El blog de Alma Buendía Soleado
Mostrando entradas con la etiqueta Mis cosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis cosas. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de agosto de 2026

La compañía silenciosa


Hay días en los que no pasa nada extraordinario.

Y, sin embargo, pasa la vida.

Hoy ha sido uno de esos días sencillos, de los que no salen en ninguna fotografía especial ni tienen una historia espectacular que contar. Nos hemos levantado, nos hemos duchado, he recogido y arreglado la casa y, cuando ya estaba todo más o menos en su sitio, Coco y yo nos hemos ido a dar nuestro paseo.

Hoy ni siquiera hemos parado a tomar nuestro café. Hacía un poquito de viento y la verdad es que no apetecía demasiado quedarse sentados por ahí. Así que paseo, vuelta a casa y a seguir con nuestro día.

Hemos comido tranquilamente, después ha caído una buena siesta, porque una siesta bien hecha también debería considerarse patrimonio de la humanidad, y luego me he puesto a escribir.

Y mientras escribía he pensado en una cosa: qué poco necesitamos algunos días para sentirnos bien.

No ha habido grandes conversaciones, ni visitas, ni planes especiales. No hemos hecho nada que, contado así, parezca extraordinario.

Pero Coco estaba ahí.

Y eso ya cambia las cosas.

Porque hay compañías que no necesitan palabras. Coco no me pregunta cómo estoy, no me da consejos, no me dice que debería hacer esto o aquello. Tampoco me lleva la contraria, que eso ya es una ventaja considerable. 😂

Él simplemente está.

Está cuando me levanto, cuando hago las cosas de la casa, cuando salimos a pasear, cuando descanso y cuando me siento delante del ordenador a escribir.

A veces se tumba cerca de mí y se queda tan tranquilo. O me mira con esos ojitos suyos como si entendiera perfectamente todo lo que pasa por mi cabeza.

Y quizá no entienda nada.

Pero tampoco hace falta.

Hay momentos en los que sentirse acompañado no significa estar hablando continuamente. Significa saber que hay alguien al otro lado del sofá. Alguien que respira, que te mira, que te sigue por la casa y que, aunque no pueda decir una sola palabra, consigue que el silencio no parezca vacío.

Creo que con los años aprendemos a valorar precisamente esas cosas.

Antes quizá pensábamos que para disfrutar había que salir, hacer planes, conocer sitios, tener siempre algo que contar.

Ahora descubres que también puede ser un día maravilloso levantarte, arreglar tu casa, salir a pasear con tu perro, comer tranquilamente, echarte una siesta y sentarte después a escribir unas palabras.

Sin ruido.

Sin prisas.

Sin necesidad de que ocurra nada más.

Porque quizá la felicidad no siempre llega haciendo ruido. A veces se instala despacito en una tarde cualquiera, se tumba a nuestros pies y se queda allí, acompañándonos.

Como Coco.

Y entonces entiendes que esos días que parecen tan sencillos son, muchas veces, los que más paz nos dejan.

Hoy no ha pasado nada especial.

Y qué bien.

Porque hoy simplemente hemos estado juntos.

Y eso, para mí, ya ha sido mucho.



El rincón de Amalia. 💞


domingo, 3 de mayo de 2026

Las madres nunca se van del todo


Hay algo que una entiende con el tiempo, con la vida, con los años… y es que las madres no se sustituyen. No hay nadie como ellas. No hay otra voz igual, ni otra forma de mirar, ni otra manera de estar en el mundo.

Mi madre era una mujer especial. De esas que parecen pequeñas cosas, pero lo son todo. Era presumida, sí… incluso para fregar las escaleras se ponía tacones y se arreglaba un poco, como si la vida siempre mereciera elegancia. En casa iba con su bata, cómoda, sencilla, pero en la calle siempre estaba impecable. Era así: cuidaba los detalles, pero sobre todo cuidaba a los demás.

Y era buena. Muy buena. De esas personas a las que todo les parece bien, que no guardan enfados, que siempre están dispuestas a ayudar. Caprichosa a veces, como yo… “ahora quiero un pintalabios”, “ahora una camisa”… y me hace sonreír reconocerme en ella.

Para mí sigue viva. No es una frase hecha. Es real. La siento conmigo. La llevo en el corazón y en muchas de mis decisiones diarias. A veces le hablo en silencio:
“Mamá, ¿esto está bien hecho?”
“Mamá, ¿estarías orgullosa de mí?”

Y cuando salgo a pasear, sin pensarlo, le digo:
“Mamá, ven conmigo.”

Y siento que viene.

Porque las madres son eso: presencia que no se apaga. Amor que no se rompe. Vida que sigue en nosotros.

Yo sé que ella dio su vida por mí, como yo intento dar la mía por mi hijo. Y entiendo ahora que eso es lo más grande que puede hacer una persona: amar así, sin condiciones, sin medida.

