El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 4 de junio de 2026

Hoy no ha pasado nada extraordinario, pero he sido feliz.


Hoy no me ha pasado nada extraordinario.

No me ha tocado la lotería, no he hecho un viaje inolvidable ni ha ocurrido nada que vaya a cambiar el mundo. Ha sido un día sencillo, de esos que muchas veces pasan desapercibidos. Y, sin embargo, he sido feliz.

Esta mañana Coco y yo hemos dado nuestro paseo. Después hemos vuelto a casa, hemos comido tranquilamente y hemos seguido disfrutando del día sin prisas. Como el cielo estaba nublado y el ambiente invitaba a ello, nos hemos regalado una buena siesta. Coco, por supuesto, se tomó su trabajo muy en serio y hasta roncó un poquito.

Y mientras descansaba, pensé en algo importante: cuántas veces buscamos la felicidad en lugares lejanos sin darnos cuenta de que muchas veces ya está sentada a nuestro lado.

La felicidad puede ser un paseo tranquilo, una comida sencilla, una siesta en una tarde gris o la compañía de quien nos quiere. Puede ser la calma de saber que tenemos un techo que nos protege, comida en la mesa y personas que ocupan un lugar especial en nuestro corazón.

Vivimos en un mundo que nos empuja constantemente a querer más, a correr más y a conseguir más. Pero hay cosas que no se pueden comprar con dinero. La paz, la tranquilidad, el amor sincero, la compañía, la gratitud y la capacidad de disfrutar de un día corriente no tienen precio.

Hoy no ha pasado nada extraordinario, pero he tenido todo lo que realmente me importa.

Y quizá ahí esté el verdadero secreto de la felicidad: aprender a reconocer la riqueza que ya tenemos antes de seguir buscando tesoros en otra parte.

Porque algunos de los mejores días de nuestra vida no son los que hacen historia, sino los que llenan el corazón.





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