El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 25 de julio de 2026

Estar sola es divertido


Nunca me imaginé que estar sola pudiera ser tan… divertido.
Siempre me dijeron que la soledad era un castigo silencioso, una especie de cárcel con paredes que escuchan tus suspiros y tazas de café frías que nadie va a calentar por ti. Me repetían que quien está sola es porque algo le faltó o porque alguien no la quiso lo suficiente. ¡Menuda tontería!

Hasta que un día, no sé si fue el lunes o un martes cualquiera, me topé conmigo misma en medio del silencio, y descubrí que allí había un espacio que nadie me había contado: un lugar donde puedo respirar tranquila, sin que nadie me apure ni me corte las historias que me invento. Y entonces comprendí: estar sola no es estar incompleta, es estar… perfecta tal como soy.

Estar sola es desayunar cuando me apetece, bailar con la escoba como si fuera Fred Astaire, reírme de mis propios pensamientos y hablar con las plantas sin miedo a que me juzguen. Es mirar la luna mientras pienso en tonterías, sin que nadie me diga “apaga la luz que es tarde”.

En la soledad descubrí mi voz verdadera, la que se escondía entre el ruido de todo el mundo. La abracé, celebré mis cicatrices, mis pequeñas victorias, y hasta aprendí a darme abrazos que ni la almohada me daba.

Estar sola no significa estar vacía; significa estar llena de risas que suenan libres, de recuerdos que me hacen sonreír, de sueños que guardo con cariño y hasta de lágrimas que caen sin drama. La soledad es un regalo disfrazado, y ahora la defiendo como mi tesoro más preciado.

Porque aprendí algo que nadie me había contado: quien no sabe estar sola, difícilmente sabrá disfrutar de alguien más.
Y yo, por fin, me encontré… conmigo misma.



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