El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 1 de septiembre de 2026

“Hoy, con fe y gratitud”.


Buenos días, amigas del Rincón de Amalia. ❤️

Lo primero de todo, vamos a darle gracias a Dios por este nuevo día. Porque allá arriba lo ve todo… ¡y no se le escapa ni una! Aunque nosotras a veces queramos hacernos las despistadas. 

Porque mira que podemos arreglarnos el pelo, pintarnos la cara, ponernos nuestra mejor sonrisa y salir a la calle como si aquí no hubiera pasado nada… ¡pero al corazón no hay maquillaje que lo arregle!

Y Dios sabe muy bien lo que llevamos dentro. Sabe lo que pensamos, lo que sentimos y también esas cosas que hacemos cuando creemos que nadie nos está viendo.

Así que hoy vamos a intentar tener buenos sentimientos, hablar con cariño y hacer el bien siempre que podamos. Que no cuesta tanto, ¿verdad?

Porque los años nos van cambiando por fuera, eso lo sabemos todas… aparecen arruguitas, canas y alguna que otra cosa que antes estaba más arriba y ahora ha decidido cambiar de sitio. 😂

Pero lo verdaderamente importante no está en el espejo. Está en el corazón.

Así que venga, ¡a portarnos bonito! 
Que Dios está mirando… y además tiene una memoria estupenda. 

Que tengáis un día precioso.

El Rincón de Amalia ❤️



lunes, 31 de agosto de 2026

Hoy he descubierto que soy un poquito Winnie the Pooh 🐻🍯


Hay días en los que una aprende cosas importantísimas.

Y luego están esos días en los que, sin esperarlo, descubre quién es Winnie the Pooh. 

Esta noche, mientras hablaba con mi amiga Esperanza, le contaba que me iba a preparar unas gachas de avena para cenar. Avena, plátano cortadito, canela y un poquito de miel para endulzarlas.

Y entonces Esperanza me soltó aquello de que tuviera cuidado con la miel, no fuera a acabar como Winnie the Pooh.

¿Winnie qué?

Ahí empezó mi descubrimiento.

Por si hay alguien que, como yo, no tenía muy claro quién era este personaje, Winnie the Pooh es un osito de dibujos animados, muy conocido por sus aventuras y, sobre todo, por su enorme afición a la miel. Es un osito amarillo, simpático y tranquilo, que vive en el Bosque de los Cien Acres junto a sus amigos.

Y claro… después de conocerlo, llegué a una conclusión bastante sencilla:

Yo también soy un poquito Winnie the Pooh.

Porque a mí la miel también me gusta. 🍯

Eso sí, yo no voy por ahí buscando tarros de miel por el bosque. La mía está bien guardadita en la cocina y la utilizo para endulzar mis gachas de avena.

Pero me ha hecho gracia pensar que, a estas alturas de mi vida, todavía puedo descubrir cosas nuevas tan sencillas como quién es un personaje de dibujos.

Y quizá eso sea precisamente lo bonito.

Que nunca dejamos de aprender.

A veces aprendemos algo importante.
A veces aprendemos una palabra nueva.
Y otras veces descubrimos que existe un osito llamado Winnie the Pooh al que le encanta la miel y pensamos:

“Pues mira, este y yo nos vamos a llevar bien.” 😂🐻🍯

Así que esta noche, mientras me como mis gachas de avena con plátano, canela y un poquito de miel, ya sé que, además de cenar rico, estoy estrenando una nueva identidad:

Amalia, la Winnie de Pooh de El Rincón de Amalia. ❤️

Y oye… tampoco está tan mal.



Adiós, agosto. Hola, septiembre


Hoy llegamos al último escaloncito de agosto.

Se nos va otro mes y, si algo nos ha dejado este agosto, ha sido calor. Mucho calor. De ese que hace que mirar por la ventana y pensar en salir a pasear sea casi un acto de valentía. 

Agosto es un mes precioso para quienes disfrutan de sus vacaciones, para los que hacen las maletas, se van unos días, conocen lugares nuevos, descansan y disfrutan de ese merecido paréntesis.

Pero también estamos los que nos quedamos en el pueblo.

Y yo me quedo en el pueblo, y también sé disfrutarlo.

Porque cuando llega agosto, el pueblo cambia. Hay menos gente por las calles, muchas tiendas están cerradas y todo parece ir un poquito más despacio. Se respira tranquilidad, se escucha menos ruido y hasta da gusto salir a pasear y encontrarse las calles casi vacías.

Eso sí… cuando el calor lo permite. Porque este año agosto nos ha puesto a prueba. 