Las madres no se van. Se transforman en compañía invisible. En conversación interior. En calma. En raíz.

Y en mi caso, en cada paso que doy, ella sigue caminando conmigo.

Feliz Día de la Madre.
Mamá, no te olvido.
A ti, Carmen, presumida, coqueta… la más buena del mundo.


* 
Cuidad mucho de vuestras madres.

Decidles que las queréis, escuchadlas, abrazadlas todo lo que podáis.

Porque cuando faltan… se las echa de menos cada día.

Una madre es insustituible.
Y su amor… ese no se olvida nunca.

lunes, 27 de abril de 2026

La vida está para celebrarla (aunque sea en pequeñito)


Yo soy de las personas que celebran todo. Y cuando digo todo, es todo de verdad.

No necesito grandes acontecimientos para hacer una fiesta, porque la vida ya me regala motivos cada día, en cosas sencillas que antes quizá pasaba por alto, pero ahora sé verlas.

Si llega un paquete a casa con cosas que he comprado con ilusión, para mí eso ya es un momento bonito. Me gusta abrirlo despacio, mirar lo que hay dentro, tocarlo, disfrutarlo… y si puedo, compartirlo con las personas que quiero. Porque lo sencillo, cuando se comparte, sabe mejor. Y si Coco está por allí, él también se entera de que “algo bueno pasa en casa”, porque se le nota en la mirada y en cómo me sigue por el pasillo como diciendo: “aquí está ocurriendo algo interesante”.

Si me compro una tomatera y empieza a crecer, eso ya es una celebración. Ver cómo la planta se estira poquito a poco, cómo aparecen las primeras hojas, cómo la vida hace su trabajo sin prisas… eso me emociona. Y cuando empiezan a salir los tomates, todavía más. Es como si la planta me dijera: “ya estoy lista”. Y entonces yo siento que eso también hay que celebrarlo. Porque no es solo una planta: es cuidado, paciencia y vida. Y sí, Coco también lo celebra conmigo, porque se sienta cerca, tranquilo, como acompañando el momento.

Y cuando por fin llegan los tomates a la mesa, entonces sí: otra fiesta. Una fiesta sencilla, de las que me gustan a mí, de las que no necesitan nada complicado, solo estar viva, bien acompañada de personas que quiero y disfrutarlo.

Si compro algo nuevo para casa, un cuadro, un detalle, un cambio pequeño… también lo celebro. Porque no es solo un objeto: es algo nuevo que entra en mi vida, que cambia mi casa, que me hace ilusión. Y yo soy de las que creen que cuando algo te da alegría, merece un momento especial.

También celebro cosas que pueden parecer tontas para otros, pero para mí no lo son: mover un mueble de sitio, ordenar un rincón, preparar una comida sencilla, o incluso tener un día tranquilo en casa con Coco a mi lado.

Porque Coco está siempre conmigo en estas “fiestas de la vida”. Él no necesita entenderlo, simplemente lo vive. Si yo estoy contenta, él está tranquilo. Si yo me siento feliz, él lo nota. Y si yo celebro algo, él lo acompaña a su manera, con su presencia, con su calma, con su forma de estar cerca.

Yo he aprendido algo muy importante: la vida no está hecha solo de grandes momentos.
La vida está hecha de pequeños instantes que, si los miras bien, ya son una fiesta.

Y yo he decidido algo muy claro: vivirlos así.

Celebrar lo pequeño.
Celebrar lo sencillo.
Celebrar lo cotidiano.
Celebrar la vida.

Y si Coco está conmigo… entonces la fiesta ya está completa.




jueves, 23 de abril de 2026

Sant Jordi: la historia de las rosas, los libros y el amor



Hoy en Cataluña se celebra una de las tradiciones más queridas y luminosas del año: Sant Jordi.

Es un día en el que las calles se llenan de libros, rosas y gente que camina con una ilusión sencilla: la de compartir algo bonito con alguien importante en su vida.

La historia nace de una antigua leyenda. Se cuenta que en un pueblo vivía un dragón que sembraba miedo entre sus habitantes. Cada día exigía un tributo para no atacar la ciudad, y el pueblo, sin otra salida, iba cediendo a su voluntad. Hasta que un día apareció un caballero, Sant Jordi, que decidió enfrentarse a la criatura para liberar a la gente de ese temor.

En la lucha, el dragón fue vencido, y de su caída brotó una rosa roja. Sant Jordi la tomó entre sus manos y la ofreció a la princesa. De ese gesto nace el símbolo que hoy sigue vivo en esta celebración.

La tradición que ha llegado hasta hoy. 

Con el paso del tiempo, esta leyenda se convirtió en una costumbre profundamente arraigada.

