Este fin de semana nos escapamos Coco y yo con un grupo de amigos a una casa preciosa, con piscina (aunque no la pudimos usar porque el agua estaba fría), chimenea que sí que usamos todo el día y un ambiente que te hace sentir en otro mundo.
Coco vino con nosotros 🐶 y se portó de maravilla, como siempre, el rey de la casa. Y mimado muchísimo. Corría, exploraba y nos hacía reír todo el rato.
Hicimos barbacoas todas las noches: una de sardinas, otra de carne… y bueno, nos pusimos las botas, no os imagináis. Entre risas, música y charlas, los momentos fueron preciosos.
Y no podía faltar el parchís 🎲. ¡Ay, qué risas nos echamos! Cada uno intentando ganar con sus fichas, haciendo sus trampitas, y riéndonos cuando alguien “casi” se come al otro. Ja, ja, fue genial para pasar el tiempo dentro de la casa calentitos cerca de la chimenea.
Una de las aventuras más bonitas fue ir al Delta del Ebro. Allí fuimos a comer y nos pusimos las botas otra vez . Comimos ensalada, mejillones, arroz con todas las cosas peladitas, para que fuera más fácil de comer, y claro, bebimos vino 🍷. De postre, yo me tomé un menjat blanc, típico de la zona, que estaba delicioso. Y bueno… todo eso después pasa factura al estómago, ya os lo podéis imaginar .
También fuimos a comprar pescado y marisco vivo en un vivero 🐟🦐, sí, todo vivito, vivito, y luego dimos un paseo en barco por el delta. Hacía un frío que pelaba, pero la vista, el aire fresco y la sensación de paz lo compensaban todo.
Lo que más disfrutamos fue descansar y no hacer nada, escuchando música cerca de la chimenea, charlando, riéndonos, simplemente disfrutando del momento y de la compañía.
Bueno, como siempre que uno se relaja y disfruta… yo me pasé un poquito. Comí demasiado, probé pastas, mojito y vino… y mi estómago me lo recordó bien la última noche. Sí, sí, acabé vomitando un poquito, pero nada grave, eh. Solo consecuencias de haber disfrutado un montón.
Aun así, valió totalmente la pena. Amigos, música, comida deliciosa, partidas de parchís, Coco feliz corriendo por todos lados y el paisaje del delta… ¡un fin de semana inolvidable!
Ahora ya en casa, cansada pero feliz, con el estómago un poquito revoltoso (ya me estoy tomando mi manzanilla con miel y limón, poquito a poco), recordando todas las risas y buenos momentos.
Y nada, así ha sido nuestro fin de semana largo: un poquito de caos, un poquito de exceso, pero mucho corazón y alegría.



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