Pero incluso así, también ha habido momentos bonitos. Un café por la mañana, una conversación, una risa, una visita, un paseo, una tarde tranquila en casa o simplemente sentarnos un rato y disfrutar de esas pequeñas cosas que muchas veces ni miramos.

Y quizá ahí está la verdadera magia de la vida: en aprender a valorar lo cotidiano.

Por eso no quiero despedir agosto pensando en lo que me ha faltado, en lo que no he hecho o en los planes que se han quedado pendientes.

Quiero despedirlo dando las gracias.

Gracias por cada día vivido, por las personas que han estado cerca, por los buenos momentos y también por esos días sencillos que, sin hacer demasiado ruido, nos han regalado un poquito de felicidad.

Porque abrir los ojos cada mañana y poder decir "aquí estoy" ya es un regalo.

Así que, adiós, agosto.

Gracias por tus días de sol, por tus noches de verano, por la tranquilidad del pueblo y por todos esos pequeños momentos que quizá mañana recordemos con una sonrisa.

Y ahora abrimos la puerta a septiembre.

Llega un nuevo mes, con nuevas ilusiones, nuevos proyectos, nuevos sueños y quién sabe cuántas cosas bonitas por descubrir.

Yo lo recibo con ilusión y con la esperanza de que sea un mes fabuloso.

Porque nunca sabemos qué nos tiene preparado la vida, y mientras tengamos un nuevo día por delante, siempre habrá motivos para seguir sonriendo.

Bienvenido, septiembre.

Te esperamos con los brazos abiertos, el corazón contento y muchas ganas de que nos sorprendas.

Y ahora sí…

Adiós, agosto. Gracias por todo.
Hola, septiembre. ¡Vamos a por ti! 

El rincón de Amalia🌻❤️





domingo, 30 de agosto de 2026

La vida ya no viene a quitarme nada

A veces me preguntan por qué voy tan tranquila por la vida, por qué ya no me altero como antes,
por qué camino despacio, como si nada me empujara.
Y no es que la vida se haya vuelto fácil,
es que yo ya aprendí a mirarla de otra manera.

La vida ya me quitó a personas que amaba,
ya me dejó vacíos, silencios y noches largas.
Ya me dolió tanto que pensé que no podría seguir,
y sin embargo seguí.
Aprendí que se puede perder, que se puede estar sola y aun así volver a levantarse.

También aprendí a vivir con la distancia de mi hijo, con ese amor que no entiende de mapas
ni de kilómetros.
No es ausencia, es otra forma de querer,
y eso también se aprende.

Hoy no espero nada de nadie y eso, lejos de endurecerme, me dio paz.
Ya no me altero por lo que no puedo controlar,
ni corro detrás de lo que no se queda.
La vida ya me mostró su parte más dura
y aquí sigo, en pie.

Ahora mis días son sencillos:un café caliente,
 una conversación tranquila, 
y Coco mirándome como si todo estuviera bien…porque, en ese momento, lo está.

Por eso camino así, serena.
No porque la vida no duela, sino porque ya aprendí que puedo con ella.
Y después de todo lo vivido, siento que la vida ya no viene a quitarme nada, viene a regalarme lo bueno.





Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.


sábado, 29 de agosto de 2026

¿Quién ha dicho que la creatividad se jubila?


Esta mañana, después de salir a pasear con Coco, tirar la basura y hacer todas esas cosas maravillosas que forman parte de la vida de una mujer que lleva su casa para adelante, me he sentado un momento a descansar.

Y mira por dónde, me encuentro con una reflexión que me ha hecho pensar.

¿Quién ha dicho que cuando cumplimos cierta edad se nos jubila la creatividad?

Porque si alguien lo ha dicho, que venga y me lo explique. 

¿Que después de los sesenta tenemos que sentarnos tranquilamente a ver novelas, esperar la hora del café y poco más?

Pues no.

Bueno… el café sí. El café no me lo quitéis. 😂

Pero aparte de eso, aquí seguimos.

Con ideas, con imaginación y, sobre todo, con unas ganas tremendas de hacer cosas.

Porque hay algo curioso que ocurre con los años: cuando éramos jóvenes teníamos ganas de hacer mil cosas, pero muchas veces nos faltaba tiempo. Entre el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y un montón de historias, siempre había algo que nos hacía dejar nuestros sueños para después.

Y ahora resulta que tenemos un poquito más de tiempo…

¡Y seguimos queriendo hacer mil quinientas! 

