Buenos días, amigas de mi rincón. ❤️
Hoy vengo con una preguntita de esas que te hacen pensar mientras te tomas el primer café de la mañana. Ya sabéis que yo, hasta que no me tomo mi cafetito, no estoy para grandes filosofías, jajajaja.
Decidme una cosa, mujeres: ¿a qué le tenemos tanto miedo? ¿A perder? Si al fin y al cabo, venimos a este mundo con las manos vacías y nos vamos de la misma manera. Lo único que nos llevamos, si acaso, son los recuerdos, el cariño que hemos dado y esos momentos bonitos que se nos quedan guardaditos en el corazón.
Y, sin embargo, ¡cómo nos cuesta dar un paso cuando tenemos miedo!
A veces seguimos en el mismo sitio por no molestar a nadie, por no decepcionar a los demás o por ese dichoso qué dirán que tantas veces nos ha cortado las alas. Nos acostumbramos a lo conocido, aunque ya no nos haga felices, y vamos dejando nuestros sueños para mañana, para el mes que viene o para cuando las cosas estén mejor.
Pero, amigas mías, ¿y si ese mañana tarda demasiado en llegar?
Que yo no digo que haya que mandar todo a paseo y salir corriendo a vivir aventuras sin pensar en las consecuencias, ¡que tampoco se trata de eso! Una tiene que tener los pies en el suelo, que para eso nos ha costado tanto aprender de la vida. Pero una cosa es ser prudente y otra muy distinta es pasarse la vida renunciando a lo que nos hace ilusión.
Si hay algo que deseáis hacer y está en vuestra mano, ¿por qué no intentarlo? Si hay un lugar que os gustaría conocer, empezad a pensar cómo podéis llegar. Si hay algo que os pesa demasiado, mirad si podéis soltar un poquito de esa carga. Y si la vida os ha llevado por un camino que ya no os hace felices, recordad que nunca es tarde para buscar otro.
Porque, vamos a ver, amiga, que no hemos venido aquí solamente a trabajar, a preocuparnos, a cuidar de todo el mundo y a resolver problemas. ¡Que también tenemos derecho a disfrutar, a reírnos hasta que nos duela la barriga, a hacer alguna locura de vez en cuando y a pensar un poquito en nosotras!
Y no me vengáis con que ya es tarde para empezar. ¿Tarde para qué? ¿Para aprender algo nuevo? ¿Para conocer gente? ¿Para recuperar una ilusión? ¿Para ponerse guapa, mirarse al espejo y decir: «¡Pero qué estupenda estoy hoy!»?
¡Pues claro que no!
La vida no siempre nos permite elegir lo que nos sucede. Hay golpes que no esperamos, despedidas que nos parten el alma y circunstancias que tenemos que aceptar aunque nos cuesten un mundo. Pero, dentro de lo posible, siempre podemos buscar una manera de seguir adelante sin dejar que las tristezas nos roben también las ganas de vivir.
Y que quede clarito: ser valiente no significa no tener miedo. Significa que, aun teniéndolo, no dejamos que decida siempre por nosotras.
Así que, amigas, no esperemos a tenerlo todo perfecto para disfrutar de lo que tenemos. No hace falta tener la vida resuelta para regalarse un ratito feliz. A veces basta con un café calentito, una conversación bonita, un paseo al sol, una canción que nos traiga buenos recuerdos o una carcajada de esas que salen solas.
Yo cada día tengo más claro que la felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en aprender a disfrutar de esas pequeñas cosas que nos hacen sentir vivas.
Y si alguna vez tenemos que empezar de nuevo, pues empezamos. Despacito, a nuestra manera y con lo que tengamos. Que aquí nadie nos ha puesto un reloj para cumplir nuestros sueños.
Así que, mujer, no te pases la vida pensando en todo lo que puedes perder. Piensa también en todo lo que te estás perdiendo por no atreverte.
Que la vida pasa, amiga mía, y no queremos llegar al final pensando en todas esas cosas que nos habría gustado hacer y dejamos para otro día.
¡Vamos a vivir, que todavía nos quedan sonrisas por repartir y muchos momentos bonitos por estrenar!
Y ahora os mando un abrazo grandote, de esos que achuchan el alma, y os deseo un día lleno de cosas bonitas.
Recordad siempre que hay un motivo para sonreír. Y si hoy todavía no lo habéis encontrado, ¡vamos a buscarlo juntas!
Con todo mi cariño,
Amalia ❤️
El Rincón de Amalia
Siempre hay un motivo para sonreír.

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