El blog de Alma Buendía Soleado

martes, 27 de octubre de 2026

💗 Las migajas del alma: cuando necesitamos cariño y no sabemos pedirlo


Buenos días, mis queridas amigas de mi rincón. 

Hoy vengo a hablaros de algo que no se compra en la farmacia, que no viene en una cajita ni tiene prospecto, pero que, cuando nos falta, nos puede dejar el corazón hecho un higo.

Yo las llamo las migajas del alma.

Sí, amigas mías, esas poquitas muestras de cariño que a veces esperamos en silencio, sin atrevernos a decir cuánto las necesitamos.

Porque hay días en los que nos duele todo. Nos duelen los pies, la espalda, las rodillas, la cabeza… ¡y hasta levantarnos de la cama parece una oposición de las difíciles! 

Y pensamos que será el cansancio, que serán los años, que tendremos el cuerpo como para llevarlo al taller y que le hagan una buena revisión.

Pero ¿y si, además del cuerpo, también nos estuviera doliendo un poquito el alma?

¿Y si lo que necesitáramos no fuera una pastilla, sino un abrazo? ¿Una llamada? ¿Un simple mensaje que dijera: «Hola, cariño, me he acordado de ti. ¿Cómo estás?».

Y no vale preguntar cómo estamos mientras ya estamos buscando las llaves para salir corriendo, ¿eh? ¡Que nos conocemos!  A veces necesitamos que alguien se siente un ratito, nos mire a los ojos y tenga ganas de escuchar lo que tenemos que contar.

Porque una cosa es estar sola y otra muy distinta es sentirse sola. Y esa segunda, amigas mías, puede doler incluso cuando tenemos gente alrededor.

A veces nos cuesta reconocerlo. Nos da vergüenza decir que echamos de menos una caricia, una conversación sin prisas, una visita inesperada o que alguien se acuerde de nosotras porque sí, sin que haya un cumpleaños, una celebración o una desgracia de por medio.

Y entonces ocurre algo curioso.

Basta con que digamos que nos duele algo, que hemos pasado mala noche o que no nos encontramos bien, para que aparezcan las llamadas, las preguntas y las preocupaciones.

Y claro que se agradece. ¡Faltaría más! Qué bonito es que alguien se preocupe por nosotras cuando estamos mal.

Pero, queridas amigas, ¿sabéis lo que también es bonito?

Que nos llamen cuando estamos estupendamente. Que nos busquen para tomar un café, para echar unas risas, para contarnos un chisme de esos que empiezan con un «no te vas a creer lo que me ha pasado»… ¡y que nos den las tantas hablando! 

Que alguien quiera compartir nuestro tiempo cuando no necesitamos que nos cuiden, sino simplemente que nos quieran.

Porque no queremos que nos atiendan solamente cuando el cuerpo se nos quiebra; también necesitamos que alguien nos cuide el corazón.

Y, sin darnos cuenta, algunas empezamos a conformarnos con muy poquito.

Un mensajito nos alegra el día. Una llamada de dos minutos nos deja una sonrisa para toda la tarde. Una palabra cariñosa nos parece un tesoro, porque hacía tanto tiempo que no escuchábamos algo bonito que la guardamos como quien guarda una joya.

Y no está mal alegrarse por esos pequeños detalles. ¡Claro que no! El cariño también vive en las cosas pequeñas.

Lo triste es cuando nos acostumbramos a recibir tan poco que dejamos de recordar cuánto merecemos.

Porque una cosa es disfrutar de un detalle y otra muy distinta vivir esperando las sobras del cariño de los demás.

Nosotras no hemos venido a este mundo a mendigar amor, amigas mías.

No somos pesadas por querer hablar. No somos egoístas por necesitar compañía. No somos débiles por echar de menos un abrazo.

Somos personas. Tenemos sentimientos, recuerdos, preocupaciones y un corazón que, aunque a veces se haga el valiente, también necesita sentirse querido.

Y no, no tenemos que esperar a estar enfermas para decir que necesitamos a alguien. No hace falta que nos duela hasta el último pelo para reconocer que estamos pasando una mala racha.

Si echamos de menos a alguien, podemos decírselo. Si necesitamos compañía, podemos pedirla. Si hay una persona con la que nos sentimos bien, podemos dar el primer paso y proponerle ese café pendiente.