En Sant Jordi, se acostumbra a regalar una rosa y un libro como símbolo de afecto y cultura. Tradicionalmente, la rosa se ofrece a la persona querida, y el libro como un gesto de admiración o amor hacia quien lo recibe.

Pero con los años, esta tradición se ha abierto y se ha hecho más amplia, más humana y más libre.

Hoy una rosa o un libro puede regalarse a muchas formas de amor: a una pareja, sí, pero también a una madre, a un padre, a un hijo, a una hija, a un amigo o a una amiga. A alguien que forma parte de nuestra vida de una manera especial.

Porque el amor no tiene una única forma ni un único destino. Se expresa en gestos pequeños, en detalles sencillos, en la intención de hacer sentir bien a otra persona.

Un día para caminar entre historias.

Sant Jordi transforma las ciudades. Las librerías salen a la calle, los libros se abren como ventanas, las rosas aparecen en cada esquina y la gente pasea con una sonrisa distinta.

No es solo una fiesta cultural. Es un recordatorio de que las historias nos unen, de que la lectura nos acompaña y de que el cariño también se celebra.

Es un día en el que lo cotidiano se vuelve especial sin necesidad de grandes cosas, solo con la voluntad de compartir.


Quizá por eso Sant Jordi permanece vivo generación tras generación. Porque nos recuerda algo esencial: que dar es una forma de querer, y que el cariño, cuando se comparte, siempre vuelve de alguna manera.

Y en ese gesto sencillo de una rosa o un libro, hay un pequeño acto de humanidad que ilumina el día.



miércoles, 22 de abril de 2026

Hoy la tristeza viene a visitarme


Hoy me invade una tristeza suave, de esas que llegan sin avisar y sin motivo claro. Y lo curioso es que, si miro mi vida, no me falta nada importante: tengo un hogar, tengo comida, tengo a Coco a mi lado, sano y feliz… y, sin embargo, el corazón hoy está un poco más apagado.

A veces es así. La tristeza aparece aunque la vida esté en orden, como si viniera a recordarnos que somos humanos, que sentimos, que echamos de menos, que hay personas lejos que quisiéramos cerca, que hay abrazos que necesitamos y que la distancia no nos deja dar.

Y no pasa nada por sentirlo. No hay que buscarle siempre una explicación ni luchar contra ello. Hoy simplemente está aquí, acompañándome un rato.

Pero incluso en estos días, hay algo que se mantiene firme dentro de mí: la certeza de que todo pasa. Que la tristeza no se queda a vivir para siempre. Que igual que ha llegado hoy, también se irá.

Porque la vida no es solo alegría o solo calma. La vida también es esto: días suaves, días raros, días en los que el alma se recoloca sin que una lo entienda del todo.

Y aun así, incluso en medio de esta sensación, sigo pensando que la vida es bonita. Que mañana será diferente. Que mañana vuelve la luz un poco más fuerte, y con ella, poco a poco, también yo.

Así que me quedo con esto: hoy siento tristeza, pero sigo confiando en la vida. Y en que todo, incluso esto, también pasa… y deja paso a algo mejor.



miércoles, 8 de abril de 2026

Vivir sin máscara

A veces siento que hay cosas que me muero por decir en voz alta… aunque puedan incomodar.
Aunque hagan que más de una persona se mueva en su silla.

Porque hay temas que nadie quiere tocar,
pero curiosamente son los que más nos hacen pensar.
Si somos sinceras… en algún momento todas hemos jugado a ser alguien que no somos.

No porque seamos falsas.
Sino porque así nos enseñaron.

Nos enseñaron a mostrarnos fuertes, incluso cuando estamos hechas pedacitos.
A decir “todo bien” aunque sepamos que no lo está.
A cuidar cada palabra, cada gesto, cada historia…
porque siempre hay ojos observando, comparando, criticando.

Y aprendimos otra cosa, aunque nadie nos lo dijera claramente: no todos los que preguntan “¿cómo estás?” realmente quieren saber la verdad.

Hay quienes preguntan por educación.
Otros por simple curiosidad.
Y algunos… por morbo.

Seamos honestas: hay gente a la que le molesta verte brillar.

Si celebras un logro con emoción, si cuentas algo que te salió bien, si presumes tu esfuerzo que tardó años en dar frutos… algunos te escuchan con sonrisa amable mientras por dentro piensan: “¿y por qué ella sí ha conseguido ese éxito”

Sí… la envidia existe.
No siempre se nota, no siempre se grita.
A veces se esconde en un consejo, un silencio raro, una sonrisa que no llega a los ojos.

Y también existe algo aún más triste: personas que viven en una vida que no es suya.

Que aparentan felicidad que no sienten.
Que muestran estabilidad que no tienen.
Que venden un estatus solo para que otros lo vean.

