El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 27 de octubre de 2026

💗 Las migajas del alma: cuando necesitamos cariño y no sabemos pedirlo


Buenos días, mis queridas amigas de mi rincón. 

Hoy vengo a hablaros de algo que no se compra en la farmacia, que no viene en una cajita ni tiene prospecto, pero que, cuando nos falta, nos puede dejar el corazón hecho un higo.

Yo las llamo las migajas del alma.

Sí, amigas mías, esas poquitas muestras de cariño que a veces esperamos en silencio, sin atrevernos a decir cuánto las necesitamos.

Porque hay días en los que nos duele todo. Nos duelen los pies, la espalda, las rodillas, la cabeza… ¡y hasta levantarnos de la cama parece una oposición de las difíciles! 

Y pensamos que será el cansancio, que serán los años, que tendremos el cuerpo como para llevarlo al taller y que le hagan una buena revisión.

Pero ¿y si, además del cuerpo, también nos estuviera doliendo un poquito el alma?

¿Y si lo que necesitáramos no fuera una pastilla, sino un abrazo? ¿Una llamada? ¿Un simple mensaje que dijera: «Hola, cariño, me he acordado de ti. ¿Cómo estás?».

Y no vale preguntar cómo estamos mientras ya estamos buscando las llaves para salir corriendo, ¿eh? ¡Que nos conocemos!  A veces necesitamos que alguien se siente un ratito, nos mire a los ojos y tenga ganas de escuchar lo que tenemos que contar.

Porque una cosa es estar sola y otra muy distinta es sentirse sola. Y esa segunda, amigas mías, puede doler incluso cuando tenemos gente alrededor.

A veces nos cuesta reconocerlo. Nos da vergüenza decir que echamos de menos una caricia, una conversación sin prisas, una visita inesperada o que alguien se acuerde de nosotras porque sí, sin que haya un cumpleaños, una celebración o una desgracia de por medio.

Y entonces ocurre algo curioso.

Basta con que digamos que nos duele algo, que hemos pasado mala noche o que no nos encontramos bien, para que aparezcan las llamadas, las preguntas y las preocupaciones.

Y claro que se agradece. ¡Faltaría más! Qué bonito es que alguien se preocupe por nosotras cuando estamos mal.

Pero, queridas amigas, ¿sabéis lo que también es bonito?

Que nos llamen cuando estamos estupendamente. Que nos busquen para tomar un café, para echar unas risas, para contarnos un chisme de esos que empiezan con un «no te vas a creer lo que me ha pasado»… ¡y que nos den las tantas hablando! 

Que alguien quiera compartir nuestro tiempo cuando no necesitamos que nos cuiden, sino simplemente que nos quieran.

Porque no queremos que nos atiendan solamente cuando el cuerpo se nos quiebra; también necesitamos que alguien nos cuide el corazón.

Y, sin darnos cuenta, algunas empezamos a conformarnos con muy poquito.

Un mensajito nos alegra el día. Una llamada de dos minutos nos deja una sonrisa para toda la tarde. Una palabra cariñosa nos parece un tesoro, porque hacía tanto tiempo que no escuchábamos algo bonito que la guardamos como quien guarda una joya.

Y no está mal alegrarse por esos pequeños detalles. ¡Claro que no! El cariño también vive en las cosas pequeñas.

Lo triste es cuando nos acostumbramos a recibir tan poco que dejamos de recordar cuánto merecemos.

Porque una cosa es disfrutar de un detalle y otra muy distinta vivir esperando las sobras del cariño de los demás.

Nosotras no hemos venido a este mundo a mendigar amor, amigas mías.

No somos pesadas por querer hablar. No somos egoístas por necesitar compañía. No somos débiles por echar de menos un abrazo.

Somos personas. Tenemos sentimientos, recuerdos, preocupaciones y un corazón que, aunque a veces se haga el valiente, también necesita sentirse querido.

Y no, no tenemos que esperar a estar enfermas para decir que necesitamos a alguien. No hace falta que nos duela hasta el último pelo para reconocer que estamos pasando una mala racha.

Si echamos de menos a alguien, podemos decírselo. Si necesitamos compañía, podemos pedirla. Si hay una persona con la que nos sentimos bien, podemos dar el primer paso y proponerle ese café pendiente.

¡Que tampoco se nos van a caer los anillos por llamar nosotras primero! 

Pero hay algo que no debemos olvidar: dar el primer paso no significa tener que perseguir eternamente a quien nunca encuentra un ratito para nosotras. El cariño se ofrece, se comparte y se cuida entre dos. Y nosotras también merecemos relaciones en las que nos sintamos queridas y tenidas en cuenta.

Así que hoy os propongo una cosita.

Vamos a dejar de esconder lo que sentimos detrás de un «estoy bien» cuando, en realidad, necesitamos desahogarnos. Vamos a permitirnos decir «hoy necesito un abrazo» sin sentir vergüenza. Y vamos a cuidar también a esas personas que tenemos cerca, porque quizá ellas estén esperando las mismas migajas que esperamos nosotras.

A veces, una llamada nuestra puede alegrarle el día a alguien que lleva horas mirando el teléfono.

Y, por favor, amigas, no olvidemos una cosa importante: si nos duele el cuerpo, vamos a cuidarlo como se merece y a buscar atención médica cuando haga falta. El dolor físico no hay que quitarle importancia. Pero tampoco dejemos de escuchar lo que sentimos por dentro.

Porque hay dolores que necesitan atención médica y hay tristezas que necesitan compañía. Y podemos necesitar ambas cosas al mismo tiempo.

Yo quiero que nos quieran cuando estemos tristes, cuando estemos enfermas, cuando tengamos un día torcido y cuando no tengamos ganas ni de peinarnos.

Pero también quiero que nos quieran cuando estemos contentas, cuando nos riamos a carcajadas, cuando nos tomemos nuestro cafelito y cuando tengamos mil historias que contar.

Que no tengan que esperar a que nos falten las fuerzas para acordarse de que existimos.

Y si hoy eres tú quien está esperando una llamada, un abrazo o una palabra bonita, quiero que sepas algo: no tienes que avergonzarte de necesitar cariño. Tu corazón no está pidiendo demasiado por querer sentirse acompañado.

Porque tú no mereces solamente unas migajas de cariño. Mereces un lugar en el corazón de quienes te quieren, también en los días en los que no te pasa nada.

Y ahora, mis queridas amigas, os dejo una preguntita para que la pensemos juntas:

¿Cuántas veces hemos dicho «no me pasa nada» cuando, en realidad, lo único que necesitábamos era que alguien nos abrazara y nos dijera: «Estoy aquí»?

Os mando un abrazo de esos apretaditos, de los que no necesitan muchas palabras.

Y ya sabéis que, por aquí, en nuestro rinconcito, siempre hay una tacita de café preparada y un motivo para sonreír. ❤️☕

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si pudiera volver por un instante…

Si pudiera volver atrás por un solo instante, no cambiaría mi historia, porque todo lo vivido forma parte de la mujer que soy hoy. Pero, ¡ay...