Después de mucho tiempo sin tocar mis brochas ni mis pinturas, hoy me ha dado por sacar los lienzos, los pinceles y todo lo que tenía un poquito olvidado.
Tengo mi caballete preparado y mis pinturas otra vez por aquí.
Hace tiempo que no pinto. Y eso que pintar siempre me ha gustado. He ido a clases, he aprendido, he disfrutado delante de un lienzo… pero la vida tiene esas cosas: unas veces hacemos algo con mucha ilusión y después, sin darnos cuenta, lo vamos dejando para más adelante.
Y ahí se quedó mi pintura.
Hasta hoy.
Coco está a mi lado, observándome con esa carita suya, como diciendo: “¿Y ahora qué vas a hacer con todo eso?”.
Y yo, mientras preparo mis cosas, me he hecho un café.
Ese café que huele tan bien que parece que despierta hasta las paredes de la casa.
Y de fondo, como tantas otras veces, suena Julio Iglesias.
Y entonces empieza una canción que me ha hecho parar un momento:
“Me olvidé de vivir”.
Qué cosas tiene la música.
Hay canciones que simplemente escuchas y otras que parece que te hablan directamente.
Y esta tarde me ha hecho pensar en cuántas veces nosotras también nos hemos olvidado de vivir.
Porque hemos pasado muchos años ocupándonos de todo.
De los hijos, de la familia, de la casa, de las preocupaciones, de las cuentas, de lo que había que hacer mañana…
Y cuando queríamos darnos cuenta, había pasado otro año.
Y quizá algunas cosas que nos hacían felices se quedaron aparcadas en un rincón.
Como mis pinturas.
Pero hoy, al volver a sacar mis pinceles, he pensado que quizá nunca es tarde para volver a aquello que nos hacía ilusión.
No hace falta que sea la pintura.
Puede ser cualquier cosa.
Un libro que dejamos a medias.
Una canción que hace años que no escuchamos.
Una amiga a la que hace tiempo que no llamamos.
Un lugar al que siempre quisimos ir.
Una receta que queremos aprender.
O simplemente sentarnos tranquilamente a tomar un café sin estar pensando en todo lo que tenemos pendiente.
Porque quizá hemos pasado demasiado tiempo esperando a que llegara el momento perfecto.
Y la vida, mientras tanto, seguía pasando.
Por eso creo que llega un momento en el que tenemos que decir:
Ahora me toca a mí.
Ahora quiero hacer cosas porque me apetecen.
Quiero volver a pintar aunque el cuadro no quede perfecto.
Quiero escuchar música porque me gusta.
Quiero salir a pasear sin tener que llegar a ningún sitio.
Quiero ponerme ese perfume que tanto me gusta aunque no tenga ninguna ocasión especial.
Quiero comprarme unas flores aunque nadie me las regale.
Quiero disfrutar de mi café.
Quiero reírme.
Quiero emocionarme.
Quiero seguir descubriendo cosas.
Porque nuestra vida también es como un cuadro.
Tiene colores preciosos y también manchas.
Tiene días luminosos y días grises.
Tiene pinceladas que nos encantan y otras que, si pudiéramos volver atrás, seguramente cambiaríamos.
Pero todas forman parte de nuestro cuadro.
Y ahora que tenemos más experiencia, quizá podamos coger el pincel con un poquito más de calma.
No para borrar nuestra historia.
Sino para seguir pintándola.
Hoy he vuelto a sacar mis pinturas y no sé cuánto tardaré en terminar un cuadro.
Tampoco sé si me quedará precioso.
Pero eso ya no es lo importante.
Lo importante es que he vuelto a hacer algo que me gusta.
Y mientras yo preparo mis pinturas, Coco sigue a mi lado, mirando todo como si estuviera supervisando la obra.
Y entonces pienso que quizá vivir sea precisamente esto.
Volver a encontrar pequeñas cosas que creíamos olvidadas.
Darnos permiso para disfrutar.
Y entender que todavía nos quedan muchas cosas por hacer.
No importa la edad.
No importa cuánto tiempo hayamos dejado algo aparcado.
Si todavía nos hace ilusión, podemos volver.
Porque mientras haya ganas, siempre hay un poquito de vida esperando que la descubramos.
Así que hoy, mientras escucho “Me olvidé de vivir”, me hago una promesa:
Que no se me olvide vivir.
Que no se me olvide pintar.
Que no se me olvide reír.
Que no se me olvide disfrutar de un café.
Que no se me olvide escuchar una canción que me emocione.
Que no se me olvide hacer esas pequeñas cosas que me hacen sentir bien.
Porque todavía tengo muchos colores en mi paleta.
Muchos cuadros por imaginar.
Muchos cafés por disfrutar.
Muchas canciones por escuchar.
Y muchos momentos por vivir.
Y quién sabe…
Quizá después de tanto tiempo con mis pinturas aparcadas, hoy haya vuelto a abrir una puerta que nunca estuvo realmente cerrada.
Porque siempre hay un motivo para sonreír.
El Rincón de Amalia 💥