¡Que tampoco se nos van a caer los anillos por llamar nosotras primero! 

Pero hay algo que no debemos olvidar: dar el primer paso no significa tener que perseguir eternamente a quien nunca encuentra un ratito para nosotras. El cariño se ofrece, se comparte y se cuida entre dos. Y nosotras también merecemos relaciones en las que nos sintamos queridas y tenidas en cuenta.

Así que hoy os propongo una cosita.

Vamos a dejar de esconder lo que sentimos detrás de un «estoy bien» cuando, en realidad, necesitamos desahogarnos. Vamos a permitirnos decir «hoy necesito un abrazo» sin sentir vergüenza. Y vamos a cuidar también a esas personas que tenemos cerca, porque quizá ellas estén esperando las mismas migajas que esperamos nosotras.

A veces, una llamada nuestra puede alegrarle el día a alguien que lleva horas mirando el teléfono.

Y, por favor, amigas, no olvidemos una cosa importante: si nos duele el cuerpo, vamos a cuidarlo como se merece y a buscar atención médica cuando haga falta. El dolor físico no hay que quitarle importancia. Pero tampoco dejemos de escuchar lo que sentimos por dentro.

Porque hay dolores que necesitan atención médica y hay tristezas que necesitan compañía. Y podemos necesitar ambas cosas al mismo tiempo.

Yo quiero que nos quieran cuando estemos tristes, cuando estemos enfermas, cuando tengamos un día torcido y cuando no tengamos ganas ni de peinarnos.

Pero también quiero que nos quieran cuando estemos contentas, cuando nos riamos a carcajadas, cuando nos tomemos nuestro cafelito y cuando tengamos mil historias que contar.

Que no tengan que esperar a que nos falten las fuerzas para acordarse de que existimos.

Y si hoy eres tú quien está esperando una llamada, un abrazo o una palabra bonita, quiero que sepas algo: no tienes que avergonzarte de necesitar cariño. Tu corazón no está pidiendo demasiado por querer sentirse acompañado.

Porque tú no mereces solamente unas migajas de cariño. Mereces un lugar en el corazón de quienes te quieren, también en los días en los que no te pasa nada.

Y ahora, mis queridas amigas, os dejo una preguntita para que la pensemos juntas:

¿Cuántas veces hemos dicho «no me pasa nada» cuando, en realidad, lo único que necesitábamos era que alguien nos abrazara y nos dijera: «Estoy aquí»?

Os mando un abrazo de esos apretaditos, de los que no necesitan muchas palabras.

Y ya sabéis que, por aquí, en nuestro rinconcito, siempre hay una tacita de café preparada y un motivo para sonreír. ❤️☕

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷



lunes, 26 de octubre de 2026

QUIERO ENVEJECER CON DIGNIDAD, TRANQUILIDAD Y UNA SONRISA


Hay cosas en las que una empieza a pensar cuando va cumpliendo años. Y no, amigas mías, no estoy hablando de las arrugas, de las canas ni de si nos queda mejor el vestido rojo o el amarillo.  ¡Que una todavía tiene derecho a ponerse guapa y presumir un poquito!

Estoy hablando de algo mucho más importante: cómo queremos vivir nuestra vejez.

Yo tengo un hijo al que quiero con toda mi alma, pero también tengo muy claro que quiero seguir siendo dueña de mi vida mientras pueda. No quiero convertirme en una carga para él ni que sienta que tiene que dejar de vivir su propia vida para ocuparse de la mía.

Quiero que Borja haga su camino, que disfrute, que tenga sus ilusiones, sus proyectos y sus momentos felices. Y yo quiero seguir haciendo lo mismo con los míos. Porque el amor de una madre no consiste en tener a un hijo atado a sus faldas toda la vida. ¡Bastante trabajo tienen ya los pobres con organizarse ellos mismos! 

Por eso, mientras tenga fuerzas, quiero aprender a cuidarme, a resolver mis cosas y a depender lo menos posible de los demás. Quiero tener mis asuntos en orden, disfrutar de mi independencia y no vivir esperando que alguien venga a decirme qué tengo que hacer.

Tampoco quiero llegar a mayor con una libreta imaginaria de todas las cosas que hice por los demás, pasando factura por cada favor, cada desvelo o cada sacrificio. Lo que he dado, lo he dado porque me ha salido del corazón. Y lo que no recibí, por mucho que a veces me haya dolido, no quiero llevarlo a cuestas el resto de mi vida.

