Hoy me ha pasado algo bonito.
Una persona que compró mi libro me ha escrito para decirme que ya lo ha terminado.
Me ha dicho que se ha emocionado mucho leyéndolo.
Que sentía que no estaba leyendo, sino que yo se lo estaba contando.
Tal como hablo.
Me ha dicho algo que me ha hecho parar un momento y respirar hondo:
que el libro es duro…
pero alegre.
Y me ha dicho: “Es que tú eres así. Dura y alegre a la vez.”
Y sí.
Soy así.
La vida no siempre me ha tratado con suavidad, pero tampoco ha conseguido quitarme la risa.
He aprendido a sostener lo que duele sin dejar de celebrar lo que sigue vivo.
A decir las cosas como salen, sin adornos, sin máscaras.
A escribir como hablo, porque no sé hacerlo de otra manera.
No escribo para quedar bien.
Escribo para ser verdad.
Y cuando alguien me dice que al leerme siente que estoy ahí, hablándole, entiendo que todo, absolutamente todo, ha tenido sentido.
Gracias a quienes leen con el corazón abierto.
Gracias a quienes no buscan perfección, sino alma.
Aquí sigo.
Dura.
Alegre.
Y muy viva.
Siempre hay un motivo para sonreír

No hay comentarios:
Publicar un comentario