El blog de Alma Buendía Soleado

domingo, 11 de octubre de 2026

¡Preparamos las maletas, que nos vamos a la playa!


Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️

Hoy es domingo y en mi casa hay movimiento. Bueno, tampoco os vayáis a pensar que estamos organizando una mudanza, pero por aquí andamos preparando las maletas, porque mañana lunes, 12 de octubre, Día de la Hispanidad, mi Coco y yo nos vamos unos días a la costa.

¡Y qué ganas tenemos los dos!

Todos los años, cuando llega octubre, me gusta escaparme una semanita, o diez días si se tercia, a un pueblecito donde viví durante muchos años. Allí tengo buenas amistades, vecinas a las que quiero mucho y un montón de recuerdos que forman parte de mi vida.

Es uno de esos lugares a los que una vuelve y siente que, aunque haya pasado el tiempo, hay cosas que siguen estando en su sitio.

Allí falleció Fernando, y también por eso ese pueblo ocupa un lugar especial en mi corazón. Hay lugares que guardan pedacitos de nuestra historia, y volver a ellos nos permite recordar con cariño a quienes formaron parte de ella.

Pero no penséis que me voy a poner triste, ¡ni mucho menos! Que una puede recordar, emocionarse y seguir disfrutando de la vida. Una cosa no quita la otra.

Y ahora vamos con lo más importante de esta aventura: ¡las maletas!

Estoy yo preparando la mía y Coco, como buen ayudante, se coloca a mi lado para supervisar la operación. No sé si ayuda mucho, pero vigilarme me vigila. 😂

Eso sí, cuando llega el momento de preparar su equipaje, ¡madre mía, qué despliegue!

Yo llevo mi maleta, pero él necesita una bolsa enorme. Hay que llevar su camita, su comida, los cuencos para comer y beber, sus chuches y todo lo necesario para que no eche nada en falta.

¡Vamos, que al final parece que el perro se muda y yo voy de visita!

Pero bueno, ¿qué queréis que os diga? Si él está contento, yo estoy contenta. Y si hay que hacerle sitio a sus cosas, pues se hace. Para eso somos un equipo.

El hotel donde vamos está frente a la playa. Por las mañanas, cuando te despiertas, puedes escuchar el ruido del mar. Y a mí ese sonido me da una paz que no os podéis imaginar.

No necesitamos grandes planes ni hacer cosas extraordinarias. En ese pueblecito tenemos lo esencial: un supermercado, una farmacia, un estanco y unos cuantos bares. ¿Qué más queremos?

Desayunaremos en el hotel, buscaremos algún restaurante para comer y por la noche volveremos tranquilamente a nuestra habitación.

Y durante el día, a disfrutar.

Pasearemos por la playa, nos sentaremos a contemplar el mar, tendremos nuestros ratitos de tranquilidad y, si el tiempo acompaña, disfrutaremos del solecito de octubre.

El año pasado nos hizo muy buen tiempo, así que este año vamos a cruzar los dedos para que el sol quiera acompañarnos también.

Aunque, pensándolo bien, la felicidad no depende solamente de que haga sol. A veces basta con estar en el lugar donde una se siente a gusto, rodeada de buenos recuerdos y compartiendo el momento con quien quiere.

Y yo tengo la suerte de llevarme conmigo a mi pequeño compañero de aventuras.

Coco también ha vivido muchos años allí y parece que disfruta tanto como yo. Volvemos a lugares conocidos, paseamos por sitios que nos resultan familiares y compartimos esos días sin prisas, sin obligaciones y sin necesidad de hacer nada especial.

Porque a veces nos complicamos demasiado la vida buscando grandes acontecimientos, cuando la felicidad está escondida en las cosas más sencillas.

En escuchar el mar al despertar.

En desayunar tranquilamente.

En encontrarte con una amiga por la calle.

En dar un paseo sin mirar el reloj.

En sentarte un ratito a pensar, respirar hondo y dar gracias por estar aquí, viviendo un día más.

Y en mirar a tu perrito, que está tan feliz a tu lado, sin saber que tú también le estás dando las gracias en silencio por acompañarte.

Así que hoy domingo toca terminar de preparar las maletas, comprobar que no se nos olvida nada y dejarlo todo listo para salir mañana por la mañana.

Bueno, todo, todo… Espero que Coco no me haga sacar media maleta para meter alguna de sus pertenencias de última hora. Que conociéndolo, no me extrañaría nada. 😂

Y aunque durante estos días no tenga mi ordenador conmigo, procuraré seguir compartiendo alguna entrada con vosotras siempre que pueda. Porque me gusta pasarme por aquí, contaros mis cosillas y sentir que, al otro lado de la pantalla, hay alguien que me lee y comparte conmigo un ratito de su día.

