Hay días que no necesitan grandes viajes ni grandes planes para convertirse en inolvidables. Hoy ha sido uno de ellos.
Nos hemos reunido los seis de siempre: dos parejas... y yo, que hago pareja con mi querido Coco. 🐶❤️ Él nunca falla. Allí donde voy, él viene conmigo, y en casa de sus tíos Blanca y Toni se siente como en su propia casa. Ha jugado un ratito, ha recibido mimos y, como buen rey de la casa, también ha disfrutado de una buena siesta.
La comida ha sido una auténtica delicia. Juan Carlos preparó unas arepas venezolanas que yo nunca había probado y Brigitte hizo unos rellenos espectaculares. ¡Qué ricas estaban! Me han encantado, aunque tengo que decir que llenan muchísimo.
Después de comer llegaron los juegos de mesa... y las carcajadas. Juan Carlos y yo estábamos uno enfrente del otro y, para qué os voy a engañar, hicimos alguna trampilla de vez en cuando. Los demás nos pillaban y las risas eran tan grandes que acabamos con dolor de barriga de tanto reír.
Las horas pasaron sin darnos cuenta. Hemos hablado, hemos comido, hemos brindado y hemos disfrutado de la mejor compañía. Cuando decidimos volver a casa ya era bien entrada la noche, y si no llega a ser porque alguien dijo: "venga, que ya es hora de ir cada uno a su casa", todavía seguiríamos allí.
Siempre digo que la familia no siempre es la de sangre. También existe la familia que uno elige, la familia del corazón. Y yo tengo la suerte de haber encontrado personas maravillosas con las que compartir momentos como este.
Ya hemos quedado para la próxima comida... y estoy segura de que volveremos a reírnos tanto como hoy.
Porque, al final, la felicidad muchas veces está en una mesa compartida, en unas buenas conversaciones, en unas risas sinceras... y en sentirte como en casa rodeada de personas que te quieren y quieres.
Y sí... hoy hemos viajado a Venezuela sin salir de casa.






