viernes, 21 de octubre de 2016

La caja de costura de mi mamá.

 Volver a casa de tus padres después de decirles por última vez adiós es una de las cosas más dura de la vida. Yo perdí a mis padres con solo dos meses de diferencia y volver a su casa fue un duro trago, fue una mezcla de ternura, emoción, dolor y una tristeza enorme.
Mientras vas recogiendo las cosas a veces lloras y otras sonríes porque todo lo que hay en esa casa son recuerdos.
Lo primero que hice fue ir a su armario y llena de dolor y rabia saqué toda la ropa de los dos para donarla como era el deseo de ellos. No sé porqué quise mirar en el altillo, así que cogí la escalera y me puse a mirar que es lo que había, encontré todas las cosas de Navidad y empecé a tirarlo contra el suelo todo lo que me iba encontrando y estaba relacionado con la Navidad, rompí todo. No quería más Navidades sin ellos y sin mi hermana que también se había ido al cielo dos meses antes. Por eso me toco hacer todo eso sola. Mientras con toda mi rabia arrojaba todo al suelo mis ojos no dejaban de derramar lágrimas. Me sentía sola, huérfana, abandonada.
Después de mucho llorar, recogí todo del suelo lo metí en bolsas y lo baje al conteiner.
Cuando subí de la calle me senté en el sofá y allí en un rincón vi la caja de costura de mi madre, era su rincón preferido, le encantaba coser y siempre tenía entre sus manos algún pantalón, blusa etc. arreglándola. Cuando se compraba algo de ropa siempre la tenía que retocar porque siempre le encontraba alguna falta.
Ver ese rincón vacío y saber que nunca más la iba a ver allí cosiendo, me encogió el corazón y me sentí muy triste. Cogí la caja de costura y empecé a mirar lo que había dentro, había hilos, cremalleras, agujas aún hoy conservo “la caja de costura de mi mamá”  y cuando me siento triste toco todos esos recuerdos y me encanta hacerlo porque sé que todo eso ha sido tocado por ella y siento el aroma de sus dulces manos.
“La caja de costura de mi mamá” se ha convertido en algo muy importante para mí, la toco, la miro, a veces lloro y otras veces sonrío, porque en esa caja se guardan muchos recuerdos, muchas tardes de risas y bromas. Muchos cafés de las dos juntas y siempre intentando enseñarme a coser. Para mí esa caja es un tesoro.