Hoy llegamos al último escaloncito de agosto.
Se nos va otro mes y, si algo nos ha dejado este agosto, ha sido calor. Mucho calor. De ese que hace que mirar por la ventana y pensar en salir a pasear sea casi un acto de valentía.
Agosto es un mes precioso para quienes disfrutan de sus vacaciones, para los que hacen las maletas, se van unos días, conocen lugares nuevos, descansan y disfrutan de ese merecido paréntesis.
Pero también estamos los que nos quedamos en el pueblo.
Y yo me quedo en el pueblo, y también sé disfrutarlo.
Porque cuando llega agosto, el pueblo cambia. Hay menos gente por las calles, muchas tiendas están cerradas y todo parece ir un poquito más despacio. Se respira tranquilidad, se escucha menos ruido y hasta da gusto salir a pasear y encontrarse las calles casi vacías.
Eso sí… cuando el calor lo permite. Porque este año agosto nos ha puesto a prueba.
Pero incluso así, también ha habido momentos bonitos. Un café por la mañana, una conversación, una risa, una visita, un paseo, una tarde tranquila en casa o simplemente sentarnos un rato y disfrutar de esas pequeñas cosas que muchas veces ni miramos.
Y quizá ahí está la verdadera magia de la vida: en aprender a valorar lo cotidiano.
Por eso no quiero despedir agosto pensando en lo que me ha faltado, en lo que no he hecho o en los planes que se han quedado pendientes.
Quiero despedirlo dando las gracias.
Gracias por cada día vivido, por las personas que han estado cerca, por los buenos momentos y también por esos días sencillos que, sin hacer demasiado ruido, nos han regalado un poquito de felicidad.
Porque abrir los ojos cada mañana y poder decir "aquí estoy" ya es un regalo.
Así que, adiós, agosto.
Gracias por tus días de sol, por tus noches de verano, por la tranquilidad del pueblo y por todos esos pequeños momentos que quizá mañana recordemos con una sonrisa.
Y ahora abrimos la puerta a septiembre.
Llega un nuevo mes, con nuevas ilusiones, nuevos proyectos, nuevos sueños y quién sabe cuántas cosas bonitas por descubrir.
Yo lo recibo con ilusión y con la esperanza de que sea un mes fabuloso.
Porque nunca sabemos qué nos tiene preparado la vida, y mientras tengamos un nuevo día por delante, siempre habrá motivos para seguir sonriendo.
Bienvenido, septiembre.
Te esperamos con los brazos abiertos, el corazón contento y muchas ganas de que nos sorprendas.
Y ahora sí…
Adiós, agosto. Gracias por todo.
Hola, septiembre. ¡Vamos a por ti!
El rincón de Amalia🌻❤️

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