jueves, 1 de enero de 2026

He entrado en el 2026 con el pie derecho


Empiezo el 2026 escribiendo. Y no es casualidad. Es mi forma de decirme que sigo aquí, que sigo sintiendo, que sigo caminando, aunque a veces lo haga despacio.

El último día del 2025, Coco y yo salimos a pasear. Hacía mucho frío, de ese que se mete en el cuerpo, pero íbamos bien. Él con su abriguito, tan guapo, tan compañero, tan fiel. Caminamos sin prisa, como tantas veces, sabiendo que lo importante no es el destino, sino la compañía.

Volvimos a casa, comimos, descansamos… y por la tarde nos fuimos a casa de una amiga para despedir el año. Coco iba vestido de rojo, precioso. Yo también seguí mis pequeños rituales: ropa interior roja, reloj nuevo, collares recién estrenados. Me gusta creer que así le digo a la vida que estoy preparada.

Compartimos una mesa llena de cosas ricas: paté, queso, gambas, de todo un poco. Brindamos con vinito y con cava del Recadero, que es un cava muy bueno. Cantamos, bailamos, reímos. Abrimos el cotillón, nos pusimos gafas, gorros, matasuegras… y nos dejamos llevar por esa alegría sencilla que no se fuerza, que simplemente aparece.

Cuando llegaron las campanadas, yo comí lacasitos. Hace años que no como uvas por mi fagofobia, por el miedo a atragantarme. Y lo cuento porque también eso soy yo. Porque cuidarme también es celebrar. Levanté la pierna derecha y, cuando sonó la última campanada, bajé el pie derecho y entré en el 2026 con intención, con respeto hacia mí y con esperanza.

Después vino la calma. Una tertulia tranquila, fotos, conversaciones suaves. Y al final, Coco y yo volvimos a casa. Aquí estamos ahora, los dos, solitos, en paz. Sin ruido. Sin vacío. Acompañados.

Y desde este lugar tan sencillo quiero decirte algo, a ti que me lees.

Empieza un año nuevo y no hace falta que sea perfecto. A veces, empezar un año es simplemente seguir. Seguir con más conciencia, con más cuidado, con más amor propio. Todos llevamos mochilas, miedos, recuerdos y ausencias. Yo también. Pero aquí sigo, agradeciendo lo que tengo y a quien tengo.

Ojalá este 2026 te trates mejor.
Ojalá no te exijas tanto.
Ojalá te permitas parar cuando lo necesites y celebrar tus pequeñas victorias, aunque nadie más las vea.

Que este año no te pida más de lo que puedes dar.
Que te regale calma, momentos de paz y razones sencillas para sonreír.
Que encuentres refugio en lo cotidiano, en una conversación, en un paseo, en alguien que te acompañe… aunque sea en silencio.

Gracias por estar aquí, por leerme y por compartir este rincón conmigo.
Te deseo, de corazón, un año sereno, amable y lleno de luz.

Feliz 2026.



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