Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️
Hoy me he levantado pensando en una cosa que quiero compartir con vosotras mientras nos tomamos ese cafetito que tantas alegrías nos da. Porque una puede arreglar el mundo con un café delante, ¿verdad? Jajajaja.
Con los años he aprendido que cumplir años no es lo que más debería preocuparnos. Lo que de verdad tendría que hacernos pensar es dejar pasar los días sin disfrutarlos, sin buscar una ilusión, sin reírnos por cualquier tontería o sin hacer esas pequeñas cosas que nos alegran el corazón.
Porque, vamos a ver, amigas mías, ¿quién ha dicho que hacerse mayor significa colgar los sueños en el armario y olvidarse de ellos?
¡Pues no, señora! Que todavía tenemos mucho que aprender, mucho que compartir y muchas cosas bonitas que disfrutar.
Es verdad que el tiempo pasa. Nos miramos al espejo y descubrimos alguna arruguita nueva, nos cuesta un poquito más hacer ciertas cosas y, a veces, el cuerpo protesta más de la cuenta. ¡Que parece que por las mañanas tenemos que negociar con las rodillas antes de poner un pie en el suelo! Jajajaja.
Pero ¿sabéis qué? Que mientras podamos encontrar una razón para sonreír, todavía hay mucho bueno que celebrar.
A mí me gusta pensar que cada edad tiene sus cosas. Cuando éramos jóvenes teníamos unos sueños; después llegaron las responsabilidades, el trabajo, la familia y todas esas preocupaciones que nos ocupan buena parte de la vida. Y, sin darnos cuenta, muchas veces nos acostumbramos a estar pendientes de todo el mundo menos de nosotras mismas.
Hasta que un día nos damos cuenta de que también merecemos nuestro ratito, nuestras ilusiones y nuestras ganas de hacer cosas.
Y no hace falta organizar un viaje a la otra punta del mundo ni hacer grandes planes para disfrutar. A veces la felicidad está en algo tan sencillo como escuchar una canción que nos encanta, salir a pasear, aprender una labor nueva, leer un libro, hablar con una amiga o sentarnos tranquilamente a mirar cómo entra el sol por la ventana.
Lo importante es no dejar de encontrarle gusto a la vida.
Porque podemos tener muchos años y conservar la ilusión de una niña. Podemos aprender cosas nuevas, cambiar de opinión, descubrir aficiones y hasta atrevernos con algo que llevábamos tiempo queriendo hacer.
Y si alguna vez nos equivocamos, pues tampoco pasa nada. ¡Faltaría más! Que a estas alturas ya sabemos que no hace falta hacerlo todo perfecto para pasarlo bien.
Claro que hay días difíciles. Días en los que nos pesan los recuerdos, echamos de menos a quienes ya no están o simplemente no tenemos ganas de nada. Y también tenemos derecho a sentirnos así. No podemos estar contentas a todas horas, porque la vida no funciona de esa manera.
Pero una cosa es tener un día triste y otra muy distinta es olvidarnos de buscar motivos para volver a sonreír.
Por eso, amigas, no quiero vivir contando los años que cumplo, sino disfrutando de los momentos que me regala cada uno de ellos. Quiero seguir teniendo curiosidad, seguir aprendiendo, seguir riéndome de mis propias ocurrencias y seguir encontrando esas pequeñas alegrías que hacen que un día cualquiera se convierta en un día bonito.
No sé vosotras, pero yo no quiero que la edad me quite las ganas de vivir. Quiero que los años me enseñen a disfrutar de lo importante, a preocuparme un poquito menos por tonterías y a valorar mucho más todo aquello que me hace bien.
Porque cumplir años es inevitable, pero dejar de ilusionarnos no debería ser una obligación.
Así que, mis queridas amigas, hagamos un trato: no esperemos a tener tiempo, a que todo esté en orden o a que llegue el momento perfecto para disfrutar. Busquemos hoy ese pequeño motivo que nos haga felices. Aunque sea una tontería, aunque dure cinco minutos y aunque nadie más entienda por qué nos hace sonreír.
Y cuando nos miremos al espejo, en lugar de contar las arrugas, vamos a recordar todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos superado y todo lo que todavía nos queda por descubrir.
¡Que nos quiten lo bailao, pero que no nos quiten las ganas de seguir bailando!
Os mando un abrazo enorme, de esos que achuchan el alma, y os deseo un día lleno de pequeñas alegrías.
Y ahora, venga, a disfrutar de la vida, que los días no vienen con botón de repetición y cada uno merece que le saquemos algo bonito.
Recordad siempre que hay un motivo para sonreír. Y si hoy no lo encontráis, no os preocupéis: nos ponemos las gafas, miramos un poquito mejor y seguimos buscando.
Con todo mi cariño,
Amalia ❤️
El Rincón de Amalia
Siempre hay un motivo para sonreír.

No hay comentarios:
Publicar un comentario