Buenas noches, mis queridas amigas de mi rincón.
Venga, vamos a ir bajando el ritmo, que ya va siendo hora de dejar las prisas aparcadas, las preocupaciones en una esquinita y los problemas para mañana, que tampoco hace falta llevárnoslos todos a la cama. ¡Que luego no cabemos ni nosotras! 😂
Antes de cerrar los ojitos, me gustaría que hiciéramos una cosita: mirar hacia atrás, hacia este día que ya se nos está despidiendo, y darle las gracias por todo lo que nos ha traído.
Por las cosas bonitas que nos han hecho sonreír, por las personas que nos han alegrado el corazón, por ese café que nos ha sabido a gloria y hasta por esas pequeñas lecciones que nos ha dado la vida, aunque alguna nos haya sentado como una patada en la espinilla.
Porque no todos los días son maravillosos, amigas mías. Hay días en los que todo parece salir del revés, en los que una se levanta con ganas de comerse el mundo y, a media mañana, lo único que quiere es que el mundo la deje tranquila un ratito. ¡Que también tenemos derecho!
Pero incluso en esos días hay algo que merece la pena agradecer: hemos tenido la oportunidad de vivirlos.
Y mientras pensaba en todo esto, me ha venido a la cabeza una costumbre que tenemos los seres humanos: dejar las cosas para después.
«Ya llamaré mañana».
«Ya le diré que la quiero otro día».
«Cuando tenga más tiempo, haré ese viaje».
«Cuando esté mejor, empezaré a disfrutar».
Y así vamos pasando los días, esperando que llegue el momento perfecto, como si la vida fuera una tienda en la que pudiéramos reservar los momentos bonitos y recogerlos cuando nos viniera bien.
¡Ay, amigas, si es que a veces somos la pera! 😂
Nos pasamos tanto tiempo preparando la vida que se nos olvida vivirla.
Y no lo digo porque tengamos que hacer todo deprisa, ni porque haya que ir por ahí como si mañana se acabara el mundo. ¡Faltaría más! Que a mí me gusta mi cafelito tranquilo, mis ratitos de paz y hacer las cosas a mi manera.
Lo que quiero decir es que no deberíamos dejar siempre para mañana aquello que hoy puede hacernos felices.
Si tienes ganas de llamar a alguien, coge el teléfono.
Si quieres decirle a una persona que la quieres, díselo.
Si hace tiempo que no abrazas a alguien, dale un abrazo de esos que hablan sin necesidad de abrir la boca.
Si tienes un sueño, por pequeñito que sea, busca la manera de acercarte a él.
Y si hay algo que te hace feliz y no hace daño a nadie, ¡disfrútalo, amiga! Que para eso también estamos aquí.
No hace falta gastarse un dineral, cruzar medio mundo ni organizar una fiesta con más invitados que en una boda. A veces, la felicidad se presenta en zapatillas, con el pelo revuelto y una taza de café en la mano. ☕
La vida está hecha de esos momentos que parecen poca cosa mientras suceden, pero que después recordamos con todo el cariño del mundo.
Una conversación en la cocina, una tarde de risas, una canción que nos devuelve un recuerdo, un paseo sin prisas o una persona que nos pregunta cómo estamos y se queda de verdad a escuchar la respuesta.
Esas cosas, amigas mías, también son vida. Y de la buena.
Porque el mañana no lo tenemos firmado. Podemos hacer planes, preparar maletas, apuntar citas en el calendario y soñar con todo lo que nos gustaría hacer, pero nadie puede asegurarnos cómo será el día siguiente.
Y eso no tiene que servirnos para vivir con miedo, sino para aprender a valorar un poquito más el presente.
No se trata de vivir pensando que mañana puede faltar, sino de no olvidar que hoy estamos aquí.
De no guardar siempre las palabras bonitas para una ocasión especial.
De no esperar a tenerlo todo resuelto para permitirnos un ratito de felicidad.
De no creer que necesitamos una vida perfecta para disfrutar de las cosas buenas que ya tenemos.
Que sí, que hay problemas, preocupaciones, días grises y momentos en los que cuesta hasta encontrar las ganas de sonreír. No vamos a pintar la vida de color de rosa cuando a veces viene con más nubarrones que el cielo en pleno invierno.
Pero hasta en los días grises podemos intentar encontrar un pequeño rayo de luz.
Y esta noche, antes de dormir, yo quiero darle gracias a Dios por este día que termina. Por lo vivido, por lo aprendido, por las personas que forman parte de mi camino y por la oportunidad de despertar, si Él quiere, a una nueva mañana.
Y quiero acostarme con una idea en el corazón:
Que no se nos vaya la vida esperando el momento perfecto, porque la vida también sucede mientras esperamos.
Así que, mis queridas amigas, cuando apoyéis la cabeza en la almohada, dejad por hoy las cuentas pendientes, las conversaciones que os preocupan y todas esas cosas que no habéis podido solucionar.
Mañana será otro día y ya iremos viendo cómo nos las apañamos, que tampoco vamos a arreglar el mundo de madrugada. ¡Ni que fuéramos las responsables de la comunidad de vecinos del planeta! 🌍
Descansad, respirad hondo y quedaos con algo bonito de esta jornada, por pequeño que sea.
Y si hoy no ha sido vuestro mejor día, no os castiguéis por ello. Mañana tendréis otra oportunidad de intentarlo.
Que Dios os cuide, os dé un descanso tranquilo y os regale un nuevo amanecer lleno de esperanza.
Y recordad siempre que vivir bonito no significa que todo salga bien, sino aprender a disfrutar de lo bueno sin dejar que las preocupaciones nos roben todos los momentos felices.
Buenas noches, mis amigas. Cerrad los ojitos con el corazón agradecido y despertad mañana con ganas de seguir escribiendo vuestra historia.
¡Que todavía nos quedan muchas sonrisas por regalar y muchos momentos bonitos por vivir!
Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al alma y no necesitan sello para viajar. ❤️
Con todo mi cariño,
Amalia 🌷
El Rincón de Amalia
Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️






