El blog de Alma Buendía Soleado

sábado, 10 de enero de 2026

“Tú, para dormir, tienes que hacerte la dormida.”

Hay una frase que me encanta y que, cuanto más la pienso, más verdad le encuentro:

“Tú, para dormir, tienes que hacerte la dormida.”

Y no solo para dormir.
Para todo.

Porque cuando tú quieres una casa, no te limitas a desearla. Te imaginas entrando la luz por las ventanas, sabes dónde pondrías el sofá, qué rincón sería tu favorito. En tu cabeza ya estás allí.

Cuando tú quieres un coche, te imaginas conduciendo. Te ves al volante, tranquila, segura, disfrutando del camino.

Cuando tú quieres un trabajo, te imaginas yendo contenta, saliendo contenta, sintiéndote a gusto, en paz contigo misma.

Cuando tú quieres un amor, te imaginas cómo lo quieres. No desde la falta, sino desde la calma. Cómo te habla, cómo te cuida, cómo te hace sentir.

Y entonces pasa algo curioso.

El universo, o el destino, o la vida, o llámalo como tú quieras, no suele darte lo que persigues con ansiedad, sino lo que eres capaz de imaginar con calma.

Te devuelve imágenes.
Sensaciones.
Estados.

Solo hay que tener paciencia.

Como con el sueño.
Tú no puedes obligarte a dormir.
No puedes decir: “Ahora mismo me duermo.”
Lo único que puedes hacer es tumbarte, cerrar los ojos, respirar… y esperar a que llegue, sin prisa.

Con los deseos pasa lo mismo.
No se fuerzan.
No se empujan.
Se esperan confiando, viviendo por dentro como si ya estuvieran en camino.

Hacerse la dormida no es engañarse.
Es colocarse en la postura correcta.
Es decirle a la vida: “Yo ya estoy preparada.”

Y entonces, cuando menos lo esperas…
llega.


“No tengo prisa.
Yo ya me he colocado en el sueño.
Ahora dejo que la vida llegue.”




No hay comentarios:

Publicar un comentario

“Tú, para dormir, tienes que hacerte la dormida.”

Hay una frase que me encanta y que, cuanto más la pienso, más verdad le encuentro: “Tú, para dormir, tienes que hacerte la dormida.” Y no ...