Quiero envejecer con el corazón ligero, no lleno de reproches.

Eso sí, amigas, ser independiente no significa que no necesitemos cariño. ¡Ni que nos tengan que encerrar en una torre para demostrar que podemos solas! Una cosa es saber cuidarse y otra muy distinta es no necesitar nunca un abrazo, una conversación o una mano amiga.

Yo también quiero sentirme querida, escuchada y acompañada. Quiero que las personas que estén a mi lado lo hagan porque les apetece compartir un ratito conmigo, no porque se sientan obligadas.

Y si algún día mis pasos se vuelven más lentos, mis manos tiemblan o necesito que alguien me ayude, ojalá esa ayuda llegue con cariño. Y si la vida me pone en esa situación, también quiero tener la humildad de aceptar que no siempre podremos hacerlo todo por nuestra cuenta.

Porque la dignidad no consiste en no necesitar jamás a nadie. Consiste también en saber aceptar una mano tendida sin dejar de ser una misma.

Mientras tanto, pienso seguir viviendo, aprendiendo, riendo, escribiendo mis cositas y disfrutando de las pequeñas alegrías que me regala cada día. Que para quedarse sentada esperando a que pasen los años, ¡todavía me queda mucha guerra que dar! 😂

No sé qué me traerá el futuro, y tampoco necesito tenerlo todo controlado. Lo que sí sé es que quiero vivir el presente con ilusión, cuidar de mí y dejar a las personas que quiero el recuerdo de una mujer que intentó vivir con libertad, cariño y alegría.

Y si algún día alguien recuerda una conversación conmigo, una sonrisa, una ocurrencia o uno de mis disparates, me encantará pensar que dejé algo bonito en su corazón.

Porque al final, amigas mías, no se trata de conseguir que nunca tengan que cuidarnos. Se trata de construir una vida en la que haya amor, respeto, libertad y comprensión, tanto para los demás como para nosotras mismas.

Yo quiero ser una madre que quiere sin atar, una mujer que se cuida sin aislarse y una persona que disfruta de la vida sin vivir con miedo al mañana.

Y ahora os pregunto una cosita: ¿vosotras también pensáis en cómo queréis vivir vuestra vejez? ¿Os preocupa depender de los demás o preferís disfrutar del presente sin adelantar acontecimientos?

Os leo, que ya sabéis que me encanta charlar con vosotras.

¡Un abrazo enorme, mis queridas amigas! Cuidaos mucho, quereros todavía más y no olvidéis que, mientras tengamos un día por delante, siempre podemos encontrar un motivo para sonreír.

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌻❤️



domingo, 25 de octubre de 2026

🍇 Si la vida te da uvas...


¡Buenos días, amigas de mi rincón! 

Seguro que más de una vez habéis escuchado ese famoso dicho que dice: «Si la vida te da limones, haz limonada». Una manera muy bonita de recordarnos que, cuando las cosas se ponen difíciles, siempre podemos intentar sacar algo bueno de ellas.

Pero esta mañana me he hecho una pregunta que me ha hecho sonreír: ¿Y si la vida no te da limones, sino uvas? ¿Qué hacemos entonces? 😂🍇

¡Pues, mujer, que no cunda el pánico! Que para eso tenemos imaginación.

Si la vida nos da uvas, podemos disfrutarlas una a una, sin prisas, saboreando cada momento bueno que se nos presente.

Si nos da un racimo bien hermoso, podemos compartirlo con esas personas que nos alegran la vida. Porque hay cosas que, cuando se comparten, saben mucho mejor.

Y si alguna uva nos sale un poquito pocha, tampoco vamos a tirar el racimo entero. ¡Que bastante tenemos ya con los problemas como para amargarnos también por una uva! 

¿Veis? A veces no se trata de cambiar lo que nos trae la vida, sino de aprender a mirarlo de otra manera.

Porque la vida no siempre nos da lo que esperamos. Hay días dulces, días agrios y días en los que una piensa: «¡Pero bueno, universo, ¿hoy qué te pasa conmigo?!». 

Pero incluso en los días más torcidos podemos encontrar una pequeña alegría: una conversación agradable, una llamada inesperada, un paseo al sol, una canción que nos trae buenos recuerdos o una sonrisa compartida.

