Hay momentos del día que tienen un brillo especial, pero para mí, el verdadero refugio empieza cuando el mundo baja el volumen. Cuando ya no se oyen coches, las calles descansan y la gente duerme… ahí empieza mi momento favorito.
No soy muy amiga de madrugar, lo reconozco sin complejos, porque la noche me atrapa. Me encanta quedarme despierta hasta tarde, disfrutando de ese silencio tan reparador. Con mi fiel Coco durmiendo plácidamente a mi lado, la casa se convierte en un pequeño refugio de paz.
Es en esas horas tranquilas cuando me siento a escribir. A veces cojo el portátil para avanzar con mis proyectos, pero confieso que me pierde el papel: tener mi libreta entre las manos, coger un bolígrafo y dejar que los pensamientos vayan saliendo, uno detrás de otro. Escribo historias, preparo el podcast o, simplemente, dejo volar la imaginación.
La vida ya nos trae suficientes nubes como para no buscarle siempre un rayo de sol. Por eso, mis noches no son de melancolía, sino de creación, de ilusión y de disfrutar de este ratito de calma que tanto necesito.
Porque al final, los mejores momentos no siempre son los más grandes. A veces son simplemente estos: una casa en silencio, Coco durmiendo a mi lado, una libreta sobre la mesa y yo dejando que las palabras hagan de las suyas.
Y mientras escribo, sonrío y pienso que todavía quedan muchas historias por contar.
¡Buenas noches a todos! 🌙✨
El Rincón de Amalia

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