El rincón de Amalia
No soy escritora, solo cuento y relato mi vida. Amo a mis perritos, me gustan las plantas y me gusta ser feliz. No soy lo que escribo, soy lo que tú sientes al leerme.
sábado, 18 de julio de 2026
El tonto, el fanfarrón y el sabio: una lección de vida con humor
viernes, 17 de julio de 2026
¿Alguien ha dejado el secador encendido?
Parece que este verano nos ha castigado. No sé si es una broma o si alguien, por error, se ha dejado el secador encendido apuntando directamente a nuestras calles.
Hoy Coco y yo hemos salido a dar nuestro paseo habitual, hemos ido al bar a tomar el café y hemos vuelto rápido a casa a cobijarnos del sol. Es imposible estar mucho rato por la calle.
El calor no es normal; el ambiente quema y no corre ni una gota de aire. Parece que el verano no quiere que salgamos, que nos prefiere encerrados en casa, bajo el alivio de nuestro ventilador.
Miro el pronóstico una y otra vez esperando ver esa gota de lluvia que nos refresque, pero nada. Solo sol, más sol y este calor húmedo que no da tregua. Dicen que cuando llegue el frío nos quejaremos. ¡Pero qué le vamos a hacer! El frío, al menos, se puede combatir con una mantita, una taza de café caliente o un buen abrazo. Pero este calor... este calor es otra cosa.
Mientras tanto, no nos queda más remedio que tener paciencia. Seguiremos madrugando para pasear con Coco, buscando cualquier sombra que nos regale unos minutos de alivio y soñando con ese primer día en que podamos abrir la ventana y entre una brisa fresca.
Estoy segura de que cuando llegue esa lluvia tan esperada, cuando podamos respirar sin sentir que el aire quema, la disfrutaremos mucho más porque sabremos valorar lo que hoy tanto echamos de menos.
Así que, de momento, solo puedo pedir una cosa con una sonrisa:
¡Por favor, que alguien apague ya ese secador! Un poquito de fresquito tampoco vendría nada mal.
¿Y vosotros? ¿Cómo estáis llevando este verano tan caluroso? Os leo encantada en los comentarios.
Buen día, mundo
Hoy me he levantado con el ánimo arriba, de esos días en que hasta el café parece que me mira y dice: “a ver si hoy estás contenta de verdad”. Y sí, lo estoy. No sé ni de dónde me viene, pero hoy me siento con ganas de sonreír.
A veces una quisiera ser siempre “normalita”, sin tantos líos en la cabeza… pero oye, la vida no es así. Y mientras tanto, yo me pongo mi mejor traje: el de la fuerza y la alegría. No porque me crea más que nadie, sino porque a veces hay que plantarle cara a lo que una siente y decir: “hoy no vas a poder conmigo”.
Eso sí, aviso: el que se cruce conmigo hoy, que venga preparado, que igual le suelto alguna frase con más altura que una torre. Pero nada, que esto se me pasa pronto. Al final siempre me quedo con lo que nunca falla: la risa.
Y eso, que hoy vengo con ganas de repartir un puñado de besos y un buen café ☕
jueves, 16 de julio de 2026
No se puede ser valiente sin sentir primero el miedo
Dicen que la valentía es no tener miedo. Pero la verdad es otra: no se puede ser valiente sin sentir primero el miedo. Y yo lo sé muy bien.
A lo largo de mi vida he pasado por momentos que dan vértigo solo de recordarlos. He pasado por quirófano, he enfrentado pérdidas que parecían imposibles de sobrellevar, he sentido cómo el miedo se apoderaba de mí en un instante. Pero también he aprendido algo muy importante: el miedo no es enemigo, es señal de que algo merece todo nuestro coraje.
He llorado, he dudado, he sentido incertidumbre… y aún así, he seguido adelante. Cada paso, por pequeño que parezca, ha sido un acto de valentía. Porque valentía no es lanzarse sin pensar; valentía es tomar aire, mirar al miedo a los ojos y decir: “voy a hacerlo de todas formas”.
Hoy miro atrás y veo que todas esas experiencias me han hecho más fuerte y más consciente de la vida, de su fragilidad y de su belleza. Me han enseñado a valorar la salud, los abrazos, los momentos sencillos, las risas compartidas, y también a apreciar la resiliencia que habita en mí.
A veces me río de mí misma, porque la vida me ha puesto pruebas difíciles y aquí estoy, con ganas de vivir y de disfrutar cada instante. Y eso es valentía: seguir viviendo con amor y con ganas, aunque el miedo siga ahí, recordándome que estoy viva.