Y es que, amigas mías, no necesitamos tener una vida perfecta para disfrutar de ella. Necesitamos aprender a valorar esos pequeños momentos que, sin hacer ruido, nos alegran el corazón.

Así que, si hoy la vida te da limones, haz limonada; si te da uvas, disfrútalas, compártelas o busca la manera de aprovecharlas. Y si no te da ninguna fruta, ¡pues te preparas un cafelito y te sientas a pensar qué vas a hacer con tu día! ☕

Lo importante es no perder las ganas de vivir, la ilusión por las cosas sencillas y ese sentido del humor que tantas veces nos ayuda a seguir adelante.

Porque, al final, no siempre podemos elegir lo que nos trae la vida, pero sí podemos intentar encontrar algún motivo para sonreír.

Un abrazo enorme, amigas de mi rincón. Que hoy tengáis un día bonito, de esos que alimentan el alma y nos recuerdan que la felicidad también se esconde en las cosas más pequeñas.

¡Y no os olvidéis de sonreír, que siempre hay un motivo para hacerlo! ❤️🌻

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír.



sábado, 24 de octubre de 2026

¡Hoy he aprendido que soy una mujer escatológica!


¡Madre mía, las cosas que aprende una a estas alturas de la vida! 😂

Hoy, en una conversación con una amiga, he descubierto que soy una mujer escatológica.

Y yo, que pensaba que simplemente llamaba a las cosas por su nombre…

Porque, vamos a ver, si tengo que decir pedo, digo pedo. Si tengo que decir chumino, digo chumino. Y si tengo que decir cojones, pues digo cojones. ¡Que no estamos aquí para andar poniendo lacitos a las palabras! 

Mi amiga y yo hemos terminado riéndonos de lo lindo. ¡Y eso que empezamos hablando de otras cosas!

He llegado a una conclusión: a mi amiga le falta un tornillo, pero a mí me falta la ferretería entera. ¡Y encima, con el almacén sin inventariar!

Así que, a partir de hoy, queda inaugurada oficialmente…

¡LA FERRETERÍA DE AMALIA!

🔩 Tornillos de todos los tamaños.

🔧 Tuercas para todos los gustos.

🤣 Pedos de todos los calibres.

¡Y alguna que otra pieza suelta que todavía no sabemos dónde encaja!

Eso sí, aquí no se juzga a nadie, se habla claro y, si puede ser, nos echamos unas risas. Que ya está bien de tanta seriedad, que la vida también necesita sus ratitos de cachondeo.

Porque una puede ser formal cuando toca, tener sus sentimientos, sus preocupaciones y sus días buenos y malos… pero también puede reírse de una misma y hablar sin tapujos.

Y si para eso hay que reconocer que una es escatológica, ¡pues se reconoce y punto!

¡Que me quiten lo bailao, pero que no me quiten la risa!

Y tú, querida amiga de mi rincón, dime la verdad: ¿también tienes alguna pieza suelta o eres de las que tienen la ferretería perfectamente ordenada? 😂

¡Venga, confiesa, que aquí estamos en confianza!

Un abrazo grandote, una sonrisa y un poquito de alegría para todas.

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🧡



Escatológica: 
No os asustéis con la palabrita, amigas. 😂 En el sentido humorístico, se refiere a hablar o bromear sobre cosas del cuerpo, como los pedos y otras funciones corporales, sin demasiados remilgos.

Vamos, que si tengo que decir «pedo», no digo «una ventosidad inesperada». ¡Que nos entendemos todas perfectamente!

Así que ya lo sabéis: no es que me haya vuelto fina, es que ahora soy una mujer escatológica con todas las letras. ¡Y tan contenta!

¡Bienvenidas a mi ferretería, donde hay tornillos, tuercas y pedos de todos los calibres! 🤣


viernes, 23 de octubre de 2026

¡Buenos días, mis queridas amigas! ¡Hoy amanecí guapísima! 😂💃❤️


¡Buenos días, amigas de mi rincón! ❤️

Vamos a ver, mis queridas amigas, ¿vosotras os habéis mirado hoy al espejo? Porque yo sí, y os voy a contar una cosa: ¡SOY LA MÁS GUAPA DEL MUNDO! 😂😂

¡Ale, ya lo he dicho! Y me he quedado tan ancha.

