El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 5 de noviembre de 2026

No todos los conocidos tienen que ser amigos


¡Buenos días, amigas de mi rincón!

Hoy vengo con una de esas pequeñas reflexiones que nos deja la vida cuando compartimos un café y una buena conversación.

Hay personas que tienen la costumbre de pedir el número de teléfono a todo el mundo. Da igual que lo acaben de conocer, que sea un conocido de otra persona o que apenas hayan intercambiado cuatro palabras. Allí que van: «¡Apúntame tu teléfono!».

Y yo me pregunto: ¿hemos perdido un poquito el tacto?

Cuando alguien nos presenta a una persona, no significa que automáticamente tengamos que pedirle su teléfono. Quizá esa persona no tenga interés en ampliar sus amistades, quizá sea más reservada o simplemente no le apetezca compartir algo tan personal como su número.

Porque, aunque hoy en día llevemos el teléfono pegado a la mano, nuestro número sigue siendo algo personal.

Una cosa es que dos personas se conozcan, charlen, congenien y, por iniciativa de ambas, decidan intercambiar sus teléfonos. ¡Fantástico! De ahí pueden salir amistades estupendas.

Pero otra muy distinta es ir pidiendo números como quien colecciona cromos.

Creo que hay que dejar que las cosas surjan, que las amistades se construyan poco a poco y que sea la otra persona quien también muestre interés.

Y si alguien nos dice educadamente que no nos parece apropiado pedir teléfonos a personas con las que todavía no tenemos confianza, tampoco hay que tomárselo como una ofensa. A veces una observación no es un ataque, sino una manera de expresar cómo nos sentimos.

Y hay otra cosa que también me llama la atención. A veces, cuando te atreves a decirle a alguien, con educación y sin malas intenciones, que quizá no está actuando de la manera más adecuada, parece que has cometido un pecado. Se enfada, deja de hablarte y, de repente, desaparece de tu vida.

¡Qué cosas! Parece que hoy en día no solamente cuesta tener tacto para relacionarse, sino también aceptar que alguien nos diga algo que no nos gusta.

Y yo me pregunto: ¿tan difícil es aceptar una opinión diferente sin convertirla en un problema?

Porque una amistad de verdad también debería tener espacio para hablar, escuchar y entender que no siempre tenemos razón.

La amistad no se mide por la cantidad de teléfonos que tenemos guardados en el móvil, sino por las personas que están ahí cuando hace falta.

Así que un poquito más de tacto, un poquito más de delicadeza y menos prisas por llenar la agenda.

Que para tener buenos amigos no hace falta tener muchos números, sino saber cuidar los que de verdad importan.

Y ahora os dejo, que me parece que hoy me ha salido la vena reflexiva. ¡Jajajaja!

Siempre hay un motivo para sonreír.

Un abrazo grande de vuestra amiga,

Amalia ❤️



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