A veces la vida no necesita grandes acontecimientos para hacernos felices.
No hace falta que nos toque la lotería, que nos den una noticia estupenda o que ocurra algo extraordinario para tener un buen día. A veces basta con algo tan sencillo como salir a dar un paseo con mi Coco, que va a mi lado con sus pasitos, sus olfateos y esa carita que parece decirme: "Venga, Amalia, que ya hemos salido, ahora vamos a disfrutar" y, después, sentarnos a tomar nuestro cafecito con una tostada de aceite en el bar de confianza.
Porque sí, amigas, hasta un café con leche puede convertirse en un momento especial cuando lo tomamos tranquilamente, con la sensación de que, por un ratito, no tenemos que correr detrás de nada.
También puede ser ese rayito de sol que entra por la ventana, una conversación que nos hace reír, una tarde de ganchillo entre lanas o incluso ese momento en el que miramos alrededor y pensamos: «Pues oye… aquí estoy, y eso ya es mucho».
Qué curioso es esto de la vida, ¿verdad? Nos pasamos muchas veces esperando que llegue algo grande para sentirnos felices y, mientras tanto, se nos escapan esas pequeñas cosas que tenemos delante de las narices. Porque las cosas pequeñas no son tan pequeñas cuando nos tocan el corazón.
Un abrazo, una sonrisa, unas risas tontas o simplemente tener un día sin prisas… Todo eso también es felicidad. Y quizá cuando aprendemos a mirar con un poquito más de atención, descubrimos que la vida nos está regalando motivos para sonreír todos los días. Lo que pasa es que algunos vienen envueltos en papel de regalo y otros vienen en una taza de café. ☕️
Yo cada vez tengo más claro que no quiero esperar a que llegue un acontecimiento enorme para disfrutar de mi día a día. Quiero saborear lo que tengo hoy: una charla, una canción que me lleva a un recuerdo bonito, el tacto de mis labores y todas esas pequeñas cosas que, sin hacer ruido, nos abrazan el alma.
Porque al final, amigas, la felicidad muchas veces no hace grandes entradas. A veces llega despacito, se sienta a nuestro lado y nos dice:
«Mira, Amalia… disfruta de este momento, que también es vida».
Y yo, por si acaso, le hago caso. Porque la vida está hecha de instantes, y si sabemos disfrutarlos, hasta un paseo con nuestro perro y un café caliente pueden convertirse en un tesoro.
Y eso, amigas mías, es tener una vida llena de pequeños grandes momentos.
Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷
El Rincón de Amalia

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