No sé si podré escribir todos los días, pero lo intentaré. Y si algún día no aparezco, ya sabéis dónde estoy: cerquita del mar, disfrutando de mi escapadita con Coco.

Que la vida también está para eso, amigas. Para hacer una pausa, cambiar de paisaje, reencontrarnos con personas queridas y regalarnos momentos que nos hagan sonreír.

Y ahora os dejo, que tengo un perro supervisor, una maleta por cerrar y una bolsa de equipaje canino que parece no tener fondo.

¡Deseadnos buen tiempo y que disfrutemos mucho de estos días!

Un abrazo enorme para todas y recordad que no hace falta irse muy lejos ni gastar una fortuna para ser feliz. A veces basta con volver a un lugar querido, escuchar el mar y tener a tu lado a alguien que te hace la vida más bonita.

¡Siempre hay un motivo para sonreír! ❤️

Con cariño,

Amalia, desde El Rincón de Amalia.



Las puertas que todavía nos quedan por abrir


Buenos días, amigas de mi rincón. 

Hoy quiero que hagamos un pequeño ejercicio de esos que nos ayudan a mirar la vida con otros ojos. Imaginad que estamos en un pasillo muy largo, el pasillo de nuestra propia vida.

Si miramos hacia atrás, veremos un montón de puertas que ya se han cerrado. Algunas se cerraron porque la vida quiso, otras porque tuvimos que tomar decisiones y algunas, sencillamente, porque ya habían cumplido su misión.

Detrás de esas puertas quedaron personas, momentos, ilusiones, trabajos, despedidas y hasta versiones de nosotras mismas que ya no somos.

Y sí, amigas, a veces da un poquito de pena mirar atrás. Porque hay cosas que nos habría gustado conservar para siempre y personas a las que habríamos abrazado mil veces más. Pero la vida tiene sus propios planes y no siempre nos pregunta si estamos preparadas.

Ahora bien, ¿sabéis una cosa? ¡Que no todo está detrás de nosotras!

Delante hay otras puertas que todavía no hemos abierto. Algunas nos llevarán a descubrir cosas nuevas, otras nos regalarán momentos que ni imaginamos y puede que alguna nos sorprenda tanto que nos preguntemos cómo hemos podido vivir sin conocer aquello.

Por eso, mujer, no te quedes todo el día mirando la puerta que se cerró. Puedes recordarla con cariño, agradecer lo bonito que hubo detrás de ella y hasta llorar un poquito si lo necesitas. Pero después, sécate las lágrimas, arréglate el pelo y sigue caminando, que todavía tienes pasillo por delante.

Y no me digas que a estas alturas ya no estás para empezar cosas nuevas. ¡Anda que no hay cosas que aprender, lugares que conocer, libros que leer, labores que terminar y risas que compartir!

A veces somos nosotras mismas las que nos cerramos las puertas antes de intentarlo. Nos decimos que no podemos, que ya somos mayores, que no tenemos tiempo o que para qué vamos a cambiar las cosas.

Y yo me pregunto: ¿quién ha dicho que tengamos que dejar de tener ilusiones porque cumplimos años?

La vida nos cambia, nos enseña y, en ocasiones, nos pone unas pruebas que ni en nuestros peores sueños habríamos imaginado. Pero también nos da la oportunidad de conocernos mejor, de descubrir nuestra fuerza y de aprender a escuchar esa vocecita interior que, cuando la dejamos hablar, muchas veces sabe lo que necesitamos.

Así que vamos a confiar un poquito más en nosotras mismas. No hace falta conocer todo el camino para dar el siguiente paso. Basta con tener ganas de avanzar y permitirnos descubrir qué hay detrás de la próxima puerta.

Y si una puerta no se abre, no pasa nada. Probamos otra. Que para eso tenemos imaginación, paciencia y, cuando hace falta, una buena dosis de cabezonería española, jajajaja.

Amigas mías, no somos solamente lo que hemos vivido; también somos todo lo que todavía podemos llegar a vivir.

Así que hoy os propongo una cosa: dejemos el pasado en su sitio, guardemos los recuerdos bonitos en el corazón y miremos hacia delante con ilusión.

Quién sabe si detrás de esa puerta que todavía no nos hemos atrevido a abrir nos espera una de las sorpresas más bonitas de nuestra vida.

Y ahora, venga, a poner una sonrisa en esa cara y a disfrutar del día. Que mientras haya vida, siempre habrá algo nuevo que descubrir.

Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al corazón.

Y no lo olvidéis nunca: siempre hay un motivo para sonreír. ❤️

Con cariño,


El Rincón de Amalia



sábado, 10 de octubre de 2026

Hay algo en el otoño que se parece mucho a mí…


Estoy en esa edad en la que ya no necesitamos correr para sentir que estamos viviendo.

