El blog de Alma Buendía Soleado

jueves, 15 de octubre de 2026

He aprendido a vivir sin apego


Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️

Hoy quiero hablaros de algo sobre lo que llevo tiempo pensando: el apego.

Durante muchos años fui una persona muy apegada a mi familia, a mis cosas, a mis recuerdos y a las personas que quería. Me gustaba tener cerca a los míos, sentir que todo estaba en su sitio y pensar que aquellas personas tan importantes para mí seguirían acompañándome durante mucho tiempo.

Pero la vida, que tiene sus propios planes y que pocas veces nos pregunta qué nos parece lo que decide, me fue enseñando una lección que me costó muchas lágrimas aprender.

Se llevó a mi hermana, a mi padre, a mi madre, a mi marido, a mi madrina… Personas que formaban parte de mi vida y de mi corazón. Y con cada despedida fui descubriendo lo mucho que puede doler vivir aferrada a alguien, deseando que nada cambie y que todo permanezca como una lo había conocido.

Porque una cosa es querer y otra muy distinta es vivir agarrada a lo que quiere.

Y yo, amigas, durante mucho tiempo viví agarrada a muchas cosas.

Hasta que un día comprendí que no podía seguir viviendo con miedo a perder. Que la vida no me iba a garantizar que las personas se quedaran, que los planes salieran como yo quería o que las cosas fueran siempre como a mí me gustaban.

Así que, poco a poco, fui aprendiendo a soltar.

No fue de un día para otro. La vida me fue enseñando, a veces con mucha dulzura y otras a base de golpes, que nada nos pertenece para siempre y que empeñarnos en retener lo que no podemos controlar solamente nos roba la tranquilidad.

Hoy ya no quiero vivir apegada a nada ni a nadie.

Y cuidado, que esto no significa que no quiera. ¡Al contrario! Quiero a los míos, disfruto de las personas que llegan a mi vida y agradezco cada momento bonito que tengo la suerte de vivir.

Pero ya no quiero agarrarme a nada con tanto miedo que termine olvidándome de disfrutarlo.

Si alguien llega a mi vida, procuraré darle cariño. Si alguien comparte conmigo un trocito de su camino, disfrutaré de su compañía. Y si un día nuestros caminos se separan, me quedaré con lo bonito que vivimos, sin convertir los recuerdos en cadenas que me impidan seguir caminando.

Lo mismo me ocurre con las cosas materiales. Hoy disfruto de lo que tengo, cuido mis pequeñas cosas y agradezco lo que puedo disfrutar. No necesito tener mucho para sentirme afortunada. He aprendido que la tranquilidad vale más que muchas de las cosas que antes creía imprescindibles.

Y ahora dejo que la vida transcurra.

Que venga lo que tenga que venir. Que me sorprenda con cosas bonitas y que, cuando lleguen días difíciles, encuentre la manera de atravesarlos sin perderme por el camino.

Porque tampoco os voy a engañar, amigas. Yo intento hacer el bien, procuro tratar a las personas con cariño y no deseo mal a nadie. Y, aun así, hay veces en que la vida me trae situaciones que me duelen y cosas que no entiendo.

Pero he comprendido que ser buena persona no nos libra de las dificultades. Lo que sí podemos hacer es intentar que las dificultades no nos conviertan en personas amargadas, desconfiadas o incapaces de disfrutar de lo bueno que todavía tenemos delante.

No quiero dejar de querer; quiero dejar de vivir con miedo a perder.

No quiero dejar de sentir; quiero aprender a aceptar que no todo depende de mí.

Y no quiero pasarme la vida preocupándome por lo que mañana podría desaparecer, porque entonces se me escaparía lo único que de verdad tengo: el día de hoy.

Así que aquí me tenéis, amigas, intentando vivir más ligera de equipaje, sin exigirle a la vida que me prometa nada y sin pedirle a nadie que se quede para siempre.

Si algo bonito llega, lo recibiré con una sonrisa. Si algo bueno permanece, lo disfrutaré mientras dure. Y si algo se marcha, intentaré aceptar su ausencia sin olvidar que mi vida sigue teniendo motivos para ser vivida.

Porque todavía me quedan cafés por tomar, conversaciones por compartir, sonrisas por regalar, cosas por aprender y momentos bonitos que ni siquiera imagino.

Y yo no pienso perdérmelos por estar mirando constantemente hacia atrás o preocupándome por lo que pueda pasar mañana.

He aprendido que la paz no consiste en tenerlo todo conmigo, sino en saber disfrutar de lo que tengo sin vivir aterrada ante la posibilidad de perderlo.

No sé cómo lo veréis vosotras. Quizá algunas penséis que querer sin apego es imposible, y otras entendáis perfectamente lo que quiero decir.

Por eso me gustaría conocer vuestra opinión. ¿Creéis que se puede querer mucho a una persona sin apegarse a ella? ¿Habéis aprendido también a soltar después de alguna pérdida?

Os leo con mucho cariño, que ya sabéis que en este rinconcito siempre hay sitio para compartir lo que llevamos dentro.

Y no lo olvidéis, mis queridas amigas: la vida no nos promete que todo se quede, pero mientras estemos aquí todavía podemos encontrar muchas razones para sonreír.

Un abrazo enorme y recordad mi lema: Siempre hay un motivo para sonreír. 

El Rincón de Amalia ❤️



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