El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 8 de septiembre de 2026

Hoy estoy feliz: de desayunos, morcilla, amistades y una planta que no necesitaba

 Buenos días, mis queridas amigas. Sí, ya sé que el reloj del ordenador marca las 14:00 en punto y que, a estas horas, lo correcto sería decir “buenas tardes”. ¡Pues no! Para mí siguen siendo buenos días, porque todavía no he comido. Y mientras una no haya comido, el día sigue siendo día. Esto es una norma mía y no admite discusión. 

 Además, hoy tengo una razón estupenda para decir ¡buenos días! porque he tenido una mañana de esas que te dejan el corazón calentito y una sonrisa puesta durante horas. Hoy estoy feliz. Y no porque haya pasado nada extraordinario, de esas cosas que salen en los periódicos o que cambian la vida de un día para otro. No. Estoy feliz por algo mucho más sencillo y, para mí, muchísimo más importante: Una buena mañana, buena compañía, risas, conversación, un desayuno diferente, un paseo y unas amistades maravillosas. ¿Se puede pedir más?

Una mañana que empezó tempranito Esta mañana hemos salido Coco y yo tempranito. Primero, como manda la tradición, hemos salido a dar nuestro paseo para que mi pequeño haga sus cositas. Y después nos hemos ido a desayunar a un bar nuevo que han puesto por aquí. Es un sitio muy agradable. Lo llevan una madre y sus dos hijos, y son de esas personas que enseguida te hacen sentir a gusto. Lo único malo es que no tienen terraza. Y claro, para mí eso es un pequeño inconveniente porque voy con Coco. Pero resulta que me dejan entrar con él y, sinceramente, tampoco me preocupa demasiado, porque mi perro en un bar se comporta como un señor. Coco entra, busca su sitio debajo de la mesa, se sienta o se tumba y allí se queda tan tranquilo. No ladra. No molesta. No pide comida. No anda de un lado para otro. ¡Parece que no haya perro! Bueno… salvo cuando se levanta y pone esa carita de “¿y mi parte del desayuno?”. 😂 Pero, en general, se porta estupendamente. 

Y allí nos estamos acostumbrando a desayunar de una manera que no es nada habitual para mí. Porque yo soy mujer de desayunos sencillos. Un café con leche y, si voy a una churrería, dos churritos. Y si desayuno en casa, pues una magdalena, dos galletitas y mi café con leche. Y tan feliz. Pero aquí, entre unas cosas y otras, estamos cogiendo unas costumbres que cualquier día voy a tener que ir al bar con babero. 

Hoy éramos cinco. Hoy habíamos quedado tres amigas y un amigo. Bueno… cinco, porque Coco también cuenta. Y allí nos hemos juntado Brigitte, Antonia, Joaquín, Coco y yo. Y ha sido estupendo. Joaquín es de esas personas con las que puedes estar hablando un rato y siempre terminas aprendiendo algo. Es una persona muy polifacética. Tiene una asociación, una fundación, entre otras muchas cosas, trabaja haciendo prevención de incendios en empresas. Vamos, que tiene conversación para rato. Y eso me encanta. Me gusta conocer personas que tienen cosas que contar, personas curiosas, que saben de diferentes temas, que han vivido, aprendido y siguen teniendo ganas de compartir. Y hoy hemos aprendido unas cuantas cosas con él. Mientras tanto, cada uno a lo suyo. Joaquín se ha pedido un café americano de esos que parecen una piscina. Un vaso entero de café solo. Y él, tan tranquilo, nos dice que no desayuna. ¡Pues hijo mío, después de ver aquel vaso de café, casi me parece que te has comido un desayuno entero! 😂 Pero lo mejor ha sido Brigitte y Antonia. Porque mientras yo estaba con mi pequeño bocadillito, ellas, a las nueve de la mañana, se estaban comiendo unos callos. Sí, sí. CALLITOS. 

A las nueve de la mañana. Yo todavía estoy intentando asimilarlo. Dicen que estaban buenísimos. Yo no los he probado, pero ellas han dado buena cuenta de ellos y no han dejado lugar a dudas. Una se los ha tomado con cerveza y la otra con Coca-Cola. Y yo pensando: “¡Madre mía, qué desayuno más completo!”

Y yo… morcilla  yo me he pedido un mini bocadillito de morcilla. Mira que hacía años que no comía morcilla. Años. Y ahora resulta que llevo dos semanas seguidas cayendo en la tentación. Esto ya empieza a ser preocupante.  Así que he decidido que la próxima vez voy a cambiar. Porque una cosa es que me guste y otra es que parezca que me he reencontrado con ella después de una separación de veinte años. Pero estaba muy rico, eso sí. Y entre el tentempié, el café y la conversación, se me ha pasado la mañana volando.