Escribimos, cosemos, pintamos, hacemos manualidades, grabamos vídeos, hacemos podcasts, aprendemos cosas nuevas, empezamos proyectos y hasta nos ponemos a discutir con los algoritmos de las redes sociales.

Bueno, discutir no sé si servirá de mucho, pero intentarlo lo intentamos.

Y además hay una cosa que me gusta todavía más.

Ya no tenemos tantas ganas de parecernos a nadie.

A estas alturas de la vida sabemos mejor quiénes somos, qué nos gusta y qué no nos gusta. Ya no necesitamos copiar lo que hace todo el mundo.

Queremos hacerlo a nuestra manera.

Con nuestros defectos, nuestras manías, nuestras ocurrencias y nuestra forma particular de ver la vida.

Porque quizá ese sea uno de los regalos que nos hacen los años: dejamos de intentar gustarle a todo el mundo y empezamos a disfrutar siendo nosotros mismos.

Y eso sí que es libertad.

Yo no quiero ser la más joven.

Ni falta que me hace.

Quiero seguir teniendo curiosidad. Quiero aprender. Quiero escribir cuando me venga una idea. Quiero inventarme una historia, hacer un podcast, preparar una entrada para el blog o levantarme una mañana y pensar: “¿Y ahora qué se me ha ocurrido?”

Y si alguien piensa que después de cierta edad se acaban las ideas, que espere sentado.

Porque quizá no nos estemos quedando sin creatividad.

Quizá lo que estamos haciendo es desatarla.

La creatividad no se jubila por cumplir años.

La creatividad se jubila cuando dejamos de tener ganas.

Y de esas, queridas mías, todavía nos sobran.

Así que venga…

A crear, a inventar, a aprender y a hacer un poco lo que nos salga del moño.

Que para algo tenemos experiencia, imaginación…

¡y todavía mucho por contar!

El Rincón de Amalia 💞



viernes, 28 de agosto de 2026

La compañía silenciosa


Hay días en los que no pasa nada extraordinario.

Y, sin embargo, pasa la vida.

Hoy ha sido uno de esos días sencillos, de los que no salen en ninguna fotografía especial ni tienen una historia espectacular que contar. Nos hemos levantado, nos hemos duchado, he recogido y arreglado la casa y, cuando ya estaba todo más o menos en su sitio, Coco y yo nos hemos ido a dar nuestro paseo.

Hoy ni siquiera hemos parado a tomar nuestro café. Hacía un poquito de viento y la verdad es que no apetecía demasiado quedarse sentados por ahí. Así que paseo, vuelta a casa y a seguir con nuestro día.

Hemos comido tranquilamente, después ha caído una buena siesta, porque una siesta bien hecha también debería considerarse patrimonio de la humanidad, y luego me he puesto a escribir.

Y mientras escribía he pensado en una cosa: qué poco necesitamos algunos días para sentirnos bien.

No ha habido grandes conversaciones, ni visitas, ni planes especiales. No hemos hecho nada que, contado así, parezca extraordinario.

Pero Coco estaba ahí.

Y eso ya cambia las cosas.

Porque hay compañías que no necesitan palabras. Coco no me pregunta cómo estoy, no me da consejos, no me dice que debería hacer esto o aquello. Tampoco me lleva la contraria, que eso ya es una ventaja considerable. 😂

Él simplemente está.

Está cuando me levanto, cuando hago las cosas de la casa, cuando salimos a pasear, cuando descanso y cuando me siento delante del ordenador a escribir.

A veces se tumba cerca de mí y se queda tan tranquilo. O me mira con esos ojitos suyos como si entendiera perfectamente todo lo que pasa por mi cabeza.

Y quizá no entienda nada.

Pero tampoco hace falta.

Hay momentos en los que sentirse acompañado no significa estar hablando continuamente. Significa saber que hay alguien al otro lado del sofá. Alguien que respira, que te mira, que te sigue por la casa y que, aunque no pueda decir una sola palabra, consigue que el silencio no parezca vacío.

Creo que con los años aprendemos a valorar precisamente esas cosas.

Antes quizá pensábamos que para disfrutar había que salir, hacer planes, conocer sitios, tener siempre algo que contar.

Ahora descubres que también puede ser un día maravilloso levantarte, arreglar tu casa, salir a pasear con tu perro, comer tranquilamente, echarte una siesta y sentarte después a escribir unas palabras.

Sin ruido.

Sin prisas.

Sin necesidad de que ocurra nada más.

Porque quizá la felicidad no siempre llega haciendo ruido. A veces se instala despacito en una tarde cualquiera, se tumba a nuestros pies y se queda allí, acompañándonos.

