocupa un lugar especial en mi corazón. Hay lugares que guardan pedacitos de nuestra historia, y volver a ellos nos permite recordar con cariño a quienes formaron parte de ella.
Pero no penséis que me voy a poner triste, ¡ni mucho menos! Que una puede recordar, emocionarse y seguir disfrutando de la vida. Una cosa no quita la otra.
Y ahora vamos con lo más importante de esta aventura: ¡las maletas!
Estoy yo preparando la mía y Coco, como buen ayudante, se coloca a mi lado para supervisar la operación. No sé si ayuda mucho, pero vigilarme me vigila. 😂
Eso sí, cuando llega el momento de preparar su equipaje, ¡madre mía, qué despliegue!
Yo llevo mi maleta, pero él necesita una bolsa enorme. Hay que llevar su camita, su comida, los cuencos para comer y beber, sus chuches y todo lo necesario para que no eche nada en falta.
¡Vamos, que al final parece que el perro se muda y yo voy de visita!
Pero bueno, ¿qué queréis que os diga? Si él está contento, yo estoy contenta. Y si hay que hacerle sitio a sus cosas, pues se hace. Para eso somos un equipo.
El hotel donde vamos está frente a la playa. Por las mañanas, cuando te despiertas, puedes escuchar el ruido del mar. Y a mí ese sonido me da una paz que no os podéis imaginar.
No necesitamos grandes planes ni hacer cosas extraordinarias. En ese pueblecito tenemos lo esencial: un supermercado, una farmacia, un estanco y unos cuantos bares. ¿Qué más queremos?
Desayunaremos en el hotel, buscaremos algún restaurante para comer y por la noche volveremos tranquilamente a nuestra habitación.
Y durante el día, a disfrutar.
Pasearemos por la playa, nos sentaremos a contemplar el mar, tendremos nuestros ratitos de tranquilidad y, si el tiempo acompaña, disfrutaremos del solecito de octubre.
El año pasado nos hizo muy buen tiempo, así que este año vamos a cruzar los dedos para que el sol quiera acompañarnos también.
Aunque, pensándolo bien, la felicidad no depende solamente de que haga sol. A veces basta con estar en el lugar donde una se siente a gusto, rodeada de buenos recuerdos y compartiendo el momento con quien quiere.
Y yo tengo la suerte de llevarme conmigo a mi pequeño compañero de aventuras.
Coco también ha vivido muchos años allí y parece que disfruta tanto como yo. Volvemos a lugares conocidos, paseamos por sitios que nos resultan familiares y compartimos esos días sin prisas, sin obligaciones y sin necesidad de hacer nada especial.
Porque a veces nos complicamos demasiado la vida buscando grandes acontecimientos, cuando la felicidad está escondida en las cosas más sencillas.
En escuchar el mar al despertar.
En desayunar tranquilamente.
En encontrarte con una amiga por la calle.
En dar un paseo sin mirar el reloj.
En sentarte un ratito a pensar, respirar hondo y dar gracias por estar aquí, viviendo un día más.
Y en mirar a tu perrito, que está tan feliz a tu lado, sin saber que tú también le estás dando las gracias en silencio por acompañarte.
Así que hoy domingo toca terminar de preparar las maletas, comprobar que no se nos olvida nada y dejarlo todo listo para salir mañana por la mañana.
Bueno, todo, todo… Espero que Coco no me haga sacar media maleta para meter alguna de sus pertenencias de última hora. Que conociéndolo, no me extrañaría nada. 😂
Y aunque durante estos días no tenga mi ordenador conmigo, procuraré seguir compartiendo alguna entrada con vosotras siempre que pueda. Porque me gusta pasarme por aquí, contaros mis cosillas y sentir que, al otro lado de la pantalla, hay alguien que me lee y comparte conmigo un ratito de su día.
No sé si podré escribir todos los días, pero lo intentaré. Y si algún día no aparezco, ya sabéis dónde estoy: cerquita del mar, disfrutando de mi escapadita con Coco.
Que la vida también está para eso, amigas. Para hacer una pausa, cambiar de paisaje, reencontrarnos con personas queridas y regalarnos momentos que nos hagan sonreír.
Y ahora os dejo, que tengo un perro supervisor, una maleta por cerrar y una bolsa de equipaje canino que parece no tener fondo.
¡Deseadnos buen tiempo y que disfrutemos mucho de estos días!
Un abrazo enorme para todas y recordad que no hace falta irse muy lejos ni gastar una fortuna para ser feliz. A veces basta con volver a un lugar querido, escuchar el mar y tener a tu lado a alguien que te hace la vida más bonita.
¡Siempre hay un motivo para sonreír! ❤️
Con cariño,
Amalia, desde El Rincón de Amalia.