Gente que no dice dónde vive porque no coincide con la imagen que proyecta.
Que se endeuda para parecer.
Que siempre se compara.
Que vive más preocupada por lucir que por ser.

Qué cansado debe ser vivir así.
Porque al final del día, cuando se apagan las luces, cuando el teléfono deja de sonar
y las redes se silencian… cada uno queda solo con su verdad.

Y aquí viene la lección que los años enseñan: ¡qué maravilla es ser auténtica, carajo!
No perfecta.
No impecable.
No admirada por todos.
Simplemente real.

Real cuando estás feliz.
Real cuando estás cansada.
Real cuando todo va bien y también cuando no.

No tienes que contar tus problemas a medio mundo.
Pero tampoco cargar con una felicidad inventada.
No presumir lo que tienes no te hace menos.
No competir todo el tiempo no te hace menos.
No tener la vida perfecta de Instagram te hace libre.

Libre de mentiras.
Libre de comparaciones.
Libre de intentar impresionar a gente que muchas veces ni se alegra por ti.

Y cuando empiezas a vivir de verdad, sin máscaras… la vida se siente más ligera.
Más simple.
Más bonita.
Y sí, puede incomodar a algunos…




martes, 31 de marzo de 2026

Empleadas del turno de noche

Buenos días, mi gente maravillosa… hoy vengo con una confesión que no es ni bonita ni elegante… pero es real como la vida misma.

Hay una cosa que una descubre con los años, y nadie, nadie, te lo advierte cuando eres joven, lozana y duermes como un tronco: el cuerpo cambia… sí… pero no poco… cambia con mando a distancia… ¡y encima sin botón de apagar!

Y dentro de ese cuerpo tan apañado que tenemos… hay un órgano pequeñito, aparentemente inocente… que un día se levanta rebelde y dice:
“Hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora, mando yo”.

Sí, amigas… la vejiga.

Ese ser diminuto que antes ni sabías que existía… y ahora tiene más autoridad que nadie.

Porque tú te acuestas un sábado o un domingo… feliz de la vida, con una ilusión que no te la quita nadie:
“Mañana duermo… mañana no hay prisas… mañana me levanto cuando me dé la gana…”

Te colocas la almohada, te tapas bien, das ese suspiro de gusto… y caes en un sueño profundo, dulce, maravilloso…

Y justo cuando estás en lo mejor… cuando estás soñando que estás en una playa divina, con el pelo perfecto, Chayanne a tu lado, la vida resuelta…

¡ZAS!

Una voz interior… suave, pero con una autoridad que no admite réplica:
“Amalia… arriba.”

Y tú, con toda tu dignidad, haces lo que haría cualquier persona sensata: negociar.

“Un momentito… cinco minutos… si yo estoy bien… si no pasa nada…”

Te giras, te haces la dormida, te tapas más… incluso intentas convencerte a ti misma…

Pero no.

La vejiga no se va.

La vejiga se queda… calladita… esperando… como diciendo:
“Tú haz lo que quieras… pero aquí la que manda soy yo.”

Y claro… llega ese momento…
ese momento dramático…
ese momento en el que tú dices:

“Ya está… hasta aquí hemos llegado…”

Ese momento en el que sabes…
que no hay negociación posible…
que no hay dignidad que valga…
y que o te levantas…
o te levantas.

Y ahí vas…

A las tres de la mañana…
con los ojos medio cerrados…
el pelo como si hubiera pasado un huracán…
las pantuflas arrastrándose…

Caminando por el pasillo como alma en pena…
pero con un objetivo claro: llegar al baño.

Porque a estas alturas, una puede dejar la dieta, el gimnasio, hasta ordenar los cajones…

Pero lo que no se puede aplazar…
es una orden directa de la señora vejiga.

Eso no se negocia.
Eso no se discute.
Eso se obedece… y punto.

Así que si esta noche también habéis hecho la excursión nocturna… no os preocupéis…

No es que estemos mayores…

Es que hemos ascendido en la vida…

Ahora somos…

empleadas fijas del turno de noche… bajo la estricta dirección de la señora vejiga.

Y oye… dentro de lo que cabe…

¡ni tan mal… que seguimos llegando a tiempo! 😄



miércoles, 3 de diciembre de 2025

Bueno, aún tengo tiempo


Hay un momento, no sabes ni cuándo llega, en el que te das cuenta de una verdad que antes te daba igual: ya no te quedan tantos años como pensabas.
Así, sin drama. Simplemente lo ves.
Un día te dices: “Bueno, aún tengo tiempo”…
y al siguiente te cae la ficha de que cada día que pasa es uno menos en la cuenta.
Y lejos de asustarte, te despierta. Te pone las pilas. Te afina la mirada.

Porque entonces entiendes algo que antes no valorabas: que lo importante no es cuánto tiempo queda, sino cómo lo vas a vivir a partir de ahora.