Si alguna vez sientes miedo, recuerda: eso no te hace débil, te hace humana. Y cada vez que das un paso adelante, incluso temblando, estás siendo valiente de verdad. La valentía no es ausencia de miedo, es sentirlo, abrazarlo y avanzar de todas formas.
Así que hoy, te invito a que mires tus miedos con respeto y con amor, y que encuentres en ellos la señal de tu propio coraje. Porque si yo, con todo lo que he vivido, sigo aquí, riéndome, creando, compartiendo y soñando… tú también puedes.
✨ No se puede ser valiente sin sentir primero el miedo. Pero cuando lo sientes y sigues adelante… ahí es cuando descubres tu luz. ✨
Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.
miércoles, 15 de julio de 2026
Un apaño bonito llamado vida
martes, 14 de julio de 2026
Somos el tiempo que nos queda
Hay frases que no vienen a impresionar.
Vienen a quedarse.
Somos el tiempo que nos queda.
No lo que ya pasó.
No lo que algún día haremos.
No lo que quedó pendiente.
Somos este ahora.
La vida, con los años, va enseñando sin pedir permiso.
Te enseña a perder.
A atravesar miedos.
A despedirte de personas que siguen viviendo dentro de ti.
A continuar incluso cuando no sabes muy bien de dónde sacas la fuerza.
Y aun así, aquí estás.
Respirando.
Sintiendo.
Viviendo.
Somos el tiempo que nos queda.
Y eso cambia la manera de mirar.
De escuchar.
De estar.
Deja de importar tanto lo que falta y empieza a importar lo que hay.
Este día.
Este cuerpo que sigue.
Este corazón que, a su manera, ha aprendido.
No es poco.
Es suficiente.
Y mientras estemos aquí, aunque sea despacio,
aunque sea en silencio, vivir ya es un regalo.
lunes, 13 de julio de 2026
Las personas buenas nunca pierden
Con el tiempo he aprendido algo importante. No porque me lo hayan contado, sino porque la vida se ha encargado de enseñármelo.
Cuando eres buena persona de verdad, cuando eres leal y actúas con el corazón, nunca eres tú quien sale perdiendo.
Eso me lo decía una mujer mayor, de esas que hablan poco, pero cuyas palabras dejan huella.
Mientras removía despacio su café y miraba por la ventana, me decía:
—Mira, hija, uno no pierde por querer de verdad. No pierde por ser honesto. No pierde por tender una mano. No pierde por dar sin estar haciendo cuentas. Lo verdaderamente triste es no saber cuidar a las personas que la vida pone en tu camino. Confundir la bondad con debilidad o creer que un corazón puede romperse sin consecuencias.
Con los años comprendí que tenía toda la razón.
Ser buena persona no significa ser ingenua.
Ser leal no es aceptar cualquier cosa.
Y querer bonito tampoco significa quedarse donde ya no hay respeto.
A veces, las personas descubren el valor de alguien cuando la vida les enseña cuánto significaba su presencia. Cuando el silencio ocupa el lugar de una voz que siempre animaba. Cuando echan de menos a quien escuchaba sin juzgar, abrazaba sin condiciones y estaba sin pedir nada a cambio.
Las personas buenas no necesitan hacer ruido para marcharse. Cuando sienten que ya no las valoran, simplemente siguen su camino con la conciencia tranquila, llevándose la paz de haber dado lo mejor de sí mismas.
Por eso, no te preocupes tanto por quién decidió alejarse.
Preocúpate de seguir siendo la persona de la que puedas sentirte orgullosa cuando te mires al espejo.
Nunca dejes de ser buena persona por culpa de quien no supo valorarte.
La bondad nunca pasa de moda.
El cariño sincero nunca se desperdicia.
Todo lo bueno que das encuentra, tarde o temprano, el camino de vuelta.
Y aunque no siempre recibamos el mismo amor que entregamos, vivir con la conciencia tranquila es un regalo que nadie puede quitarnos.
Sigue caminando con la cabeza alta, con una sonrisa y con el corazón en paz.
Porque, al final, las personas buenas nunca pierden.
Simplemente… siguen sembrando luz allí por donde pasan.
El tonto, el fanfarrón y el sabio: una lección de vida con humor
Dicen que el mundo está lleno de personajes, y no hace falta viajar mucho para encontrarlos. Están ahí, en la cola del supermercado, en las ...





