El blog de Alma Buendía Soleado

domingo, 5 de julio de 2026

Una comida sencilla... y un día para recordar



Ayer vivimos uno de esos días que no necesitan grandes lujos para convertirse en un recuerdo precioso.

Nos reunimos en casa de Blanca y Toni para compartir una comida entre amigos. Juan Carlos nos sorprendió con unos tequeños venezolanos que estaban buenísimos. ¡Qué ricos! También disfrutamos de un buen pollo asado y de un montón de cositas para picar. Pero, si os digo la verdad, lo mejor del menú no estaba en la mesa.

Lo mejor fue la compañía.

Brigitte puso su alegría, Juan Carlos nos regaló su música con la guitarra, Blanca y Toni nos abrieron las puertas de su casa con todo el cariño, y también estuvieron Mía y Eva Luna, llenando la casa de sonrisas y buen ambiente.

Y, por supuesto, Coco también fue uno más de la reunión. Se lo pasó de maravilla, saludando a todos, buscando mimos y disfrutando de estar rodeado de personas que lo quieren. Verlo tan feliz también nos hizo felices a nosotros.

Después de comer llegaron las canciones. Cantamos, reímos, bailamos y hasta les enseñé una canción que había compuesto esa misma mañana inspirada en los tequeños y en la amistad. Les gustó muchísimo, y para mí fue una alegría enorme compartirla con todos.

Sin darnos cuenta, las horas fueron pasando. Cuando miramos el reloj ya eran las once de la noche. Cada uno volvió a su casa con una sonrisa, dejando a Blanca y a Toni con la misión de poner un poco de orden después de una jornada tan animada. Seguro que, mientras recogían, también sonreían recordando todo lo vivido.

Hay personas que piensan que la felicidad consiste en hacer cosas extraordinarias. Yo cada día estoy más convencida de que la felicidad se encuentra en momentos como este: una mesa compartida, una guitarra, unas canciones, unas risas, un perro feliz y amigos que hacen que el tiempo pase sin darte cuenta.

Porque, al final, lo que de verdad nos llevamos de la vida no son las cosas... son los momentos compartidos con las personas que queremos.

Y esos momentos no tienen precio.



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