Y ahí cambia todo.

Porque ya no estás para desperdiciar otoños.
Ni para dejar inviernos enteros en pausa.
Ni para pasar por la vida como si fuese un trámite.
Ahora toca saborearlo todo, incluso lo que antes ni mirabas dos veces.

Es otoño: pues a vivirlo.
A sacarle el jugo a los días fríos,
a las tardes que huelen a café caliente,
a las caminatas con chaqueta y manos en los bolsillos, a las conversaciones que se alargan sin prisa.
A reír más fuerte, a hablar más claro, a decir que sí a lo que apetece y que no a lo que no suma.

Porque puede que no nos queden tantos años como antes, pero lo que sí nos queda, y esto es oro puro, es la libertad de vivirlos como queremos.
Sin tonterías, sin miedos, sin perder tiempo con lo que no importa.

Y ahí está el verdadero lujo de esta etapa:
ahora sabes lo que vale un instante.
Sabes lo rápido que pasa un otoño,
lo fugaz que es un abrazo, lo especial que es una risa que te dobla el cuerpo.

Y precisamente por eso, lo que viene puede ser increíble.
No por la cantidad, sino por la calidad.
Por las ganas.
Por la consciencia.
Por ese brillo nuevo que te entra cuando decides empezar a vivir de verdad.

Así que sí: a partir de ahora, toca apurar la vida.
Toca exprimir cada estación como si fuera la última.
Toca estar presente, despierta, decidida.
Toca disfrutar este instante, porque, aunque suene rotundo, es lo único que tenemos garantizado: el ahora.

Y oye… qué gustazo vivirlo con todas las ganas.




domingo, 21 de septiembre de 2025

AMIGAS VELETA Y AMIGAS FIELES


En la vida hay amistades que se mueven como el viento.
Un día están contigo, al siguiente ya no.
Un día te llaman, mañana se olvidan.
Hoy se sientan a tu mesa, mañana ya buscan otra.

Esas son las amigas veleta: cambian de rumbo sin aviso, y nunca sabes dónde colocarlas en tu corazón.

Pero también existen las otras, las que de verdad valen.
Las que no necesitan estar todos los días, porque sabes que cuando las llamas, ahí están.
Las que se alegran con tu alegría y se entristecen con tu dolor.
Las que no te dejan a la primera tormenta, sino que se quedan aunque sople fuerte el viento.

A esas yo las llamo amigas fieles.
Y son un tesoro.
Porque una amiga fiel no se mueve según la ocasión: permanece, acompaña y te recuerda que la verdadera amistad no se mide en momentos, sino en lealtad.




domingo, 3 de agosto de 2025

Solo hay que seguir ascendiendo


Dicen que las montañas más altas ofrecen las vistas más hermosas. Que cuanto más cuesta subir, más recompensado se siente uno cuando llega a la cima. Y sí, la vida muchas veces se parece a eso: a un sendero empinado, con piedras, con niebla, con momentos en los que parece que no se avanza… pero siempre vale la pena seguir ascendiendo.

Hay montañas majestuosas repartidas por el mundo: el Everest, el Aconcagua, el Mont Blanc… pero también hay montañas más pequeñas, menos famosas, que regalan vistas que te dejan sin aliento. Y lo mismo pasa con nuestros propios desafíos: no hace falta escalar el Himalaya para sentir que hemos logrado algo grande. A veces basta con levantarse un día más, con seguir adelante cuando el cuerpo pide descanso, con mirar atrás y decir: “he subido más de lo que pensaba”.

Cada paso hacia arriba nos aleja del ruido, de lo plano, de la monotonía. Cuanto más subes, más silencio hay, más claridad, más belleza. Y lo mejor es que cada uno tiene su propia montaña que conquistar. Algunos la suben rápido, otros despacio; algunos van con mochila ligera, otros cargan con piedras del pasado… pero todos tenemos derecho a mirar desde lo alto y sentirnos orgullosos.

Así que, cuando sientas que cuesta, que el camino es largo, recuerda esto: no se trata de correr, se trata de avanzar. Paso a paso. Día a día. Respiro a respiro. Porque la cumbre no es un lugar: es un momento de claridad, de paz, de alegría por haber llegado.

Solo hay que seguir ascendiendo.








miércoles, 31 de enero de 2024

Tarde en la cocina

Ayer fue un día maravilloso. Vino a comer un amigo a casa. Después de comer nos sentamos a ver una serie en la televisión y de repente, yo soy así de impulsiva le dije: Vamos hacer magdalenas. Buscamos una receta, miramos los ingredientes y tenía todo lo necesario para hacerlas. Así que nos fuimos a la cocina nos pusimos un delantal y empezamos a trabajar.
Yo suelo hacer muchas veces magdalenas porque me gustan y antes de desayunar bollería industrial prefiero mis magdalenas. 
Ayer las hicimos de naranja y debo decir que están buenísimas, a parte de todos los ingredientes que lleva yo le añadí un poco de chocolate rallado, la combinación del chocolate con la naranja me parece deliciosa.
Las hicimos en la Thermomix y esta es la receta.

