A veces me he parado a pensar en algo muy sencillo y muy grande a la vez:
mi mente tiene la capacidad de crear miedo… incluso cuando no está pasando nada.
Puede anticipar pérdidas que no han llegado.
Puede imaginar finales que no existen.
Puede hacerme sentir en el cuerpo algo que solo está ocurriendo en un pensamiento.
Y entonces me hago una pregunta poderosa:
Si mi mente puede hacer todo eso con el miedo…
¿qué podría hacer si la entreno para crear esperanza?
La mente no distingue demasiado entre lo que imaginas con angustia y lo que imaginas con ilusión.
Ambas cosas activan emociones reales.
Ambas cosas influyen en cómo respiras, cómo caminas, cómo miras el día.
Cuando creo en el miedo, empiezo a buscar señales que lo confirmen.
Mi atención se vuelve selectiva.
Todo parece una amenaza, un “y si…”, una posibilidad oscura.
Pero cuando creo en la esperanza, ocurre algo diferente.
Empiezo a notar oportunidades.
Empiezo a ver gestos amables.
Empiezo a recordar que también hay caminos que se abren.
No se trata de negar la realidad.
Se trata de elegir desde dónde la miro.
Visualizar mi felicidad no es engañarme.
Es darle a mi mente una dirección más amable.
Es imaginar esa versión de mí que vive tranquila, que disfruta, que agradece, que confía.
Porque aquello que sostengo en mi interior termina moldeando mi experiencia.
Si cada día me visualizo fuerte, poco a poco me comporto con más fortaleza.
Si me visualizo en paz, empiezo a responder con más serenidad.
Si me visualizo feliz, mi cuerpo aprende esa emoción.
La mente es un instrumento poderoso.
Puede encadenarme al miedo… o puede acompañarme hacia la esperanza.
Y hoy me hago responsable de eso.
No puedo controlar todo lo que pasa fuera.
Pero sí puedo decidir qué cultivo dentro.
Si voy a imaginar algo…
que sea algo que me expanda.
Y ahora te dejo una pregunta, de corazón a corazón:
¿En qué estás creyendo más últimamente… en el miedo o en la esperanza?
¿Y cómo cambiaría tu vida si empezaras a visualizar tu felicidad cada día, aunque solo fueran cinco minutos?
Si te apetece, cuéntamelo en los comentarios.
Me encantará leerte.

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