Porque vamos a ver, si una no se dice estas cosas bonitas a sí misma, ¿quién se las va a decir? ¿El vecino? ¿El cartero? ¿El señor que te vende el pan? ¡Pues no, señoras! ¡Aquí hay que empezar por quererse una misma, que luego vienen los demás y ni se enteran de que estamos estupendas! 🤣

Yo me levanto por la mañana, me miro en el espejo y me digo:

—Amalia, hija mía, ¡qué guapa estás hoy!

Y el espejo, que es muy educado, no me lleva la contraria. 😂

Además, hoy no me duele nada, me he levantado con alegría y tengo ganas de comerme el mundo. Bueno, el mundo entero no, que después de una cierta edad hay que cuidarse el colesterol, pero un buen trocito sí que me como. ¡Y sin pedir permiso! 

Y es que, amigas, la vida ya nos trae suficientes preocupaciones como para empezar el día buscándonos defectos delante del espejo. Que si tengo una arruguita por aquí, que si me ha salido otra por allá, que si el pelo hoy no se me coloca…

¡Pues que no se coloque! ¡Que cada pelo vaya por donde le dé la gana! ¡Y las arrugas que hagan lo mismo! Que cada una de ellas tiene su historia y aquí seguimos, dando guerra. 

Lo importante es levantarnos con ganas, agradecer que tenemos un nuevo día por delante y regalarnos una sonrisa antes de salir a la calle. Porque la actitud no nos quita los problemas, pero nos ayuda a llevarlos de otra manera.

Así que, mis queridas amigas, hoy os propongo una cosa: cuando os miréis al espejo, nada de poner cara de lunes, aunque sea jueves. Espalda recta, sonrisa puesta y a decir bien alto:

¡SOY GUAPA, SOY VALIOSA Y HOY VOY A POR TODAS! 

Y si alguien os dice que no sois las más guapas del mundo, no discutáis, mujeres, que discutir cansa mucho. Vosotras sonreíd y pensad: «¡Ay, criatura, lo que te estás perdiendo!». 

Que ser guapa está muy bien, pero ser feliz, tener sentido del humor y no perder las ganas de vivir tiene todavía más mérito.

¡Venga, mis amigas, a por el día! A tomarnos ese cafecito, a sonreírle a la vida y a recordarnos que no necesitamos la aprobación de nadie para sentirnos estupendas.

Y yo, por si todavía no había quedado claro, me despido como he empezado:

¡HOY AMANECÍ GUAPÍSIMA, Y MAÑANA YA VEREMOS SI EL ESPEJO PUEDE SUPERARSE! 

¡Un beso enorme para todas y que tengáis un día precioso!

El Rincón de Amalia

Siempre hay un motivo para sonreír. 🌷❤️



jueves, 22 de octubre de 2026

Cuando un hijo está cerca, hasta la distancia duele menos ❤️


¡Buenos días, amigas de mi rincón! 

Hoy me he levantado con el corazón un poquito encogido. No ha pasado nada malo, la vida sigue su curso y cada uno tiene que continuar con su camino, pero hay momentos en los que los sentimientos se nos ponen un poquito revoltosos.

Borja está en Madrid. Estos días ha estado recorriendo Andalucía con Nadia, enseñándole Sevilla, Córdoba, Granada y esos lugares tan bonitos que tenemos en nuestra tierra. Me hace ilusión pensar que ella está conociendo un poquito más España de su mano, descubriendo nuestras ciudades, nuestras costumbres y toda esa belleza que tenemos tan cerca.

Y aunque estos días no he estado a su lado, yo era feliz. ¿Sabéis por qué? Porque mi hijo estaba aquí, en España.

¡Qué cosas tiene el corazón de una madre! ❤️

Yo pensaba: «Ay, madre mía, si quisiera volver a verlo, en dos o tres horitas podría estar otra vez con él».

Y solamente saber que esa posibilidad existía me hacía sentirlo más cerca. No necesitaba tenerlo a mi lado a cada momento. Me bastaba con saber que estaba aquí, en mi país, a unas horas de distancia.

Pero hoy es diferente.

Hoy Borja está en Madrid y mañana emprende el viaje de regreso a México. Y, sin quererlo, empieza a aparecer esa tristeza que tan bien conocemos las madres cuando nuestros hijos viven lejos.