Ingredientes:
Media naranja con piel.
4 huevos.
200 azúcar. Yo le puse panela.
200 gramos de aceite.
220 gramos de harina.
Una pizca de sal.
Un sobre de levadura.
Preparación:
Poner la naranja, azúcar y huevos 5 minutos a 37 grados, velocidad 5
Después de esos 5 minutos sin temperatura volver a poner 3 minutos, velocidad 5
Añadir el aceite mezclar 15 segundos, velocidad 5.
Agregar la harina, levadura y sal  y poner 8 segundos, velocidad 6.
Dejar reposar como mínimo media hora en la nevera.
En este momento yo le añadí el chocolate rallado.
Pasado el tiempo de reposo y con el horno caliente poner en los moldes de magdalenas y rellenar 3/4 del molde.
Meter en el horno a 180 grados durante 18 minutos.
Estaban tan buenas que hasta caliente nos las comimos.






lunes, 15 de enero de 2024

Coco cumple años.

¡Woof, woof! 🐾 ¡Hola a todos los amantes de las patitas peludas y los lametazos cariñosos! Soy Coco el perrito que acaba de cumplir 11 años y quería compartir con vosotr@s algunas reflexiones perrunas mientras celebro este nuevo objetivo en mi vida. ¡Acompañarme en este viaje lleno de ladridos de alegría y momentos de cola moviéndose! 

Woof, woof. Soy yo, Coco, el fiel compañero de cuatro patas de Amalia, y estoy emocionado de compartir con vosotros que acabo de celebrar mi undécimo cumpleaños. Sí, han pasado once años desde que llegué a la vida de Amalia con mis orejas esponjosas y mi cola siempre en movimiento.
En estos años Amalia y yo hemos compartido innumerables momentos de alegría, travesuras, afecto incondicional y tambien momentos tristes de decir adiós a Fernando y a mi primito Hundo. Desde las mañanas soleadas hasta las noches acogedoras junto Amalia, cada instante ha sido especial a su lado. Gracias Amalia por llenar mis días con cariño, paseos emocionantes y deliciosas golosinas que hacen que mi cola se agite con entusiasmo.
Y hoy que celebro mi cumpleaños, quiero reflexionar sobre las muchas aventuras que hemos vivido juntos. Desde perseguir mariposas en el jardín a escaparme muchas veces, unas veces volvía solito a casa y otras tenías que venir a buscarme al veterinario porque algunas personas buenas me recogían por la calle, y tú Amalia te enfadabas mucho conmigo, ahora ya no me escapo he madurado, ahora me gusta descansar a tu lado después de un día agitado, cada momento ha sido un regalo. Aunque mis orejas puedan estar un poco más grises y mis pasos un poco más lentos, el amor que siento por ti solo ha crecido con el tiempo.
Tengo muchas amigas y amigos que me quieren mucho. 
Tengo a mi tita Pepi que la quiero mucho y me gusta estar en sus brazos.
También a mi padrina Rafi, me encanta ir a su casa porque siempre me da jamón.
A mi amigo Jose, que siempre que sube a casa me hace caricias.
A mi amiga Nuri que siempre me hace muchas caricias y a su mamá Nuria la quiero un poquito más porque cuando voy a su casa me da jamoncito.
También quiero mucho a mi tito Gerard, cuando viene a verme me hace correr por la calle y me da muchos besitos y abrazos.
y sobre todo quiero a mi nene, me encanta ir a su casa porque me lleva a dar muchos largos paseos me lleva por unas calles de subidas enormes y me gusta mucho pasear con él.
Gracias a todos por esas caricias que me hacéis, y por el jamoncito que me dais. 

Gracias Amalia por ser mi familia, por entender mis ladridos y por ser mi compañera de vida. Estoy emocionado por los años que vendrán y por seguir compartiendo risas, juegos y siestas acogedoras a tu lado. 
¡Que vengan más cumpleaños llenos de amor, abrazos y golosinas deliciosas!

