El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 25 de julio de 2026

"La sabiduría de una taza de café"

Esta mañana me he preparado mi café de siempre. Me he sentado junto a la ventana mientras Coco se acomodaba a mis pies, esperando, como cada día, que terminara para salir a dar nuestro paseo.

He dado el primer sorbo y he pensado:

—Qué deprisa pasa la vida...

No sé si ha sido mi imaginación, pero, por un momento, he sentido que mi taza quería decirme algo.

—Amalia, ¿te has dado cuenta de que cada mañana me llenas de café, pero también de tus pensamientos? Aquí me hablas de tus alegrías, de tus miedos, de las personas que echas de menos, de Borja,  de los sueños que todavía guardas y de los que ya has conseguido cumplir.

He sonreído.

Era verdad. Muchas veces, antes de empezar el día, mi café es el primero que escucha todo lo que llevo dentro.

La taza continuó:

—A veces dices que estás sola, pero nunca lo estás del todo. Mira a tus pies.

Bajé la vista y allí estaba Coco, mirándome con esos ojitos que parecen entenderlo todo.

—Él depende de ti. No le importa cómo tengas el ánimo, ni si has dormido bien o si el día amanece gris. Para él eres su mundo. Gracias a él te levantas, sales a pasear, sonríes cuando hace alguna travesura y encuentras motivos para seguir adelante.

Le acaricié la cabeza y movió la cola, como si también quisiera participar en aquella conversación.

—Y no olvides otra cosa, me dijo la taza, hace un tiempo soñabas con escribir un libro y hoy ese sueño ya es una realidad. También soñabas con escribir canciones, grabar un pódcast y compartir tus historias para que pudieran ayudar a otras personas. Poco a poco, sin hacer ruido, has ido cumpliendo sueños que un día parecían imposibles.

Me quedé pensativa.

Es verdad que la vida me ha puesto pruebas muy difíciles. He llorado, he sentido miedo y muchas veces he pensado que no tendría fuerzas para seguir. Pero, cuando miro atrás, me doy cuenta de que siempre he encontrado un motivo para levantarme una vez más.

Entonces la taza me regaló su último consejo.

—No mires solo lo que has perdido. Mira todo lo que has construido con las manos y con el corazón. Cada arruga cuenta una historia. Cada cicatriz habla de una batalla superada. Y cada nuevo amanecer te recuerda que todavía quedan páginas por escribir, canciones por cantar y abrazos por dar.

Apuré el último sorbo del café.

Miré a Coco, que ya esperaba impaciente junto a la puerta porque sabía que tocaba salir.

Sonreí.

Quizá las tazas no hablen.

O quizá sí.

Quizá Dios, la vida o el corazón encuentran las palabras más sencillas para recordarnos que no podemos rendirnos, porque siempre hay alguien que nos necesita, un sueño por cumplir y un nuevo día esperándonos al otro lado de una taza de café.





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