Hay una pregunta que aparece de vez en cuando cuando estoy con amigas:
—Amalia, ¿y no te da miedo llegar a esta edad sin pareja? ¿No te da miedo estar sola?
Y yo pienso: ¿miedo? ¿Por qué iba a tener miedo?
Vamos a ver, señoras, que una puede estar sola y no estar desamparada. Que no tener pareja no significa que nadie te haya querido, ni que nadie te haya aguantado, que eso también tiene su mérito, jajaja, ni que te hayas quedado sola porque no había otra cosa.
Cada mujer tiene su historia.
Hay quien se divorció, quien nunca encontró a la persona adecuada, quien decidió no volver a pasar por determinadas historias y quien, como me ha pasado a mí, perdió a la persona que quería y tuvo que aprender a seguir adelante.
Y la vida sigue.
Porque estar sin pareja no es ninguna condena. Es simplemente una manera diferente de vivir.
Y tiene sus ventajas, ¡vaya si las tiene!
A estas alturas no tengo que darle explicaciones a nadie si quiero acostarme temprano o quedarme viendo una película hasta las tantas de la noche.
Ni si quiero salir.
Ni si quiero quedarme en casa con Coco.
Ni si me gasto cuatro euros en una cosa que me hace ilusión.
Ni si un día no me apetece hablar con nadie y me tomo el café tranquilamente en mi casa.
Mi tiempo es mío. Mi casa es mía. Mis decisiones son mías.
Y eso, cuando llevas muchos años viviendo y aprendiendo, se valora muchísimo.
A estas alturas una ya no está esperando que venga un príncipe azul a rescatarla. Primero, porque los príncipes azules deben de estar agotados de tanto buscar princesas y segundo, porque una ya ha aprendido a rescatarse solita.
He aprendido a levantarme cuando me caigo, a solucionar mis problemas, a tirar hacia delante y, sobre todo, a disfrutar de mi propia compañía.
¿Que tener pareja puede ser maravilloso? ¡Pues claro!
Pero también puede ser maravilloso no tenerla.
Porque una cosa es estar sola y otra muy distinta es sentirse sola.
Hay personas que duermen todas las noches abrazadas a alguien y, sin embargo, se sienten solísimas.
Y también hay mujeres que cierran la puerta de su casa, se preparan un café, se ponen cómodas, miran a su alrededor y piensan:
—Qué a gusto estoy aquí, madre mía. 😄
Así que no, a mí no me da miedo estar sola.
A mí me daría mucho más miedo estar con alguien solamente por miedo a estar sola.
Eso sí que no.
Porque no tener pareja no significa no tener amor.
Yo tengo amor en mis amistades, en mi hijo, en mis recuerdos, en Coco, en mis pequeñas cosas, en mis proyectos, en mis paseos, en mis ratitos de sofá y hasta en esas conversaciones que tengo conmigo misma cuando estoy haciendo cualquier cosa por casa. Porque yo hablo muchas veces sola.
Y también he aprendido a quererme a mí.
A estas alturas de la película, yo no quiero que nadie venga a completarme.
Si llega alguien, que venga a sumar. No a rellenar huecos.
Que venga para reír juntos, a compartir un café, un paseo, una conversación, un viaje, una tortilla de patatas o lo que se tercie.
Pero que no venga a salvarme, porque de eso ya me encargo yo solita.
Y si no llega, pues tampoco pasa nada.
Aquí estoy.
Con mi vida, mis cosas, mis recuerdos, mis ilusiones, mis proyectos y mi Coco haciendo de supervisor oficial de la casa.
Porque la vida sin pareja también puede estar llena de amor, de libertad, de tranquilidad, de risas y de decisiones propias.
Y, queridas amigas, eso es una manera muy bonita de vivir.
Y si algún día aparece alguien que merezca la pena… pues ya veremos. Pero que no venga a darme obligaciones ni a quitarme mi libertad ni mi paz.
Pero mientras tanto, yo no estoy esperando a que llegue nadie para empezar a vivir.
Estoy viviendo.
Y además, a mi manera y muy feliz.
El Rincón de Amalia 🧡

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