Con todo mi amor perruno,
Coco 🐾



Aquí con mi tita Pepi.




domingo, 14 de enero de 2024

Cumpleaños



Al alcanzar los 64 años, es inevitable mirar hacia atrás y reflexionar sobre el último año de mi vida. Ha sido un período lleno de desafíos, aprendizajes y momentos significativos, momentos felices y momentos no tan felices.
En el ámbito personal, he cultivado relaciones valiosas que han enriquecido mi vida. Celebré momentos especiales con amigos y seres queridos, compartiendo risas y creando recuerdos que atesoraré para siempre. Además me enfrenté a desafíos con resiliencia, aprendiendo que la fortaleza emocional es una herramienta poderosa.
Asumí desafíos con determinación, demostrando que la pasión y la experiencia pueden superar cualquier obstáculo.
En el ámbito personal tambien he priorizado mi bienestar físico y mental. La salud se ha convertido en una piedra angular, adoptando hábitos que me permiten disfrutar plenamente de la vida. 
La práctica de la gratitud se ha vuelto fundamental, agradezco cada día lo que la vida me ofrece, ver la claridad de un nuevo día, los buenos días de mi príncipe, los saltitos de felicidad de mi Coco. Agradezco las pequeñas alegrías diarias que hacen que cada día sea especial.
Agradezco cada día estar rodeada de seres de luz que hacen mi vida más feliz, amistades que se han convertido en mi familia que siempre están ahí si las necesito.
Agradezco los momentos compartidos de felicidad con una persona especial en mi vida. 
Este año también me ha llevado a explorar nuevas pasiones y aventuras. Cumplir años no significa estancamiento; al contrario, es una oportunidad para descubrir nuevas facetas de una misma.
A medida que celebro mi cumpleaños, estoy agradecida por todas las experiencias que este último año me ha brindado. Cada día es una oportunidad para crecer, aprender y disfrutar de la maravilla que es la vida. 
¡Lista para embarcarme en el próximo capítulo con entusiasmo y gratitud!

Ahora voy a contar cómo ha sido mi día:
Ha sido un día muy feliz rodeada de amistades que se han convertido en mi familia, ha sido un día de emociones, de buenos deseos, de muchos regalos, de mucha comida y mucha bebida. En resumen ha sido un día maravilloso. Y aún tengo pendiente mañana una comida con unas amigas que hoy no podían estar. Una comida con una amiga especial, otra celebración con mi príncipe. Tengo por delante un año entero para seguir celebrando mi cumpleaños. 
Este año no ha habido pastel ni velas por respeto a mi Hundito, hace 11 años que siempre celebraba mi cumpleaños junto a él y este año no está a mi lado. 



martes, 9 de enero de 2024

Breve conversación


En una breve conversación, un hombre me preguntó: ¿Qué tipo de hombre estás buscando?
Yo me quedé callada un momento antes de contestar y mirándolo a los ojos le pregunté: ¿De verdad quieres saberlo?
Él respondió: sí 
Yo empecé a decir: Siendo una mujer en esta época, estoy en posición de pedirle a un hombre lo que yo no puedo hacer por mí sola. 
Yo pago mis facturas, yo me encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre, y estoy en la posición de preguntarte: ¿Qué es lo que tú puedes aportar a mi vida?
El hombre se quedó mirándome y pensó que yo me estaba refiriendo al dinero.
Yo sabiendo lo que él estaba pensando, dije: No me estoy refiriendo al dinero, yo necesito algo más. Yo necesito un hombre que luche por la perfección en todos los aspectos de la vida. Yo busco a alguien que luche por superarse, a alguien con quien conversar y que me motive a ser cada vez mejor. 
Yo no necesito a alguien mentalmente simple e inmaduro. Quiero a alguien a quien admirar y que me admire por mí misma.
Yo necesito a alguien lo suficientemente sensible para que me comprenda por lo que yo paso en la vida como mujer, pero lo suficientemente fuerte para darme ánimo y no dejarme caer.
Alguien que me abrace tan fuerte que haga desaparecer mis miedos. Un hombre que comparta mis silencios, que entienda mi historia, que me ayude a sanar y a volver a creer.
Busco a alguien en quien pueda confiar, que me respete como su pareja y mejor amiga.
Dios hizo al hombre y a la mujer en iguales condiciones para apoyarse mutuamente. Yo no puedo ayudar a un hombre inútil, que no se puede ayudar a si mismo. Yo busco a un hombre sensible y con buenos sentimientos, porque él conocerá mis sentimientos con solo mirarme a los ojos. 
Busco ternura y amor.
Cuando terminé  de hablar lo miré a los ojos y él se veía muy confundido y con interrogantes.

Él me dijo: “Estás pidiendo mucho”
Yo le contesté: “Yo valgo mucho”.



