Hoy España se ha despertado con una herida abierta.
Un accidente de tren, un viaje cualquiera, un día normal… y de repente la vida se rompe.
Personas que iban a trabajar, a volver a casa, a pasar unos días con la familia, a llegar a su destino con la cabeza llena de planes. Personas de todas las edades. Y seguramente también algún animalito viajaba en ese tren; de ellos casi nadie habla, pero también sienten, también tienen corazón. Personas felices sin saber que ayer sería su último día.
Hoy mi pensamiento está con las familias que han perdido a alguien, con su dolor imposible de explicar, con ese golpe seco que nadie ve venir. También con las personas heridas, con su miedo, su recuperación y todo lo que ahora tendrán que recomponer.
Estas tragedias nos recuerdan algo que preferimos olvidar que la vida pende de un hilo finísimo.
Que creemos tener tiempo, y a veces el tiempo se acaba sin avisar.
Y aun así, incluso en medio de esta tristeza tan grande, la vida nos pide algo en silencio.
Nos pide vivir con más verdad.
Decir te quiero sin dejarlo para mañana.
Llegar a casa con más calma.
Abrazar un poco más fuerte.
No dar nada por hecho.
Porque mientras el hilo siga intacto,
mientras hoy sigamos aquí, la vida merece ser vivida con amor, con gratitud y con la conciencia de que cada día es un regalo.
Hoy el corazón está triste, sí.
Pero también despierto.
Y desde este lugar, mando luz, respeto y cariño
a todas las familias que hoy lloran.
Que la paz los acompañe.
Y que la vida, a los que seguimos aquí, nos encuentre viviendo de verdad.
Hoy, vivir ya es un acto de amor.

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