El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 14 de febrero de 2026

La vez que un psicólogo se quedó sorprendido conmigo (y acabé en todas las universidades)

Hay momentos en la vida en los que una va con el alma rota pero la cara bien puesta. A mí me tocó vivir demasiados golpes seguidos: mi hermana, mi padre, mi madre se fueron al cielo en solo cinco meses y mi marido tenía  un cáncer… Todo de golpe, como si el destino hubiese decidido ponerme a prueba.

Yo seguía caminando como podía, con mi carácter fuerte, con mi risa siempre lista aunque por dentro me temblara todo. Y entonces ocurrió algo que aún hoy me parece increíble: un psicólogo vino a buscarme.

No fui yo a él, fue él que vino a mí. Se enteró de todo lo que estaba pasando y me dijo, sin rodeos:

Tú necesitas hundirte Amalia, tocar fondo y volver a resurgir.

Yo pensé: ¡Hundirme yo! Con lo que he vivido…
Pero fui. Me senté allí y, poco a poco, empecé a dejarme ayudar.

La sorpresa del psicólogo.

Desde la primera sesión, aquel chico joven y serio se quedó impresionado conmigo. Me dijo algo que jamás olvidaré:

Es increíble tu carácter. Pasas de llorar a reír con una naturalidad que no es nada común. Esa capacidad de sentir tanto y tan rápido… eso hay que enseñarlo.

Y así comenzó la aventura que jamás imaginé.

Me grabaron… y acabé en algunas universidades.

Tan sorprendido estaba que me pidió permiso para grabar nuestras sesiones. Yo me quedé a cuadros:

—¿Grabarme? ¿A mí? ¿Para qué?
Porque soy profesor de universidad y quiero mostrar tu caso a mis alumnos. Tu forma de sentir, tu fuerza… es algo que tienen que aprender.

Leí los papeles, los firmé, y voilà: ya estaba yo en algunas universidades de mi zona. Mi historia, mis risas y mis lágrimas se estudian en clases de psicología. Quién me lo iba a decir a mí… ¡yo en las aulas enseñando a futuros psicólogos!

El álbum que no quería hacer… y que me cambió.

Un día me pidió otra cosa más difícil todavía:

Hazme un álbum de fotos. Con las personas que ya no están.

Yo no podía ni mirar una foto. Ni de mi madre, ni de mi padre, ni de mi hermana. Me dolía hasta el aire. Pero lo intenté. Hice un álbum pequeñito, con las fotos más bonitas que tenía.

Y ahí pasaba lo que él decía que me hacía especial: Veía una foto y me reía, recordando el momento… Y al segundo lloraba, porque ya no estaban conmigo, porque habían trascendido, porque descansan en el cielo.

Ese contraste le conmovía profundamente.
Mi forma de sentir la vida: con toda el alma.

Y por eso me grababa, y por eso estoy en algunas universidades: porque ese psicólogo vio en mí una fuerza que ni yo misma sabía que tenía.

Hoy lo cuento con orgullo.

Hoy miro atrás y pienso: Menos mal que me dejé ayudar. Menos mal que apareció aquel psicólogo.
Y, oye, también me hace gracia imaginar que mientras tú lees esto, quizá en alguna clase un grupo de estudiantes está viendo mis sesiones y diciendo:

¡Qué mujer más auténtica!

Y sí: auténtica. Con mis risas, mis lágrimas y mi manera de resurgir siempre… aunque la vida me dé la vuelta como a un calcetín.

Porque la vida se vive a carcajadas y a lágrimas, pero siempre con el corazón abierto… ¡y yo te cuento cómo hacerlo sin miedo! 




Gracias a tod@s los que pasaís por mi rinconcito.

Si te gusta lo que escribo, puedes invitarme a un café haciendo clip aquí https://buymeacoffee.com/elrincondeamalia

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La vez que un psicólogo se quedó sorprendido conmigo (y acabé en todas las universidades)

Hay momentos en la vida en los que una va con el alma rota pero la cara bien puesta. A mí me tocó vivir demasiados golpes seguidos: mi herma...