El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 13 de agosto de 2026

A los 66 años, algunas cosas han cambiado… y qué bien


A mis 66 años me he dado cuenta de que hay muchas cosas que hago de manera diferente a como las hacía antes.

Y no porque me haya vuelto más complicada… ¡todo lo contrario! Creo que, con los años, una aprende a simplificar la vida y, sobre todo, a elegir lo que le hace bien.

Por ejemplo, cuando bajo escaleras, ahora sí me agarro al pasamanos. Sé que esos pasamanos los toca todo el mundo y que muy limpios no estarán, pero mi seguridad es lo primero. Después me desinfecto las manos y asunto solucionado.

También he cambiado mi horario para cenar. Antes podía cenar bastante más tarde, pero ahora mi cuerpo me pide cenar temprano. A las siete, ocho de la tarde como máximo, y estoy estupendamente. Si ceno a las nueve o diez, después no duermo bien y me siento pesada. Así que… ¿para qué?

Y antes de salir de casa, aunque no tenga muchas ganas, voy al baño. Porque una ya no está para decir aquello de “aguanto perfectamente”. ¡No, hija, no! 

Otra cosa imprescindible para mí son las alarmas del móvil. Tengo alarmas para todo: citas médicas, cosas que tengo que hacer, cumpleaños que quiero recordar… Mi memoria ya no está para guardar una agenda entera en la cabeza y, sinceramente, ¿para qué quiero un móvil si no es para ayudarme?

Las deportivas se han convertido en mi calzado favorito.

Quiero estar cómoda.

Y eso se ha convertido en una de mis prioridades.

Me pasa también con la ropa. Si encuentro un pantalón que me queda bien, es cómodo, no me pica, tiene buena calidad, se lava bien y además me gusta… ¡me lo compro en todos los colores! 

¿Para qué voy a buscar otro modelo si ya he encontrado uno que me encanta?

Con la salud también he aprendido a ser más constante. Antes podía olvidarme algún día de mis vitaminas o suplementos y no le daba demasiada importancia. Ahora intento ser mucho más organizada. Porque con la salud no se juega y cuidarse un poquito cada día es mucho mejor que acordarse de cuidarse cuando aparece un problema.

Y hay algo que tengo clarísimo: ya no hago colas para todo.

No hago colas interminables para entrar a un sitio, ni para comer, ni para hacer cosas que puedo evitar. Mi tiempo también tiene valor y prefiero utilizarlo en algo que me haga disfrutar.

Lo mismo me pasa con los horarios.

Si me invitas a algo que empieza a las nueve o diez de la noche, probablemente te diré que no. 

Ya no estoy para terminar un evento a la una o las dos de la madrugada y pasarme el día siguiente intentando recuperarme. Antes podía hacerlo. Ahora no me compensa.

Y no pasa nada.

También han cambiado mis vacaciones.

Antes podía viajar a un sitio y querer verlo absolutamente todo. Ciudades, monumentos, trenes, coches, caminatas interminables… levantarse temprano, caminar todo el día y llegar al hotel agotada.

Ahora quiero otras cosas.

Quiero viajar con tranquilidad, disfrutar de mi familia, estar en un lugar bonito, descansar, comer bien, reírme y que me cuiden un poquito.

Ya he visto bastante mundo. Ahora quiero disfrutarlo de otra manera.

Y con la moda, exactamente igual.

Ya no sigo tendencias porque sí. Me pongo lo que me queda bien, lo que me gusta y, sobre todo, lo que me resulta cómodo.

Porque a los 66 años una ya sabe que no necesita ponerse algo incómodo solamente porque esté de moda.

Si me queda bien y estoy cómoda, me lo pongo. Y si además me gusta, mejor todavía.

Y hay otra cosa que intento hacer cada día: caminar y mantenerme activa. Porque no se trata de tener 30 años otra vez. Se trata de conservar la fuerza, la movilidad y las ganas de seguir haciendo cosas.

Creo que cumplir años también consiste en aprender a escucharse.

Antes quizá hacíamos muchas cosas porque tocaba, porque estaban de moda, porque había que ir, porque había que aguantar o porque pensábamos que teníamos que demostrar algo.

Ahora no.

Ahora puedo decir tranquilamente:

Esto me gusta.
Esto no me gusta.
Esto me hace bien.
Esto no me compensa.

Y no necesito dar demasiadas explicaciones.

A los 66 años no quiero vivir deprisa.

Quiero vivir bien.

Quiero comodidad, tranquilidad, salud, cariño, buenos momentos, personas que me hagan reír y tiempo para disfrutar de las pequeñas cosas.

Y, sobre todo, quiero seguir aprendiendo a cuidarme y a quererme cada día un poquito más.

Porque cumplir años no significa dejar de hacer cosas.

Significa aprender a elegir mejor cuáles quieres hacer.

Y eso, sinceramente, me parece maravilloso.

A los 66, ya no quiero demostrar nada.

Quiero estar bien. ❤️

El Rincón de Amalia






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