El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 18 de julio de 2026

El tonto, el fanfarrón y el sabio: una lección de vida con humor



Dicen que el mundo está lleno de personajes, y no hace falta viajar mucho para encontrarlos. Están ahí, en la cola del supermercado, en las reuniones familiares, en las redes sociales… y cada uno tiene su estilo muy particular de “mostrarse” al mundo.

El tonto, por ejemplo, habla mucho. Muchísimo. Si le das pie, te cuenta desde cómo se hace un huevo frito hasta la teoría de por qué los extraterrestres todavía no nos han visitado (según él, porque no hay dónde aparcar). Eso sí, cuando terminas de escucharlo, te das cuenta de que, en realidad, no te ha dicho nada útil… pero oye, él se queda tan ancho.

El fanfarrón es otro nivel. No solo habla, sino que presume de todo lo que, supuestamente, ha hecho. “Yo estuve en tal sitio… yo hice tal cosa… yo inventé tal idea…” y tú, escuchando, piensas: “Pues para tanto que has hecho, no se te nota mucho, ¿eh?”. Es el campeón olímpico del yoísmo, medalla de oro en autopromoción.

Y luego está el sabio. Ese es distinto. No presume, no hace ruido, no necesita convencer a nadie de nada. Habla poco, observa mucho… y mientras los demás gastan energía en palabras, él ya ha construido, ayudado, creado o solucionado algo importante. Cuando te enteras de todo lo que ha hecho, solo puedes decir: “¡¿Pero cuándo lo ha hecho este hombre?!”.

La vida está llena de estos tres arquetipos. El truco está en saber reconocerlos… y, si es posible, acercarte más al sabio, no solo para aprender de lo que hace, sino para recordar que, muchas veces, menos palabras y más acciones es la mejor receta para dejar huella.

Porque, al final, todos podemos elegir: ¿quieres ser el que hace ruido o el que hace historia?




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