¡Muy buenos días, mis queridas amigas de mi rincón! ❤️🌷
Hoy quiero comenzar el día con una frase que me ha encantado y que me ha hecho pensar: «La mejor curva del cuerpo es la sonrisa».
Y digo yo que quien inventó esta frase sabía muy bien lo que decía, ¿verdad? Porque no hay nada más bonito que una sonrisa sincera, de esas que salen solitas, sin tener que forzarlas, y que consiguen iluminar hasta el día más gris.
Además, una sonrisa no cuesta dinero, no ocupa espacio y podemos regalarla tantas veces como queramos. ¡Fijaos qué regalazo y qué poco nos cuesta! A veces nos gastamos un dineral buscando cosas que nos hagan felices y resulta que tenemos al alcance de la mano algo tan sencillo como una sonrisa, una palabra amable o un abrazo de los que te dejan el corazón calentito.
La felicidad no siempre llega envuelta en papel de regalo. A veces se presenta en una taza de café calentito por la mañana, en el solecito que entra por la ventana, en una llamada de alguien a quien queremos, en una conversación de esas en las que se nos pasa el tiempo volando o en las ocurrencias de nuestros peluditos, que son capaces de hacernos reír cuando menos lo esperamos. 🐾
¡Y qué bonito es reírse! Reírse de una misma, de nuestras pequeñas meteduras de pata, de las cosas disparatadas que nos pasan y de esas situaciones que, cuando las vivimos, nos parecen un mundo, pero que después recordamos y terminamos diciendo: «¡Madre mía, si es que no me puede pasar a mí otra cosa!».
Yo creo que no debemos perder nunca esa capacidad de encontrarle el lado amable a la vida. No se trata de estar siempre contentas, porque eso es imposible. Todos tenemos días torcidos, preocupaciones, disgustos y momentos en los que lo único que nos apetece es estar tranquilitas, sin hablar con nadie y dejando que las lágrimas hagan su trabajo.
Porque sí, amigas, también necesitamos llorar de vez en cuando. No somos máquinas ni tenemos que demostrarle al mundo que podemos con todo. Hay lágrimas que nos alivian, que nos ayudan a soltar lo que llevamos dentro y que nos dejan el corazón un poquito más ligero.
Pero, después de esos momentos, cuando estemos preparadas, intentemos volver a mirar a nuestro alrededor. A lo mejor descubrimos que el sol sigue brillando, que tenemos una conversación pendiente con una amiga, que hay algo rico para comer o que nuestro compañero peludo nos está mirando con esos ojitos que parecen decir: «¿Qué pasa, mujer? ¿Nos vamos de paseo?». 🐶
Y entonces, casi sin darnos cuenta, aparece una pequeña sonrisa.
Porque la vida tiene esas cosas: puede hacernos llorar por la mañana y regalarnos una alegría por la tarde. No siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero muchas veces podemos decidir qué pequeños momentos queremos cuidar y qué cosas merecen nuestra atención.
❤️ Sonreír también es una forma de querernos
Con los años vamos aprendiendo muchas cosas. Aprendemos que no merece la pena discutir por todo, que no tenemos que gustarle a todo el mundo y que vivir pendientes de lo que piensen los demás puede robarnos una tranquilidad maravillosa.
Aprendemos también que no todos los días tienen que ser extraordinarios para ser buenos. A veces, un día estupendo es simplemente aquel en el que no nos duele nada, dormimos bien, nos tomamos nuestro café tranquilamente y nadie nos da un disgusto. ¡Y oye, si encima nos toca la lotería, pues tampoco vamos a poner pegas!
Lo importante es aprender a valorar esos ratitos que antes quizá pasaban desapercibidos.
También tenemos que aprender a hablarnos con cariño. ¿Os habéis fijado en lo duras que somos algunas veces con nosotras mismas? Si una amiga comete un error, la consolamos, le decimos que no pasa nada y que cualquiera puede equivocarse. Pero, cuando somos nosotras las que fallamos, nos ponemos a repasar el asunto veinte veces, como si fuéramos el juez, el fiscal y el abogado de nuestra propia causa.
¡Pues no,! Vamos a tratarnos con la misma ternura con la que tratamos a las personas que queremos. Que también nosotras merecemos paciencia, comprensión y alguna que otra palmadita en la espalda.
Mírate al espejo por la mañana y sonríe. No hace falta que estés perfectamente peinada, que tengas la casa como los chorros del oro ni que hayas dormido ocho horas seguidas. ¡Faltaría más! Basta con que te recuerdes que estás aquí, que tienes un nuevo día por delante y que todavía puedes disfrutar de muchas cosas.
Y si tienes el pelo alborotado, pues te lo arreglas; si tienes ojeras, pues ahí están, que tampoco vamos a pedirle permiso al espejo para vivir. Lo importante es lo que llevamos dentro y las ganas que tengamos de seguir disfrutando del camino.
🌷 Una sonrisa puede cambiar el día de alguien.
Nunca sabemos qué está viviendo la persona que tenemos delante. Quizá esa vecina que apenas saluda esté pasando por un momento complicado. Quizá alguien que parece serio lleve una preocupación que no se atreve a contar. Quizá una persona que se cruza con nosotros necesite, precisamente hoy, que alguien la mire con amabilidad.
