Me he metido en un concurso… ¡y voy a por todas!
Pues sí, queridos míos.
Hoy he hecho una cosa que jamás pensé que haría hace unos años: presentarme a un concurso de escritura.
¡Y no con una cosa solo, no!
He mandado un microrrelato y también voy a presentar un relato más largo que todavía sigo retocando como si fuera una croqueta casera: ahora le quito una coma, ahora le pongo una frase, ahora leo en voz alta y digo:
“Esto suena muy fino… seguro que no lo he escrito yo.” Quiero ser tan buena escritora que busco palabras que yo nunca uso. Yo soy una mujer de 66 años y de pueblo. Así que voy a escribir el relato a mi estilo con palabras comunes y no con palabras que ni yo sé lo que significan.😄
Porque una cosa os digo: la historia es mía totalmente. Mis sentimientos, mis recuerdos y mis ideas son de cosecha propia. Lo único que necesito un poco de ayuda es con las comas, que esas van por libre y nunca sé dónde quieren vivir.
Y claro, yo pienso:
“Madre mía, la de gente preparada que se presentará…”
Periodistas.
Escritores.
Personas con carreras.
Gente que seguramente desayuna leyendo diccionarios.
Y luego estoy yo…
con Coco mirando qué hago, hablando sola por casa y escribiendo emociones mientras se me enfría el café.
Pero también os digo una cosa:
nadie puede contar mis historias como las cuento yo.
Así que aquí estoy, toda ilusionada, imaginándome ya entre los finalistas. Porque soñar es gratis y yo, cuando sueño, sueño a lo grande.
¿Y si gano?
Mira… no quiero adelantar acontecimientos, pero igual me pongo una temporadita insoportable, borde, creída y estupendamente feliz.😄
¡Olé yo!
Que ganar un premio de literatura no se gana todos los días, digo yo.
Y esperad… que todavía me queda otra aventura: hacer un podcast.
Sí, sí.
Un podcast.
Yo, que cada vez que intento grabarme hablando sola, me entra la risa y tengo que volver a empezar veinte veces.
Entre que me río, me equivoco y digo:
“Ay, otra vez no…” voy a necesitar más paciencia que un santo.
Pero lo voy a conseguir.
Porque últimamente me ha dado por hacer cosas que antes me daban miedo, vergüenza o respeto… y oye, resulta que todavía estoy muy viva para seguir inventándome ilusiones nuevas.
Y eso me encanta.
Así que deseadme suerte.
Y si un día me veis recogiendo un premio con Coco de representante oficial, no digáis que no os avisé.
Pues sí, queridos míos.
Hoy he hecho una cosa que jamás pensé que haría hace unos años: presentarme a un concurso de escritura.
¡Y no con una cosa solo, no!
He mandado un microrrelato y también voy a presentar un relato más largo que todavía sigo retocando como si fuera una croqueta casera: ahora le quito una coma, ahora le pongo una frase, ahora leo en voz alta y digo:
“Esto suena muy fino… seguro que no lo he escrito yo.” Quiero ser tan buena escritora que busco palabras que yo nunca uso. Yo soy una mujer de 66 años y de pueblo. Así que voy a escribir el relato a mi estilo con palabras comunes y no con palabras que ni yo sé lo que significan.😄
Porque una cosa os digo: la historia es mía totalmente. Mis sentimientos, mis recuerdos y mis ideas son de cosecha propia. Lo único que necesito un poco de ayuda es con las comas, que esas van por libre y nunca sé dónde quieren vivir.
Y claro, yo pienso:
“Madre mía, la de gente preparada que se presentará…”
Periodistas.
Escritores.
Personas con carreras.
Gente que seguramente desayuna leyendo diccionarios.
Y luego estoy yo…
con Coco mirando qué hago, hablando sola por casa y escribiendo emociones mientras se me enfría el café.
Pero también os digo una cosa:
nadie puede contar mis historias como las cuento yo.
Así que aquí estoy, toda ilusionada, imaginándome ya entre los finalistas. Porque soñar es gratis y yo, cuando sueño, sueño a lo grande.
¿Y si gano?
Mira… no quiero adelantar acontecimientos, pero igual me pongo una temporadita insoportable, borde, creída y estupendamente feliz.😄
¡Olé yo!
Que ganar un premio de literatura no se gana todos los días, digo yo.
Y esperad… que todavía me queda otra aventura: hacer un podcast.
Sí, sí.
Un podcast.
Yo, que cada vez que intento grabarme hablando sola, me entra la risa y tengo que volver a empezar veinte veces.
Entre que me río, me equivoco y digo:
“Ay, otra vez no…” voy a necesitar más paciencia que un santo.
Pero lo voy a conseguir.
Porque últimamente me ha dado por hacer cosas que antes me daban miedo, vergüenza o respeto… y oye, resulta que todavía estoy muy viva para seguir inventándome ilusiones nuevas.
Y eso me encanta.
Así que deseadme suerte.
Y si un día me veis recogiendo un premio con Coco de representante oficial, no digáis que no os avisé.

No hay comentarios:
Publicar un comentario