El otro día estábamos reunidos hablando de Shakira.
Y claro, salió el tema de que para la edad que tiene está estupenda: ágil, con un tipito que ya quisiera yo y moviéndose con una facilidad que parece que los años no van con ella.
Y yo, tan tranquila, dije:
—Yo tengo envidia sana de Shakira. Me encantaría estar así de ágil y moverme como ella.
Y ahí salió mi amigo Jeroni, que es muy espiritual, muy zen y de esos que te hacen pensar hasta cuando tú no tenías ninguna intención de pensar.
Y me dice:
—No, Amalia. La envidia nunca es sana.
—¡Pero si he dicho envidia sana! —le contesté yo.
—No, no existe la envidia sana. Puedes admirarla, puedes desear tener su agilidad, puedes sentir inspiración… pero envidia, no.
Y claro, yo discutí un poquito.
Porque vamos a ver, Jeroni…
¡Yo no quiero quitarle nada a Shakira!
Ni su tipito, ni sus piernas, ni su agilidad, ni sus caderas.
Yo solamente estaba diciendo que me gustaría tener un poquito de eso para mí.
Pero después me quedé pensando.
Y tengo que reconocer que mi amigo tenía algo de razón.
Porque la envidia, en el fondo, aparece cuando miramos lo que tiene otra persona y pensamos:
“Eso lo quiero yo.”
Y a veces incluso pensamos:
“Y además, no entiendo por qué ella lo tiene y yo no.”
Ahí ya cambia la cosa.
Porque admirar es una cosa.
Envidiar es otra.
Yo puedo mirar a una mujer y decir:
—¡Qué bien se conserva! ¡Qué ágil está! ¡Qué maravilla!
Y pensar:
—Ojalá yo pudiera estar así.
Eso no tiene nada de malo.
Al contrario.
Puede servir para inspirarme.
Para decir: “Pues mira, voy a moverme un poquito más, voy a cuidarme, voy a hacer mis ejercicios y voy a intentar estar lo mejor posible dentro de mis posibilidades.”
Eso es admiración.
Pero si miro a esa persona y me molesta que esté bien, me fastidia que tenga lo que tiene o deseo que deje de tenerlo…
Ahí ya estamos hablando de otra cosa.
Y entonces entendí lo que me quería decir Jeroni.
Aunque, eso sí, no se lo voy a reconocer demasiado, que luego se viene arriba. 😂
Porque también creo que utilizamos mucho la expresión “envidia sana” sin mala intención.
Cuando decimos:
—¡Qué envidia me das!
Muchas veces no queremos decir que deseamos que al otro le vaya mal.
Queremos decir:
—“Qué bonito lo que tienes. A mí también me gustaría.”
Y quizá la palabra más adecuada sea admiración.
O inspiración.
O simplemente reconocer que hay algo en otra persona que nos gustaría tener nosotros.
Porque yo puedo admirar a Shakira por su agilidad sin querer ser Shakira.
Con ser Amalia ya tengo bastante. 😂
Y además, a estas alturas de mi vida, tampoco quiero vivir comparándome con nadie.
Cada persona tiene su cuerpo, su historia, sus circunstancias y sus años vividos.
Yo no puedo tener el cuerpo de Shakira.
Pero Shakira tampoco puede tener mi vida.
Y mi vida, con todo lo bueno y todo lo malo que me ha tocado vivir, es la mía.
Así que me quedo con una conclusión:
Quizá no existe la envidia sana.
Lo que sí existe es la admiración.
Existe decir:
—“Qué bonito lo que tiene esa persona. Me gustaría tener un poquito de eso yo también.”
Y en vez de quedarnos mirando lo que tiene el otro, podemos preguntarnos:
“¿Qué puedo hacer yo para sentirme un poquito mejor con lo que tengo?”
Porque compararnos todo el rato con los demás nos roba mucha tranquilidad.
Y yo, a mis 66 años, ya he decidido que quiero conservar mi paz.
Eso sí…
Si algún día consigo moverme como Shakira, no pienso decir que ha sido por envidia.
Diré que ha sido por admiración.
Y a Jeroni le mandaré un mensaje:
—¿Ves como al final te hice caso?
Aunque él seguramente me contestará:
—“Amalia, no se trata de hacerme caso a mí…”
Y ahí ya le dejaré hablando solo.
¡Que una tiene sus límites espirituales!
El Rincón de Amalia 🧡

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