Hay que reconocer que Dios me ha dotado de muchas cosas.
Sé coser, sé escribir, me gusta pintar, hago ganchillo, cocino… y bueno, creo que me defiendo bastante bien en unas cuantas cosas.
No voy a decir que soy una experta en todo, ¡ni mucho menos! Pero soy de esas personas a las que les gusta aprender, probar, inventar y ponerse manos a la obra.
Ahora bien…
Para cantar, Dios no me llamó.
Y cuando digo que no me llamó, es que no me llamó ni por teléfono.
No tengo sentido de la música. Ninguno.
Pero eso no me ha impedido cantar durante toda mi vida.
Porque yo canto.
Y canto en casa.
Y me pongo mis canciones, y mientras hago mis cosas, allá que voy yo con mi concierto particular.
A veces también me da por bailar.
Y entonces ya es cuando pienso en los vecinos y digo:
«Estos deben estar pensando que aquí vive alguien un poquito raro». 😂
Pero, ¿sabéis qué?
Me da exactamente igual.
Porque me lo paso la mar de bien.
Y creo que eso es lo importante.
No todo lo que hacemos en la vida tiene que salir perfecto. No tenemos que ser buenos en todo lo que hacemos para disfrutarlo.
Yo no canto bien, pero canto feliz.
No bailo precisamente como una profesional, pero bailo cuando me apetece.
Y si un día me escucho a mí misma y pienso: «Madre mía, Amalia, qué manera de desafinar», me río de mí misma y sigo cantando.
Porque bastante seria se pone la vida algunas veces como para que, cuando tenemos un momento de alegría, nos pongamos nosotros mismos límites.
Así que si algún vecino mío está leyendo esto y alguna vez me ha escuchado cantar…
Perdón.
No lo hago por fastidiar.
Lo hago porque estoy contenta.
Y porque mientras tenga ganas de cantar, aunque mi voz espante hasta al gato del tercero, voy a seguir haciéndolo.
Porque también he aprendido algo con los años:
No quiero hacer las cosas perfectas.
Quiero disfrutarlas.
Quiero seguir cosiendo, escribiendo, pintando, haciendo ganchillo, cocinando, inventando cosas nuevas…
Y también quiero seguir cantando.
Aunque no tenga oído.
Aunque desafine.
Aunque los vecinos piensen que se ha escapado un gallo por la escalera. 😂
Porque al final, la vida no consiste en hacerlo todo bien.
Consiste en vivirla con ganas.
Y si alguna vez me veis bailando sola por casa, cantando a pleno pulmón y riéndome de mis propias tonterías…
No os preocupéis.
Estoy bien.
Estoy disfrutando de la vida.
Y eso, para mí, ya es un motivo enorme para sonreír.
Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️
El Rincón de Amalia

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