Como Coco.

Y entonces entiendes que esos días que parecen tan sencillos son, muchas veces, los que más paz nos dejan.

Hoy no ha pasado nada especial.

Y qué bien.

Porque hoy simplemente hemos estado juntos.

Y eso, para mí, ya ha sido mucho.



El rincón de Amalia. 💞


jueves, 27 de agosto de 2026

La lluvia y la memoria


A veces la lluvia no viene para mojarte. Viene para hacerte recordar.

Hoy han caído cuatro gotas. Cuatro, ni una más. Porque estamos en verano y aquí el calor no perdona, así que de tormenta de película, nada de nada. Pero ha sido suficiente.

Estaba yo preparando mi café, como cada mañana. Puse mi cápsula en la cafetera, esperé ese pequeño sonido que hace cuando empieza a salir el café y me quedé mirando cómo se llenaba la taza. Le puse la cuchara y empecé a remover despacito. Y entonces pasó. Ese olor del café, mezclándose con el aire fresco que entraba por el balcón, me llevó sin avisar a otro tiempo.

A veces la memoria es así de caprichosa. No necesitas buscar un recuerdo. Basta un olor, una canción, una calle, una taza de café… y de repente estás allí otra vez.

Me acerqué al balcón y miré la calle. Habían caído cuatro gotas y la gente seguía haciendo su vida como si nada. Una señora pasó con sus tirantes y su bolso, porque, claro, estamos en agosto y hacía calor. Otro iba deprisa para no mojarse. Y alguno seguramente estaría pensando: ¡Mira tú, ahora se pone a llover!

Y yo, mientras tanto, allí parada, disfrutando de ese ratito. Porque, aunque hayan sido cuatro gotas, el aire había cambiado. Olía diferente. Olía a tierra mojada, a verano, a recuerdos.

Y me puse a pensar en todas esas pequeñas cosas que se quedan guardadas dentro de nosotros sin que nos demos cuenta. Personas que ya no están. Casas donde fuimos felices. Tardes que parecían normales y que hoy daríamos cualquier cosa por volver a vivir. Conversaciones, risas, cafés compartidos… Momentos sencillos que, cuando pasan los años, descubrimos que eran precisamente los momentos importantes.

Quizá por eso me gusta tanto mirar por el balcón. Porque mientras miro lo que ocurre fuera, muchas veces termino mirando también hacia dentro. Y hoy esas cuatro gotas me han regalado algo que no esperaba: un puñado de recuerdos maravillosos.

Después del café, de los pensamientos bonitos y de ese viaje inesperado por la memoria, tocaba volver a la vida real. Así que nos arreglamos Coco y yo y, en cuanto dejó de llover, nos fuimos a dar nuestro paseo. Porque una cosa es ponerse sentimental mirando por el balcón, y otra muy distinta dejar a Coco sin su paseo. 

Salimos tan contentos, pensando que igual el tiempo nos había dado un respiro. Y sí… nos dio un respiro. Pero de lluvia, poco. Cuando ya volvíamos a casa, empezaron a caer otra vez otras cuatro gotitas. Cuatro. Ni siquiera llegaron a mojarnos. De hecho, creo que ni mojaron el suelo. Y mira que hace falta que llueva…

Pero allí estábamos nosotros, llegando a casa como si hubiéramos atravesado el desierto. Coco con la lengua fuera y yo sudando. ¡Las cuatro gotas no nos mojaron, pero el calor nos dejó hechos un cuadro!

Y entonces pensé: qué curioso es esto de la vida. Una mañana que empezó con un café, cuatro gotas de lluvia y unos cuantos recuerdos, terminó con Coco y yo sudando la gota gorda después de nuestro paseo.

Y quizá eso también sea la felicidad. Tener recuerdos que nos hagan sonreír, disfrutar de un café, poder salir a pasear y volver a casa con nuestro compañero de cuatro patas. Porque al final no necesitamos grandes cosas. A veces basta con un café, un balcón, cuatro gotas de lluvia, un puñado de recuerdos… y alguien con quien salir a caminar.

Hoy la lluvia no me ha mojado. Pero me ha tocado la memoria. Y Coco y yo, aunque hemos vuelto sudando como pollos, hemos disfrutado de nuestro paseo.

Eso también cuenta. Y mucho.

El Rincón de Amalia 🧡






“Hoy, con fe y gratitud”.

Buenos días, amigas del Rincón de Amalia. ❤️ Lo primero de todo, vamos a darle gracias a Dios por este nuevo día. Porque allá arriba lo ve t...