Porque una cosa es tener a tu hijo a dos o tres horas y otra muy distinta es tener un océano de por medio. Para volver a abrazarlo ya no basta con preparar una pequeña escapada. Hay que organizar un viaje largo, cruzar medio mundo y esperar a que la vida nos regale otra oportunidad de encontrarnos.

Y entonces es cuando una se da cuenta de que, a veces, la felicidad no consiste en tener a alguien a tu lado todo el tiempo. A veces consiste simplemente en saber que está cerca, que puedes volver a verlo y que un abrazo no es algo imposible.

Mañana mi hijo se marcha y yo me quedaré aquí, en mi casa, con mis cosas, con mi Coquito y con la vida de cada día. Seguiré sonriendo, haciendo mis cositas y escribiendo en este rincón que tantas alegrías me da. Porque la vida continúa y también tenemos que aprender a disfrutarla cuando las personas que queremos están lejos.

Pero permitidme que hoy tenga un poquito de morriña. Que una madre puede ser fuerte, independiente, alegre y tener muchas ganas de vivir, y aun así echar muchísimo de menos a su hijo.

Una cosa no quita la otra.

No quiero que estas palabras sean tristes, sino sinceras. Porque también hay belleza en querer tanto a alguien, en disfrutar de los días compartidos y en guardar en el corazón esos momentos que después nos acompañan cuando llega la despedida.

Así que hoy me quedo con lo bonito: con haberlo tenido aquí, con los ratitos vividos, con las conversaciones, con su presencia en nuestra tierra y con la alegría de saber que ha podido compartir estos días con Nadia.

Y cuando mañana se marche, aunque una parte de mí se quede un poquito más triste, otra parte seguirá sonriendo por haber tenido la suerte de vivir este reencuentro.

Porque el amor de una madre no entiende de kilómetros, de fronteras ni de océanos. ❤️

Y aunque mañana mi hijo esté al otro lado del mundo, seguirá teniendo su sitio aquí, en mi corazón y en mi casa.

Y vosotras, amigas, ¿habéis sentido alguna vez esa tristeza de tener a alguien cerca y saber que, en unas horas, volverá a estar lejos? Contadme, que ya sabéis que me gusta que compartamos nuestras cositas.

Os mando un abrazo enorme y os deseo un día lleno de motivos para sonreír.

Siempre hay un motivo para sonreír. ❤️

El Rincón de Amalia




¡A MIS 66 AÑOS, HAGO LO QUE ME SALE DEL CHUMINO!


¡Buenos días, mis queridas amigas!

Hoy me he levantado con ganas de hablaros de una cosa que llevo tiempo pensando. Y, como ya me conocéis, sabéis que cuando me da por hablar, ¡no me calla ni el apuntador! 

Hoy quiero hablaros de mí, de mi vida, de lo que he aprendido con los años y de esa maravillosa sensación que tengo últimamente de empezar a vivir un poquito más a mi manera.

Porque, queridas mías, una llega a una edad en la que empieza a ver las cosas de otra forma. O, mejor dicho, empieza a verlas como son, sin tantos adornos y sin tantas ganas de tener contento a todo el mundo.

Yo he dedicado muchos años de mi vida a cuidar de los demás. Cuidé de mis padres, cuidé de mi marido, cuando enfermó, y cuidé de mi hijo,  como cualquier madre que quiere a su hijo con toda el alma.

Y no me arrepiento de nada. ¡Pero de nada!

Dejé un trabajo que me encantaba para cuidar de Fernando cuando más me necesitaba. Pasé por hospitales, por operaciones, por meses difíciles y por situaciones que me pusieron la vida patas arriba.

He conocido el sufrimiento, la incertidumbre y esos días en los que una tiene que sacar fuerzas de donde parece que ya no queda ninguna.

Y todo lo hice por amor.

Porque cuando quieres a alguien de verdad, muchas veces no te preguntas cuánto te va a costar. Simplemente estás ahí.

Pero ¿sabéis qué he aprendido después de tanto camino recorrido?

Que querer a los demás no significa olvidarse de una misma.

Y que una puede estar muy orgullosa de todo lo que ha hecho por su familia y, al mismo tiempo, reconocer que también tiene derecho a disfrutar de su propia vida.