Miramos caer las hojas y entendemos que también nosotros hemos dejado algunas cosas atrás: personas, lugares, sueños, amores, versiones de nosotras mismas que ya cumplieron su tiempo.

Y no da tristeza… da nostalgia.

Porque los años también tienen su propia belleza.

Como el otoño, llegan con colores distintos, con recuerdos que huelen a casa, a café recién hecho, a tierra mojada, a tardes que parecían eternas y a voces que todavía viven en algún rincón del corazón.

Quizá eso somos ahora: un poquito de memoria, un poquito de experiencia y muchas ganas de seguir viviendo bonito.

No le temo a mis años. Al contrario, los recibo.

Cada arruga me cuenta una historia, cada cana me recuerda que aquí sigo, y cada otoño me susurra que la vida no termina cuando cambia de estación…

Simplemente aprende a florecer de otra manera.

Y qué bonito es llegar hasta aquí y todavía tener ganas de mirar el cielo, preparar un café, recordar a quienes amamos y dar gracias por todo lo vivido.

Y entonces decir, con el corazón:

"Gracias, Dios, por permitirme vivir este otoño de mi vida."

Porque mientras haya un nuevo día, un café calentito, una persona a quien querer y una razón para sonreír… todavía queda mucha vida por vivir.

El Rincón de Amalia 🍂❤️
Siempre hay un motivo para sonreír. 



Primero el café, después ya veremos


Hay algo bonito en despertarse temprano, cuando todavía la casa está en silencio y el mundo parece no tener ninguna prisa.

Una se levanta despacito, se acomoda el pelo como puede, y aún con el pijama va derechita a por el cafecito. Porque a estas alturas una ya sabe que hay conversaciones que no necesitan palabras… como esa primera taza de café entre las manos.

Me gusta ese ratito.

El olor del café, el aire fresco de la mañana, los pensamientos que se van acomodando solitos y esa paz de saber que tengo un día nuevo por delante.

No necesito que pase nada extraordinario.

A veces la felicidad es esto: despertarse, estar aquí, respirar profundamente y tomarse un café en paz.

Y si todavía me sobra sueño… pues también se vale.

Primero el café, después ya veremos qué hacemos con la vida. 

Porque hay mañanas en las que una no necesita grandes planes.

Solo necesita un poco de silencio, una taza de café y ganas de seguir disfrutando de estar aquí.

Buenos días, amigas de mi rincón.

Que hoy tengamos un día bonito, de esos que no hacen mucho ruido, pero nos dejan el corazón contento.

Y ahora sí…

¡A por el café! ☕️

El rincón de Amalia 💗






viernes, 9 de octubre de 2026

¿Sabes qué es lo que más me gusta de la mujer que soy hoy?

¿Sabes qué es lo que más me gusta de la mujer que soy hoy?

Que creo que aquella muchacha que fui, si pudiera verme ahora, estaría orgullosa de mí.

Y eso… eso es lo que de verdad me importa.

Porque ella no sabía todo lo que iba a vivir. No sabía las vueltas que da la vida, las despedidas, los golpes, las veces que tendría que empezar de nuevo ni todo lo que iba a aprender a soltar.

Ella solamente quería vivir. Quería ser feliz, hacer las cosas a su manera y disfrutar de la vida.

Y mírame ahora…

No lo hice todo perfecto, claro que no. ¡Faltaría más! Me equivoqué, confié en quien no debía, me quedé alguna vez donde ya no quería estar y también tuve el valor de marcharme cuando entendí que había llegado el momento.

He llorado. He caído. He vuelto a levantarme.

He cambiado de opinión más de una vez y he aprendido, a veces a las buenas y muchas otras a las malas, que también hay que saber escogerse a una misma.

Pero llegué hasta aquí siendo yo.

Y si pudiera sentarme un ratito frente a aquella muchacha, le cogería la mano y le diría:

«Tranquila… vas a poder. Vas a llorar, vas a caer y habrá días en los que no sabrás por dónde tirar. Pero también vas a reír, vas a querer, vas a aprender y vas a descubrir una fuerza que todavía no sabes que tienes. Y un día entenderás que no tienes que gustarle a todo el mundo. Solo tienes que poder mirarte al espejo y estar en paz contigo».

Y creo que ella me miraría con aquella sonrisa que tenía entonces y me diría:

«Qué bueno que no te olvidaste de mí».

Y entonces yo sonreiría.

Porque al final, no necesito que todo el mundo esté orgulloso de mí.

Me basta con que lo esté aquella muchacha que fui cuando todavía no sabía todo lo que podía llegar a ser.

Y qué bonito sería poder abrazarla y decirle:

«Mira, niña… lo hemos conseguido. No ha sido fácil, pero aquí estamos».

El rincón de Amalia. 💗



jueves, 8 de octubre de 2026

Hoy no arreglo el mundo… hoy me arreglo el ánimo


Hay días en los que una necesita regalarse un ratito para ella.