Aquí siempre hay un rinconcito para tus palabras… aunque sean pocas, siempre me alegra leerlas. 



lunes, 1 de enero de 2024

Año 2023


Si tuviera que contar cómo ha sido mi año 2023,  diría que el año se me ha hecho más largo de la cuenta. Contaría que he tenido un nudo en el estómago y en la garganta desde enero hasta hoy, que he derramado lágrimas que hacían mucho daño, y que trataban de caer una y otra vez. 
Contaría que estas Navidades han sido muy tristes, que mi peludin Hundito no estaba bien, pero ha querido pasar estas fiestas con nosotros.
Que el día 26 de diciembre, San Esteban, fiesta en Catalunya, no lo voy a celebrar más porque mi Hundito se ha ido al cielo de los perritos. 
Si tuviera que contar mi año, diría que me han decepcionado, y si digo la verdad, diría que de quién menos me lo esperaba. Y que desde entonces la confianza no tiene el mismo sentido. 
Diría que tengo miedo, y mucho. Que cada día pienso que puede ser el último. Y no solo el mío, sino el de las personas de mi alrededor. 
También diría que he tenido algún que otro berrinche, he contestado mal algunas veces, se me va la lengua y no puedo manejarla, y he pedido por lo bajito a algunas personas que se montasen en una tortuga y se fuesen despacito a la mierda.
A otros mentalmente les he pasado con un camión trailer por encima... ya sabes, soy intensa.
Eso de perdonar y olvidar... todavía no termino de entenderlo, lo de borrón y cuenta nueva tampoco lo entiendo soy pésima con las matemáticas, lo mío son las letras.
Si tuviera que contar cómo estoy, diría que feliz, aunque a veces las fuerzas me flaquean sin saber muy bien porqué. También diría que necesito un abrazo de esos fuertes fuertes, donde te quedas un buen ratito ahí apretada y no quieres despegarte. 
Contaría que hay sonrisas que se quedaron en el aire y otras que no llegaron ni a salir. Pero tambien salieron muchas risas con carcajadas y felicidad. 
Que a veces amaneció nublado y el sol no acabo de salir.
También contaría, que pienso más de la cuenta, y que a veces me gustaría tener un botoncito con el cual apagar mi mente por un momento y relajarme, pero no puedo. 
También este año he temblado y no era de frío. Y que tengo cicatrices que no terminan de sanar.

 Pero si hago balance de mi año, lo resumiría  en que tengo esperanzas y que mis ganas de seguir siendo feliz nunca me faltan aunque me las intenten quitar.
Que tengo la mejor familia del mundo, que tengo a mi príncipe siempre a mi lado, que tengo a mi Coco dándome mucho amor. Que tengo las mejores amistades y que alguna de esas amistades se han convertido en mi familia. 
Para resumir mi año diría que ha sido un año bueno, menos la pérdida de mi Hundito, eso voy a tardar mucho en superarlo.





viernes, 28 de julio de 2023

Ya no voy por la vida haciendo ruido

Yo ya no voy por la vida haciendo ruido para que se fijen en mí.
Voy calmada.
Voy tranquila.
Voy serena.
Voy despacio.
Ya no quiero deslumbrar a nadie.
Soy yo la misma en cualquier parte.
Ya no necesito impresionar a nadie.
Solo necesito estar a gusto conmigo misma.
Habrá a quién le guste como soy y también habrá a quien no le guste mi forma de ser. Pero eso a mí, no me quita el sueño ni mi paz.
Mi paz y mi sueño me lo quitan otras cosas más importantes.
Qué más da la opinión de los demás, yo no exijo nada de nadie, no le pido explicaciones a nadie.
Vivo a mi manera sin hacer daño a nadie.
Hay días que puedo ser un cascabel y otros días pienso: "Qué acabe pronto el día".
A la única persona que tengo que impresionar es a la que veo cada mañana en el espejo.
A ella... Solo a ella y a nadie más y ella me acepta y está orgullosa de mí.





Me he vuelto entusiasta de vivir!!!

Me he dado cuenta de que me he vuelto entusiasta a vivir mi vida sin dar explicaciones a pesar del qué dirán.
A saborear esos momentos felices acompañada o sola le pese a quién le pese 
Me he dado cuenta de que me he vuelto entusiasta a dedicarme tiempo, a no mendigar cariño, a no pedir nada que no me quieran dar.
Me he dado cuenta que me he vuelto entusiasta de no dedicar mi tiempo a quién no se lo merece, ya no dedico mi tiempo a quién me hizo daño, solo dejo entrar en mi mundo a quien me aporta felicidad y me repara el alma con un abrazo.
Reconozco que me volví entusiasta a ser yo misma, a brillar sin apagar el brillo de nadie porque me siento suficiente, a olvidarme del tiempo y de las rutinas.
¡¡¡A vivir!!!
Me he dado cuenta que me he vuelto entusiasta a quererme, a no exigirme tanto y acepto mis defectos y virtudes.
Me he vuelto entusiasta a amarme a respetarme, ser yo la única protagonista de mi vida, aunque eso moleste.








A veces la vida no necesita grandes acontecimientos para hacernos felices.

A veces la vida no necesita grandes acontecimientos para hacernos felices. No hace falta que nos toque la lotería, que nos den una noticia e...