El blog de Alma Buendía Soleado

lunes, 19 de octubre de 2026

A estas alturas de la vida, querida amiga, ¡ahora me toca vivir a mí!


Buenos días, mis queridas amigas de mi rincón. ❤️

Hoy vengo con una de esas reflexiones que te hacen pensar un ratito, de las que te tomas con el café en la mano y dices: «¡Ay, madre mía, si es que llevo toda la vida haciendo cosas por los demás y algunas veces me he dejado para lo último!».

Y no, amiga mía, no puede ser. Que una ya tiene una edad para saber que la vida no se mide por todo lo que hacemos por los demás, sino también por esos ratitos que nos regalamos a nosotras mismas.

Porque vamos a ver, ¿quién ha escrito que, cuando cumplimos años, tenemos que dejar de tener ilusiones, de arreglarnos, de comprarnos una blusa bonita o de salir a tomarnos un café porque sí, sin más motivo que el de disfrutar?

¡Que no,amiga, que no! 😂

A estas alturas de la vida, tenemos que aprender a vivir más tranquilas y a sentirnos menos culpables.

Si hemos trabajado, si nos hemos esforzado, si hemos criado a nuestros hijos, si hemos cuidado de nuestra familia y hemos estado ahí cuando nos han necesitado, también tenemos derecho a disfrutar de lo que nos hemos ganado.

Y no hablo de volvernos egoístas ni de dejar de querer a nadie. Hablo de entender que querer a los demás no significa olvidarnos de nosotras mismas.

Que ayudar está muy bien, pero no tenemos que convertirnos en el servicio de urgencias de toda la familia, disponible las veinticuatro horas del día. ¡Que también tenemos derecho a tener el teléfono en silencio y a echarnos una siestecita sin sentir que estamos cometiendo un delito! 

Nuestros hijos ya tienen su vida, sus decisiones y sus problemas. Podemos escucharlos, aconsejarlos y echarles una mano cuando podamos, pero no podemos vivir por ellos. Bastante tenemos con aprender a llevar nuestra propia vida.

Y otra cosa que he aprendido es que la tranquilidad vale muchísimo.

A mí, por ejemplo, me gusta disfrutar de mi espacio, de mis cosas, de mis aficiones y de esos momentos en los que no tengo que dar explicaciones a nadie. Eso no significa que no quiera a las personas. Significa que también me quiero a mí.

Porque una cosa es disfrutar de la compañía de la gente que te hace bien y otra muy distinta es vivir pendiente de quedar bien con todo el mundo.

¡Ay, amiga mía, qué cansancio da eso de querer tener contentos a todos!

Que si tienes que ir, vas. Que si tienes que quedar, quedas. Que si viene alguien, tienes que tener la casa como los chorros del oro, el pelo colocado y una sonrisa puesta aunque ese día lo único que te apetezca sea ponerte cómoda y escuchar música.

Pues mira, yo cada vez tengo más claro que quiero a mi lado a personas con las que pueda ser yo misma, con la casa perfecta o patas arriba, con el pelo arreglado o recién levantada. Personas con las que pueda reírme, hablar de la vida y compartir un café sin necesidad de estar demostrando nada.

Porque el cariño de verdad no necesita un escaparate.

También creo que tenemos que seguir cuidándonos, aprendiendo y teniendo ilusiones. Que si te gusta pintar, pintes; que si te gusta coser, cojas tus telas; que si disfrutas haciendo ganchillo, hagas una bufanda tan larga que puedas darle dos vueltas al cuello y todavía te sobre para el gato de la vecina. 😂

Lee, escucha música, pasea, viaja cuando puedas, aprende a utilizar ese móvil que a veces parece que tiene vida propia y no dejes que nadie te haga creer que ya no estás para esas cosas.

¡Pues claro que estás!

Mientras tengamos curiosidad, ganas de aprender y algún motivo para levantarnos con una sonrisa, todavía nos quedan muchas cosas por descubrir.

Y, por favor, no dejemos que nuestras conversaciones se conviertan únicamente en un parte médico. Que sí, que a veces nos duele aquí, nos molesta allá y tenemos más citas médicas que acontecimientos sociales, pero también tenemos recuerdos bonitos, sueños, ocurrencias y ganas de disfrutar.

Somos mucho más que nuestros años, nuestras arrugas y nuestros achaques.

Somos todo lo vivido, las veces que nos hemos levantado después de caer, las lágrimas que hemos secado a escondidas y las sonrisas que hemos regalado incluso cuando por dentro nos costaba trabajo sonreír.

Y si algo me gustaría deciros hoy es que no esperemos a que llegue un día perfecto para empezar a disfrutar.

No dejemos ese vestido bonito guardado para una ocasión especial. No esperemos a que alguien nos invite para salir a dar una vuelta. No guardemos las ganas de hacer cosas para cuando tengamos más tiempo, porque el tiempo, amigas mías, no siempre nos avisa de cuánto le queda.

Hagamos planes, aunque sean pequeños. Disfrutemos de un café con una amiga, de una conversación agradable, de una tarde de sol, de una canción que nos traiga recuerdos o de la tranquilidad de nuestro hogar.

Y demos gracias a Dios por esos pequeños regalos que, muchas veces, por tenerlos tan cerca, ni siquiera nos damos cuenta de que son verdaderos tesoros.

No hace falta tener una vida extraordinaria para ser feliz. A veces basta con tener paz, salud dentro de lo posible, alguien con quien compartir una risa y la libertad de decidir cómo queremos vivir nuestros días.

Y cuando alguien nos diga que a nuestra edad ya no estamos para ciertas cosas, sonriamos y sigamos adelante.

¡Faltaría más!

Que los años nos enseñen a caminar con más calma, pero no nos quiten las ganas de bailar por dentro.

Que aprendamos a decir que no sin sentirnos malas personas, a decir que sí cuando algo nos ilusione y a alejarnos de aquello que nos roba la paz.

Que queramos mucho, pero que también nos queramos nosotras.

Y que nunca olvidemos que no hemos venido al mundo solamente a cumplir con las expectativas de los demás.

También hemos venido a vivir, a disfrutar, a equivocarnos, a reírnos y a ser felices a nuestra manera.

Así que, queridas amigas, si lleváis muchos años dejando lo vuestro para después, hoy puede ser un buen día para empezar a cambiar las cosas.

No hace falta darle la vuelta a la vida entera. A veces basta con empezar por algo pequeñito: hacer eso que llevamos tiempo deseando, descansar cuando lo necesitamos o dejar de dar explicaciones por cada decisión que tomamos.

Y si alguien no lo entiende, pues qué le vamos a hacer, hija mía. ¡No podemos estar siempre haciendo oposiciones para conseguir la aprobación de todo el mundo!

Yo quiero seguir aprendiendo, riendo, disfrutando de las personas que quiero y encontrando motivos para sonreír incluso en los días más corrientes.

Porque, al final, de eso se trata: de que cuando miremos hacia atrás podamos decir que hemos querido mucho, que hemos dado lo mejor de nosotras, pero que también nos hemos permitido vivir.

Y ahora os pregunto, amigas mías:

¿Cuántas veces habéis dejado de hacer algo que os apetecía por pensar primero en los demás?

Contádmelo, que ya sabéis que me encanta leeros y que entre todas siempre aprendemos algo.

Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al corazón, y no olvidéis nunca el lema de este rinconcito:

SIEMPRE HAY UN MOTIVO PARA SONREÍR. ❤️🌻

¡A disfrutar de la vida, que no nos dan otra de repuesto!

Con todo mi cariño,

Amalia 🌹



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