¡Buenas tardes a todos los amigos de mi rincón!
Hoy os escribo con una mezcla de emoción, muchas ganas y... ¡un poquito de frustración divertida! Ayer os contaba mis ataques de risa con el podcast, hoy la cosa va de manualidades, que ya sabéis que no puedo estarme quieta.
El otro día me di un capricho y me compré una lana preciosa: la Katia Cotton especial para hacer grannys. Me costó 40 euros, que no es precisamente un ovillo de saldo, pero es una maravilla de hilo, suave y con unos colores vivos de esos que a mí tanto me alegran la vista. Mi idea es hacerme un suéter de verano bien fresquito, de esos calados tipo túnica que quedan ideales para las tardes de calor. Tenía todo el plan pensado en mi cabeza.
Hoy, después de volver del veterinario con mi Coco (que se ha portado como un campeón en su revisión), me he dicho: "¡Venga, Amalia, ponte con el suéter!".
He ido toda decidida a buscar mis agujas de ganchillo... y aquí empieza el misterio. ¡No aparecen por ningún lado!
Os confieso que en mi casa tengo tantos trastos de trabajos manuales que a veces parece una tienda de artesanía. Entre las pinturas, los botes, los hilos y las montañas de telas que guardo para mis proyectos de patchwork, ¡cualquiera encuentra algo a la primera! Pero claro, ahora que tenía el ganchillo entre ceja y ceja, estas pillinas de agujas han decidido jugar al escondite conmigo. ¿Dónde se habrán metido?
Sé que terminarán saliendo del rincón menos pensado (probablemente cuando ya no las busque), pero mientras tanto, me toca armarme de paciencia y seguir revolviendo cajones. ¡La lana me está mirando desde la mesa y me da una envidia!
¿Y a vosotras? ¿También os pasa que cuando queréis empezar un proyecto os desaparecen las herramientas por arte de magia? ¿Dónde suele ser el sitio más raro donde habéis encontrado una aguja perdida? ¡Contadme en los comentarios, que necesito ideas para buscar!
Un abrazo enorme y feliz tarde a todos.

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