Después, el cigarrito y la charla. Cuando hemos terminado, hemos salido a la calle. Y aquí tengo que reconocer algo que Joaquín y yo sabemos perfectamente que no se debe hacer. Nos hemos fumado un cigarrito. ¡Ea! Ya está dicho. Nos hemos sentado en un banco y hemos continuado nuestra conversación tranquilamente. Porque hay conversaciones que no se terminan cuando se acaba el café. Y esa ha sido una de ellas. Hemos seguido hablando, riendo, comentando cosas y disfrutando de ese ratito sin ninguna prisa. Después Antonia se ha marchado, Joaquín también, porque tenía cosas que hacer, y nos hemos quedado Brigitte y yo. Y ahí ha empezado otra aventura.

Entrar en un bazar chino: error de principiante. Porque hay cosas que una mujer sabe que no debe hacer. Por ejemplo: Entrar en un bazar chino cuando tienen plantas. Yo debería tenerlo prohibido. Debería existir un cartel en la puerta que dijera:

“Amalia, tú no entras.” Porque cada vez que entro, salgo con algo. Y si tienen plantas, ya no hay nada que hacer. Es superior a mis fuerzas. Y, efectivamente, hoy he entrado. Y, efectivamente, he salido con una planta. 😂😂😂 Yo misma me lo prohíbo, pero luego entro y la planta me mira. Y claro… ¿Qué voy a hacer? ¿Dejarla allí abandonada? Pues no. Así que ahora tengo una nueva habitante en casa. No sé dónde la voy a poner todavía, pero eso ya es un problema del futuro. Primero se compra la planta. Después ya veremos dónde cabe.

Un paseo de vuelta a casa Después hemos seguido paseando Brigitte, Coco y yo. Y ha sido otro de esos paseos sencillos que parecen no tener importancia, pero que a mí me hacen muchísimo bien. Caminando, hablando, viendo cosas, disfrutando del día… Hasta que cada una ha seguido su camino. Brigitte se ha ido a hacer unas compras y yo he tirado para casa con Coco. Y entonces he pensado: ¡Qué mañana tan bonita he tenido! Sin grandes planes. Sin nada extraordinario. Simplemente salir de casa, pasear, desayunar con amigos, reír, aprender, charlar, comprar una planta que no necesitaba y volver a casa con Coco.

Y ahora… las albóndigas me esperan Y aquí viene la otra parte de la historia. Anoche, como sabía que hoy probablemente iba a llegar tarde a casa, me preparé la comida. Hice albóndigas con patatas. Porque una también tiene que cuidarse y pensar un poquito por adelantado. Y ahora tengo la comida hecha. Bueno… hecha está. Lo que pasa es que ahora mismo no tengo demasiada hambre. Normal. Después del homenaje de esta mañana, todavía tengo el recuerdo en el estómago. 😂 Pero dentro de un ratito comeré mis albóndigas con patatas y tan contenta. Y mientras tanto, aquí estoy. En casa. Con Coco. Con mi plantita nueva. Y con esa sensación tan bonita que te queda después de haber pasado unas horas con personas con las que estás bien.

Hoy estoy feliz Y hoy quiero quedarme con eso. Con la felicidad de las cosas sencillas. Porque muchas veces buscamos la felicidad en acontecimientos enormes, en viajes, en compras, en grandes noticias… Y resulta que algunas veces la felicidad está en algo tan sencillo como: Un café con leche. Unos amigos alrededor de una mesa. Una conversación interesante. Un paseo. Un perro bueno debajo de la mesa. Una planta que no necesitabas. Y muchas risas. Hoy he tenido todo eso. Y hoy, sinceramente, estoy feliz. Así que aunque sean las 14:00h y el reloj diga que debería despedirme con un “buenas tardes”, yo me niego. Porque todavía no he comido. Y mientras no haya comido… ¡Buenos días, mis queridas amigas! Que nunca nos falten esos ratitos sencillos que nos hacen volver a casa con el corazón contento. Y que nunca perdamos la capacidad de reírnos, de aprender, de compartir una mesa y de disfrutar de una mañana cualquiera como si fuera un regalo. Porque quizá la felicidad sea precisamente eso: Darnos cuenta de que un día normal también puede ser un día maravilloso. Un beso enorme de vuestra amiga, Amalia 

 El Rincón de Amalia🧡






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