Otro día que se nos va…
Y aquí estamos, terminando el día con el corazón agradecido, porque Dios nos ha permitido llegar hasta este momento.
Y mira que cada día es un mundo.
Hay días en los que nos levantamos con una sonrisa, otros en los que parece que todo cuesta un poquito más. Días de buenas noticias, de risas, de abrazos… y también días de preocupaciones, de lágrimas o simplemente de hacer lo que buenamente podemos para seguir adelante.
Pero hay una cosa que no debemos olvidar:
Hoy estamos aquí.
Y eso, amiga mía, ya es una bendición.
Así que si has llegado hasta estas palabras, párate un momentito. No tengas prisa. Respira hondo y deja que estas palabras lleguen a tu corazón.
Hoy quiero pedirle a Dios que bendiga tu casa, que cuide de las personas que quieres y que te dé un poquito de calma si hoy has tenido un día de esos que pesan.
Que sane aquello que todavía te duele.
Que te dé fuerzas cuando sientas que ya no puedes más.
Y que mañana te regale algún motivo nuevo para sonreír.
Porque no solamente necesitamos tener pan en la mesa. También necesitamos esperanza en el corazón.
Necesitamos salud para disfrutar de las cosas sencillas, fuerza para atravesar los días difíciles y fe para continuar cuando no vemos muy claro el camino.
Y cuando no sepas qué hacer, cuando estés perdida o no encuentres la salida, agárrate fuerte a Dios.
Dile simplemente:
“Señor, yo no sé por dónde tirar, pero Tú sí. Llévame de la mano.”
Y confía.
Porque a veces queremos tener todas las respuestas y se nos olvida que no hace falta tenerlas todas. Algunas cosas se van colocando poquito a poquito, cuando llega el momento.
Y si hoy estás leyendo esto y tienes a alguien en tu corazón, simplemente piensa en esa persona y pídele a Dios que también la cuide.
Yo lo hago cada día.
Le pido a Dios que bendiga a mi hijo, que bendiga a mi Coco, que me bendiga a mí y que bendiga también a todas las personas que están a mi lado y a las que quiero.
Porque cuando queremos a alguien, también queremos que esté bien, que tenga salud, que tenga fuerzas y que nunca le falte una mano que le ayude cuando la necesite.
Y no hace falta decir grandes cosas.
A veces basta con cerrar los ojos un momento y decir:
“Dios mío, cuida de los míos y cuida también de mí.”
Para mí, eso ya es una forma preciosa de rezar.
Porque una bendición no necesita correr de pantalla en pantalla.
Una bendición puede quedarse tranquilamente en el corazón.
Y yo hoy te dejo esta, con todo mi cariño.
Para ti.
Para que, si has tenido un día difícil, recuerdes que mañana será otro día.
Y para que, si hoy ha sido un día bonito, también sepas dar gracias por él.
Y esta noche, cuando te metas en la cama y cierres los ojos, si quieres, dile a Dios:
“Gracias, Dios mío, por haberme permitido llegar hasta aquí. Mañana será otro día. Y mientras esté en tus manos, sé que estoy en buenas manos.”
Y ahora sí…
A descansar.
Mañana volverá a salir el sol, tendremos un nuevo día por delante y, como digo yo siempre…
Siempre hay un motivo para sonreír. 🌞❤️
Que Dios te bendiga hoy, mañana y siempre.
El Rincón de Amalia

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