Porque yo he cuidado mucho, he querido mucho y he procurado estar cuando me han necesitado. Pero ahora tengo 66 años y hay algo que tengo clarísimo: ¡también me toca a mí!

Y no quiero que nadie me malinterprete. No estoy hablando de dejar de querer a los demás, de volverme egoísta ni de mandar a todo el mundo a freír espárragos.

Bueno… a alguno, dependiendo del día, igual sí. ¡JAJAJAJA! 🤣

Estoy hablando de dejar de sentirme culpable por hacer lo que me apetece cuando no estoy haciendo daño a nadie.

Porque, vamos a ver, amigas mías, ¿qué tiene de malo que un día me quiera quedar en casa en pijama?

¡Pues nada!

Si no me apetece salir, me quedo en casa. Y si Coco necesita hacer pipí, le pongo su empapador, que ya sabe utilizarlo. Lo importante es que él esté bien atendido y que yo también pueda descansar cuando lo necesito.

¿Que me apetece salir a tomarme un café? ¡Pues me voy a tomar el café!

¿Que me siento delante del ordenador y me pongo a escribir durante dos horas porque las palabras me salen solas? Pues escribo, que para eso tengo mi rincón y mis ganas de contar cosas.

¿Y los platos? ¡Ay, los platos!

Pues los platos ya los fregaré después, que no creo yo que vayan a salir corriendo por la puerta. 😂

Durante mucho tiempo parece que hemos tenido que demostrar que somos buenas mujeres estando siempre disponibles, con la casa recogida, las obligaciones hechas y una sonrisa en la cara aunque por dentro estuviéramos agotadas.

Y yo me pregunto: ¿quién decidió que teníamos que vivir así?

Porque descansar no es ser una vaga. Decir que no no es ser una mala persona. Y dedicarte tiempo a ti misma no significa que quieras menos a los demás.

¡Significa que tú también importas!

Además, hay una cosa que me hace mucha gracia. Cuando una empieza a hacer las cosas a su manera, siempre aparece alguien dispuesto a darle su opinión, aunque nadie se la haya pedido.

Que si esto no está bien, que si aquello no se hace así, que si yo en tu lugar…

¡Pues menos mal que no estás en mi lugar, hija mía, porque entonces tendríamos dos problemas! 

Y mirad, yo he llegado a un punto en el que prefiero vivir tranquila antes que pasarme el día intentando gustarle a todo el mundo.

Porque si salgo, alguno tendrá algo que decir. Si me quedo en casa, también. Si hago una cosa, porque la hago; y si hago la contraria, porque no debería haberla hecho.

Así que he decidido que voy a escuchar a quien me quiera bien, voy a aceptar los consejos que me parezcan buenos y voy a seguir tomando mis propias decisiones.

Que para eso soy una mujer adulta, pago mis facturas yo solita, me organizo mi vida y asumo las consecuencias de lo que hago.

Nadie me paga la peluquería, ni el veterinario de Coco, ni mis caprichos. Me los pago yo, con mi dinero y con mi esfuerzo.

Y mientras no haga daño a nadie, ¿por qué voy a vivir pidiendo permiso para disfrutar?

Pero ahora viene lo mejor, queridas amigas.

¿Sabéis cuál es mi nueva filosofía de vida?

¡HAGO LO QUE ME SALE DEL CHUMINO!

¡JAJAJAJAJAJA! 🤣🤣🤣

¡Ale, ya lo he dicho!

Y mirad que podría haber utilizado otra palabra, pero a mí me gusta más chumino. ¡Qué queréis que os diga! Me hace gracia, me sale natural y me parece una manera estupenda de expresar lo que quiero decir.

Que aquí no estamos hablando de ofender a nadie, sino de quitarnos un poquito de encima esa seriedad que a veces nos ponemos para todo.

Que parece que para hablar de la libertad hay que ponerse muy solemne, mirar al horizonte y soltar un discurso de esos que te dejan dormida en el sofá.

¡Pues no, señor! También se puede hablar de libertad con una sonrisa, con gracia y con una palabrota de vez en cuando.

Porque yo puedo ser cariñosa, sensible, respetuosa y tener un corazón que se emociona con cualquier detalle. Y también puedo decir una palabrota cuando me sale del alma.

¡Una cosa no quita la otra!

Y estoy convencida de que muchas de vosotras, al leerme, vais a sonreír y a pensar: «¡Pues tiene razón! ¡Si es que yo también estoy harta de preocuparme tanto por lo que piensen los demás!».

