El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 22 de enero de 2026

Un café, un amigo y una risa: receta infalible de felicidad


Hoy me he ido a tomar un café con un amigo. Nada complicado: una terracita tranquila, un café calentito y dos personas con ganas de reírse hasta que les duela la barriga… y Coco, mi caniche blanco, mirándonos con cara de “otra vez vosotros dos con vuestras tonterías, ¿eh?”. ¡Vaya mañana más buena hemos pasado!

Entre broma y broma, yo con mi constipado, mi bronquitis o lo que sea que me haya dicho el médico, ni me acuerdo ya, mirábamos la vida con ese punto de humor que a mí nunca me falta. Porque sí, puedo estar tosiendo, con la voz tomada o con el cuerpo medio flojo… pero yo sigo sonriendo. Eso no me lo quita ni un virus, ni un susto, ni un mal día.

Y en mitad de esa risa tonta, de esa alegría que surge sola, mi amigo me mira y me suelta:

“Amalia… contigo no se aburre ni la tristeza.”

¡Casi me caigo de la silla de la risa! Me lloraban los ojos, pero de lo bien que me sentí al escucharlo. Qué frase tan grande y tan cierta. Cualquier mañana aburrida se puede convertir en un momento bonito si uno le pone un poco de humor… y yo, por suerte, siempre tengo ganas de reír.

Reír tiene sus beneficios, y ¿para qué desperdiciar ni un segundo de felicidad? Mi tos seguirá molestándome unos días, mi nariz seguirá moqueando… pero no adelanto nada estando seria y amargada por no estar al 100%. Hoy estoy bien, y mañana mucho mejor. Pero las ganas de reír y de ser feliz… esas no me las quita ningún antibiótico, ningún resfriado ni ningún día gris.

Y mientras nos reíamos, Coco se puso a corretear por la terraza, como diciendo: “¡Yo también quiero un café, pero sin virus, por favor!”. Entre café, carcajadas, lágrimas de risa y miradas cómplices, me recordé a mí misma algo que nunca debo olvidar: la vida, aun constipada, con mocos y tos incluidos… es maravillosa.



Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hoy me llegó un regalo.

Hoy me llegó un regalo. Ni llamó, ni tocó la puerta, ni hizo ruido. Apareció solo, en el momento en que abrí los ojos. Traía un lazo dora...