Hoy quiero contaros algo que me ha llegado al corazón.
Mateo, un lector de mi libro, me escribió algo que me dejó sin palabras. Me dijo que al leerme era como escucharme hablar: con mis expresiones, mi risa, mi manera de decir las cosas. Que era la primera vez que leía un libro y conocía a la autora… y que le había inspirado mi forma de seguir adelante, de levantarme una y otra vez en la vida.
Y terminó diciéndome algo que me hizo temblar de emoción: que se siente orgulloso de conocer a personas… ángeles como yo.
No os voy a engañar… se me saltaron las lágrimas. 💛
Porque yo soy así: fuerte, sí. Muy fuerte. A veces contestona, también.
Pero por dentro… llevo una sensibilidad enorme.
Y cuando alguien te ve de verdad, cuando alguien conecta contigo de esa manera… eso no se puede explicar, se siente.
Me hizo pensar que muchas veces no somos conscientes de lo que transmitimos a los demás. De cómo nuestra forma de vivir, de luchar, de seguir adelante… puede servir de inspiración sin darnos cuenta.
Yo solo soy yo. Con mis días buenos, mis días menos buenos, mis risas, mis miedos… pero siempre intentando seguir adelante.
Y si con eso puedo tocar el corazón de alguien, aunque sea un poquito… ya ha valido la pena todo.
Gracias, Mateo.
Y gracias a la vida por poner en mi camino personas tan bonitas.
Porque al final… de eso va todo esto: de sentir, de compartir y de emocionarnos juntos.

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