Pues venga, mujer, que no estás sola.

A lo mejor no necesitas cambiar tu vida de arriba abajo. A lo mejor solo necesitas empezar por pequeñas cosas.

Tomarte ese café sin prisas.

Apuntarte a esa actividad que llevas tiempo mirando.

Ponerte ese vestido que tanto te gusta.

Decir que hoy no te apetece hacer un favor porque necesitas descansar.

Sentarte a leer, escribir, coser, pintar o no hacer absolutamente nada durante un rato.

Y hacerlo sin pasarte después tres horas sintiéndote culpable.

Porque la vida no puede consistir únicamente en cumplir obligaciones y esperar a que llegue un día en el que, por fin, tengamos tiempo para nosotras.

Ese día hay que empezar a construirlo hoy, con lo que tenemos y con las circunstancias de cada una.

Yo no sé cuánto tiempo me queda por delante. Ninguna lo sabemos. Pero sí sé que quiero aprovecharlo disfrutando de las cosas que me hacen feliz, cuidándome, queriendo a los míos y regalándome esos pequeños momentos que tantas veces he dejado para después.

No reniego de mi pasado. No me arrepiento de haber cuidado de mi familia. Si volviera atrás, seguramente volvería a hacer muchas de aquellas cosas porque nacieron de mi corazón.

Pero ahora también quiero escuchar a ese corazón cuando me pide un poquito de descanso, un café tranquilo, una tarde de escritura o simplemente quedarme en casa sin dar explicaciones.

Porque después de tantos años procurando que los demás estuvieran bien, he comprendido algo que me parece fundamental:

NO TENGO QUE DEJAR DE QUERER A LOS DEMÁS PARA EMPEZAR A QUERERME UN POQUITO MÁS A MÍ.

Y si a alguien no le gusta mi manera de vivir, lo siento mucho, pero no puedo organizar mis días alrededor de las expectativas de todo el mundo.

Yo voy a procurar hacer las cosas con cariño, con respeto y con sentido común. Y, cuando me equivoque, reconoceré mis errores, que tampoco soy perfecta ni falta que me hace.

Pero quiero vivir con más alegría, menos culpa y muchas más ganas.

Así que, amigas mías, si alguna de vosotras necesita escuchar estas palabras, aquí las dejo, de corazón a corazón.

No esperéis a que todo el mundo esté contento para permitiros ser felices.

No os olvidéis de vosotras por cuidar siempre de los demás.

Y no penséis que empezar algo nuevo, descansar o disfrutar de un capricho es una tontería.

Que a estas alturas ya sabemos que la felicidad no siempre viene envuelta en grandes regalos. A veces viene en forma de café con leche, una buena conversación, una tarde soleada o unas horas haciendo aquello que nos gusta.

Y, si para disfrutar de todo eso tenemos que aprender a decir «hoy me toca a mí», pues se dice.

Y si hay que decir alguna palabrota para rematar la faena…

¡PUES TAMBIÉN SE DICE, CARAY!

Que una ha cumplido 66 años, ha vivido lo suyo y todavía tiene muchas ganas de reírse. 😂❤️

¡A vivir, queridas amigas! A querer, a disfrutar, a cuidarnos y a dejar de pedir perdón por ser quienes somos.

Y que no se nos olvide nunca que ser buenas personas no significa tener que olvidarnos de nosotras mismas.

Os mando un abrazo enorme, de esos que llegan al alma, y os deseo una vida llena de momentos bonitos, decisiones valientes y muchas sonrisas.

Y ya sabéis que aquí, en El Rincón de Amalia, siempre hay un motivo para sonreír.

¡Y si no lo encontramos, nos lo inventamos! 🌷❤️

Con todo mi cariño,

Amalia

El Rincón de Amalia


* Nota de la autora: Según el "Diccionario de la Libertad de Amalia", el chumino es esa parte del cuerpo desde donde nacen la intuición, la fuerza y las ganas de hacer exactamente lo que a una le da la gana sin pedir tanto permiso. 🌷

¡Que la vida son dos días y yo quiero mis rovellons!

¡Buenos días, amigas de mi rincón! Ya estamos en otoño y por Cataluña empieza una de esas temporadas que a muchos nos gustan: la de los bole...