Sin pendientes, sin prisas y, a ser posible, sin que nadie venga a preguntar:

—¿Y tú qué estás haciendo?

Pues nada, mujer… ¡absolutamente nada! Y qué gusto da.

Pones una buena música, preparas un café y te sientas tranquilamente a pensar en esas cosas tontas que, en realidad, no son tan tontas.

Que por qué el café sabe mucho mejor en una taza que en otra.

Que dónde demonios se habrá metido ese calcetín que desapareció hace tres lavadoras.

Que si las plantas entenderán algo cuando una les habla… porque yo, por si acaso, les hablo. 😂

Y así, sin más.

Sin estar solucionando problemas, haciendo listas ni pensando en lo que toca después.

Porque también hay que aprender a descansar sin sentir que estamos perdiendo el tiempo.

No tenemos que estar siempre haciendo algo.

A veces basta con sentarse, tomarse un café, escuchar una canción que nos guste y dejar que la cabeza se vaya por donde quiera.

Que el mundo ya seguirá funcionando aunque nosotras paremos un poquito.

Así que hoy, si me preguntan:

—Amalia, ¿qué estás haciendo?

Pues mira…

Hoy no arreglo el mundo.
Hoy me arreglo yo el ánimo.

Y mañana… ya veremos. 

Siempre hay un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia 💖



miércoles, 7 de octubre de 2026

¡Acompáñame a celebrar!


¡Ven, ven, ven! Acompáñame a brindar con un cafecito, con un té, con agua… ¡con lo que tengas en la mano!

Pero vamos a celebrar.

Y no me preguntes qué festejamos.

¿Que si es un cumpleaños?
¿Que si ha pasado algo importante?
¿Que si nos ha tocado la lotería?

¡No, amiga!

Tenemos algo muchísimo más importante que celebrar:

¡ESTAMOS VIVAS!

Y eso, aunque a veces se nos olvide, se celebra todos los días.

Se celebra que esta mañana hemos abierto los ojos.
Que podemos levantarnos, mirar por la ventana y ver el cielo.
Que podemos escuchar una canción que nos gusta, sentir el aire en la cara, preparar nuestro cafecito y sentarnos un ratito a disfrutarlo.

Y yo, además, tengo a mi Coco por aquí, que no necesita grandes discursos para recordarme que la vida también está hecha de cosas sencillas.

Una mirada suya, tenerlo a mi lado en el sofá, salir a dar un paseo juntos… o escucharle ladrar como si tuviera una conversación pendiente con medio barrio. 

¡Que también hay que celebrar esas pequeñas cosas!

Se celebra esa llamada de alguien que queremos.
Ese mensaje que nos hace sonreír.
Ese "¿cómo estás?" que llega justo cuando lo necesitábamos.

Y si hoy no llega ningún mensaje… tampoco pasa nada.

¡Que nuestra felicidad no dependa de un teléfono!

No podemos dejar nuestra alegría en manos de quién nos escribe, quién nos busca, quién se acuerda de nosotras o quién decide quedarse.

Porque nosotras también sabemos hacernos compañía.

También podemos levantarnos, arreglarnos, ponernos guapas aunque no vayamos a ninguna parte y decirnos delante del espejo:

«Hoy me toca vivir.»

Y vivir no significa que todos los días sean perfectos.

Hay días de lágrimas, días de preocupaciones, días en los que una se levanta con menos ganas que un lunes por la mañana… 

Pero incluso esos días forman parte de la vida.

Así que hoy quiero levantar mi taza contigo.

Por nosotras.

Por todo lo que hemos superado.

Por las veces que lloramos y, aun así, seguimos adelante.

Por aquellas veces que pensamos que ya no podíamos más…

¡y pudimos!

Por las personas que nos quieren, por las que están a nuestro lado y también por aquellas que un día estuvieron y dejaron una huella bonita en nuestra vida.

Y, sobre todo, brindemos por todo lo que todavía nos queda por vivir.

Porque todavía quedan cafés por compartir, canciones por escuchar, risas por soltar, lugares por conocer, abrazos por dar y muchísimos momentos que todavía no sabemos que nos están esperando.

Así que venga…

¡Levanta esa taza!

☕🥂

Por ti.
Por mí.
Por Coco y por todos esos pequeños compañeros de vida que nos hacen los días un poquito más bonitos.

Por la vida.

Y porque mientras haya un nuevo día para abrir los ojos…

siempre tendremos un motivo para sonreír.

Un beso enorme de esta amiga que te acompaña desde

El Rincón de Amalia ❤️

Siempre hay un motivo para sonreír.



¡Preparamos las maletas, que nos vamos a la playa!

Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️ Hoy es domingo y en mi casa hay movimiento. Bueno, tampoco os vayáis a pensar que estamos organizando u...