El blog de Alma Buendía Soleado

miércoles, 26 de agosto de 2026

A estas alturas, yo elijo la paz


A mí no me gusta enfadarme. La verdad es que me cuesta bastante que alguien me saque de mis casillas. Y no porque sea una santa, ¿eh? ¡No os emocionéis! 

Es que me da una pereza tremenda.

Yo pienso: ¿para qué me voy a enfadar? Si me enfado, después tengo que desenfadarme… ¡y menudo trabajo más tonto!

Primero te alteras, después haces tus corajes, luego tienes que respirar hondo, tranquilizarte, tomarte un café y volver a ser persona…

¡Pues no! ¡Qué necesidad! 

A mis 66 años he aprendido que mi tiempo vale demasiado como para gastarlo en discusiones absurdas.

Porque hay discusiones que empiezan con:

—Yo te voy a decir una cosa…

Y cuando quieres darte cuenta llevas dos horas discutiendo y ya ni sabes de qué demonios estabas hablando.

Pues conmigo que no cuenten.

Yo ya estoy en otra etapa de mi vida.

Quiero vivir, reírme, tomarme mi café tranquila, salir a pasear, disfrutar de Coco, escribir mis cosas, hacer mis labores, escuchar música, cotillear un poquito, porque tampoco vamos a perder las buenas costumbres, y disfrutar de todo lo bonito que me vaya poniendo la vida por delante.

¿Que alguien quiere discutir conmigo?

Pues que discuta.

Pero solito.

¿Que alguien quiere provocarme?

Que espere sentado, porque yo estoy demasiado ocupada viviendo mi vida. 

Y además hay otra cosa…

Yo no entro en discusiones porque existe la posibilidad de que la otra persona tenga razón.

¡Y a mí no me gusta perder! 

Así que, por si acaso, mejor ni empezamos.

A estas alturas ya sé que no todas las batallas merecen que una se meta en ellas.

Hay discusiones que puedes ganar y, cuando terminas, tienes el hígado hecho polvo, la tensión por las nubes y una cara que no te la arregla ni una mascarilla de pepino.

Pues mira...

Yo paso.

Yo prefiero mi paz.

Porque he llegado a una edad en la que ya no necesito demostrarle nada a nadie.

Si alguien piensa diferente, estupendo.

Si alguien no me entiende, tampoco pasa nada.

Si alguien quiere tener la última palabra, se la regalo.

¡Que se la quede!

Yo me quedo con mi tranquilidad.

Porque ganar una discusión te puede dar satisfacción durante cinco minutos.

Pero estar en paz contigo misma te puede alegrar el día entero.

Y entre tener la última palabra y tener mi café calentito…

¡PERDÓNAME, PERO YO ME QUEDO CON EL CAFÉ! 

Así que ya lo sabéis.

A mis 66 años,  con unas cuantas lecciones aprendidas por el camino, tengo clarísimo lo que quiero:

Vivir. Reír. Disfrutar. Querer a quien quiero. Y no perder el tiempo enfadándome.

La vida ya me ha enseñado bastante como para saber que la paz no tiene precio.

Y si para conservarla tengo que perder una discusión…

Pues mira tú qué problema.

Igual sigo ganando. 

Aunque, pensándolo bien…

¡Mejor ni discutimos!

No vaya a ser que alguna de los dos salga perdiendo. 

El Rincón de Amalia 🧡



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