Hay personas que pasan por nuestra vida como una ráfaga de aire fresco, dejándola llena de luz, de risas y de ganas de comerte el mundo. Así era mi amiga. A sus 73 años, una edad en la que muchos se cansan, ella conservaba la ilusión intacta, una sonrisa eterna y una alegría contagiosa.
Ayer le tocó partir después de tres meses de una lucha injusta y silenciosa que empezó de la forma más inesperada. Ha sido un golpe duro, pero en medio de la tristeza, me consuela saber que por fin descansa, libre de dolor y de secuelas, y que Dios la ha acogido para que no sufra más. Fue una auténtica luchadora; la vida no se lo puso fácil, pero ella siempre eligió sonreír.
Hoy no quiero recordarte en la cama de un hospital, sino aquí, en mi casa, compartiendo un día de esos que se te quedan grabados en el corazón. Me viene a la memoria un día maravilloso en la que la invité a comer. Nunca había probado la sopa de cebolla ni la mazorca de maíz, y ver su cara de sorpresa, su ilusión por descubrir algo nuevo y lo muchísimo que disfrutamos juntas de ese almuerzo y de una sobremesa que se alargó casi todo el día, es el regalo más bonito que me guardo de ella. ¡Qué bien lo pasábamos juntas!
Hoy no quiero recordarla con lágrimas, sino con una sonrisa. Quiero recordar nuestras charlas, nuestras risas y todos esos momentos sencillos que hicieron que nuestra amistad fuera tan especial.
Mari, gracias por el cariño, por la compañía y por tantos recuerdos bonitos que se quedan para siempre en mi corazón.
Te digo adiós con amor, pero también con gratitud por haber tenido la suerte de compartir un trocito de camino contigo.
Te vas demasiado pronto, amiga, pero te vas habiendo dejado el mundo un poquito más alegre de como lo encontraste. Gracias por tu amistad, por tus ganas de vivir y por enseñarme que siempre, pase lo que pase, hay un motivo para sonreír.
Sé que tú no vas a poder leer esto que he escrito, pero me sentía en la necesidad de hacerte un pequeño homenaje por lo buena, cariñosa y simpática que fuiste. Y quiero dar gracias a la vida por haber compartido mi vida un tiempo contigo.
Siempre en mi corazón.