Por eso me gusta pensar que una sonrisa puede ser una pequeña caricia para el alma.
No vamos a solucionar todos los problemas del mundo con una sonrisa, eso está claro. Pero podemos hacer que un momento sea un poquito más agradable. Podemos escuchar sin interrumpir, dar las gracias, preguntar qué tal está alguien y esperar de verdad la respuesta. Podemos dejar de lado las prisas durante unos minutos y prestar atención a quien tenemos delante.
A veces queremos hacer grandes cosas por los demás y nos olvidamos de que los pequeños gestos también cuentan.
Una palabra amable puede quedarse en la memoria de alguien durante mucho tiempo. Un abrazo puede llegar cuando más falta hace. Una llamada inesperada puede alegrarle la tarde a una persona que se sentía sola.
Y una sonrisa, aunque dure apenas unos segundos, puede recordarnos que todavía hay bondad en el mundo.
Así que vamos a repartirlas, amigas. ¡Que no nos cobren por ello, que no hay que pedir cita y que no se nos termina la existencia por usarlas!
Eso sí, que sean sonrisas de verdad, de las que nacen del cariño, no de las que ponemos para aparentar que todo está estupendamente cuando por dentro estamos deseando mandar el mundo a paseo.
También tenemos derecho a decir que no estamos bien. La alegría no consiste en fingir, sino en permitirnos sentir lo que sentimos y, poco a poco, encontrar de nuevo nuestros motivos para sonreír.
🌞 Hoy puede ser un buen día.
Amigas, no sé qué nos traerá este nuevo día. Puede que todo salga según lo previsto o que, como suele ocurrir, la vida decida improvisar y nos cambie los planes a última hora.
Pero, pase lo que pase, intentemos no empezar la jornada pensando únicamente en lo que nos preocupa. Dediquemos también unos minutos a pensar en lo que tenemos, en las personas que nos quieren, en las cosas que hemos superado y en esas pequeñas alegrías que todavía nos esperan.
No necesitamos tener una vida perfecta para disfrutar de momentos felices. Tampoco necesitamos tenerlo todo resuelto para permitirnos descansar, reír y vivir un ratito en paz.
Y, sobre todo, no dejemos nuestra felicidad siempre para mañana. No digamos continuamente: «Cuando tenga más tiempo, cuando termine esto, cuando consiga aquello, cuando todo esté en orden…».
¡Que la vida pasa, amigas! Y mientras estamos esperando a que todo sea perfecto, podemos perdernos un montón de momentos bonitos.
Disfrutemos de lo que podamos hoy. Pongámonos esa ropa que nos gusta, preparemos algo rico, salgamos a tomar el aire, llamemos a una amiga o sentémonos un rato al sol. Y si hoy no tenemos ganas de hacer grandes cosas, pues tampoco pasa nada. A veces, descansar y estar tranquilas es el mejor plan del mundo.
Cada una tiene sus circunstancias, sus problemas y su manera de vivir. No tenemos que compararnos con nadie ni seguir el ritmo de los demás. Lo importante es encontrar nuestra propia forma de sentirnos bien.
Y cuando nos encontremos con alguien que nos regale una sonrisa, devolvámosela. Que las buenas cosas, cuando se comparten, tienen la bonita costumbre de multiplicarse.
Y ahora os pregunto una cosita…
¿Os habéis parado a pensar cuántas veces una sonrisa os ha alegrado el día? ¿O cuántas veces habéis conseguido que otra persona sonriera con una palabra, una broma o un pequeño detalle?
A mí me parece que esas son las cosas que hacen que la vida merezca tanto la pena. No hace falta que nos recuerden por haber hecho algo extraordinario. A veces basta con haber sido una persona que trató a los demás con cariño, que supo escuchar, que compartió una risa y que dejó un poquito de alegría allí por donde pasó.
Así que hoy quiero mandaros una sonrisa enorme, de esas que llegan hasta los ojos, acompañada de un abrazo de los buenos. De esos que no necesitan muchas palabras porque ya lo dicen todo.
Y recordad: las arrugas que nos van apareciendo cuentan parte de nuestra historia, pero las sonrisas también. Que cada una de ellas nos recuerde algún momento feliz, alguna carcajada compartida o alguna tontería de esas que nos hicieron reír hasta que nos dolía la barriga.
Porque, al final, no se trata de tener una cara sin arrugas, sino un corazón que todavía encuentre motivos para ilusionarse.
La mejor curva del cuerpo es la sonrisa, y la mejor manera de lucirla es vivir con cariño, con humor y con ganas de disfrutar de las pequeñas cosas.
¡Venga, mis queridas amigas, a sonreír, que estamos aquí para vivir y no solamente para ir tachando días del calendario!
Os deseo un día precioso, lleno de paz, cariño, risas y pequeños motivos para ser felices.
Y no olvidéis nunca nuestro lema:
SIEMPRE HAY UN MOTIVO PARA SONREÍR. ❤️
Con todo mi cariño,
Amalia
El Rincón de Amalia 🌷

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