Estoy en esa edad en la que ya no necesitamos correr para sentir que estamos viviendo.
Miramos caer las hojas y entendemos que también nosotros hemos dejado algunas cosas atrás: personas, lugares, sueños, amores, versiones de nosotras mismas que ya cumplieron su tiempo.
Y no da tristeza… da nostalgia.
Porque los años también tienen su propia belleza.
Como el otoño, llegan con colores distintos, con recuerdos que huelen a casa, a café recién hecho, a tierra mojada, a tardes que parecían eternas y a voces que todavía viven en algún rincón del corazón.
Quizá eso somos ahora: un poquito de memoria, un poquito de experiencia y muchas ganas de seguir viviendo bonito.
No le temo a mis años. Al contrario, los recibo.
Cada arruga me cuenta una historia, cada cana me recuerda que aquí sigo, y cada otoño me susurra que la vida no termina cuando cambia de estación…
Simplemente aprende a florecer de otra manera.
Y qué bonito es llegar hasta aquí y todavía tener ganas de mirar el cielo, preparar un café, recordar a quienes amamos y dar gracias por todo lo vivido.
Y entonces decir, con el corazón:
"Gracias, Dios, por permitirme vivir este otoño de mi vida."
Porque mientras haya un nuevo día, un café calentito, una persona a quien querer y una razón para sonreír… todavía queda mucha vida por vivir.
El Rincón de Amalia 🍂❤️
Siempre hay un motivo para sonreír.

No hay comentarios:
Publicar un comentario