Hoy he ido a por tierra… y he vuelto con dos “secuestrados” verdes 🌿😄
Hoy mi misión era muy clara: ir a comprar tierra para trasplantar unas orquídeas. Una tarea sencilla, seria, de persona organizada. Vamos, nada peligroso.
ERROR.
Porque yo entro a una tienda de plantas y salgo siendo otra persona. Es como si las plantas tuvieran un imán especial conmigo. O yo con ellas. O una conspiración vegetal, todavía no lo tengo claro.
El caso es que allí estaban: una tomatera cherry y un calanchoe amarillo que me miraban con cara de “Amalia… llévanos contigo, aquí no somos felices”.
Y claro… yo qué hago. ¿Hago como que no las he visto? ¿Finjo que no me hablan? Imposible.
Yo soy de las que piensa: si una planta quiere venirse conmigo, yo no soy nadie para decirle que no. Bastante dura es la vida ya como para dejar a alguien (aunque tenga hojas) con las ilusiones rotas.
Así que entré por tierra… y salí con tierra y dos nuevas inquilinas.
Ahora en mi casa hay una tomatera cherry que probablemente acabe dándome más tomates que yo paciencia… y un calanchoe amarillo que parece un pequeño sol en maceta diciendo “hola, he venido a iluminarte el salón”.
Y Coco… bueno, Coco ha pasado por al lado, ha olfateado un segundo y ha seguido su camino como diciendo:
“esto no es asunto mío”. Sin emoción. Sin juicio. Sin participación. Muy profesional él.
Conclusión del día: yo no compro plantas. Las adopto emocionalmente bajo presión vegetal.
Y sinceramente… no me arrepiento nada

No hay comentarios:
Publicar un comentario